jueves, 23 de junio de 2022
jueves, 16 de junio de 2022
Bloguear donde hay mejor señal
Hace meses que vengo apurada, como en una ola, ayer pensaba desde cuando creo estar en esta "recta final" de lo laboral o de lo vivencial o del amor o de mi orfandad, ¿cuándo empecé a estar medio asustada, medio sorprendida que que llegara todo?
Pensé en la muerte de mi mamá, de Martín, de mi viejo como hitos del haber dejado de ser la niña que no sabe que la gente se puede morir. Pensé en mi viaje a España como punto de salida y de inicio y de llegada a la vez. Pensé en la última desilusión con mi ex y mi pata quebrada y la pérdida de una amiga (o dos) que creí "de fierro" y se cagaron. Pensé en pandemia y menopausia, y asumirme patita fea y también familia cisne.
Al pedo enumerar pero estaba necesitando encontrar mi lentitud, mi estar pesado y pausado. Para bloguear, para hacer sin apuro y sentipensar y llevar la cuerpa al todo (odio la palabra disfrute por fea y de moda).
Y a dos semanas de jubilada la mudanza y la ansiedad no me dejan sentir el punto final real, convencerme de que nunca más, nunca más, volveré a escuelas y soy dueña de mi tiempo y mis pantallas y mis palabras y mi escritura.
Hoy me propuse bloguear como antes (¿cuándo?): sin apuro, dejándome llevar por la ola. Y esta net no quería, se me desconectaba cada vez más, casi me resigno como otros días pero me avivé que cambiamos coso de wifi de lugar y era posible que... Sí, si, me la llevé a la cocina y flash!!!! Y como incómoda entre repasador y hornalla, acá estoy blogueando en comedor, delante de ventana a la calle, cambiando de perspectiva así de sencillito, diciendo boludeces porque el sentido de todo se me reconforma alededor.
Algunas leídas y coincido, otras acá esperando, muchas que anoto nuevas
Dice en feis Fernanda Trías
Frankisstein no es Frankestein
Reseña: Frankissstein, De Jeanette Winterson

El tiempo de la especie humana se acaba. ¿Qué ocurrirá cuando el Homo sapiens no ocupe ya la cima de la cadena evolutiva? ¿Y qué sucederá con las mujeres, que no están participando en el diseño y la programación del futuro? Jeanette Winterson aborda estas preguntas a través de los avatares de unos personajes inolvidables, entre los que destaca una jovencísima Mary Shelley que escribe su profético Frankenstein junto al lago Lemán. «Lírica, deliciosamente obscena y absurda» (según New Scientist), «inteligente, imaginativa y muy divertida» (según The Times), esta es una novela de amor. Una novela de sexo en la que incluso una robot descubre el feminismo radical. Una refl exión sobre qué es y qué no es el ser humano.
Nombrar las cosas de manera equivocada es contribuir a la desgracia del mundo.
¿Acaso no hay nada más en la vida que aquello que deseamos? ¿No deberíamos sacrificar esos deseos por una causa más noble?
El dolor no basta para matarnos. Podría ser libre... si lograse arrancarme su recuerdo del corazón. [...] Descubro que el dolor significa vivir con alguien que ha partido.
Ninguno de los dos parecía considerar que el hecho de que te nieguen una educación, serlegalmente propiedad de un pariente varón, no tener derecho a votar, ni dinero propio una vez que te casas, y que te prohíban desempeñar cualquier oficio salvo el de institutriz o niñera, y que te nieguen cualquier utilidad salvo la de ser madre, esposa o criada, y que vistas ropa que te impida caminar o montar a caballo, pudiese limitar el principio de una fémina.

Hilma Klint
Lunes por la madrugada...
que sonríe cómplice de amor...



































