Me cuesta sentarme a ordenar y narrar porque estoy como blanda, como acuosa, como mantequilla embarrada en mucho pan diría Bilbo Bolsón. Todo me emociona, me conmociona, todo me parece trágico o sublime: una arañita en mi muslo o en mi estantería, el sonido de un colibrí que me llama para que le abra la ventana de la cocina, un videíto de mi nieta de dos meses, mijito tocando la batería en el fondo, Fido que llorizquea para que lo ayude a pararse, la lectura de Hamnet de Maggie O' Farrel y la de IT de Stephen King.
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