domingo, 26 de enero de 2014

Borges y la Ocampo

Ayer, en la presentación de Cornelia frente al espejo, su director contó que cuando a Borges le decían que era un genio, él decía que el verdadero genio de la literatura argentina es Silvina Ocampo. Dijo que Silvina nos ve como si fuéramos transparentes, nos ve y nos perdona.

Cornelia frente al espejo

En el Malba, con Yani y Celia, un día de enero en el que había que ponerse busito y se caminaba por baires notando el vacío urbano, las calles chetas todas para una y sus vacaciones a contramano del resto.
La peli me encantó porque me dio exactamente la misma sensación que los cuentos de Silvina Ocampo: No sé lo que está pasando pero es genial. Y miles de hipótesis, todas posibles, que se te disparan en la cabeza como esos caramelos que mordías y les salían como estallidos de algo. Y quedarte en la butaca casi dos horas dentro de esa casa, con esa gente que no sabés si son muchos o todos ella, si va a pasar "algo", justo "eso" o nada o justamente todo lo todo que entra en nada.
Vengo a casa y leo el cuento y descubro que, además de haber puesto en la película los diálogos en palabras exactas de la Ocampo (ya lo había dicho el director en la presentación en vivo), los realizadores debieron construir todo lo demás porque el cuento no tiene narrador, ni descripciones ni nada entre esas voces que hablan entre sí, o dentro de una misma cabeza o dentro de esa casona impresionante (que en el cuento no está más que nombrada).
Muy bella la música, las fotos, la cara, los gestos, los movimientos de la actriz principal y la cercanía de Sbaraglia. Un placer.



Sexo reparador

Anoche soñé que acomodaba mi cabeza en el hueco entre tu hombro y tu cuello, que me pegaba a tu cuerpo y sentía tus brazos, su bulto, su deseo, que te pedía que fuéramos a dar una vuelta juntos, que te aceptaba ir al telo.
No sé si lo sueño para animarme a hacerlo en realidad o para evitar hacerlo en realidad.

sábado, 25 de enero de 2014

En capacidad de corresponder a ese torrente de emociones

NO TE ENAMORES DE UNA MUJER QUE VIAJE Y/O ESCRIBA

tumblr_m3zwd8nP581qh2blio1_500Es necesario e imperante que atiendas a mi llamado, no está bien que te enamores o enredes tu vida con una mujer que ame leer, escribir, viajar o cantar (así lo haga mal), porque al final todas ellas aman, aman con esa libertad que brota en su alma y las hace creer que tú estás en capacidad de corresponder con sinceridad a ese torrente de emociones.
Si te digo esto no es por asustarte, pero sí a modo de advertencia, porque una chica que escribe y además viaja es propensa a querer sin medida de tiempo o espacio, ella irá tras de ti si se lo pides con un simple “te extraño y te necesito a mi lado”, puede estremecer su mundo entero dedicándole un “te quiero” en un pequeño correo electrónico, con eso alcanza para hacerla sonreír todo el día, ella se imaginará el día en que por fin te pueda abrazar y besar de nuevo en caso de estar lejos, así sea a dos o tres horas de distancia, entonces la harás escribir montañas de palabras que no se atreve a decirte cuando hablan a solas.
No te enamores de una mujer que adore viajar, porque querrás que un día se quede contigo en un solo lugar y debes comprender que para ella el planeta es pequeño, querrá camuflarse en una cultura ajena a la de ella, navegar algún mar prohibido e intentará decirte palabras de amor en idiomas que le son desconocidos, odiará que un día le digas que debe escoger un sitio para vivir, porque sabrá que eso significa que debe detenerse en un solo punto y eso aniquilará sus ilusiones.
tumblr_static_redhead_writing_bed_by_boundarySi estás con una mujer nómada por naturaleza debes reconocer que amas cómo te cuenta sobre esos sitios escondidos en los lugares que ella visita y sabrás que te quiere si en algún momento menciona que le habría gustado mucho ver aquellos lugares contigo, pero no lo dirá directamente, porque prefiere ponerle literatura a su vida y construye cada párrafo con sumo cuidado, por eso te dirá algo así como: “te habría encantado tomar café en aquel lugar, imagínate sentado en el mismo sitio que inspiró a tantos artistas años atrás”.
No importa cuántas veces la hayan defraudado en el amor porque seguirá creyendo que viajando es que dará con alguien que la sepa comprender y no la quiera someter, por eso se enamora tan deprisa, por eso se permite embriagarse con nuevos rostros que le hablen de poesía y la conduzcan por nuevas rutas, porque ella necesita dejar su corazón en las letras que escribe, describir los aromas y los lugares que visita.
Sin importar qué ocurra no te enamores de una mujer que viaje o escriba, porque si por error un día tú la necesitas, ella irá corriendo a tu lado y te pedirá que recorras el mundo que a ella tanto fascina, ¿estás dispuesto a ir así por la vida? Ella llevará un ritmo que tú creerás es fruto de su locura contenida, pero te aseguro que ella te amará sin medidas, porque sabe que es la libertad de ambos lo que prima, ella no te encadenará a promesas futuras, porque una mujer que viaja y escribe conoce lo efímera que es la vida.
Y por último debo decirte que nunca prometas a esa mujer amor en la lejanía, porque tan pronto como sepa que has traicionado su corazón te dejará para viajar de nuevo, tan lejos como sus pies y alas se lo permitan, no te dirá palabras, porque todas las habrá dejado escritas.
Características de una mujer viajera:
  • Adoran leer, es el medio perfecto para viajar en el tiempo y el espacio
  • Anotan los lugares a visitar que han seguramente leído en alguno de sus libros
  • Aborrecen comprar tacones pues saben que la magia de la vida está en andar cómodamente
  • Pueden dormir en cualquier sitio
  • Aman comer
  • Si tienen cámara fotográfica tomarán fotos de los sitios visitados y una o dos de ellas mismas en esos lugares
  • Creen en el amor a primera vista
  • Saben que la vida es corta, por eso quieren conocer todo el mundo antes de irse de él.
  • Prefieren estar a solas con sus pensamientos más profundos
  • Una hamaca puede ser el mejor lugar para leer y descansar
  • No todas son extrovertidas, es más la mayoría optará por observar a lo demás como personajes de su historia.
  • Cuando viajan para estar contigo intentan demostrarte lo que no se atreven a decirte
  • Procurará cocinar platos diferentes para que le sepan a lejanía y sitios conocidos y por conocer
  • Cantará canciones de lugares lejanos, en idiomas que no sabe pronunciar bien.
  • Son chicas que viven en el presente, por eso no hacen planes a futuro
  • Sus viajes les dan un halo de misterio y las dota de capacidades intuitivas para comprender mejor a la gente.
  • Se espantan si notan que intentas atarlas a promesas.
  • Se pueden quedar horas visitando alguna biblioteca o librería y seguirán pensando que ha sido poco tiempo.
  • Un buen regalo es un libro que hable de viajes o lugares que ella aún no conozca
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Que el arte no dice la realidad sino su sombra

Que la poesía es "poesía en el espacio", siendo el lenguaje el que "aspira...a encerrar y utilizar la extensión, es decir, el espacio, y al utilizarla hacerlo hablar" ya no se trata entonces solamente del espacio real que la escena nos presenta, sino de otro espacio, más cercano a los signos y más expresivo, más abstracto y más concreto, el espacio mismo anterior a todo lenguaje y que la poesía atrae, hace aparecer y libera en virtud de las palabras que disimulan "Este espacio de aire intelectual, este juego físico, este silencio hinchado de pensamientos, que existe entre los miembros de una frase escrita, aquí (en el teatro), es trazado en el aire escénico, entre los miembros, el aire y las perspectivas de cierto número de gritos, de colores y de movimientos."-Que la poesía "parte de la necesidad de habla mucho más que del habla ya formada".-Que "la más alta idea del teatro que puede haber es aquella que se reconcilia filosóficamente con el Devenir...."-Que el arte no dice la realidad, sino su sombra, que es el oscurecimiento y el espesamiento por los que algo distinto se anuncia a nosotros sin revelarse. "Para el Teatro como para la cultura, la cuestión sigue siendo nombrar y dirigir las sombras."-
En fin, que el verdadero teatro, o el arte "verdadero", "empuja a una especie de rebeldía, virtual y que solo puede tener su precio si permanece virtual" , es la experiencia del arte como cumplimiento de lo que no puede cumplirse, realización de lo que sin embargo siempre es distinto de lo real.



Maurice Blanchot.
La conversación infinita.

viernes, 24 de enero de 2014

Rumbear

¿Por dónde vas a rumbear?, le digo a una amiga. Y me doy cuenta de que estamos hablando de qué "rumbo" tomar pero también, quizás, de por dónde bailar la "rumba".

Hasta que mi muerte los separe

Rodrigo Fresán dice de los libros que asocia en parejas y enumera ante el pedido externo de elegir sus imprescindibles: "...van juntos y están unidas hasta que mi muerte los y las separe para que sigan viviendo para siempre en las listas de los que permanecen y de los que vendrán y leerán.”

Los libros nos sobrevivirán. Y así como yo he heredado bibliotecas y comparado usados de desconocidos muertos o desprendidos, así mis libros vivirán para otros. Con mis marcas y mi nombre y mis medios poemas y medios delirios en sus márgenes. Es una forma de eternidad.

El vértigo de no leer o no haber leído

A veces, por ejemplo cuando leo la lista del post anterior, cuando alguien cuya literatura me dio tanto vuelta (Jardines de Kesington, El revés del cielo) dice que leyó y recomienda tal o cual texto, siento como un vértigo por lo que estará oculto para mí entre páginas hasta el momento en que llegue a leerlo. De los libros nombrados hay muchos aquí no más, al alcance de mi mano en mis nobibliotecas, pero deberán seguir esperando su turno, aullando para atraerme. Y yo soportando la llamada que se me clava acá adentro.

Fresán es imprescindible

:: IMPRESCINDIBLES ::

Los imprescindibles de Rodrigo Fresán


22-01-2014 | Rodrigo Fresán


A poco de publicar una nueva novela, el autor de Historia argentina y El fondo del cielo elige sus libros de cabecera.



Dice Fresán:

“Siempre me pareció muy injusto esto de salvar -a pedido y por obligación- sólo a diez entre todos a los que leyó y lo hicieron y lo hacen y lo siguen haciendo a uno tan feliz. Es decir: la biblioteca no tiene que ser como el Titanic. Hay botes para todos mientras los estantes y las neuronas aguanten. Y nadie anda por ahí pensando en su top-ten a menos que algún iceberg inesperado lo obligue a pensar en ello. Por lo que -entre la obediencia y la rebeldía- propongo aquí más de diez títulos (fundamentalistas del número redondo abstenerse) con sus respectivas y encandiladoras “sombras” a modo de no tan libres asociaciones de ideas.

En cualquier caso, esto es el máximo al que pude llegar a comprimirme y apretarme.

Y aclaración (im)pertinente: aquí los cuerpos no son más sólidos que las sombras ni las sombras más reveladoras que los cuerpos. Unos y otras -en orden y desorden alfabético- van juntos y están unidas hasta que mi muerte los y las separe para que sigan viviendo para siempre en las listas de los que permanecen y de los que vendrán y leerán.”


Los infinitos, de John Banville (y La vida breve, de Juan Carlos Onetti)

Poderes terrenales, de Anthony Burgess (y Trilogía Deptford, de Robertson Davies)

Música para camaleones, de Truman Capote (y Una casa para siempre, de Enrique Vila-Matas)

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (y Obra completa, de William Shakespeare)

La invención y la trama, de Adolfo Bioy Casares (y Borges, de Adolfo Bioy Casares)

Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë (Drácula, de Bram Stoker)

Relatos, de John Cheever (y Cuentos completos, de Henry James)

Letras, de Bob Dylan (y Postales de invierno, de Ann Beattie)

Grandes esperanzas, de Charles Dickens (y El mundo según Garp, de John Irving)

El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald (y El buen soldado, de Ford Madox Ford)

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez (y Las vírgenes suicidas,de Jeffrey Eugenides)

La Odisea/Ilíada, de Homero (y La divina comedia, de Dante)

Dr. Bloodmoney, de Philip K. Dick (e Hijo de Jesús, de Denis Johnson)

El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell (y Estrella distante, de Roberto Bolaño)

El mar, el mar, de Iris Murdoch (y El teatro de Sabbath, de Philip Roth)

Habla, memoria, de Vladimir Nabokov (y A conciencia, de John Updike)

En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust (y Moby-Dick, de Herman Melville)

Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut (y los cuentos y nouvelles de la familia Glass de J. D. Salinger como un libro, sí, “unstuck in time”).



Tomado de http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2014/32996#more-32996

Frida

Ya la había visto más de una vez. Pero siempre emociona el dolor y la ternura de la Khalo.
La peli está muy bien mostrando sus cuadros y sus vestidos y sus peinados que algún día voy a ir a México no más para tener una de esas polleras con delantal y volados.
Una lástima que no aparezca Chavela de joven con ella, aunque está bueno que aparezca en carne y hueso pero vieja.
"Yo soy como el chile verde, llorona, picante pero sabroso."


Biografía de Georgie O Keeffe

Me gustó mucho. En el final me avivé que ya la había visto. O había visto el final, que es lo más probable.
Es una pintora real y la biografía muestra su lucha entre la vocación, el amor al marido-managers que la hace cornuda todo el tiempo y su propio deseo de pintar libremente.
Sumada a la de Frida Khalo que vino después me dejó la sensación de que ser mujer era, hace 50 años, mucho más difícil que ahora todavía.

Alejandro Magno

Bueno, me vi tres pelis al hilo. Para que no digan que me compré al pedo la tele.
La primera, la de Alejandro Magno... como que ná. Ni fu ni fa. La agarré empezada, mucha cosa ya vista del emperador loco y las escenas de homoerotismo indeciso pintado bajo el amor heroico.
Lo único llamativo fue Angelina Yoli haciendo de madre... mamita...

jueves, 23 de enero de 2014

Leonera

Pintaba bien. Hasta que los que parecían silencios, tensiones de la intriga, se disolvieron en nada, en no sé sabe qué pasó ni por qué.
Rebien la protagonista, de verla te lo creés todo. Pero la peli no te cuenta nada, ni cuál de los dos tipos, ni por qué ella es culpable y el otro no, ni del hijo ni de la madre, ni por qué novios ni por qué lesbiana. Y se terminó.

miércoles, 22 de enero de 2014

Pájaros volando

Me maté de risa. Le ves la cara de bolú a Capusoto y a Luque y ya te meás. Reinteligente como parodian a los que se creen artesanos, los vagos que se hacen los iluminados, los pseudogenios musicales.
Qué grandes la Llinás, de mujer hippie medio caliente y la Flecher de policía pelotuda.

martes, 21 de enero de 2014

Breaking Bad. Primera temporada

Casi muero en el primer capítulo. Demasiado fuerte el impacto y no me lo esperaba. Soy flojita con el tema enfermedad y más si hay de por medio relaciones padre-madre-hijos.
Una vez que saqué la cabeza y tomé aire, la serie me gustó mucho. Sigue siendo dura y angustiante pero el protagonista es genial y el coprotagonista también y la esposa y el hijo y el cuñado y la cuñada. Se ven personajes muy gordos, con mucha trama y me gusta cómo están contados. Así que puedo aguantarme mi propio sufrimiento por ir sufriendo con personajes que mirás y ya sabés qué están sintiendo, cómo les duele eso que tienen que hacer.

lunes, 20 de enero de 2014

La poesía no es una ocupación sedentaria

LA VOZ DEL POETA

Si aspiras a ser un poeta, experimenta con todo tipo de poéticas, rotas gramáticas eróticas, religiones extáticas, efusiones paganas hablando en lenguas, rimbombante discurso público, escritura automática, apreciaciones surrealistas, monólogos interiores, sonidos hallados, delirios y enojos -para crear tu propia voz, tu voz que subyace allí, una voz límbica, tu voz original, una voz primal.
Si dices que eres un poeta, no te quedes sentado ahí nada más. La poesía no es una ocupación sedentaria, no es la práctica del “sentados, por favor”. Párate y tírales con lo que tengas.



Lawrence Ferlinghetti (E.E.U.U., Nueva York, 1919)

¿Funcionará mi novela como mis monografías?

Ayer hablábamos con mis amigos y amigas de mi "facilidad", dicen ellos, para escribir monografías. Yo decía que leo leo leo, anoto anoto anoto, escribo escribo escribo, ideas sueltas, párrafos, citas. Y, según mi propia teoría, cuando esa olla a presión está a punto de explotar de cosas que metí en el archivo de word abierto especialmente, es imprescindible sentarse y darle forma y terminarla.

Hoy se me ocurrió que lo mismo podría hacer con la novela de la tía Inés que nunca termino. Podría copiar todas mis entradas personales en este blog, todas las que pongo bajo las etiquetas "Confesiones de...", meterlas todas en un mismo archivo con lo que ya tengo de la novela, revolver y mandar a la sartén. ¿No?

Qué poner en mis estantes

Anoche soñé algo bastante angustiante. Yo entraba, ya llorando, al comedor de esta casa donde vivo ahora y veía que mi mamá (ella era "la dueña de casa") había sacado de mis estantes (los que tengo ahora, los que llamo "mis nobibliotecas") mis cosas. Me iba a buscarla al otro cuarto, el que ahora es estudio de Magda y le decía, llorando:
"¿Tenías que sacar mis zapatos y mis muñecos?" Ella revolvía el placar y sí, era inevitable sacarlos, yo lo sabía, aunque ella no me lo decía, me obligaba. Yo volvía a mirar los estantes y gritaba: "¿Mis libros también los sacaste? Yo los había puesto en mi forma, unos al lado de otros a mi manera..." Y en los estantes mi mamá había puesto adornitos de cerámica y cositas indefinidas como que formaban una ciudad o un caminito con cosas boludas de adorno.

Eso fue todo.

domingo, 19 de enero de 2014

Mi primera boda

De las pelis tontas tontas. Pero me gustó. La vi en cable una vez y media (o media y media o empezada y por terminar). Natalia Oreiro trata de casarse con su novio nabo: una copia de Novia fugitiva o La boda de mi mejor amigo o alguna de esas típicas. El ex es un viejo y reblandecido Imanol Arias que dan ganas de llorar.

Pero me divertí y llené mi muro de feisbu con sus frases que son bastante graciosas. Aquí van desde la última a la primera:


Ya que las cosas no salieron como esperábamos, quizás nos podemos volver a casar el año que viene.


-No es cierto que no me gustaran ninguno de tus novios. Marito, por ejemplo, era un encanto.
-Marito es gay, mamá.



Te hacés la que ahora no conocés a tu novio cuando toda la vida todos supimos que sos la novia de un nabo, lo que quiere decir que vos también debés tener tus problemitas.



No nos toquemos, porque si nos tocamos nos confundimos.



Basta, Raquel, me tenés podrido, hace 40 años que me tenés podrido.



Tenés buenas tetas, eh. Ya se te van a caer...



-¿Vos por qué lo dejaste? No me acuerdo...
-¿Y de que sos mi amiga, te acordás?


-Uy, nos fuimos al demonio.
-Nosotros no creemos en el demonio. No está en la Torá.
-¿Y cómo saben que la Torá está completa? Con el paso del tiempo se puede haber perdido alguna hoja...



-Te habrá costado mucho convencerla.
-No me costó mucho. Ella me obligó.



Yo no seré Sócrates pero tampoco soy un boludo.



Pasame más vino, se vino la pachanga.



Los novios: si creen que el amor es para toda la vida son unos ilusos, y si no lo creen, son unos hipócritas.



Veo gente vestida con muy mal gusto y que bailando se creen que se reinvindican de una vida mediocre.



Yo en una foto con ese señor no pienso sonreir.



¿Estuviste fumando porro con tu abuelo?



(No hay nada mejor que escribir frases de la película que tengas más a mano cuando tenés muchas ganas de escribir pero algo se te trabó a dentro y no te deja coordinar idea)



Básicos, sólo quieren marcar territorio. Tuvimos un romance, extraoficial, nos conocimos en un curso de filosofía. ël era el profesor, yo la alumna, un chiché. Con él aprendí a leer a Proust, a odiar a García Márquez, fue un referente siempre para mí, pero jamás, en todos estos años me dijo que estaba linda. Y me lo dice hoy, el día de mi casamiento.



¿Sabés que estoy pensando seriamente en dejar la poligamia?



Había una conversación que oscilaba entre el botox y las predicciones maya y no encontré interlocutor.



Esto no es un pequeño cambio, eso decíselo a su suegra pero a mí no me trater de idiota.



Hicimos un pequeño cambio para que fluya, pero está todo bien.



Amor, ¿podés comer más despacio? Te está mirando todo el mundo,no estás en lo de tus padres.



-Nunca pensé que te ibas a casar.
-Todavía no me casé.
-Tenés toda la fiesta para arrepentirte.



Sos como de la familia, pasás más tiempo con mi madre que yo.



Estamos en mi boda, bailando mi vals, te pido que te calles y sonrías para la foto.



viernes, 17 de enero de 2014

Con un delfín en Mundo Marino delante de las delegaciones de los colegios

El orden de prioridades


Por Juan Hundred



Pienso en coger. O sea, quiero coger. Quiero coger, y pienso en coger, todo el día. En este momento estoy pensando en coger, porque quiero coger, claro. Lo único que me interesa es coger, debe ser, supongo, por todo lo que no cogí de chico. Escuela de la carencia, podríamos denominarlo. No puedo parar de pensar en coger, por todo lo que me gusta coger, y por todo lo que no cogí. Como si mis ganas de coger pero no de ahora, de siempre, estuvieran junto a mí, envolviéndome como una frazada. Mis ganas de coger forman mi aura.
Quiero coger. Mientras desayuno en un bar quiero coger, mientras espero que llegue el subterráneos quiero coger con alguien, con cualquiera, en el andén, mientras me arreglan una muela pienso en coger, con la dentista, mordisquearle un poco los pezones con mis cariadas muelas.
Quiero coger. Con chicas jovencitas que trotan por el parque usando calcitas apretadas. Cogerlas, meterles la nariz en las vaginas y olerlas por dentro un rato largo. Irme después, lleno de olor a concha, a tomar una cerveza o a comer un sándwich de mortadela y manteca en pan negro (puede ser con morrones en conserva, también. Queda bárbaro).
Quiero coger. Con chicas que la van de intelectuales, y acabarles en la cabeza, en el pelo, y peinarlas un poco, con dulzura, peinarles el cabello hacia atrás o hacia un costado pero mejor hacia atrás, con mi esperma.
Quiero coger. Con gordas, gordas que se relamen y se ponen un poco bizcas mientras miran el cucurucho que acaban de comerse en la heladería, miran el fondo del cucurucho a ver si quedó algo de helado, muy de cerca. Apoyarles la poronga contra sus cremosas tetas, con esos pezones grandes como hamburguesas, ponerlas después en cuatro patas y subirme y tirarles del pelo y gritar ‘¡arre!’.
Quiero coger. Con veteranas que están de vuelta de todo y no tienen problemas en meterse un turrón en el culo o que se meten los dedos, ellas mismas, mientras las cogés, porque ni con tu pija envuelta en un trapo rejilla les alcanza.
Quiero coger. Con enanas, con rengas, con mujeres deprimidas o muy perturbadas, mujeres a las cuales no se cogería nadie. También podría coger, llegado el caso, con delicados muchachos de lampiños culitos que sepan chupar bien la pija, cogería con ovejas desde ya, con mamíferos medianos, con pedazos de maniquíes rotos, cogería con patos de madera, con un delfín en Mundo Marino delante de las delegaciones de los colegios, con una mochila Jansport roja o verde clarito, cogería con una tira de asado, con una muerta, con un suricato de moteado pelaje.
Por eso, sí, puede ser, quizás no presto demasiada atención en general, o a vos, lo que me estás contando. Porque lo que yo quiero es coger, a mí qué carajo me importa lo que te pasa.


posted by J. Hundred @ 12.1.14
Tomado de El subte viene lleno

¿Dónde está el choto rojo y justiciero que derribe las paredes y arrase con todos?

soy
VIERNES, 28 DE MAYO DE 2010
ADELANTO EXCLUSIVO

Los jóvenes

Después del escándalo provocado por el cuento “La narración de la historia”, el joven Carlos Correas le pidió a su amigo Bernardo Carey que escondiera Los jóvenes, una novela corta fechada en 1953. El texto, anterior a toda su obra conocida, permaneció oculto hasta que hace unos pocos años Carey rompió el silencio y le acercó una copia a Jorge Lafforgue, quien realizó una lectura pública en las jornadas que tuvieron lugar en la Universidad de General Sarmiento y ahora comparte con Soyeste fragmento.
 Por Carlos Correas
A la una de la mañana el Anchor languidecía. En el mostrador del bar, varios putitos de calzoncillos anatómicos beben Coca-Cola. Junto al piano bailotean torpemente dos ingleses de porongas lechosas. Los farolitos rojos dan la justa luz para ese pequeño quilombo de pajeros. Mesitas alcahuetas y lustraditas, mozos con aire de perros, espejos estratégicos para que los putitos se deseen de reojo. En una mesa, alrededor de un podrido olor a pescado, hay una hembra fermentando. En la pared del fondo, una lámina vieja de Elizabeth y Felipe de Edimburgo (se comentaba que Felipe ya no se la da más por el culo porque Elizabeth se tiraba muchos pedos y como es sabido, los de Elizabeth Arden). Y en el aire un crepitar bullicioso, una guasca hecha polvo brillante y estrellado. Las locas sentadas miran por la ventana y añoran la ciudad. Cuántos bilis dormían, despreocupados, esperando como Lázaro la voz que los reviviera. El pianista, con los pendejos sudados, aporrea el piano tratando de crear el ambiente frenético que el oficio requiere. No hay caso. Las locas hablan, los mozos gritan, un inglés se rasca los huevos sin malicia. Las luces se hacen más rojas, la ciudad del debe se hunde en la ceniza negra; los putitos devoran las braguetas con los ojos; los ortos, laxos y vacíos, palpitan de deseo. El Anchor es un condón inmenso y todos los jóvenes, dentro, se esmeran en destrozarse. Ah, ¿dónde está el choto rojo y justiciero que derribe las paredes y arrase con todos? El pianista toca los foxtrots al galope, el inglés presta oídos a los reclamos de su garcha coqueta, las locas se despegan el pantalón de la raya del culo y se aguantan por cortesía de ir hasta el baño a mear. El foxtrot, los farolitos rojos, la esencia exquisita de los sobacos, los grititos agudos, los zapatos que raspan el suelo y esas pijitas mustias, sin uso, que sólo se paran cuando el ariete musculoso, tremendo e hirviente, abre los huesos por atrás. Resbalones sobre el piso, miradas, el piano enloquecido, las locas mansas, el charco de olor y sudor entre los muslos y esa desesperante ausencia de semen y la sangre que se les pudre y sólo faltan los dolores de madre y tu voz, tu voz incomparable, que me dice, que me grita, como nadie: “¡Ay, sacámela que me cago!”.
—Esto está aburridísimo —dice la Flor Podrida. Su poronguita de cartulina, que no conoce concha de mujer, se mueve un poquitito bajo el pantalón; pero los granitos morados de sus mejillas son fascinantes: hermosos para romperlos con los dientes y chupar ese puntito de pus afiebrado. Los cristales de la ventana se cierran sobre la Flor Podrida y se preguntan: ¿Este chico sentirá frío cuando apoya el culo en la tabla del water closet? Ah, el asunto es apasionante. Los surtidores de carne esperarán hasta que la cuestión se aclare. 1er punto: ¿qué sucede cuando el olor del excremento recién hecho llega hasta las cejas abiertas en ángulo del chico? 2º: ¿Se sienta en la tabla o se pone en cuclillas? Viéndose la garchita, cubierta de telarañas, que oscila como un péndulo y la respiración hinchada y todos los músculos que hacen fuerza para abajo y la mierda que se abre paso (¿pero no dicen que los putos cagan para adentro?), pero aquí la Flor está escondida, a solas, toda avergonzada, humillándose porque ensucia esa bonita cloaca blanca, cagando como un chancho, como un infante rancio, como un viejo con almorranas, y aquí la sucesión de peditos líquidos, mientras la Flor se hace la indiferente, no se trata con la mierda y en tanto, para disimular, tararea un nocturno del príncipe Kalender. Ah, pero luego echaré una miradita rápida y cortés, para ver si hay mucha cantidad, si tiene lindo color y si es una tira cilíndrica o un bultito fruncido. Y después el lindo papel higiénico, la Flor corta bastante para doblarlo tres o cuatro veces y protegerse los dedos, ese lindo papel queda marroncito y después tira de la cadena con un escalofrío de placer y luego se limpia los pendejos del culo con un poco de agua, se estremece pero el calzoncillo lo secará. Hay que tener limpio el culo por si a algún El se le ocurre meter el dedo. Y después, cuando se sale a la calle, hay que ir con las tripas vacías, porque puede haber levantes y sólo faltaría que cuando algún muchacho se la fuese a meter le diesen ganas de cagar.
—No tan aburrido, desde acá veo un buen bulto –dice la Lagartija Mamadora.
—¿Dónde, dónde?
—Allá—La lagartija Mamadora señala con la cabeza. Señala a un muchachito de pelo alborotado que mira al pianista con ojos estúpidos, tiene los muslos abiertos, su carita es pálida, el pantalón se le arruga en el vientre, tiene manchas de barba en los pómulos, la bragueta está curvada hacia delante, la boquita es hermosa y maligna, su vaporcillo se levanta hacia su pubis, una saliva cálida le lubrica los labios pero tiene esa carne deliciosa ahí, inmerecida, y la flecha de vello suave hacia el ombligo. Ah, mi latino de frenillo intacto. La lagartija se dobla en su silla y se refugia contra la pared, apoya su carita de mosca en su manito puñeterita y entreabre su boquita ordeñadora. Mira el bulto y se entristece y se deja ir. “Ah, muchachito, cómo duele tu nombre y tu deleitosa tortura de ser hombre. Déjame buscar tu boca y bajar mis manos por tus costados. Abre para mí tus secretas imágenes; no, no estudies posturas a solas, frente al espejo, para luego mostrármelas, no guardes una voz especial para mí; cuéntame los pequeños enigmas de tu cuerpo, las íntimas manías de limpieza. Ven, tus miembros untuosos se diluyen en mis manos, yo te esponjaré. Inclinaré la cabeza para recoger tu novedad y apartaré las telas blancas y delgadas que te protegen y me llenarás con la vibración azul de tus venas reverberantes, a la flor de piel, que latirán rítmicamente contra mi paladar.” Ah, ¿por qué, por qué me lo ponen en el camino? Esto me costará una masturbación esta noche. ¿Qué trama contra mí la hembra ovárica que lo ha echado al mundo? Ah, ¿cuándo le dará por hacerse el degenerado? Y no estaré yo para darle mis ojos de espejo. Y rozar con mi mejilla esa manito suya, que baja hasta las ingles y los dedos que acomodan, agradecen, arreglan y despegan. Dejame pasar la lengua por tu cuajada fermentada y tu quesillo de tres meses. Cómo retenerte, pastor de los párpados verdes, y calmar tu boca insultante y rendirme a tu sobrehumano poder de estar tan perfectamente deseable en el bar agrio y pegajoso. Legiones de donceles en Norteamérica; jóvenes alemanes de pelo corto juegan a la corrupción en su país, ¿qué hacer? Ahí abajo me esperan. Los testículos me esperan; ellos ya saben la cantinela. Nadie me desea. Es asqueroso: no tengo manos. Un muchacho, uno, podría salvarme. Rascarse con las manos en los bolsillos. La boquita colgante, como la de un cadáver. Nadie me desea. Hay una cosa flaca, doblada hacia delante que sube la calle y no inquieta a nadie. Vuélvete por tu momento, muchachito de traje barato; si, yo sé que no soy digno pero soy tu vida y tú no lo sabes. Ser por una vez el destino. Meterme dentro de ti para siempre. No me huyas, muchachito sucio y triste. Yo estaré solo más tarde, desarmado en mi cama mojada de frío, con las piernas recogidas y las manos unidas junto a la calidez de los testículos. Yo siento tan profunda esta noche. Mi espalda termina en una blancura de algodón, tierna y flexible. Quisiera sentir contigo tus muslos apretados en la silla y extender la mano para buscarte el pelo musgoso y la vena turgente del cuello. El rápido vibrar de tu párpado al subir y bajar, la lanilla del vello, tu olor, el ademán antes que el cuerpo. Tu cuerpo se me ofrece, inlograble. Un presente siempre nuevo, una flor lavada y depositada en esa silla, aún chorreante. Y tus ojos de tornasol no se pierden ni un instante. Tu cuerpo sobra al bar. Limpio y sano. El juguete que puede romperse a la menor brusquedad y que, sin embargo, emana una seriedad de padre de familia. Como tu carne elástico con mis ojos. El jovenzuelo de manos rubias y cintura estrecha y caderas de comba y la pelusa nerviosa de tu nuca, detrás de las orejas, como un polvillo dorado; la pelusa que se erizaría con el roce de los dedos y los labios. Dime hasta cuándo durará tu encanto. Acumulas respiraciones, pestañeos, latidos, algún cosquilleo en la piel. Los músculos de tu vientre que acomodan el cinturón, el aire que incha los pulmones. Los dientes que acarician la lengua, la lengua que acaricia los dientes. Tu cuerpo goza contigo. Los testículos masturban al pene. La lengua fornica con el paladar. La cera de los oídos lame el cartílago de las orejas. El pubis acaricia y chupa el sudor mantecoso, perfumado, denso, exquisito, que se eleva, vegetal y sombrío, con su olor de sangre coagulada y carne blanca y partida. La forma quieta es el horror; el movimiento que no se mueve. Esto es lo mío. El movimiento que no se mueve... que puede moverse pero ahora está inmóvil, con todo su vigor postergado. El reposo semiblando de los músculos; carne contra carne y separada. Si pudiera ablandar el rictus amargo de tu boquita maligna. El cuerpo te debe doler de tanto ser presentido, imaginado. Tú te vas y una sola carne se levanta por sí misma, indolente, ominosa. Narciso y tu cutis de oro viejo y tu cabello corto y enrulado y las nalgas firmes y delgadas y los muslos que brotan como ramas y la savia tibia que encuba y se espesa. El muñeco casto entra en la corrupción. El muñeco virgen, juguete de las putas. Y tú y tu sexo de pimpollo. El tesoro de las putas, el bien amado. El hijo más deseado.

¿No es un comienzo genial?

Por Carlos Correas


A la una de la mañana el Anchor languidecía. En el mostrador del bar, varios putitos de calzoncillos anatómicos beben Coca-Cola. Junto al piano bailotean torpemente dos ingleses de porongas lechosas. Los farolitos rojos dan la justa luz para ese pequeño quilombo de pajeros. Mesitas alcahuetas y lustraditas, mozos con aire de perros, espejos estratégicos para que los putitos se deseen de reojo. En una mesa, alrededor de un podrido olor a pescado, hay una hembra fermentando.


Inicio de Los jóvenes.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-1393-2010-05-28.html

miércoles, 15 de enero de 2014

A partir de mañana

Dice mijita que anoche fue nuestro último guiso con carne. Desde hoy nos declaramos vegetarianos, pero no veganos. ¿O era al revés? No sé si comemos leche y queso. No sé si los huevos están prohibidos. ¿Ovo-lacto-vegetarianos asusta mucho?

La nueva Cenicienta

Miro película tonta donde hay hada madrina y me emociono tanto que me doy cuenta de que me hace falta un poco de protección "madrinal".


Debo tener alguna ilusión incompleta flotando por ahí que hace que me emocione más el hada madrina que el príncipe azul.


Proteger a tanta gente y que nadie me proteja debe estar haciendo estragos en mi ánimo.


La maternidad múltiple no sería tan densa, creo, si una pudiera hacer de hija boba un rato al día.


¿En qué mundo todavía alguien dice "No olvidaría esos ojos"?


En vez de las doce campanadas, le suena la alarma del celu. Buena adaptación.

Cómo si éste fuera río coagulado

Dijo Juan al recibir el Cervantes:


"Hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque “esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso”. Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran “lastimándolo” desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice “siempre mañana y nunca mañanamos” agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma."

Discurso completo:
http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/subnotas/237723-66461-2014-01-14.html

martes, 14 de enero de 2014

Si me dieran a elegir

El juego en que andamos


Juan Gelman



Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

Para que esto suceda

Alza tus brazos...


Juan Gelman



Alza tus brazos,
ellos encierran a la noche,
desátala sobre mi sed,
tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana,
que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,
cávame del dolor, límpiame el aire:
yo quiero amarte libre.

Tú destruyes el mundo para que esto suceda
tu comienzas el mundo para que esto suceda.

Siempre acá, Juan querido

El hobbit I

Empecé a verla en lo de Lulu que, divina, me la grabó en su tele.
Desastre de desilusión: ¿Qué, pero qué de qué, es eso???????
Me pareció la cosa más trucha que he visto. Infantil en el sentido que los nabos creen que se es infantil, hueca al lado de ESDA, aburrida, ni la música épica pegaba con los combates y la misma cancioncita de los BOlsón en todas partes. ¿Gandalf se hico fotoshop? ¿Los enanos usan colágenos en los cachetes? ¿Los trols son de plastilina mal amasada? Ni la terminé.

lunes, 13 de enero de 2014

Quien siente mucho, se jode

Cartas de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo

1

Quien siente mucho, se jode y no encuentra palabras y entonces no habla y es ésa su condena. Me apresuro a emitir mil gracias por las flores que recibí gracias a vos el sábado 29/11/69 a las 7 u 8 del crepúsculo, son tuyos o no los dibujos o incisiones o mascarillas...
Un abrazo breve
para que admires qué
pronto conseguí un
gravador de papeles
como el tuyo,
A.


2

Tarjeta minúscula con tres niñas-ángeles en la nieve -la más pequeña avanza con un farol
Señores de ahí arriba: para Silvina exigimos todas las alegrías suaves e intensas, y que escriba muchísimo, y que sea como es si bien la aceptamos de todos modos si llegara a cambiar.
Otrosí: deseamos para ella todo el bien
Alejandra


3

Tarjeta con dos tréboles, uno violeta y otro celeste, sobre fondo rectangular verde enmarcado en celeste.
Silvina:
hoy me pregunté:
¿cómo sería el mundo si Silvina no hubiese nacido?
Gracias
Tuya
Alejandra


Escrito transversalmente en el borde izquierdo:
Silvina Silvina Silvina Silvina


4

Silvina, Sylvie, Sylvette, te llamé y nadie contestó. Por eso te escribo. Es algo muy simple (“c'est aussi simple comme une phrase musicale” y que puede formularse más o menos así: la habitación se balancea y oscila como un barco. Cuando te llegue esta cartita ya no se moverá más mi cuarto, gracias a vos y un poco gracias a mí, porque te escribo en vez de quedarme “inmoble” (lo descubrí ayer). En suma, quisiera, al final de todo, poder decir como el Poeta:
“on n'a pas été des lâches
on a fait ce qu'on a pu”.
Por otra parte, mi cuarto es poco alentador. Ayer, decidida a reparar los daños que me causó la tormenta -la traidora! con lo que me gusta!- arrojé todo o sea libros, discos y cahiers al suelo a fin de ordenar ese conjunto de un modo más inteligente. Como no me animo a regalarte discos (salvo del estilo del de Salónica) me apresuro a contarte que ya se consiguen las piezas para clave de COUPERIN. La clabicembalista (!) se llama ETA HARICH SCHNEIDER. Título general: “Música para clave de Couperin”
Ignoro cómo le caerá a la edipita Edith el nombre de ETA. Además Couperin se asocia concouper y Schneider si bien significa sasstre, alude también al verbo cortar.
Moraleja: no darle a Edith una tijera de sastre pues no vacilará en cortar el disco en dos partes: le derrière et le devant. Le derrière es algo que no se toca sin ser un instrumento. Le devant es algo que se que se que se (se acabó la cinta, oh mi complejo de Persefone, oh mis ganas de Amaltea, etc.).
Ahora me siento mejor, Sylvette (no habrá ninguna igual) y te bendigo desde el fondo de los fondos de mi casa y de mi raza (de la que me siento desunida, sin embargo los oigo allá lejos cantarme sus ensalmos). Dije ensalmos y el barco se detuvo. Silvina, chérie, escribí mucho: si no lo hacés vos ¿quién lo hará, entonces? Te lo reitero, lo sé; volveré a decirlo, ahora y siempre. Algún día me contarás un cuento con caballos de calesita? “Yo he sufrido tanto.
¿Me lo contarás algún día?” Gracias (estoy muy bien)
y un abrazo matemático de
A.


5

Querida Silvina, le ciel est si bleu, si tendre, muy parecido a tu sonrisa. Pero ayer a las 20 horas no fue así pues no sé por qué, sobre el celestegrisrosa del crepúsculo vino una nube enorme, enorme, y también negra, y también erizada, como hecha de la materia de un gato electrizado, quiero decir de la piel de ese gato que por otra parte nunca vi sino dibujado en una historieta.
Me siento muy orgullosa y con un poquito de miedo -a causa de la responsabilidad que implica- escribiendo con tu lapicera. Tengo que acostumbrarme a ella pues exige una impetuosidad y una generosidad y una entrega propias en mí de un instante privilegiado y en vos de tu estado natural de ser y de estar. (Se entiende algo o es cierto que el sol me inmovilizó el pensamiento?). Quiero decir que no será extraño si ella cambia de forma –y sobre todo el sentido- de mis poemas venideros. (Cuando yo tenía 6 años me pasaba la vida escribiéndoles a los Reyes Magos –no sólo en su día sino en cualquier otro- pidiéndoles una lapicera que supiese sumar, restar y dividir sola; ella dirigiría mi mano derecha mientras la izquierda, debajo del pupitre, da vuelta las páginas del libro de cuentos que leo mientras la lapicera se las arregla mágicamente para hacer de mí el genio de las matemáticas. Esto es idiota pero no hago más que recordarlo desde el lunes).
Encontré un librito de Old Montaigne que por momentos es muy delicioso: “Sur le plus beau trône du monde on n’est jamais assis que sur son cul”.
¿Te deje muy triste el otro día? Espero que no. Confío en que no. Aun así, y aunque maldita la gracia que me hace tender mi tristeza sobre la mesa como un mapa, aun así es una Gran Prueba de Amistad de mi parte esto de no sonreír todo el tiempo y de no decir chistes todo el tiempo, que es lo que hago con 99 de cada 100 personas que conozco. Quiero decir que revelar la tristeza es algo así como la máxima confesión (al menos, en mi caso). Pero me horroriza pensar que pude comunicártela. Ojalá que el peregrino la haya disipado si es que no la dejé al irme.


Minúsculo dibujito de una niña arrastrada por –o arrastrando- un cometa-flor

Estuve pensando mucho en lo que dijiste sobre la continuidad del poema, aquello de que un verso llama a otro.
Creo que te va a encantar como a mí la dama que está a la izquierda, en el primer plano, vestida de azul, dueña de una lujosa cola blanca, parecida –si j’ose dire - a la de un caballo. Aunque temerosa de exagerar, me he atrevido a pensar que también sus finas y blancas piernas tienen un no sé qué de equino. (En las noches de invierno ella galopa con sus piececitos vestidos de azul y danza, danza de alegría, de miedo, danza para alegrar su pequeño corazón, su corazón de madera, su corazón de buena suerte).

Minúsculo dibujo de una niña llevando una flor

Por primera vez, después de muchos meses, leí un diario. Al dejarlo he sentido deseos de ir a Uganda. Habría que traer a la Mère Ubu y al Père Ubu como reyes.
Vengo de un paseo de cuatro horas solitarias en bicicleta. Por eso la carta está girando (“elle tourne, elle tourne comme dans les rêves de la reine folle...
J’e t’embrasse
Alejandra



6

B. A. 31/1/72
Ma très chère,
Tristísimo día en que te telefoneé para no escuchar sino voces espúreas, indignas, originarias de criaturas que los hacedores de golems hacían frente a los espejos (cf. von Arnim).
Pero vos, mi amor, no me desmemories. Vos sabés cuánto y sobre todo sufro. Acaso las dos sepamos que te estoy buscando. Sea como fuere, aquí hay un bosque musical para dos niñas fieles: S. y A.
Escribime, la muy querida. Necesito de la bella certidumbre de tu estar aquí, ici-bas pourtant [aquí abajo, sin embargo]. Yo traduzco sin ganas, mi asma es impresionante (para festejarme descubrí que a Martha le molesta el ruido de mi respiración de enferma.) ¿Por qué, Silvina adorada, cualquier mierda respira bien y yo me quedo encerrada y soy Fedra y soy Ana Frank?
El sábado, en Bécquar, corrí en moto y choqué. Me duele todo (no me dolería si me tocaras –y esto no es una frase zalamera). Como no quise alarmar a los de la casa, nada dije. Me eché al sol. Me desmayé pero por suerte nadie lo supo. Me gusta contarte estas gansadas porque sólo vos me las escuchás. ¿Y tu libro? El mío acaba de salir. Formato precioso. Te lo envío a Posadas 1650, quien, por ser amante de Quintana, se lo transmitirá entre ascogencia y escogencia.
Te (les) envié aussi un cuaderniyo venezol-ano con un no sé qué de degutante (como dicen Ellos). Pero que te editen en 15 días (…) Mais oui, je suis une chienne dans le bois, je suis avide de jouir (mais jusqu’au péril extrême). Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besaría una mano y lloraría, pero sos mi paraíso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. Al carajo los greco-romanos. Yo adoro tu cara. Y tus piernas y, surtout (bis10) tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero.
Silvine, mi vida (en el sentido literal) le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo SIN FONDO. A él lo amo pero es distinto, vos sabés ¿no? Además lo admiro y es tan dulce y aristocrático y simple. Pero no es vos, mon cher amour. Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette mon amour, pronto te escribiré. Sylv., yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves lo sexual es un “tercero” por añadidura. En fin, no sigo. Les mando los 2 librejos de poemúnculos meos –cosa seria. Te beso como yo sé i a la rusa (con variantes francesas y de Córcega).
O no te beso sino que te saludo, según tus gustos, como quieras.
Me someto. Siempre dije no para un día decir mejor sí.
Ojo: esta carta tu peut t’en foutre et me répondre à propos des hormigas culonas.
Sylvette, tu es la seule, l’unique. Mais ça il faut le dire: Jamais tu ne rencontreras quelqu’un comme moi –Et tu le sais (tout)
(Et maintenant je pleure. Silvina curame,
ayudame, no es posible ser tamaña supliciada -)
Silvina, curame, no hagas que tenga que morir ya.

(de "Correspondencia Pizarnik", Ivonne Bordelois. Editorial Planeta, Buenos Aires, 1998. La numeración es mía)


Publicado por Nina Avellaneda
Tomado de http://feminografias.blogspot.com.ar/2013/05/1-quien-siente-mucho-se-jode-y-no.html

Prólogo a Levrero


Me acuerdo


10-01-2014 | , 

El prólogo que Felipe Polleri escribió para Irrupciones, de Mario Levrero (Criatura).


Prólogo del prólogo

irrupcionesCuando me propusieron escribir este prólogo pensé (ya que debo sostener mi absurda e inexistente fama de malvado y maldito) solo en mi conveniencia. Que los demás revienten. Pero, ¿me convenía? Sin duda. En realidad, me estaban dando la oportunidad de seguir ahondando la herida que me dejó la muerte de Mario. A pocas personas quise tanto y querré tanto como a Mario Levrero, amigo y «padre y maestro mágico». Porque me niego a creer que está muerto, a resignarme a su ausencia, un prólogo es, también, por qué no, otro motivo para seguir llorándolo (y muy bien acompañado por los lectores de este libro). Acepté, también, porque necesito los honorarios respectivos. Pero el dinero es algo secundario. Mis razones, ya lo dije, son infinitamente más personales y egoístas.
Tengo, entonces, que trabajar. A Mario y a mí el trabajo, la simple palabra trabajo (poco dinero a cambio de mucho tiempo) nos daba horror. Habíamos elegido por vocación, o vaya uno a saber por qué, dedicarnos a escribir y a no ganar un peso. Cumplimos. Él mejor que yo porque, al final de cuentas, siempre fui un padre de familia que se sentía responsable, o al menos culpable, si las arcas estaban vacías. Pero llegó el tiempo en que ambos sufrimos, estoicamente o sin ningún estoicismo, los problemas y las humillaciones que conlleva tamaño suicidio (en vida); claro que el demonio de la autodestrucción es muy convincente. Además, si nuestras enfermedades coincidían en un punto era en esa feroz alergia a hacer lo que nos mandaban, a obedecer, a materializar esos inconfundibles y malignos disparates que la mayoría de la gente califica de útiles e, incluso, de necesarios. Como este prólogo, sin ir más lejos. ¿Es útil y necesario este prólogo? Lo dudo, sobre todo porque lo estoy escribiendo yo. Pero como tengo ganas de acordarme de mi amigo, continúo tranquilamente. Cierta vez alguien calificó de «no necesario» a un libro y me sorprendí mucho. Un libro de ficción debe ser no necesario, inútil y absurdo (y casi delictivo) para tener cierto valor. Debe ser un atentado a la diosa razón, al sentido común, etcétera. Un libro de ficción debe ser percibido (y así fueron percibidos los libros de Mario durante su vida y más acá) como un insulto a lo hecho y a lo que debería hacerse para construir una patria justa y solidaria. Este prólogo, para hacerle justicia, también debe ser irritante. Y estoy seguro de que muchos de los irritados dirán y se dirán: ¿quién se cree este boludo para hablar del gran Mario Levrero como si fuera su igual? El gran Mario Levrero era un loquito y nada más cuando yo lo conocí, y juntos fuimos un par de loquitos de mala muerte durante nuestra larga amistad. Dejo al GRAN Mario Levrero GRAN para los oficialistas de última hora. Ellos lo estudian o fingen estudiarlo, lo admiran o fingen admirarlo. Yo lo quise. Yo lo extraño.
La investigación
Debo aclarar que para escribir este prólogo no realicé la menor investigación. Me limité a leer las Irrupciones en orden y a otra cosa. Digamos, sí, que llegué a la siguiente conclusión: Irrupciones es el título de 126 textos, más o menos, que aparecieron en la revista Posdata y luego en el suplemento Insomnia de dicha revista. Por cada texto él recibía cierta cantidad (desconocida) de dinero. Se trataba, en fin, de un trabajo. Claro que del más agradable de los trabajos para alguien como Mario. Pero un trabajo es un trabajo es un trabajo es un trabajo. Y de hecho suspendió la columna por un tiempo cuando creyó que una novela estaba llamándolo. Por otra parte, no dudo de que trabajó en sus Irrupciones más y mejor que cualquiera. Aunque no investigué nada, sé, por conocerlo, que trabajó cada texto con la minuciosa responsabilidad que asumía frente a un compromiso. Sé, también, por haber hecho cosas semejantes, que escribir para una fecha pactada es una pesadilla y que a menudo las musas se niegan a bajar, aunque uno las convoque y las provoque con todo el surtido.
Aquí hay, en consecuencia, textos mayores y menores. ¿Se trata, pues, de un libro desparejo? No creo. Es, como él mismo declara, «un hipertexto» donde los puntos aparentemente más débiles son tan necesarios como los más fuertes. Apunta Mario: «en cualquier orden que se lean estos fragmentos se notará, creo, que todo está ligado y forma parte de lo mismo, como en un holograma». Lo «mismo» es Mario Levrero con su voz inconfundible haciéndonos participar de su vida cotidiana. (Agreguemos que hay Irrupciones donde puede leerse al mejor Levrero: 54, 59 y 60, 65 a 67, 24, 29, 31, por citar algunas. Ya la 1 es una verdadera belleza, con su tierna y a la vez ligeramente macabra versión de Caperucita y el lobo que viene y vendrá. O, en seguida, la relación entre las cajas de fósforos y el fin del mundo. O, insisto, todas esas páginas donde se nos invita a pasar a convivir con el Levrero de andar por casa.)
Levrero en camiseta
Puedo hablar mucho sobre el Mario que nadie conoce. ¿Quieren que hable de ese Levrero secreto? ¿Quieren mirar por el ojo de la cerradura? Por supuesto que sí. Chismorreemos sobre ese famoso escritor maniático y disfuncional, que veía a los fantasmas y estaba loco de atar. Lamento desilusionarlos, pero era un perfecto caballero, generoso, leal, sabio, viril (las señoras y señoritas caían a sus pies con solo verlo, aunque fuera un gordo pelado, o con solo escuchar su voz baja y grave), involuntariamente carismático, muy divertido y sí, tal vez, algo excéntrico y siempre dispuesto a reírse de sus excentricidades. Era duro. Era firme. Era insobornable. Y a la vez misteriosamente tierno; todos sus amigos, nos conozcamos personalmente o no, nos consideramos familia: Marcial Souto, Juan Ignacio, Leo Maslíah, Elvio Gandolfo, Alicia, Pablo Casacuberta, el querido Nicolás y tantos y tantos otros con los que ya nos encontramos, o nos encontraremos algún día.
Irrupciones sonoras y visuales
Acompañemos a Mario. Porque no solo lo escuchamos. También lo vemos en la épica búsqueda de un buzo, o de un baño en un edificio público, o fumando (alegría que compartíamos) con o sin culpa, o estudiando diferentes clases de hormigas caseras, odiando el calor y los mosquitos que lo picaron (a los otros, sin pruebas fehacientes, era incapaz de matarlos), luchando contra los eslóganes publicitarios y el ruido infernal de Montevideo, apiadándose de un gato, consolando a un chiquilín, adelantándose al minucioso observador que escribiría (o ya había escrito o estaba escribiendo, es decir, no adelantándose) El discurso vacío y La novela luminosa.
Sea como fuere, en estos textos uno se encuentra dos por tres con el realismo entre comillas de esas dos obras maestras; aquí y allá está presente el mismo tono pausado, seguro, de quien atestigua lo cotidiano con el mayor de los cuidados, con esa precisión quirúrgica que no ahorra un solo paso de cualquier proceso porque sabe que, en realidad, ese proceso no es más ni menos que la vida que pasa paso a paso.
Nada menos que un sueño
Ya se habló demasiado del Levrero 1, del Levrero 2, del Levrero 3, etcétera, de la influencia de Kafka, de la originalidad deslumbrante de sus últimas novelas. Pero hay un solo Levrero, el autor de un hipertexto lleno de abismos, de cimas, de humor (y el humor cuenta mucho en este libro), de sueños. Cualquiera de las Irrupciones podría ser intercalada en La novela luminosa sin el menor esfuerzo. Muchas de las Irrupciones podrían ser cuentos de La máquina de pensar en Gladys o fragmentos de sus primeras novelas o de las últimas. Lo digo por centésima vez: cuando estamos frente a un gran escritor toda su obra se une (lo quiera o no) a sus espaldas, porque viene del mismo lugar, todo forma parte del mismo gran sueño, del mismo ensueño, del mismo Espíritu, que para Levrero a veces tenía la forma de un gorrioncito (Diario de un canalla) o de dos palomas. Ese gran soñador de cuentos y novelas que fue Levrero (después se encargó de pasarlas al papel), ese gran soñador escribió Irrupciones. ¿Qué es Irrupciones? Nada menos, nada menos que un sueño.
«Justo frente a mí hay algunas palomas en un pretil de azotea de ese mismo edificio de la araña. No hacen nada; están allí paradas. Una se revisa las plumas. Las otras parecen dormir, o simplemente descansar. Me pregunto si las palomas comerán arañas. Creo que no. Las palomas no sirven para nada», escribió en Irrupciones. Quien haya leído las impactantes y conmovedoras páginas que Levrero dedica a las palomas sabe que Levrero supo para qué servían. Sabe que el soñador vio (o el escritor soñó) que las palomas eran una manifestación del amor, del Espíritu, en un mundo en descomposición. Algunos dirán que no fue nada más que un sueño. Mario diría que no fue nada menos, nada menos que un sueño.
Salú, maestro.



Tomado del blog de Eterna Cadencia

Mi madurez

Cuando tenía 17 o 19 decía:

Mi tristeza es una ampolla gigante
que jamás me animo a reventar.

Ahora te hago un pataleta de los mil demonios, te tiro todo al piso, te grito que sos un sorete y, aunque me llene de angustia, ando con cara de culo hasta que pidas perdón.

domingo, 12 de enero de 2014

Guiar su placer hacia la subordinación


…el objetivo de la “revolución sexual” de los años 20 era acabar con el feminismo, el odio hacia los varones, el lesbianismo y la soltería de las mujeres –los grandes fantasmas de los hombres de ciencia- y lograr la participación entusiasta de las heterosexuales y, de ser posible, de todas las mujeres en el coito. Se confiaba en que el placer sexual que alcanzaran las mujeres a través de esta práctica la sometería a su marido, tanto en el matrimonio como en otros ámbitos de la vida. Hubo una considerable presión para convencer a la mujer de las ventajas de la postura del misionero en la relación heterosexual, con el fin de guiar su placer hacia la subordinación. Y las jóvenes heterosexuales aceptaron de buen grado esta desviación, como apunta Smith-Rosemberg:

“Al sacar de su contexto político y económico los derechos de las mujeres, se logró convertir en símbolo de la libertad femenina la búsqueda de los placeres heterosexuales de la hija y no ya la reivindicación del poder político de la madre.”

La estigmatización del lesbianismo era un arma poderosa para confinar a las mujeres a la heterosexualidad. La paria lesbiana era el complemento necesario de la entusiasta ama de casa heterosexual.



Jeffeys, Sheila. La herejía lesbiana: Una perspectiva feminista de la revolución sexual lesbiana

La labor de la historiadora lesbiana

"En mi opinión y de otras integrantes del Grupo de Historia Lesbiana de Londres, la labor de la historiadora lesbiana debe consistir en analizar la historia de la resistencia de las mujeres contra la heterosexualidad como institución y no simplemente de rastrear la presencia de mujeres cuya imagen se ajuste al estereotipo del siglo XX, procedente de la sexología."



Jeffeys, Sheila. La herejía lesbiana: Una perspectiva feminista de la revolución sexual lesbiana

Ser mujer, ni estar ausente



Ser mujer, ni estar ausente,
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú que las almas
distancia ignoran y sexo.


Sor Juana Inés de la Cruz.

Tanto para leer

Poemas ambulantes

“Gatos são poemas ambulantes.”




―Roseana Murray

Sirena en una barca, en una canasta, en una cáscara de nuez

sábado, 11 de enero de 2014

Pachacuti

Las profecías andinas principalmente las incas están centradas en el concepto de transformación, conocido como Pachacutec o Pachacuti. Pacha quiere decir el cosmos o la Tierra, mientras que Cuti significa darle vuelta, corregir.

Pachacuti o (Pachacutec) fue el nombre dado al noveno soberano Inca, quien construyó a Machu Pichu y al Imperio de los Niños del Sol. Así como lo implica el nombre él fue el transformador de la sociedad inca que inició a la quinta era mundial inca, o el quinto sol, que irónicamente también trajo el final del mundo inca.

Pachacuti o (Pachacutec) fue el nombre dado al noveno soberano Inca, quien construyó a Machu Pichu y al Imperio de los Niños del Sol. Así como lo implica el nombre él fue el transformador de la sociedad inca que inició a la quinta era mundial inca, o el quinto sol, que irónicamente también trajo el final del mundo inca.

El tiempo del Pachacuti o Pachacutec trajo la venida de los conquistadores españoles y finalmente la destrucción del imperio. En un furor de violencia, la orden cultural más alta que los Andes ha conocido fue rápidamente derrocada.

Las profecías incas andinas predijeron el regreso del Pachacuti (Pachacutec), pero estás no son profecías de fatalidad - ellas prometen un comienzo humano nuevo, "un milenio de oro en la Tierra. Ellas hablan del potencial que viene al "salir fuera del tiempo", lo cual no es simplemente un concepto metafórico sino que un logro concreto que puede despertar a toda la gente del mundo.

Cuando nos salimos fuera del tiempo, dejamos a todos los conceptos pasados y toda la percepción que resulta de nuestra noción normal del tiempo y el espacio. Tal cambio nos da el potencial de recrearnos a nosotros mismos en un paradigma totalmente nuevo. De acuerdo con Villoldo, las profecías hablan de un "desgarro en la tela del tiempo".

Los ancianos andinos reconocen que éste evento, que es un fenómeno perceptible, le presenta a la humanidad una oportunidad enorme. Si somos capaces de renuncia de cada concepto limitante que tenemos acerca de nosotros, finalmente veremos el esplendor pleno de lo que podemos ser -lo que la gente de la cultura inca siempre han sabido.
Que somos, en efecto, semillas de luz divinas - somos semillas de dios.

Las profecías andinas implican que las entradas a otras dimensiones se están abriendo otra vez. Américo Yabar se refiere al tiempo actual de Pachacuti como "el tiempo de la semilla nueva". La humanidad nueva que resultará será capaz de percibir al Universo en una forma radicalmente diferente; vamos a poder salir fuera del tiempo lineal.

Las profecías también hablan del tiempo del Mastay, o la reintregación de la gente de las cuatro direcciones. Los Qéro (Quero) y otros andinos han ofrecido sus enseñanzas para ayudarle al mundo a prepararse para el Gran Mastay. Así como ellos lo expresan , el tiempo ya viene para que la Gran Águila del Norte y el Gran Cóndor del Sur (refiriéndose a las Américas como un todo) vuelen juntos otra vez.

Las enseñanzas incas andinas involucran a Mosog Karpay, una ceremonia especial en la que la semilla de Pachacuti se dice que se coloca en el cuerpo luminoso de cada destinatario, de esta forma a través de una transmisión energética, conectando al individuo con el poder del linaje antiguo, el semillero de Wiracocha. Dentro de la semilla están todos los códigos de luz del cuerpo de los incas, los seres dioses conectados directamente con las estrellas.

Existen muchos caminos para el despertar de la semilla de la divinidad en todos nosotros. Por medio de la oración (el habla sagrada), por medio de la ceremonia y el ritual (las acciones sagradas), por medio de transmisiones directas (la gracia sagrada), y por la práctica del Ayni (el ser sagrado), las semillas dentro de nosotros pueden despertarse y prosperar. Sin embargo, éstas semillas no se despertarán hasta que nosotros nos deshagamos de las creencias falsas que nos dicen que estamos separados de la naturaleza.

Para despertar necesitamos liberarnos de la visión del mundo cartesiana limitada y que nos reunamos con la Madre Cósmica divina. En éste contexto Alberto Villolldo expones que para ganar tal expansión de conciencia, los occidentales primero requieren despojarse del mito que fuimos expulsados y separados de la fuente divina.

Necesitamos ofrecerle a la pachamama (Tierra) nuestro Ayni más alto. Este puede ser la única cosa más importante que podamos hacer, ya sea ambos como individuos o como una comunidad humana.

El parecer andino holístico de la importancia de las interrelaciones también se extiende a los tipos de personas y a las culturas. En este parecer hay tres tipos de gente:

Los que tienen conocimiento, conocido como Yachay, esos que tienen amor y sentimientos, conocido como Munay; y esos que tienen la habilidad de manifestar, conocida como Llankay.

La gente europea se dice que personifica en su mayoría al gran poder intelectual de Yachay. La gente del Norte América se dice que tienen el poder físico más desarrollado y la voluntad fuerte que los lleva a la acción en el mundo externo, correspondiendo a Llankay. Y los indios de Sur América se dice que poseen el amor más grande, representando a Munay.

Sin embargo, de acuerdo al pensamiento andino, ninguna de las habilidades es superior o completa en sí. La gente de todas esas cualidades se complementan entre sí, y sólo cuando éstas tres modalidades trabajen juntas existirá una humanidad unificada.

Además, y mucho más importante, éstos tres aspectos -la mente, el cuerpo, y el corazón, así como las tres piedras simbólicas que los mayas fijan en sus hogares, deben ser merclados dentro de cada individuo.

Desequilibros dentro de los individuos, dentro de culturas separadas, y dentro de la humanidad en su todo deben ser corregidos.

El concepto andino antiguo de las relaciones tiene mucho que ofrecer a nuestro mundo moderno. Éste le hace hincapié a que todos debemos trabajar juntos en cooperación y juntar a nuestros punos fuertes y débiles como individuos y como un colectivo en el espíritu de intercambio y reciprocidad. Sólo a través del espíritu de reciprocidad vamos a completarnos como individuos y como humanos.

Fuente: Judith Bluestones P. El regreso de los niños de la luz: Profecias de los incas y los mayas para un nuevo mundo.
Las profecías andinas principalmente las incas están centradas en el concepto de transformación, conocido como Pachacutec o Pachacuti. Pacha quiere decir el cosmos o la Tierra, mientras que Cuti significa darle vuelta, corregir.

Pachacuti o (Pachacutec) fue el nombre dado al noveno soberano Inca, quien construyó a Machu Pichu y al Imperio de los Niños del Sol. Así como lo implica el nombre él fue el transformador de la sociedad inca que inició a la quinta era mundial inca, o el quinto sol, que irónicamente también trajo el final del mundo inca.

Pachacuti o (Pachacutec) fue el nombre dado al noveno soberano Inca, quien construyó a Machu Pichu y al Imperio de los Niños del Sol. Así como lo implica el nombre él fue el transformador de la sociedad inca que inició a la quinta era mundial inca, o el quinto sol, que irónicamente también trajo el final del mundo inca.

El tiempo del Pachacuti o Pachacutec trajo la venida de los conquistadores españoles y finalmente la destrucción del imperio. En un furor de violencia, la orden cultural más alta que los Andes ha conocido fue rápidamente derrocada.

Las profecías incas andinas predijeron el regreso del Pachacuti (Pachacutec), pero estás no son profecías de fatalidad - ellas prometen un comienzo humano nuevo, "un milenio de oro en la Tierra. Ellas hablan del potencial que viene al "salir fuera del tiempo", lo cual no es simplemente un concepto metafórico sino que un logro concreto que puede despertar a toda la gente del mundo.

Cuando nos salimos fuera del tiempo, dejamos a todos los conceptos pasados y toda la percepción que resulta de nuestra noción normal del tiempo y el espacio. Tal cambio nos da el potencial de recrearnos a nosotros mismos en un paradigma totalmente nuevo. De acuerdo con Villoldo, las profecías hablan de un "desgarro en la tela del tiempo".

Los ancianos andinos reconocen que éste evento, que es un fenómeno perceptible, le presenta a la humanidad una oportunidad enorme. Si somos capaces de renuncia de cada concepto limitante que tenemos acerca de nosotros, finalmente veremos el esplendor pleno de lo que podemos ser -lo que la gente de la cultura inca siempre han sabido.
Que somos, en efecto, semillas de luz divinas - somos semillas de dios.

Las profecías andinas implican que las entradas a otras dimensiones se están abriendo otra vez. Américo Yabar se refiere al tiempo actual de Pachacuti como "el tiempo de la semilla nueva". La humanidad nueva que resultará será capaz de percibir al Universo en una forma radicalmente diferente; vamos a poder salir fuera del tiempo lineal.

Las profecías también hablan del tiempo del Mastay, o la reintregación de la gente de las cuatro direcciones. Los Qéro (Quero) y otros andinos han ofrecido sus enseñanzas para ayudarle al mundo a prepararse para el Gran Mastay. Así como ellos lo expresan , el tiempo ya viene para que la Gran Águila del Norte y el Gran Cóndor del Sur (refiriéndose a las Américas como un todo) vuelen juntos otra vez.

Las enseñanzas incas andinas involucran a Mosog Karpay, una ceremonia especial en la que la semilla de Pachacuti se dice que se coloca en el cuerpo luminoso de cada destinatario, de esta forma a través de una transmisión energética, conectando al individuo con el poder del linaje antiguo, el semillero de Wiracocha. Dentro de la semilla están todos los códigos de luz del cuerpo de los incas, los seres dioses conectados directamente con las estrellas.

Existen muchos caminos para el despertar de la semilla de la divinidad en todos nosotros. Por medio de la oración (el habla sagrada), por medio de la ceremonia y el ritual (las acciones sagradas), por medio de transmisiones directas (la gracia sagrada), y por la práctica del Ayni (el ser sagrado), las semillas dentro de nosotros pueden despertarse y prosperar. Sin embargo, éstas semillas no se despertarán hasta que nosotros nos deshagamos de las creencias falsas que nos dicen que estamos separados de la naturaleza.

Para despertar necesitamos liberarnos de la visión del mundo cartesiana limitada y que nos reunamos con la Madre Cósmica divina. En éste contexto Alberto Villolldo expones que para ganar tal expansión de conciencia, los occidentales primero requieren despojarse del mito que fuimos expulsados y separados de la fuente divina.

Necesitamos ofrecerle a la pachamama (Tierra) nuestro Ayni más alto. Este puede ser la única cosa más importante que podamos hacer, ya sea ambos como individuos o como una comunidad humana.

El parecer andino holístico de la importancia de las interrelaciones también se extiende a los tipos de personas y a las culturas. En este parecer hay tres tipos de gente:

Los que tienen conocimiento, conocido como Yachay, esos que tienen amor y sentimientos, conocido como Munay; y esos que tienen la habilidad de manifestar, conocida como Llankay.

La gente europea se dice que personifica en su mayoría al gran poder intelectual de Yachay. La gente del Norte América se dice que tienen el poder físico más desarrollado y la voluntad fuerte que los lleva a la acción en el mundo externo, correspondiendo a Llankay. Y los indios de Sur América se dice que poseen el amor más grande, representando a Munay.

Sin embargo, de acuerdo al pensamiento andino, ninguna de las habilidades es superior o completa en sí. La gente de todas esas cualidades se complementan entre sí, y sólo cuando éstas tres modalidades trabajen juntas existirá una humanidad unificada.

Además, y mucho más importante, éstos tres aspectos -la mente, el cuerpo, y el corazón, así como las tres piedras simbólicas que los mayas fijan en sus hogares, deben ser mezclados dentro de cada individuo.

Desequilibrios dentro de los individuos, dentro de culturas separadas, y dentro de la humanidad en su todo deben ser corregidos.

El concepto andino antiguo de las relaciones tiene mucho que ofrecer a nuestro mundo moderno. Éste le hace hincapié a que todos debemos trabajar juntos en cooperación y juntar a nuestros punos fuertes y débiles como individuos y como un colectivo en el espíritu de intercambio y reciprocidad. Sólo a través del espíritu de reciprocidad vamos a completarnos como individuos y como humanos.




Fuente: Judith Bluestones P. El regreso de los niños de la luz: Profecias de los incas y los mayas para un nuevo mundo.

Amanecer Parte I y II

La parte I la vi en avance rápido mientras mi sobrina Lucía me decía lo pedorra que era la peli y lo aburrida de la parte del casamiento y parábamos solamente para ver cuando Jacok se sacaba la remera y la parte en que ella tiene a la bebé y el final.
(Desde que me contaron el tomo IV de esta saga, después de fumarme a los tropiezos el III y ya no querer seguir leyendo, me pareció que se iban al carajo con lo del quedar embarazada de un vampiro: ¿no la tiene muerta? Digo, muertos, los espermatozoides, digo).

Bué. La segunda parte la vimos entera. Un flash mal, obviamente. Nunca vi solucionar tan tan tan mal un triángulo amoroso. Y encima, cuando una podía dejarse llevar por la credulidad y meterse un poco en la casi "tragedia" del final, mi otra sobrinita, la chiquita pero que parece que ya se la había visto mil veces, nos contó lo que iba a pasar. Ja.

Odio a Bella por poner tanta cara de pelotuda y no eligir al lobito (Eso me parece que ya lo dije más de una vez)

Nadie se atrevería

"Que hay profunda discriminación y microfascismos a propósito de los comportamientos sexuales lo prueba el hecho de que, más allá de toda “tolerancia”, casi nadie se atrevería a preferir la procreación de personas que no respondan a los estándares de la heteronormatividad."



Daniel Link

http://occidentes.com.ar/noticias/literatura/436/daniel_link:_en_nuestra_literatura_la_vanguardia_ya_no_interesa.htm

viernes, 10 de enero de 2014

Algo que perder con la difusión del saber

«Un país que destruye la Escuela Pública no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la Educación, las Artes o las Culturas, está ya gobernado por aquellos que sólo tienen algo que perder con la difusión del saber».



Italo Calvino, 1974

Vivir sin los electrodomésticos

"A las mujeres no se les hace caso, al menos no en mi país. Se las reconoce con el día de la madre, que es una fiesta muy estúpida y muy cursi, como si no pudiéramos vivir sin los electrodomésticos que se regalan ese día. Pero las mujeres han sido y son el alma de mi país. En la Revolución hubo muchas mujeres, las "soldaderas", que fueron fundamentales".


Elena Poniatowska

A veces releo cosas mías y me pregunto: "¿Cuándo escribí esto? ¿De veras lo escribí yo?"


ADN Cultura

Viernes 10 de enero de 2014 | Publicado en edición impresa

Ganadora del Premio Cervantes 2013
Elena Poniatowska: "Las mujeres han sido y son el alma de mi país"



Es la cuarta vez en 37 años que una escritora obtiene esa distinción, la más importante de la lengua española. Con seis décadas de trayectoria periodística, la autora mexicana, que ha centrado su obra en la problemática de la condición femenina, confiesa que escribe "por instinto" y que se divierte "mil veces más con la ficción que con el periodismo"


Por Leonardo Tarifeño | LA NACION



Durante la agitada mañana del pasado martes 19 de noviembre, el teléfono sonó varias veces en la amplia y luminosa casa de Elena Poniatowska. Primero llamaron de la editorial Planeta por asuntos relacionados con El universo o nada, el último libro de la dueña de casa; luego, un representante de la izquierda mexicana se comunicó para intercambiar opiniones sobre la reforma energética impulsada por el gobierno del PRI. Poco más tarde, la criada atendió una nueva llamada. "Es de España", dijo, y Elena se dispuso a escuchar un urgente pedido de correcciones por parte de su editor en El País. "Yo pensé que me marcaban por algún problema con el artículo sobre Doris Lessing que había enviado hacía muy poco -cuenta, divertida-; pero no, era para decirme que había ganado el Cervantes. Ellos hablaban de Cervantes y yo, de Doris Lessing. No entendía nada y sigo sin entender. Fue una emoción muy grande. Recién me di cuenta de lo que ocurría cuando vi llorar a mi hija."

Hasta esa mañana, sólo otras tres mujeres (las españolas María Zambrano y Ana María Matute, y la cubana Dulce María Loynaz) habían obtenido un premio que ya lleva 37 ediciones. La escasísima presencia femenina en la historia del galardón más importante en lengua española parece darle la razón a una de las mayores preocupaciones en la vida y obra de Poniatowska: los rigores y las injusticias que pesan sobre la condición femenina, dolor que retrató como nadie en Las soldaderas (acerca de las mujeres de la Revolución Mexicana), Hasta no verte Jesús mío (sobre una lavandera con pasado revolucionario) y De noche vienes (retrato de una mujer con ¡cinco! maridos), entre tantos otros libros. Las artistas Tina Modotti (Tinísima), Leonora Carrington (Leonora) y Angelina Beloff (Querido Diego, te abraza Quiela) son otras grandes protagonistas de su obra, cuyo impacto tiende a reconstruir el costado íntimo de la historia de México a partir de la veracidad que proporciona la investigación periodística.

Reportera con 60 años de trayectoria, enriqueció y trascendió el género con La noche de Tlatelolco (crónica de la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968) y Nada, nadie. Las voces del temblor (relato coral del terremoto que destrozó la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985), dos clásicos de la literatura latinoamericana de no ficción que han marcado a no pocos de los grandes cronistas contemporáneos. Hija de un príncipe polaco, nacida Hélène Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor hace 82 años en París, la mujer que "sigue sin entender" cómo fue que un día le otorgaron el premio Cervantes se define como "alguien que tiene un oficio. Yo no digo que escribo bien o mal; simplemente, ejerzo mi oficio, que es el de escribir. Eso sí: espero haber mejorado con los años".

-Alguna vez le preguntaron qué es la escritura y usted, ajena a cualquier intelectualismo, dijo "una friega". Con más de 80 años cumplidos y unos 40 libros publicados, ¿sostiene que la escritura es, sobre todo, un trabajo agotador?

-Una friega, sí. Claro. Pero es mi profesión, y qué bueno que tengo este oficio. A mí me dolería mucho no poder escribir más, porque lo que hago es lo que soy. Ya no puedo ser bailarina. Secretaria... quizás, de secretaria podría trabajar. Pero cuando una tiene un oficio, pues se dedica a eso.

-Y se dedica con obsesión. Es columnista en La Jornada, articulista en la prensa internacional, acaba de publicar El universo o nada. Cuando termine esta conversación, ¿se sentará a escribir?

-Por supuesto. Estoy en la mitad de una novela sobre Guadalupe Marín, un personaje muy interesante. Era novelista, como yo, y modelo. Posó para Diego Rivera, con quien se casó, y también para Frida y Juan Soriano. Así que tengo mucho trabajo por hacer. Como siempre, en la línea que me gusta, la de documentar historias, personajes y asuntos de mi país. Pero para escribir se necesita un método, y eso a mí me cuesta mucho.

-Con tantos años de trabajo y tantos libros publicados, ¿aún no encontró un método?

-No, la verdad no. A mí escribir me cuesta muchísimo, yo nunca sé cómo hacer los libros que imagino. Casi diría que trabajo por instinto, porque me gusta y al final encuentro la manera de salir del problema. Pero reconozco que en eso soy muy ignorante y muy ingenua. La única ventaja que tengo es saber idiomas, pero tampoco sé si ésa es una ventaja.

-Digamos que sí. Y también su formación, ¿no?

-¿El convento de monjas? Puede ser, sí.

-Usted es periodista, pero a la hora de contar esas vidas reales opta por la ficción. ¿Por qué?

-Porque hay muchísimas cosas que no sé, y en el momento de contarlas pues me entusiasmo y las invento. Siempre me documento mucho, investigo, me paso horas y horas de investigación sobre las historias de mis libros. Pero la información me sirve para inventar aquello que no sé y no puedo saber. Además, confieso que me divierto mil veces más con la ficción que con el periodismo.

-¿Por qué?

-Porque en el periodismo hay que ser muy preciso, y esa precisión exige un trabajo enorme. Siempre se sufre mucho por si los datos son los correctos, es terrible. En cambio, en la ficción sólo dependes del vuelo que lleves. En definitiva, hacer una novela es como volar.

-De todos sus libros, ¿cuáles son sus favoritos?

-El futuro, el que todavía no terminé. Si no creyera en él, ¡pues no lo haría! Y la verdad es que ya ni me acuerdo de muchos libros que escribí. A veces releo cosas mías y me pregunto: "¿Cuándo escribí esto? ¿De veras lo escribí yo?".

-¿Y qué se contesta?

-Que no están tan mal. Pero si no están mal es porque he sido muy obsesiva. Yo he escrito como si la literatura me fuera a resolver todos mis problemas. Le he puesto mucha pasión, mucha energía. Claro que las críticas no tienen por qué atender eso.

-Alguien como usted, que además acaba de ganar el Cervantes, ya está más allá del bien y del mal. ¿O le duelen las críticas?

-¡Me duelen muchísimo! Me afectan, claro, cómo no. Y les hago mucho caso, me han servido para mejorar. Incluso las críticas políticas, que en general sólo dicen que no sé de lo que hablo.

-Dice que no tiene un libro favorito entre los que ya publicó. ¿Y de sus entrevistados? Usted entrevistó a Diego Rivera, a Juan Rulfo, a Octavio Paz... ¿a quién, de todos ellos, recuerda especialmente?

-A Luis Buñuel. Antes de conocerlo, yo pensaba que los artistas eran personas que, sobre todo, querían que se las dejara en paz. Pero con Luis Buñuel me di cuenta de que en los personajes de esa altura hay una gran soledad. No diría un vacío, no, sino soledad. Y por alguna razón pude entenderlo. Puedo decir que fui su amiga. En su casa siempre hacía mucho frío, y yo le llevaba leños. Pero la persona que realmente me marcó no fue él, sino una lavandera.

-¿La Jesusa Palancares de Hasta no verte, Jesús mío?

-Sí. Era una mujer que se llamaba Josefina Borquez. Me impresionó mucho por su valentía y su dignidad. Y su manera de hablar, su oralidad, era hermosa. Todo lo que decía resultaba muy poético. Hasta para ponerme un límite lo decía bonito. "Usted me está robando la luz, me la va a pagar", me decía, y señalaba la grabadora que había llevado. Era muy especial. Recuerdo que cuando salí de su choza, pensé: "Si todos los mexicanos fueran como ella, estaríamos salvados".

-¿De Luis Buñuel tomó el interés por la política?

-No, para nada. Eso es algo que sale directo de la realidad. Ocurre que en México es muy difícil permanecer fuera de la vida política, porque la realidad es demasiado tirana. Yo sospecho que en Estados Unidos o en algunos países de Europa debe ser distinto. Pero aquí... mira, hace un rato explotó un tubo de agua en un barrio muy poblado del D. F. y ahora el agua inunda las casas de muchísima gente. Y cuando no es el agua, es un incendio. Y cuando no es un incendio, es un terremoto. En México, la vida te jala hacia afuera. No te puedes quedar encerrado en tu habitación.

-¿Esa misma sensación la invadió el 2 de octubre de 1968, durante la masacre en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco?

-Bueno, a veces hay que ver las cosas con los propios ojos. Yo había parido días atrás, amamantaba. Pero es lo que te digo, México no te da descanso. Si luego alguien decía que hubo francotiradores apostados en las esquinas de la plaza, uno podía creer o no. Pero cuando ves las cosas, ya no te puedes permitir la duda porque te engañarías. Lo que yo me encontré en la plaza era increíble. Si te lo contaban, no lo hubieras creído. Sangre seca, zapatos sueltos, jirones de ropa...

-Y una cifra de muertos que ni siquiera hoy se conoce con exactitud.

-Así es. Y una indignación que todavía dura.

-¿La indignación sirve para escribir?

-En el caso de La noche de Tlatelolco, sí. La indignación fue lo que me llevó a movilizarme. Después encontré a la mayoría de los muchachos en la cárcel de Lecumberri, y allí me impresionaron mucho. Yo no tenía contacto con el movimiento estudiantil, por esa época mi mayor preocupación era el hijo que llevaba dentro. Y una vez que me interesé, comenzaron a buscarme las madres de los jóvenes muertos o perdidos. Fue muy doloroso.

-¿Cómo se escribe un libro así? Porque usted no tenía ninguna distancia ni con los acontecimientos ni con su propio dolor...
-Yo creo que entonces es cuando digo que el oficio periodístico sirve. Y, además, me tomé todo el tiempo necesario para escribir con tranquilidad. Con Nada, nadie no tuve esa tranquilidad. Pero esos dos trabajos me cambiaron mucho. A partir de 1968 sentí a mi país de otra manera. Y hasta me nacionalicé, ya que en mis documentos figuraba como francesa. Yo estaba casada con Guillermo Haro y me nacionalicé inmediatamente. Así que ese libro, o mejor dicho, esa historia, me arraigó. Me regaló un país.

-Guillermo Haro es el centro de El universo o nada, su último libro. ¿Lo escribió para homenajearlo?

-Sí. Y bueno, su historia es la clave de mi novela La piel del cielo, pero ése es un libro de ficción. El universo o nada no, es una biografía. Muchos lectores creían que La piel del cielo era totalmente real, pero no. Así que El universo o nada sirve para borrar ese malentendido.

-El "malentendido" surge porque su escritura se mueve entre el periodismo y la ficción.

-Es que el periodismo fue mi escuela. Y cuando me entrevistan, la verdad es que me muero de ganas de preguntar. A ver, ¿usted tiene hijos?

-No, no tengo.

-Ah, bueno, hubiéramos podido hablar de eso...

-¿De qué hubiéramos podido hablar?

-De las cosas que pasan con los hijos... Es que, en mi caso, mis hijos son muy importantes. El universo o nada es un libro para ellos. Con el tiempo he descubierto que muchas cosas que hago o quiero hacer siempre son para ellos, aunque en ese momento no me dé cuenta totalmente.

-¿Son su mayor orgullo?

-Justo eso le iba a decir. Muchas veces me preguntan de qué libro estoy más orgullosa, y yo sólo siento orgullo, lo que se dice orgullo, por mis hijos. Y por los jóvenes. En México, muchos jóvenes no tienen absolutamente nada. Y no están en un lugar alejado o encerrados quién sabe dónde; están aquí cerquita, en la esquina, en la avenida, en la entrada del metro. Yo los veo todo el tiempo. Y se les ve una luz hermosa, no tienen nada pero son la gente más maravillosa que se pueda imaginar. Se esfuerzan, se ríen, son gente de bien. De ellos y de mis hijos me siento orgullosa.

-¿El Premio Cervantes no le da orgullo?

-No me lo esperaba para nada, y la sensación que tengo es bonita justamente porque me tomó de sorpresa. Supongo que algo parecido les habrá ocurrido a José Emilio Pacheco o Sergio Pitol cuando lo ganaron. Me encanta haberlo recibido, pero el Cervantes es un premio a la vejez, te sirve sobre todo para darte cuenta de que hay que apurarse y utilizar muy bien los últimos años.

-¿Cuáles son sus planes?

-Mis libros, claro. Y una fundación, para que todas mis cosas se queden en México. Las cartas, los documentos, pero sobre todo los libros. Mi biblioteca es muy grande y me gustaría mucho que todos puedan leer lo que quieran. Me imagino un lugar donde muchos jóvenes puedan entrar y enamorarse de los libros. O donde puedan aprender a leer y escribir.

-Antes de preguntarme si tengo niños, hablaba del periodismo.

-Ah, sí. El periodismo me enseñó a recoger relatos de vida y a llenar de palabras todas esas imágenes que una se encuentra en la realidad. Yo soy una persona muy curiosa, me fijo en todo. En la manera de sentarse de tal, en por qué moverá las manos aquel, en cómo es la pared, en todo, todo. Y eso me sirve tanto para un artículo periodístico como para una novela.

-Periodística o de ficción, a su obra casi siempre la protagonizan mujeres.

-Vamos a decir que sí. Y es que a las mujeres no se les hace caso, al menos no en mi país. Se las reconoce con el día de la madre, que es una fiesta muy estúpida y muy cursi, como si no pudiéramos vivir sin los electrodomésticos que se regalan ese día. Pero las mujeres han sido y son el alma de mi país. En la Revolución hubo muchas mujeres, las "soldaderas", que fueron fundamentales. Iban de avanzada, se robaban las gallinas y curaban a los heridos. ¿Y cómo las llamaban? ¡Colchón de tripa! O el caso de Frida. Ahora todo el mundo la reconoce, pero en su momento le decían "la renga" con mucho desprecio. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero la falta de reconocimiento a la mujer no ha cambiado mucho.

-En Tinísima, al lector le da la impresión de que usted y Tina Modotti fueron muy amigas, por el grado de intimidad con el personaje que se desprende de esas páginas. Sin embargo, no la conoció. ¿Esa cercanía fue producto de la investigación previa a la escritura?
-Sí, y de una trampa. Porque a mí me habían encargado un guión de cine sobre Tina y por eso había entrevistado a su gente más cercana. Muchas personas me habían dado horas de su vida, y al final la película no se hizo. Así que recuperé ese material, que era muy completo, y a partir de allí construí el libro.

-Hay escritores que quieren cambiar el mundo con sus libros, otros prefieren limitarse a entretener al lector. ¿Cuál es su ambición literaria? ¿Cómo le gustaría que los lectores salgan de sus libros?

-Yo creo que la primera obligación de un escritor es escribir lo mejor posible. Y me encantaría que los lectores se encariñen con los personajes. Cuando me encuentro con quienes leen mis libros, me hablan de los personajes como si fueran grandes amigos suyos. Y eso me encanta, me demuestra que pude transmitir la cercanía que sentí hacia ellos durante el momento de la escritura.

-Se ha involucrado en movimientos políticos, participa muy activamente de la vida literaria y social de su país, ha escrito más de 40 libros... ¿se arrepiente de algo?

-Sí, pero de nada de eso. Como le dije, yo he sido y soy muy obsesiva. Cuando escribo, siento que no puedo ni debo hacer otra cosa que trabajar para que el libro me salga bien. ¡Y es que si no le dedico tiempo, no me sale! Así que, por esa obstinación, me he perdido muchas cosas...

-¿Cuáles?

-Bueno, ahora me viene a mi memoria mi mamá. Ella siempre me decía "vamos al cine", ese tipo de cosas, y yo nunca le hacía caso. Prefería quedarme en casa para escribir. Siempre tenía algo que corregir, ya sabe cómo es eso. No digo que no haya valido la pena, es mi trabajo, mi oficio. Pero un poco me arrepiento de no haberle hecho caso.



Tomado de http://www.lanacion.com.ar/1654291-elena-poniatowska-las-mujeres-han-sido-y-son-el-alma-de-mi-pais

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...