jueves, 14 de diciembre de 2023

Aloma Rodriguez

 LIBROS

Aloma Rodríguez, la escritora que se empeña en retratar la felicidad familiar

La autora relata su vida y la de toda una generación en 'Puro glamour', una obra en la que realiza una fotografía de la maternidad y analiza cómo compaginarla con una profesión cambiante

Aloma Rodríguez, en un instante de la entrevista.

Aloma Rodríguez, en un instante de la entrevista. / IMAGEN CEDIDA

Después de nueve años en Madrid, la escritora Aloma Rodríguez volvió a Zaragoza, su ciudad de origen, con su novio y sus tres hijos. Cada día, las campanas del Pilar les avisan de que están llegando tarde a cualquier cosa que tengan que hacer, desde entrar en el colegio hasta sentarse a cenar. Como consecuencia hay lágrimas, barullo y despistes como no atar a la niña pequeña en el carrito aunque las prisas borran cualquier atisbo de conflicto. Con ese relato de su cotidianidad comienza Puro glamour, el libro que la autora acaba de publicar con la editorial Navaja Suiza. Aunque está segura de que nunca ganará el Premio Nobel, según le dice a una de sus hijas en el libro, su bibliografía crece a buen ritmo. Este es su sexto título que llega a las librerías –antes lo hicieron París tres (2007), Jóvenes y guapos (2010), Solo si te mueves (2013), Los idiotas prefieren la montaña (2016) y Siempre quiero ser lo que no soy (2021)– y su objetivo es que los lectores se enganchen a él como a un paquete de pipas, que todo el mundo sabe que son más adictivas que cualquier droga.

El libro nació de una columna quincenal que se publicaba en la web de la revista Letras libres, que a su vez surgió de sus propias ganas de escribir. “Mis circunstancias –el trabajo alimenticio y los niños se comen casi todo mi tiempo y mi energía– hacían que casi la única manera de escribir fuera usando mi día a día. Era también una manera de hacerme trampas al solitario para escribir: nada motiva tanto como una fecha de entrega”, dice a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. Rodríguez tenía claro que el gag del libro tenía que ser ella misma, por lo que estaba atenta a las situaciones que con solo un poco de exageración daban lugar a la caricatura. “La serie Better Things, de Pamela Adlon, y Life Among Savages, de Shirley Jackson [las memorias autoficcionadas de su vida con sus cuatro hijos], me animaron a ponerme a escribir”, sostiene.

La literatura es uno de los ejes principales de la novela porque también lo es de la vida de la propia autora. Además de escribir libros y de formar parte de la redacción de Letras libres, también firma en La lecturaAbril o Jot Down, tiene una sección en el programa Hoy empieza todo de Radio 3 llamada Barra libre y el podcast La amiga eres tú a medias con Andrea Toribio. Los problemas habituales de los periodistas culturales como la falta de espacio en casa para guardar todos los volúmenes que se reciben (y de tiempo para leerlos) o el estado de la profesión y sus exigencias ocupan una buena parte de las páginas de Puro glamour. Y también las reflexiones acerca de cuestiones más o menos polémicas en el sector, como la que apunta a que ya no se hacen críticas negativas en los medios.

“Es muy difícil porque el sector es pequeño, al final se coincide en fiestas y tendemos a tomarnos una crítica negativa como algo personal. Yo misma trato de ser delicada cuando creo que algo no está bien, no hacer daño”, dice. “Lo que me resulta un poco llamativo es que, si hacemos caso a los prescriptores, cada semana hay unas cuantas obras maestras llegando a la librerías y eso, aunque solo sea por estadística, es imposible. También creo que tenemos una responsabilidad: si ves que están dando gato por liebre, hay que decirlo”, completa. No recuerda haber respondido a la crítica de algún compañero sobre un libro suyo pero sí a otros asuntos. Sostiene que los títulos se defienden solos y que no pasa nada si no le gustan a alguien, pero cree que "hay que distinguir entre algo que no te gusta porque no entras o no te interesa el tema o lo que sea, y algo que consideras que está mal”.

"El oficio de periodista cultural lo veo más amenazado por los propios departamentos de prensa de los grandes grupos editoriales que por la Inteligencia Artificial"

¿Cuál es el futuro de la prensa cultural? ¿Acabará la Inteligencia Artificial con los oficios de periodista y escritor? Para Aloma Rodríguez: “Es más probable que acabe con el marketing editorial que con la escritura. El oficio de periodista cultural lo veo más amenazado por los propios departamentos de prensa de los grandes grupos editoriales que por la Inteligencia Artificial. ¡Si aún no se ha inventado algo que nos libre de transcribir las entrevistas! Si pasara eso, me dedicaría a hacer jabón casero y bizcochos, plantaría lechugas y me comería todas las peras del peral de la casa de mis padres”.

Allí no necesito mapas


La publicación de este último libro coincide con la conversación en los medios sobre la ciudad de 15 minutos. Se trata de un concepto acuñado por el urbanista Carlos Moreno, que aboga por rediseñar las urbes para que los ciudadanos tengan a mano los servicios necesarios –colegio, trabajo, centro de salud– a menos de un cuarto de hora sin necesidad de transporte. Básicamente, lo que suele suceder en capitales de provincia como Oviedo, Córdoba o Zaragoza, precisamente. Pero Aloma Rodríguez no volvió a su ciudad de origen de motu proprio del todo, sino que más bien fue Madrid la que la echó.

“La primera (auto)expulsión fue la maternidad, que te manda al carril de los lentos; dejar Madrid es alejarse del lugar donde todo sucede. Al principio lo viví como un fracaso, ahora creo que es una chorrada. No se puede estar en un sitio pensando dónde no estás y que te estás perdiendo, eso solo lleva a la frustración”, sostiene. La vuelta fue dura en parte por las circunstancias sociales, ya que la pandemia aún imponía los toques de queda, las mascarillas en los colegios y la prohibición de viajar, entre otros inconvenientes. Además, las personas nunca vuelven al mismo sitio que dejaron sino a uno lleno de fantasmas que no es lo que era, aunque a la escritora esa realidad, a veces incómoda, le parece “un buen material literario”, apunta.

“Madrid es una promesa, sí, pero creo que sí cumple, quizá no exactamente lo que querías, pero siempre hay aventurillas"

¿Son las grandes ciudades promesas que no se llegan a cumplir para los que llegan de fuera? “Madrid es una promesa, sí, pero creo que sí cumple, quizá no exactamente lo que querías, pero siempre hay aventurillas. Barcelona la conozco menos, pero se me hace más hostil que Madrid en cuanto a que es más difícil hacer amistad”, comenta la escritora. Reconoce que el nivel de estrés baja en una ciudad más pequeña, aunque las distancias no solo se miden en kilómetros o con el reloj. “En Zaragoza todo está a quince minutos (quizá 30 máximo), pero da igual, porque hay distancias psicológicas: la estación de Delicias, a 15 minutos en bici, parece que esté fuera de la ciudad”, dice.

Ahora feliz, feliz


Una de las características más llamativas de la novela es la manera de tratar la vida familiar, totalmente alejada del drama. Precisamente, la familia es un tema que copa las mesas de novedades de las librerías pero suele estar ligado al malestar, los traumas y las malas experiencias (algo que tampoco es sorprendente, por otro lado). La familia de Sara Mesa (Anagrama), Las voces de Adriana de Elvira Navarro (Random House), Los astronautas de Laura Ferrero (Alfaguara), Material de construcción (Random House/Periscopi), Heredarás la tierra de Jane Smiley (Sexto Piso) o Un lugar para Mungo de Douglas Stuart (Random House) son algunos de los ejemplos más recientes, aunque la lista podría ser muchísimo más larga.

Rodríguez sostiene que el hecho de que su retrato familiar se aleje de la tendencia catastrofista no es culpa suya, sino que se debe a que “tiene mucha suerte”. “En general, hay salud y estamos bien avenidos. Sí que he tenido muertes de gente querida, de familiares, pero trato de pensar en la suerte que fue conocerlos y disfrutarlos el tiempo que lo hice, aunque los eche de menos cada día”, afirma. Por otro lado, como escritora le interesa más la contención que la emocionalidad. “La evisceración me agota. No me importa que haya desgracias, casi todos los libros de Natalia Ginzburg son historias trágicas, lo que me agota es el regodeo. Y luego que según Pisón no se puede escribir de familias felices y yo me empeño en llevarle la contraria por cabezonería y provocación”, reconoce.

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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...