Es la primera vez en mi vida que enero se ma hace largo. No sé por qué o para qué quiero que se termine o estoy esperando que pase algo el mes que viene. ¿Será que no tengo un mango? ¿Será la ansiedad de saber el resultado de los 4 concursos a los que mandé cosas? ¿Será que ya, por fin, después de casi 4 años de jubilada, estoy dejando de ver el verano como único tiempo de paz? Hasta me encuentro a mí misma pensando en el otoño, en la próxima primavera, en juntar leña, en tejer con lana. No sé, esto de ser vieja y pensar en el futuro es muy extraño. Je. Mi tiempo es completamente otro.
Ayer me despertó Fido a la madrugada, era ya de día, pero no sé qué hora, con sus lloridos porque no se puede levantar solo a mear. Lo ayudé como siempre y ahí no más me puse a baldear el meo. En el pasillo, no en la vereda, eh. Que yo siempre decía que me iba a recibir de vieja jubilada chota cuando me vean baldear la vereda todas las mañanas. Bueno, después me fui a seguir durmiendo hasta mediodía, che. Todavía no me llega lo de la rutina de alpedismo baldeador.
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