Illustration by Cathyrox
martes, 30 de diciembre de 2014
Efecto Bruzzone
Terminé de leer Las chanchas de Felix Bruzzone. No sé cómo funciona el mundo.
Terminé de leer Las chanchas de Felix Bruzzone. Tengo miedo.
Las chanchas de Felix Bruzzone: mismo efecto de inestabilidad del universo que Barrefondo.
Terminé de leer Las chanchas de Felix Bruzzone. Tengo miedo.
Las chanchas de Felix Bruzzone: mismo efecto de inestabilidad del universo que Barrefondo.
112 páginas
Terminé mi libro de cuentos. No me lo creo. Pensé que no iba a llegar a las 100 páginas. Más proque el concurso al que estoy mandando exige estrictamente inéditos y mis preferidos han aparecido en la red o en revistas o en antología. Pero en mis archivos de correo aparecieron documentos del word en los que había textos que no sé quién escribió pero firmados con mi nombre. Alguna de las que he sido. Y estaban buenos. Y reescribir sin memoria del inicio es genial.
Paula cuentista.
Paula cuentista.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Sin fotos, por favor
No sé si se cree una estrella ante los paparazzis, o se averguenza de mí o no quiere que se le corte su pirateada con otras que enloquezcan de dolor cuando lo vean de vuelta conmigo o si se hace el feo para pasarla bien, pero no quiere que suba sus fotos a feis (iba a decir "no me deja" pero hubiera tirado a la basura 10 años de terapia). Le voy a dar tiempo. Mientras tanto... ¿ya les mostré estas fotos?
La etiqueta de Felix
Acabo de darle a Bruzzone su propia etiqueta. Porque sus crónicas pileteras en feis son geniales, porque leo Las chanchas y me produce el mismo efecto entre pánico y supertición que me produjo Barrefondo, porque las otras etiquetas de este blog le quedan chicas.
Lo difícil va a ser rastrear todos los post que hice hasta ahora de él y reponerles su etiqueta. Igual, si no lo logro, todo Bruzzone seguirá ahí. Asustando de genial.
Lo difícil va a ser rastrear todos los post que hice hasta ahora de él y reponerles su etiqueta. Igual, si no lo logro, todo Bruzzone seguirá ahí. Asustando de genial.
¿A vos también te fabricó sprayete?
Dice en feis
Mucho calor y la gente ya está en onda. Toco timbre. Sale inquilino. El dueño se fue unos días a la costa y quedó él. El año pasado fue igual, y mientras limpiaba la pileta el tipo me contaba sus aventuras vendiendo zapatillas para adelgazar en sprayete. Se reía solo de los delirios que tenía que inventar. Atendía reclamos y las gordas le decían que las zapatillas no servían para nada, que eran simples zapatillas. Él, al final, a las más obstinadas, les decía qué quiere, señora, ¿no es obvio que una zapatilla no te puede hacer adelgazar? Hoy está con una tía quejosa y una chica que parece la novia o la hija. Me ofrece algo para tomar. Pienso en fernet mientras él hace una enumeración de bebidas que no incluye fernet. Cuando termina le digo: ¿fernet? Obvio, es lo que más tomamos. Pela una botella escarchada, hielos, coca y prepara un fernet que si yo no estuviera frente a 40.000 litros de agua cristalina y el fondo sucio que tengo que limpiar y los 35 grados y el sol que achicharra, sería claramente afrodisíaco. La novia-hija, igual, durante el tiempo que dura el efecto fernet, es solo hija, o amiga de la hija. Momento de gran confusión. Encima como el tipo este año no tiene nuevas anécdotas del mundo sprayete no sé si es el mismo del año pasado antes, un gemelo, un clon, un robot o una sofisticada máquina expendedora de fernet. Opto por lo último. ¿Me hacés otro?, le pido. Pará, te va ahacer mal. Son las 8 de la mañana. Tenés razón. Termino y me voy. Me mojo la cabeza en una canilla. Tomo agua a borbotones. Gracias por cuidarme, máquina expendedora de fernet. Queda un largo día. Feliz año nuevo. ¿A vos también te fabricó sprayete?, ¿servirás para adelgazar?
"Un árbol, una roca, una nube", Carson McCullers
Comparte en feis Amalia Boselli
16 min ·
frag. de "Un árbol, una roca, una nube", Carson McCullers
La voz del viejo era alta y clara:
-Paz -contestó.
-¿Eh?
-Es difícil explicarlo científicamente, hijo. Me figuro que la explicación lógica es que ella y yo nos habíamos perseguido tanto tiempo que al fin nos hicimos un lío, nos echamos atrás y lo dejamos. Paz. Un vacío extraño y hermoso. Era primavera en Portland y llovía todas las tardes. Yo me quedaba allí, en mi cama, echado en la oscuridad. Y así me vino la sabiduría.
La luz del nuevo día teñía de azul pálido las ventanas del cafetín. Los dos soldados pagaron sus cervezas y abrieron la puerta; uno de ellos se peinó y sacudió sus polainas fangosas antes de salir. Los tres obreros se encorvaron en silencio sobre sus desayunos. El reloj de Leo sonó en la pared.
-Es esto. Escucha atentamente. Medité sobre el amor y saqué la conclusión. Me di cuenta de qué es lo que nos pasa. Los hombres se enamoran por primera vez. Y, ¿de qué se enamoran?
La tierna boca del niño estaba medio abierta y no contestó.
-De una mujer -dijo el viejo. -Sin sabiduría, sin nada para poder ir por ahí, emprenden la experiencia más sagrada y peligrosa de este mundo. Se enamoran de una mujer. ¿Es esto, no, hijo?
-Sí -dijo el chico desmayadamente.
-Empiezan por el revés del amor. Empiezan por el punto crítico. ¿Te das cuenta de por qué es algo tan desgraciado? ¿Sabes cómo deberían querer los hombres?
El viejo alargó la mano y agarró al chico por el cuello de la chaqueta de cuero. Le sacudió suavemente y sus ojos verdes miraron hacia abajo sin pestañear, graves.
-Hijo, ¿sabes cómo debería empezarse el amor?
El chico seguía sentado, pequeño, callado, tranquilo. Poco a poco movió la cabeza. El viejo se acercó más y murmuró:
-Un árbol. Una roca. Una nube.
-Paz -contestó.
-¿Eh?
-Es difícil explicarlo científicamente, hijo. Me figuro que la explicación lógica es que ella y yo nos habíamos perseguido tanto tiempo que al fin nos hicimos un lío, nos echamos atrás y lo dejamos. Paz. Un vacío extraño y hermoso. Era primavera en Portland y llovía todas las tardes. Yo me quedaba allí, en mi cama, echado en la oscuridad. Y así me vino la sabiduría.
La luz del nuevo día teñía de azul pálido las ventanas del cafetín. Los dos soldados pagaron sus cervezas y abrieron la puerta; uno de ellos se peinó y sacudió sus polainas fangosas antes de salir. Los tres obreros se encorvaron en silencio sobre sus desayunos. El reloj de Leo sonó en la pared.
-Es esto. Escucha atentamente. Medité sobre el amor y saqué la conclusión. Me di cuenta de qué es lo que nos pasa. Los hombres se enamoran por primera vez. Y, ¿de qué se enamoran?
La tierna boca del niño estaba medio abierta y no contestó.
-De una mujer -dijo el viejo. -Sin sabiduría, sin nada para poder ir por ahí, emprenden la experiencia más sagrada y peligrosa de este mundo. Se enamoran de una mujer. ¿Es esto, no, hijo?
-Sí -dijo el chico desmayadamente.
-Empiezan por el revés del amor. Empiezan por el punto crítico. ¿Te das cuenta de por qué es algo tan desgraciado? ¿Sabes cómo deberían querer los hombres?
El viejo alargó la mano y agarró al chico por el cuello de la chaqueta de cuero. Le sacudió suavemente y sus ojos verdes miraron hacia abajo sin pestañear, graves.
-Hijo, ¿sabes cómo debería empezarse el amor?
El chico seguía sentado, pequeño, callado, tranquilo. Poco a poco movió la cabeza. El viejo se acercó más y murmuró:
-Un árbol. Una roca. Una nube.
Obviedades
Corrijo mis cuentos, releo, reescribo y siento pánico de que todo sean obviedades.
Leo cuentos de otros, me parecen geniales y descubro, maravillada, que son obviedades.
Leo cuentos de otros, me parecen geniales y descubro, maravillada, que son obviedades.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Vida hogareña
Tarta de jamón, queso y tomate, la preferida de mi señor.
Mariconeada menstrual con lágrimas y cuentos de gente que me maltrata.
Colchón en el piso y una peli atrás de otra.
Gancia con limón. Gancia con naranja. En porrones de cerámica, regalo de papanuel.
Cortar el pasto.
Mate con manzanilla en la hamaca paraguaya.
¿Qué le regalamos a la nena para el cumple?
¿Me llevás a buscar el auto?
¿Mañana salimos a caminar a las 5.30 AM? Te compro media docena de facturas. Mejor, un cuarto de cerezas.
Mariconeada menstrual con lágrimas y cuentos de gente que me maltrata.
Colchón en el piso y una peli atrás de otra.
Gancia con limón. Gancia con naranja. En porrones de cerámica, regalo de papanuel.
Cortar el pasto.
Mate con manzanilla en la hamaca paraguaya.
¿Qué le regalamos a la nena para el cumple?
¿Me llevás a buscar el auto?
¿Mañana salimos a caminar a las 5.30 AM? Te compro media docena de facturas. Mejor, un cuarto de cerezas.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Reconocimientos
Hablamos de mi familia, le cuento mis dolores fraternales, me dice: "Siempre fuiste la oveja negra". Y me sonríe con toda su ternura.
Le cuento no sé qué de mis aventuras, se mata de risa, me dice: "Locaaaaaa, qué loca... linda".
Él sí que sabe hacerme sentir orgullosa de mí misma.
Le cuento no sé qué de mis aventuras, se mata de risa, me dice: "Locaaaaaa, qué loca... linda".
Él sí que sabe hacerme sentir orgullosa de mí misma.
El océano implícito
Nadie ve el miserable bar donde canta la sirena, en su melodía está implícito el océano.
ImGen vía Nikte Nekane
El retorno del rey
Anoche volví a ver El retorno del rey. A las dos de la mañana pensé que el final era el más feliz de los finales. A las 2 y cinco, que era el más triste.
Qué tema jodido el de la inmortalidad de los elfos. La de los vampiros y la de los licántropos me parece más sencilla, como que con más acción una no debe sentirla tan larga y al pedo ¿no?
Me gusta más Aragon, el montaraz, que el rey Aragon, hijo de Arathor, heredero de Isildur.
Qué tema jodido el de la inmortalidad de los elfos. La de los vampiros y la de los licántropos me parece más sencilla, como que con más acción una no debe sentirla tan larga y al pedo ¿no?
Me gusta más Aragon, el montaraz, que el rey Aragon, hijo de Arathor, heredero de Isildur.
Nunca me costó creer en Dios
Rebeca Urbina Balbuena
PUBLICADO POR MARTÍN ZÚÑIGA EN 11:20 A. M. 12/16/2014
POEMAS:
Boceto de Teología
“El arte de hacer dioses”, rezaba el anuncio. Nos dieron
cubos de barro y nos mostraron una carta estelar.
Charles Simic
cubos de barro y nos mostraron una carta estelar.
Charles Simic
Nunca me costó creer en Dios porque siempre me gustaron los cuentos. Los paisajes exóticos, los animales en el arca y los nombres antiguos hicieron de la Biblia uno de mis cuentos favoritos.
Mi primera duda de fe: si la serpiente que le ofreció la manzana a Eva sería la misma bruja que se la dio a Blancanieves muchos años después, cuando ya existían ropas y espejos.
Mi segunda duda fue por qué la manzana hizo despertar a una y dormir a la otra.
También me pregunté cómo pudieron ceder tan fácil ante una manzana, existiendo frutas mucho más ricas como las fresas, los mangos y las chirimoyas.
Una noche le hice estas preguntas a Dios durante mis oraciones antes de dormir.
Él se rió y luego me dijo que era solo un cuento, que yo podía cambiar las frutas, animales y nombres si me provocaba.
Al verme sonreír me hizo un guiño y cerró la ventana con un solo soplido, para que no me resfriara.
Ese día entendí por qué tiene tantos nombres alrededor del mundo. Seguro se los inventaron otros niños como yo.
Fotografía de alcoba familiar
Tres cuerpos. El de mi madre se incorpora algunas noches de invierno, a eso de la una de la mañana. Luego de unas partidas de canasta o telefunken, el cuerpo exige un descanso. El de Minerva, pequeño y escurridizo, sólo salta a mi cama cuando me cree dormida. Durante sus crisis de carencia de afecto, se rasca, araña la tarima o ahoga sus aullidos. El mío, inquieto y trasnochador. Nunca completa las ocho horas de sueño recomendadas; queda más lejos aún de la marca cuando las costumbres de los cuerpos con los que cohabita, logran interrumpir su conteo corporal.
El de mi madre y el mío son cuerpos de filiación carnal, familiar y genealógica, que se reafirmó voluntariamente. Comparten la misma temperatura, el mismo tipo de sangre y, si sé distinguirlo, similar humor. Solemos compartir el sueño desde que tenía seis años, después de la separación tácita de mi padre, las continuas mudanzas y el camarote en casa de mis abuelos; excepto las noches veraniegas, otras fuera de casa y ciertos arranques de rebeldía. Ambas aprendimos a respirar al mismo ritmo, a respetar el lado habitual de la cama, a convivir con el mismo olor. Comprendimos, que ese hilo invisible que nos unía era más resistente de lo que creíamos.
Para mi madre puede significar una cama sin el doloroso espacio vacío. Para mí, cierto deseo tibio de no dormir a solas.
Minerva matiza el cuadro o lo distorsiona: dependemos de su humor o sus signos de falsa preñez. Una noche podemos ser sus amas; otra noche, sus crías. Para ambas situaciones, le favorece nuestro calor. Busca un lugar calientito cercano a nuestros cuerpos, tarda en acomodarse, se acurruca y gruñe, asiente.
Tres cuerpos en mi cama se ven como un cuerpo en mi cama.
Ronroneo
Nada me enternece más que observarte desde mi balcón.
Eres un animalito tan curioso.
Puedes caminar en dos patas con destreza
pero te cuesta tanto caer de pie.
Como todo animal de costumbres,
recuerdas el camino de regreso a casa
y cada noche te veo volver.
Más de una vez pude oler tu temor
cuando me miraste directo a los ojos.
Pobrecillo, tan frágil e indefenso.
Tan necesitado de cariño y de calor.
Guardo mis distancias para no asustarte
y cuando quedas dormido abrazando una almohada,
yo salgo a conquistar la noche en los tejados.
Descansa tus ocho horas, hombrecito,
mañana podrás seguirme adorando.
De repente, se desbordó la paz como una coca cola
“De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar…”
Marosa di Giorgio
De repente, se desbordó la paz. Brotó como una Coca Cola
agitada a inundar las calles. Primero, creíamos que era navidad;
después, vimos que no había papanoeles en los techos. El aire olía
a pastel recién horneado. Se diluía el smog, negro de vergüenza.
Los cláxones entonaban sinfonías de Tchaikovski. Las billeteras abrían sus guaridas
a las hojas y a los caracoles. El doctor curaba con un respiro
a las hojas y a los caracoles. El doctor curaba con un respiro
hondo. Se oían murmullos risueños, suspiros en las esquinas.
Los ojos se hablaban unos a otros. Los pasos no tenían sed.
Pero un dolor de mandíbula se extendió como epidemia, el aire puro
dificultaba la respiración y la calma resultaba incómoda.
A los pocos días, la paz se volvió insoportable. Toda la ciudad
juntó esfuerzos, la desviaron a un hoyo profundo y tapiaron
la salida con extremo cuidado.
De esto ya hace mucho, antes que se vendiera la Coca Cola en plástico.
TOC
- ¡Gracias!
- Por nada…
- Gracias
- Por nada.
- ¡Gracias!
- Por nada…
Padezco de una variable de trastorno obsesivo compulsivo asociada al lenguaje. Pronuncio la palabra gracias alrededor de 500 veces al día. Es un número considerable para una persona de pocas palabras. Esta compulsión podría ser considerada como un simple exceso de cortesía; pero esta tesis se desbarata por la incoherencia de varias de estas repeticiones. Fuera de las ocasiones en que agradezco atinadamente, suelo decir gracias, por ejemplo, al abrir la puerta. También lo hago al ser empujada por alguien caminando con prisa o más de una vez al casi ser atropellada por un auto que avanzó en luz roja. Mis labios están agrietados por morderlos cada vez que reparo en estas repeticiones sin sentido.
Estoy intentando incorporar una técnica de consistencia a estas gracias desubicadas.
Gracias por nada
Gracias por nada
Gracias por nada.
BIOGRAFÍA:
Rebeca Urbina Balbuena (Lima, 1983)Administradora de la UPC, con estudios de Literatura en la PUCP. Divide su vida entre su mejor poema, llamado Vicente, sus quehaceres literarios y su trabajo en un banco. Formó parte de talleres de poesía dirigidos por Carmen Ollé, Miguel Ildefonso y Victoria Guerrero. Participó en el Festival Enero en la palabra, en Cusco, en el Festival de poesía de Lima y en diversos recitales de poesía en Lima. Este año obtuvo el Premio Scriptura que otorga la Comisión de escritoras del PEN Internacional del Perú y el Centro Cultural de España, gracias a lo cual fue publicado su primer poemario "Camping en el país de las maravillas", el cual acaba de obtener el Premio Luces del Diario El Comercio en la categoría Poesía.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Cierta combinación
Creo en cierta combinación de esperanza y luz que dulcifica los peores destinos. Creo que esta vida no lo es todo; ni el principio ni el fin. Creo mientras tiemblo; confío mientras lloro.
Charlotte Brontë
Mujeres poetas afrocolombianas
Antología de mujeres poetas afrocolombianas
Fecha de publicación: 2010-05
Editorial: Bogotá : Ministerio de Cultura
Colección: Afrocolombianidad
Parte de: Biblioteca de literatura afrocolombiana
Palabras clave: Amor en la poesía; Cultura negra -- Colombia; Identidad cultural; Naturaleza en la poesía; Subjetividad en la poesía; Vida cotidiana en la poesía
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|---|---|
| 16-antologia-de-mujeres_afrocolombianas_.pdf | 7.3 MB |
Descripción:
Mujeres Poetas Afrocolombianas. En 1986 llegó la primera afrocolombiana al Segundo Encuentro de Poetas Colombianas, que se celebra desde hace veinticinco año sin interrupción en el Museo Rayo de Roldanillo, Valle del Cauca. Fue la caleña Ana Milena Lucumí Orosteguí. En 1988 concurrió María Teresa Ramírez, hoy una de las Almanegras, como se les conoce en este encuentro. Luego se integraron Mary Grueso y Elcina Valencia. El sello característico de la obra de estas poetas afrocolombianas es la estructura rítmica musical del poema. En esta antología se incluye una selección de más de cincuenta poetas de varias generaciones que dan cuenta de la enorme vitalidad de la poesía femenina afrocolombiana.
Es en el ritmo autóctono de la poética afro en las Américas en donde se escucha la percusión de los tambores africanos y en especial del tambor yoruba. La complementan la utilización de onomatopeya y palabras musicales inventadas. Este ritmo se viene transmitiendo a través de la música y del canto, pues la estructura cantada es dominio de voces femeninas. Al lado del cuentero, el decimero y los rezanderos, las cantadoras rememoran al griot africano, relator de cosmovisiones, de historia y genealogías, de sabidurías sagradas y profanas.
Guiomar Cuesta Escobar y Alfredo Ocampo Zamorano, prologuistas, valoran así el trabajo de las escritoras: "Estas poetas afrocolombianas están renovando y subvirtiendo con su obra un viejo canon de poesía. Ellas no sólo recogen la tradición rítmica de la poesía que heredaron de sus vertientes africanas, transmitida en forma oral y musical, sino que establecen una nueva perspectiva con su dicción, con su intención, con su transignificación".
Realismo mítico
Changó, el gran putas
Fecha de publicación: 2010-05
Editorial: Bogotá : Ministerio de Cultura de Colombia
Colección: Afrocolombianidad
Parte de: Biblioteca de literatura afrocolombiana
Temas: Afrocolombianos -- Condiciones sociales -- Novela; Identidad cultural; Literatura épica; Mitología -- África; Negros -- Identidad racial;Negros -- Novela; Novela colombiana; Novela histórica colombiana; Trata de personas -- Novela
Colaboradores: Henao, Darío
| Descargar archivos | Tamaño |
|---|---|
| 03-Manuel_Zapata_Chango_el_gran_putas.pdf | 6.97 MB |
Descripción:
Manuel Zapata Olivella nació en Lorica, Córdoba, 1920, y murió en Bogotá en 2004. Muy niño llegó a Cartagena. Fue médico, antropólogo, folclorista y escritor. En los años sesenta y setenta dirigió la revista "Letras Nacionales". Durante veinte años investigó para su novela central "Changó, el gran putas", cuya solución poética encontró luego de pasar una noche desnudo en una de las oscuras y sofocantes bóvedas de la fortaleza de la isla Goré, prisión de Senegal en la cual eran recluidos los africanos cazados, antes de su traslado en barcos al Nuevo Mundo.
Esta novela y gran epopeya es un inmenso fresco que cubre quinientos años de historia, para la cual Zapata recurrió a lo que denominó "realismo mítico". Da cuenta de los dioses tutelares y cosmovisión de la religión yoruba, incorpora proverbios, trabalenguas, cuentos de hadas y canciones de la tradición africana. Recorre las hazañas de los héroes negros en las revoluciones americanas. Zapata demuestra que los negros nunca impusieron nada a nadie, más bien contagiaron su baile, sensualidad, comida, lenguaje.
El profesor Darío Henao Restrepo, en el prólogo, explica la concepción subyacente a esta obra: "El principio filosófico del muntu, que rige su elaboración poética, implica una connotación del hombre que incluye a los vivos y difuentos, así como animales, vegetales, minerales y cosas que le sirven. Se trata de una fuerza espiritual que une en un solo nudo al hombre con su ascendencia y descendencia, inmersos en el universo presente, pasado y futuro".
jueves, 25 de diciembre de 2014
¿¿¿¿Qué le tirás onda a papi????
Jajaja. Yo creí que Julián, que no vive en casa, que no lo vio quedarse a dormir con mamita, que habla tan poco, que no pregunta intimidades para no contar las suyas, había entendido cómo venía la mano con su papá cuando le dije que lo estaba viendo y estábamos "reamiguitos". Pero llega Gustavo en Nochebuena y, tímido delante de su hijo, me da un beso en la mejilla, yo le digo: Vení acá, dame un beso bien y cuando él se va para la cocina, Ju me dice: ¿¿¿¿Qué le tirás onda a papi???? y yo, agrandada, que no se crea que soy yo la desesperada: Yo no le tiro onda, hace dos meses que me está haciendo el novio.
Qué difícil es comunicarse con los hijos.
Qué difícil es comunicarse con los hijos.
Nosotros 5
Nochebuena en casa: mamá, papá y tres hijitos. Cuando fuimos a sacar la foto en el sillón, Rafa agregó a Fido, Carucha y la Gatitanera y Magda dijo:"¿Es necesario?¿Qué somos, la familia tipo?"
Y estuvimos bastante "tipo" pero en modelo felices: a la tarde Magda me dijo que la espere para hacer la ensalada de frutas, y Rafa preguntaba a cada rato quién venía y Julián devolvió la mesa y las sillas del jardín que se había llevado y trató de conseguir otra bodeadora que la nuestra no anda pero no se consiguió. Y Gustavo estuvo trabajando (y ya temía yo que fuera como cuando vivíamos juntos que nunca llegaba a tiempo y todos colgados esperándolo) pero llamó a las 8.30 (qué buen horario para no crear ansiedades)para avisar que hacía el último viaje y caía, que compráramos acá la cerveza.
Y Magda empezó las pizzas y yo me fui a bañar que me había olvidado que era necesario y ella me hizo estirar la masa con las manos encremadas pero después quiso que la dejara sola para hacer a su manera unas genialidades de rúcula, tomate cherri cosecha casera, cebolla, morrón, caprese y "aburrida", para los aburridos.
Mientras, con Ju hicimos una picada con salame (para los salames, je) y ahí cayó papi y fingió haberse olvidado de traerme helado pero Ju lo deschavó con que, desde el fondo donde estábamos sentados, lo vio poner el helado en el frizer (él, hasta último momento sostuvo que había guardado carne).
El jardín parecía una cueva porque el pasto estaba largo y pusimos una luz en el árbol rosado y dos velas en la mesa. Y nadie me dejaba sacar fotos porque no entienden mi desesperación por fijar la felicidad o porque quieren enseñarme que no hace falta tener miedo ni querer fijar porque esto es lo más común del universo y puedo tenerlo todo el tiempo.
Y estuvimos bastante "tipo" pero en modelo felices: a la tarde Magda me dijo que la espere para hacer la ensalada de frutas, y Rafa preguntaba a cada rato quién venía y Julián devolvió la mesa y las sillas del jardín que se había llevado y trató de conseguir otra bodeadora que la nuestra no anda pero no se consiguió. Y Gustavo estuvo trabajando (y ya temía yo que fuera como cuando vivíamos juntos que nunca llegaba a tiempo y todos colgados esperándolo) pero llamó a las 8.30 (qué buen horario para no crear ansiedades)para avisar que hacía el último viaje y caía, que compráramos acá la cerveza.
Y Magda empezó las pizzas y yo me fui a bañar que me había olvidado que era necesario y ella me hizo estirar la masa con las manos encremadas pero después quiso que la dejara sola para hacer a su manera unas genialidades de rúcula, tomate cherri cosecha casera, cebolla, morrón, caprese y "aburrida", para los aburridos.
Mientras, con Ju hicimos una picada con salame (para los salames, je) y ahí cayó papi y fingió haberse olvidado de traerme helado pero Ju lo deschavó con que, desde el fondo donde estábamos sentados, lo vio poner el helado en el frizer (él, hasta último momento sostuvo que había guardado carne).
El jardín parecía una cueva porque el pasto estaba largo y pusimos una luz en el árbol rosado y dos velas en la mesa. Y nadie me dejaba sacar fotos porque no entienden mi desesperación por fijar la felicidad o porque quieren enseñarme que no hace falta tener miedo ni querer fijar porque esto es lo más común del universo y puedo tenerlo todo el tiempo.
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Lunes por la madrugada...
Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...
que sonríe cómplice de amor...





















