jueves, 23 de diciembre de 2010
Invaginación
La invaginación es la formación del repliegue de una membrana, capa de tejido u hoja blastodérmica que se dirige hacia el interior de una cavidad formando una bolsa, como un dedo de guante.

Parece que se usa en medicina. Carlos Gamerro, en Ficciones Barrocas, la usa como recurso literario, como procedimientos barroco.

Parece que se usa en medicina. Carlos Gamerro, en Ficciones Barrocas, la usa como recurso literario, como procedimientos barroco.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Ríos por Lezcano
ENTRERRIANOS
de Damian Ríos
Mansalva, 2010
por Walter Lezcano
Hacer covers es un arte noble. Damián Ríos (Concepción del Uruguay, agosto de 1969), poeta, editor, agitador desde muchos frentes, se mandó un cover de su propia obra con retazos que fue desperdigando a lo largo de veinte años en poesías y en una narración que aún circula por internet. Ahora, con ayuda de Francisco Garamona, los junta, los saca por Mansalva y les pone un nombre: Entrerrianos. Y la rompe.
¿Estamos frente a una novela? Las certezas nunca dan tranquilidad. Habría que buscar en ese interrogante la problemática que se impone a la hora de leer Entrerrianos. Es decir, se cuestiona la naturaleza de un género desde la estructura, el orden enrevesado en el que se cuentan los hechos, las elipsis, la construcción de los personajes y la voz del narrador. Saltos temporales, fragmentos de vida, anotaciones, recuerdos incompletos y cierta inconstancia van armando la trama que, como todo buen texto, le pide mucho al lector.
Armada con estos materiales frágiles, que podrían funcionar más como borrador o una libreta de notas de un futuro proyecto abarcador y ambicioso, se construye una maquinaria sólida y casi perfecta.
Lo que primero surge es una dificultad: “Escribir la novela con comprobaciones […] Una novela corta, dividida en dos partes” (pág.11) Narrar una narración entonces, buscar la forma de contarlo. Y después poner las cartas sobre la mesa:”Al principio del último capítulo hay un asesino que no tienen nada que ver con la trama de la novela, trama que por otro lado no existe”. Sin embargo, hay una historia: un relato autobiográfico que se despliega imponiendo sus propias reglas de juego, y que se van decodificando a medida que uno se va metiendo en el texto. La infancia, la familia (una foto del padre de Ríos ilustra la preciosa tapa del libro), el río y la crecida, el amor y lo hace una persona enamorada, los viajes, son los rastros, aquellas huellas que va dejando el narrador para dar con una forma notable de relatar una parte de la vida.
Los poetas cargan con una información privilegiada a la hora de elegir las palabras, y eso lo muestran cuando incursionan en otros terrenos dándoles contundencia y emoción, aportan vida donde sólo hay oficio o meros ejercicios. Un caso reciente es el de Luciano Lamberti y su brillante libro de cuentos El asesino de chanchos que salió por Tamarisco. Con Entrerrianos uno descubre en la prosa la naturaleza de un poeta que sabe hablar de lo cotidiano dándole un vuelo inusitado a momentos desprovistos de belleza y encanto. Da con un tono personal que puede gustar o no, pero es único y reconocible. Lo que no deja de ser una extraña y codiciada virtud.
Qué mierda es acordarse. Tengo que escribir lo primero que me vanga a la cabeza, si me tocó llegar hasta acá no le puedo errar. Tengo que ser preciso, jugar bien, es lo único que se lee en la página 91. Esta es una apuesta fuerte del texto, una declaración de principios que también se percibe en otros libros que salieron por Mansalva, una editorial que viene asumiendo riesgos y que a esta altura del partido logró forjarse una identidad en el mercado editorial argentino. Por que Entrerrianos no se corta sólo, sino que entabla un diálogo enriquecedor con Una idea genial de Inés Acevedo, En la pausa de Pablo Meret y, en menor medida, La garchofa esmeralda de Alejandro Rubio. Un bloque poderoso de escritos que vienen a plantarse con violencia frente a la cuestión agotada del giro autobiográfico. Y demuestran que para que una vida sea interesante de leer tiene que tener, nada más y nada menos, un gran escritor detrás poniendo las palabras justas.
Tomado de http://asesinostimidos.blogspot.com/2010/12/entrerrianos-de-damian-rios-por-walter.html
de Damian Ríos
Mansalva, 2010
por Walter Lezcano
Hacer covers es un arte noble. Damián Ríos (Concepción del Uruguay, agosto de 1969), poeta, editor, agitador desde muchos frentes, se mandó un cover de su propia obra con retazos que fue desperdigando a lo largo de veinte años en poesías y en una narración que aún circula por internet. Ahora, con ayuda de Francisco Garamona, los junta, los saca por Mansalva y les pone un nombre: Entrerrianos. Y la rompe.
¿Estamos frente a una novela? Las certezas nunca dan tranquilidad. Habría que buscar en ese interrogante la problemática que se impone a la hora de leer Entrerrianos. Es decir, se cuestiona la naturaleza de un género desde la estructura, el orden enrevesado en el que se cuentan los hechos, las elipsis, la construcción de los personajes y la voz del narrador. Saltos temporales, fragmentos de vida, anotaciones, recuerdos incompletos y cierta inconstancia van armando la trama que, como todo buen texto, le pide mucho al lector.
Armada con estos materiales frágiles, que podrían funcionar más como borrador o una libreta de notas de un futuro proyecto abarcador y ambicioso, se construye una maquinaria sólida y casi perfecta.
Lo que primero surge es una dificultad: “Escribir la novela con comprobaciones […] Una novela corta, dividida en dos partes” (pág.11) Narrar una narración entonces, buscar la forma de contarlo. Y después poner las cartas sobre la mesa:”Al principio del último capítulo hay un asesino que no tienen nada que ver con la trama de la novela, trama que por otro lado no existe”. Sin embargo, hay una historia: un relato autobiográfico que se despliega imponiendo sus propias reglas de juego, y que se van decodificando a medida que uno se va metiendo en el texto. La infancia, la familia (una foto del padre de Ríos ilustra la preciosa tapa del libro), el río y la crecida, el amor y lo hace una persona enamorada, los viajes, son los rastros, aquellas huellas que va dejando el narrador para dar con una forma notable de relatar una parte de la vida.
Los poetas cargan con una información privilegiada a la hora de elegir las palabras, y eso lo muestran cuando incursionan en otros terrenos dándoles contundencia y emoción, aportan vida donde sólo hay oficio o meros ejercicios. Un caso reciente es el de Luciano Lamberti y su brillante libro de cuentos El asesino de chanchos que salió por Tamarisco. Con Entrerrianos uno descubre en la prosa la naturaleza de un poeta que sabe hablar de lo cotidiano dándole un vuelo inusitado a momentos desprovistos de belleza y encanto. Da con un tono personal que puede gustar o no, pero es único y reconocible. Lo que no deja de ser una extraña y codiciada virtud.
Qué mierda es acordarse. Tengo que escribir lo primero que me vanga a la cabeza, si me tocó llegar hasta acá no le puedo errar. Tengo que ser preciso, jugar bien, es lo único que se lee en la página 91. Esta es una apuesta fuerte del texto, una declaración de principios que también se percibe en otros libros que salieron por Mansalva, una editorial que viene asumiendo riesgos y que a esta altura del partido logró forjarse una identidad en el mercado editorial argentino. Por que Entrerrianos no se corta sólo, sino que entabla un diálogo enriquecedor con Una idea genial de Inés Acevedo, En la pausa de Pablo Meret y, en menor medida, La garchofa esmeralda de Alejandro Rubio. Un bloque poderoso de escritos que vienen a plantarse con violencia frente a la cuestión agotada del giro autobiográfico. Y demuestran que para que una vida sea interesante de leer tiene que tener, nada más y nada menos, un gran escritor detrás poniendo las palabras justas.
Tomado de http://asesinostimidos.blogspot.com/2010/12/entrerrianos-de-damian-rios-por-walter.html
jueves, 16 de diciembre de 2010
Pegadas a la lengua
“Así le decía Yuyo, el bebé inventor de palabras, de él se me pegaron todas las cosas que digo, el purrete inventaba, y al Rey de Reyes, también se le pegaban, como las palabras de los entrenadores, o de los curas, que se te quedan pegadas a la lengua, chicles en la ojota, no se te salen ni aunque las rasqués”
Felix Bruzzone, en Barrefondo.
Toda la novela se te queda pegada. La voz de ese tipo, el Tavo, que te estuvo hablando como habla él durante las tres horas en que te morfaste su historia. Se te quedó pegado. Por cruel, por sorprendente mal, como si fuera un pedazo de algo que conocés pero no querés conocer, algo de lo que querías escapar (como en esos sueños en los que escapás y no sabés de qué) y de repente te lo topás ( a eso de lo que escapabas) adentro de un libro.
Solamente los cuentos de Samantha Schweblin me habían causado hasta ahora esta sensación.
Tengo que descansar antes de buscar más.
Felix Bruzzone, en Barrefondo.
Toda la novela se te queda pegada. La voz de ese tipo, el Tavo, que te estuvo hablando como habla él durante las tres horas en que te morfaste su historia. Se te quedó pegado. Por cruel, por sorprendente mal, como si fuera un pedazo de algo que conocés pero no querés conocer, algo de lo que querías escapar (como en esos sueños en los que escapás y no sabés de qué) y de repente te lo topás ( a eso de lo que escapabas) adentro de un libro.
Solamente los cuentos de Samantha Schweblin me habían causado hasta ahora esta sensación.
Tengo que descansar antes de buscar más.
Susto con árbol de Navidad
miércoles, 15 de diciembre de 2010
domingo, 12 de diciembre de 2010
Dormelar
Acción y efecto de dormir mucho, a cualquier hora, con breves interrupciones en las que se accede a comida fría (suélese abrir la heladera sin calzado) o recalentada (muy recomendable el guiso de antenoche).
Verbo derivado del maternal adjetivo "dormilón" que aplicado a hijos e hijas "melones" durante veinte años o similares decantó hacia la forma tiernamente contracta: "dormelón".
Actividad a la que me gustaría dedicar ya toda mi enegía vital pero deberé postergar hasta el 28 de diciembre, fecha en la que concluya de dar y tomar exámenes.
Verbo derivado del maternal adjetivo "dormilón" que aplicado a hijos e hijas "melones" durante veinte años o similares decantó hacia la forma tiernamente contracta: "dormelón".
Actividad a la que me gustaría dedicar ya toda mi enegía vital pero deberé postergar hasta el 28 de diciembre, fecha en la que concluya de dar y tomar exámenes.
Las mujeres se contemplan a sí mismas mientras son miradas
"La presencia social de una mujer es diferente a la de un hombre. La presencia de un hombre depende de la promesa de poder que él encarne. La presencia de un hombre sugiere lo que es capaz de hacer para ti o de hacerte a ti.“
"En cambio, la presencia de una mujer expresa su propia actitud hacia sí misma y define lo que se le puede o no hacer.“
"En el caso de la mujer, la presencia es tan intrínseca a su persona que los hombres tienden a considerarla casi una emanación física, una especie de calor, olor o de aureola"
“Una mujer debe contemplarse continuamente. Desde su más temprana infancia se le ha enseñado a examinarse continuamente. Y así llega a considerar que la examinante y la examinada que hay en ella son dos elementos constituyentes pero siempre distintos de su identidad como mujer".
"Los hombres examinan a las mujeres antes de tratarlas. En consecuencia, el aspecto o apariencia que tenga una mujer para un hombre puede determinar el modo en que éste la trate."
"Los hombres actúan y las mujeres aparecen. Los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se contemplan a sí mismas mientras son miradas. Esto determina no sólo la mayoría de las relaciones entre hombres y mujeres sino también la relación de las mujeres consigo mismas. “
"El supervisor que lleva la mujer dentro de sí es masculino: la supervisada es femenina. De este modo se convierte a sí misma en un objeto y, particularmente en un objeto visual, en una visión."
" En la forma-arte del desnudo europeo, los pintores y los espectadores-propietarios eran usualmente hombres, y las personas tratadas como objetos, usualmente mujeres. Esta relación desigual está tan profundamente arraigada en nuestra cultura que estructura todavía la conciencia de muchas mujeres. Hacen consigo mismas lo que los hombres hacen con ellas. Supervisan, como los hombres, su propia feminidad."
"Entre los cientos de miles de cuadros de desnudos que constituyen la tradición europea de la pintura al óleo hay quizá unas 100 excepciones que ya no son desnudos, pues rompen las normas de la forma-arte; son cuadros de mujeres amadas y más o menos desnudas. En todos los casos, la visión personal que tiene el pintor de aquella mujer concreta que está pintando es tan intensa que no hace concesión alguna al espectador. El espectador presencia la relación (de la mujer con el artista) pero nada más.
"Tu pintas una mujer desnuda porque disfrutas mirándola. Si luego le pone un espejo en la mano y titulas el cuadro "Vanidad" (Merling) condenas moralmente a la mujer cuya desnudez has representado para tu propio placer. Pero la función real del espejo era muy otra. Estaba destinado a que la mujer accediera a tratarse a sí misma principalmente como un espectáculo."
Fragmentos Modos de ver de John Berger
"En cambio, la presencia de una mujer expresa su propia actitud hacia sí misma y define lo que se le puede o no hacer.“
"En el caso de la mujer, la presencia es tan intrínseca a su persona que los hombres tienden a considerarla casi una emanación física, una especie de calor, olor o de aureola"
“Una mujer debe contemplarse continuamente. Desde su más temprana infancia se le ha enseñado a examinarse continuamente. Y así llega a considerar que la examinante y la examinada que hay en ella son dos elementos constituyentes pero siempre distintos de su identidad como mujer".
"Los hombres examinan a las mujeres antes de tratarlas. En consecuencia, el aspecto o apariencia que tenga una mujer para un hombre puede determinar el modo en que éste la trate."
"Los hombres actúan y las mujeres aparecen. Los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se contemplan a sí mismas mientras son miradas. Esto determina no sólo la mayoría de las relaciones entre hombres y mujeres sino también la relación de las mujeres consigo mismas. “
"El supervisor que lleva la mujer dentro de sí es masculino: la supervisada es femenina. De este modo se convierte a sí misma en un objeto y, particularmente en un objeto visual, en una visión."
" En la forma-arte del desnudo europeo, los pintores y los espectadores-propietarios eran usualmente hombres, y las personas tratadas como objetos, usualmente mujeres. Esta relación desigual está tan profundamente arraigada en nuestra cultura que estructura todavía la conciencia de muchas mujeres. Hacen consigo mismas lo que los hombres hacen con ellas. Supervisan, como los hombres, su propia feminidad."
"Entre los cientos de miles de cuadros de desnudos que constituyen la tradición europea de la pintura al óleo hay quizá unas 100 excepciones que ya no son desnudos, pues rompen las normas de la forma-arte; son cuadros de mujeres amadas y más o menos desnudas. En todos los casos, la visión personal que tiene el pintor de aquella mujer concreta que está pintando es tan intensa que no hace concesión alguna al espectador. El espectador presencia la relación (de la mujer con el artista) pero nada más.
"Tu pintas una mujer desnuda porque disfrutas mirándola. Si luego le pone un espejo en la mano y titulas el cuadro "Vanidad" (Merling) condenas moralmente a la mujer cuya desnudez has representado para tu propio placer. Pero la función real del espejo era muy otra. Estaba destinado a que la mujer accediera a tratarse a sí misma principalmente como un espectáculo."
Fragmentos Modos de ver de John Berger
sábado, 11 de diciembre de 2010
Un remate judicial de mi parte cansada
Clara Muschietti
***
Hace meses que veo
un cartel de remate judicial
en el departamento más alto del edificio que ocupa
toda la esquina.
La familia amenazada, aturdida, espantada,
condenada por un error
o por la falta de algo.
Hay zonas en mí
que tendrían que tener un cartel así
con letras un poco más grandes,
hay gente que no ve bien.
Un remate judicial de mi parte cansada
de la que repite el mecanismo que traba.
La neurona asfixiada, el corazón diabético,
la palabra que nombra lo que no estoy pensando.
Es imposible ser sano todo el tiempo,
ser colorido, ser buenísimo, ser genial,
ser feliz todo el tiempo, estar comprometido con la vida,
es imposible decir el nombre completo de alguien
cada vez que se lo nombra.
***
Hace meses que veo
un cartel de remate judicial
en el departamento más alto del edificio que ocupa
toda la esquina.
La familia amenazada, aturdida, espantada,
condenada por un error
o por la falta de algo.
Hay zonas en mí
que tendrían que tener un cartel así
con letras un poco más grandes,
hay gente que no ve bien.
Un remate judicial de mi parte cansada
de la que repite el mecanismo que traba.
La neurona asfixiada, el corazón diabético,
la palabra que nombra lo que no estoy pensando.
Es imposible ser sano todo el tiempo,
ser colorido, ser buenísimo, ser genial,
ser feliz todo el tiempo, estar comprometido con la vida,
es imposible decir el nombre completo de alguien
cada vez que se lo nombra.
Yo solo quiero ser el dueño de tu amor
El arroyito
Amananeció
y me encontré con que emprediste un largo viaje
mi corazón te escapó del equipaje
y se quedó para llenarme de recuerdos
Amaneció
y el gallo viejo que cantaba en la ventana
hoy no cantó pues tú no abriste la mañana
y hasta el viento se volvió porque no estabas
[Coro]
Eres el arroyito que baña mi cabaña
eres el negativo de la foto de mi alma
eres agua bendita que crece mi cultivo
eres ese rayito que me calienta el nido
Atardeció
y el corazón abre su album en silencio
un acordeón le va imprimiendo los recuerdos
y hace también una canción para que vuelvas
Atardeció
y ya se va la claridad de mi cabaña,
no siento luz en los rincones de mi alma
pues ya no tengo todo lo que llevas dentro
[Coro]
Eres el arroyito que baña mi cabaña
eres el negativo de la foto de mi alma
eres agua bendita que crece mi cultivo
eres ese rayito que me calienta el nido
Yo solo quiero ser el dueño de tu amor
yo solo quiero ser el dueño de tu risa
para encontrarte y devolverte el corazón
y me acompañe por el resto de mi vida
[Coro]
Eres el arroyito que baña mi cabaña
eres el negativo de la foto de mi alma
eres agua bendita que crece mi cultivo
eres ese rayito que me calienta el nido.
Amananeció
y me encontré con que emprediste un largo viaje
mi corazón te escapó del equipaje
y se quedó para llenarme de recuerdos
Amaneció
y el gallo viejo que cantaba en la ventana
hoy no cantó pues tú no abriste la mañana
y hasta el viento se volvió porque no estabas
[Coro]
Eres el arroyito que baña mi cabaña
eres el negativo de la foto de mi alma
eres agua bendita que crece mi cultivo
eres ese rayito que me calienta el nido
Atardeció
y el corazón abre su album en silencio
un acordeón le va imprimiendo los recuerdos
y hace también una canción para que vuelvas
Atardeció
y ya se va la claridad de mi cabaña,
no siento luz en los rincones de mi alma
pues ya no tengo todo lo que llevas dentro
[Coro]
Eres el arroyito que baña mi cabaña
eres el negativo de la foto de mi alma
eres agua bendita que crece mi cultivo
eres ese rayito que me calienta el nido
Yo solo quiero ser el dueño de tu amor
yo solo quiero ser el dueño de tu risa
para encontrarte y devolverte el corazón
y me acompañe por el resto de mi vida
[Coro]
Eres el arroyito que baña mi cabaña
eres el negativo de la foto de mi alma
eres agua bendita que crece mi cultivo
eres ese rayito que me calienta el nido.
Nuestra alma melancólica en conserva
Intensidad y altura
César Vallejo
Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.
César Vallejo
Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Oh nikita
Cuando empecé este blog tenía por rigurosa costumbre dedicar un post a cada amiga o amigo que me dejaba su comentario, ahora estoy hecha una mal educada.
He aquí a Vero, cumpa del taller de Mairal, bloguera, escritora erótica y panelista con título de Lunesporlamadrugada.
He aquí a Vero, cumpa del taller de Mairal, bloguera, escritora erótica y panelista con título de Lunesporlamadrugada.
La edad en la que el árbol se ofrece entero al cielo
OFRENDA
Pedro Mairal
Tengo la edad en la que mueren los caballos,
la edad en la que el árbol
se ofrece entero al cielo.
Mi miedo es una fauna secreta que me busca,
del mar soy sólo un número de olas.
Tengo dientes y penas y zapatos,
tengo una fiesta eterna que a veces me convoca.
Conozco a una mujer, tal vez, salvo el misterio
de la panza de estrellas de la noche.
Yo no sé cuántos soles le quedan a mi pecho,
yo sé que ha sido bueno vivir y alzo estos años
como una ofrenda ardiendo.
Por encima del toro de sombra de los días,
por encima del asco y el miedo y los espejos,
he llegado hasta aquí.
En Tigre como los pájaros (Botella al mar, 1996)
Pedro Mairal
Tengo la edad en la que mueren los caballos,
la edad en la que el árbol
se ofrece entero al cielo.
Mi miedo es una fauna secreta que me busca,
del mar soy sólo un número de olas.
Tengo dientes y penas y zapatos,
tengo una fiesta eterna que a veces me convoca.
Conozco a una mujer, tal vez, salvo el misterio
de la panza de estrellas de la noche.
Yo no sé cuántos soles le quedan a mi pecho,
yo sé que ha sido bueno vivir y alzo estos años
como una ofrenda ardiendo.
Por encima del toro de sombra de los días,
por encima del asco y el miedo y los espejos,
he llegado hasta aquí.
En Tigre como los pájaros (Botella al mar, 1996)
Como una azucena después de haberse encontrado sometida a la lluvia
Tiempo de trébol
Como todos sabemos, existe una cantidad no medible de libros. Para poner orden en este juego constante en el que me siento participar –apreciando libros antes que leyéndolos–, prefiero hacer evidente la acción consciente de regresar, una y otra vez, sólo a los textos sagrados. La Torá, el Antiguo Testamento y el Sagrado Corán -el trébol ausente-son mis obras de referencia, principalmente porque a partir de ellas puedo formular mucho más fácilmente la idea de que los libros son infinitos, hasta los más elementales, infinito el espacio que separa una letra de otra.
Tiempo de cartucho
Ese infinito entre una letra y otra hace posible que no existan obras proscritas, ni autores a los cuales tema enfrentar por diversas causas, y menos porque puedan producir interferencia con mi propio trabajo. Todas y ninguna de las obras tienen que ver con los libros que vaya a escribir. Y no solamente considero que mi trabajo está compuesto por todos y por ningún libro en particular, sino además por las experiencias que haya podido tener no sólo con relación a las demás artes sino a todas mis vidas posibles.
Tiempo de azucena
Al considerar la escritura, entre otras cosas, como un arte más, es difícil lograr la separación que pueda establecerse frente a las otras disciplinas. En todo caso, si jugara a que la literatura se pueda apartar de las demás artes, lo que busco en ellas es la forma con la que cuentan para estructurar narraciones. Lo que aprendo de ellas es su forma de construcción. Eso no lo busco ni en la realidad, ni en los sueños que acostumbro experimentar, ni en la remembranza de un estado divino que me acompaña la mayor parte del tiempo. Aquellos estados que no pertenecen al plano de lo artístico se mantienen invariables a pesar de las circunstancias. Como una azucena después de haberse encontrado sometida a la lluvia.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
Como todos sabemos, existe una cantidad no medible de libros. Para poner orden en este juego constante en el que me siento participar –apreciando libros antes que leyéndolos–, prefiero hacer evidente la acción consciente de regresar, una y otra vez, sólo a los textos sagrados. La Torá, el Antiguo Testamento y el Sagrado Corán -el trébol ausente-son mis obras de referencia, principalmente porque a partir de ellas puedo formular mucho más fácilmente la idea de que los libros son infinitos, hasta los más elementales, infinito el espacio que separa una letra de otra.
Tiempo de cartucho
Ese infinito entre una letra y otra hace posible que no existan obras proscritas, ni autores a los cuales tema enfrentar por diversas causas, y menos porque puedan producir interferencia con mi propio trabajo. Todas y ninguna de las obras tienen que ver con los libros que vaya a escribir. Y no solamente considero que mi trabajo está compuesto por todos y por ningún libro en particular, sino además por las experiencias que haya podido tener no sólo con relación a las demás artes sino a todas mis vidas posibles.
Tiempo de azucena
Al considerar la escritura, entre otras cosas, como un arte más, es difícil lograr la separación que pueda establecerse frente a las otras disciplinas. En todo caso, si jugara a que la literatura se pueda apartar de las demás artes, lo que busco en ellas es la forma con la que cuentan para estructurar narraciones. Lo que aprendo de ellas es su forma de construcción. Eso no lo busco ni en la realidad, ni en los sueños que acostumbro experimentar, ni en la remembranza de un estado divino que me acompaña la mayor parte del tiempo. Aquellos estados que no pertenecen al plano de lo artístico se mantienen invariables a pesar de las circunstancias. Como una azucena después de haberse encontrado sometida a la lluvia.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
Regreso siempre a todos los libros a los que me he enfrentado
Tiempo de clavel
Al creer que al encontrarme realizando determinada actividad no estoy buscando nada concreto para mi trabajo, quizá esté encontrando una serie de claves que luego utilizaré, de manera no consciente en la mayoría de los casos. Es de ese modo que regreso a todos los libros una y otra vez. Como si fuera una vuelta constante a un campo sembrado con claveles. Los tallos largos, las hojas verde oscuro. La idea del clavel antes que el clavel en su esencia. Tengo la sensación todo el tiempo de que regreso siempre a todos los libros a los que me he enfrentado. No importa la cantidad de títulos, lo que interesa es descubrir que la escritura no es más que una sola.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
Al creer que al encontrarme realizando determinada actividad no estoy buscando nada concreto para mi trabajo, quizá esté encontrando una serie de claves que luego utilizaré, de manera no consciente en la mayoría de los casos. Es de ese modo que regreso a todos los libros una y otra vez. Como si fuera una vuelta constante a un campo sembrado con claveles. Los tallos largos, las hojas verde oscuro. La idea del clavel antes que el clavel en su esencia. Tengo la sensación todo el tiempo de que regreso siempre a todos los libros a los que me he enfrentado. No importa la cantidad de títulos, lo que interesa es descubrir que la escritura no es más que una sola.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
Atrapado en quince libros o más
Tiempo de rosa
Este ejercicio de desplazarme por espacios alternos hace que no esté seguro de que lea realmente los libros que pretendo leer. Más bien los contemplo, los admiro, husmeo en su interior. Para realizar una mecánica semejante es necesaria la presencia de varios volúmenes al mismo tiempo. De diferentes características además. Recuerdo épocas en las que he estado atrapado en quince libros o más. Esta práctica puede estar motivada por una necesidad de orden personal antes que artística. No pienso, al hacerlo, que semejante manera de leer me pueda servir para luego componer mis propias obras. Aunque si tomo en cuenta el método que utilizo para acercarme a los libros y la forma que tengo de crearlos, me parece que ya el simple hecho de apreciar un libro es una manera de creación.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
Este ejercicio de desplazarme por espacios alternos hace que no esté seguro de que lea realmente los libros que pretendo leer. Más bien los contemplo, los admiro, husmeo en su interior. Para realizar una mecánica semejante es necesaria la presencia de varios volúmenes al mismo tiempo. De diferentes características además. Recuerdo épocas en las que he estado atrapado en quince libros o más. Esta práctica puede estar motivada por una necesidad de orden personal antes que artística. No pienso, al hacerlo, que semejante manera de leer me pueda servir para luego componer mis propias obras. Aunque si tomo en cuenta el método que utilizo para acercarme a los libros y la forma que tengo de crearlos, me parece que ya el simple hecho de apreciar un libro es una manera de creación.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
Un espacio paralelo de la realidad
Tiempo de orquídea
Lo que parezco buscar en un texto, como en cualquier manifestación artística a la que me enfrente, es la posibilidad de transitar por un espacio paralelo de la realidad, sometido a reglas propias. Pienso que no sólo en los libros o en el arte se pueden encontrar estas características. Siento que también pueden hallarse en los espacios religiosos, en los cuartos oscuros, en las casas del terror de los campos feriales, y en los estados personales cuando se encuentran exaltados.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
(Aclaración mía e impertinente: Ojo que dice espacio paralelo "de" la realidad y no "a" la realidad. Siempre discutí las "medidas" de la realidad con otra gente)
Lo que parezco buscar en un texto, como en cualquier manifestación artística a la que me enfrente, es la posibilidad de transitar por un espacio paralelo de la realidad, sometido a reglas propias. Pienso que no sólo en los libros o en el arte se pueden encontrar estas características. Siento que también pueden hallarse en los espacios religiosos, en los cuartos oscuros, en las casas del terror de los campos feriales, y en los estados personales cuando se encuentran exaltados.
Mario Bellatin, en Condición de las flores (Entropía, 2008)
(Aclaración mía e impertinente: Ojo que dice espacio paralelo "de" la realidad y no "a" la realidad. Siempre discutí las "medidas" de la realidad con otra gente)
Qué clase de femenina paranoia es esa?
Platos sucios
Gabriela Luzzi
- Me levanto muy temprano para escribir.
Pero si acaso, se me ocurre pasar por la puerta de la cocina,
rumbo al escritorio
y veo
platos sucios
ya no puedo.
Tengo que lavarlos.
Los lavo en la oscuridad.
- A mí no me gusta leer.
Sólo leí dos libros
en la secundaria
El Quijote y El Túnel.
A la noche
lava mi marido
porque no le gusta cocinar.
- Yo, me despierto y comienzo a
pensar en historias.
Me levanto y veo los platos sucios.
Pienso en las mujeres que no pueden escribir historias sin lavar los platos primero.
Qué clase de femenina paranoia es esa?
Escribo.
Me pregunto qué haría si mi esposo se levanta y se pone a lavar los platos.
¿dejaría de escribir para ayudarlo?
Por suerte mi marido no se levanta aún.
He tomado recaudos.
Escribo.
Por la tarde lavo platos.
Pienso que es un buen momento
para hacer espuma
y pensar en historias.
- Nunca en la vida me acosté con los platos sin lavar.
Para año nuevo dejo la mesa puesta
pero los platos lavados.
- Lavaplatos! Oh si!
Adoro el ruidito que hace la vajilla
y como deja todo el abrillantador.
Me gusta cocinar y usar todos los utencillos que pueda!
Cocinar es un placer.
- En casa levanto a la tropa a las seis de la mañana.
Para dormir vamos a tener mucho tiempo.
Cada uno tiene su trabajo.
Macarena de 9 años es la encargada de lavar a la noche.
Estudian en la escuela.
- Cuando los dejé solos
la Jose le pasaba una servilleta de papel a todo
y casi no necesitaban ni lavar los platos.
- Los míos van creando defensas.
Si.
Pero de ves en cuando lavo algo.
Si.
Somos felices.
El corazón es grande.
Si los lavo ahora.
Más tarde los vuelvo a ensuciar.
Tomado de http://losescritosvuelan.blogspot.com
Gabriela Luzzi
- Me levanto muy temprano para escribir.
Pero si acaso, se me ocurre pasar por la puerta de la cocina,
rumbo al escritorio
y veo
platos sucios
ya no puedo.
Tengo que lavarlos.
Los lavo en la oscuridad.
- A mí no me gusta leer.
Sólo leí dos libros
en la secundaria
El Quijote y El Túnel.
A la noche
lava mi marido
porque no le gusta cocinar.
- Yo, me despierto y comienzo a
pensar en historias.
Me levanto y veo los platos sucios.
Pienso en las mujeres que no pueden escribir historias sin lavar los platos primero.
Qué clase de femenina paranoia es esa?
Escribo.
Me pregunto qué haría si mi esposo se levanta y se pone a lavar los platos.
¿dejaría de escribir para ayudarlo?
Por suerte mi marido no se levanta aún.
He tomado recaudos.
Escribo.
Por la tarde lavo platos.
Pienso que es un buen momento
para hacer espuma
y pensar en historias.
- Nunca en la vida me acosté con los platos sin lavar.
Para año nuevo dejo la mesa puesta
pero los platos lavados.
- Lavaplatos! Oh si!
Adoro el ruidito que hace la vajilla
y como deja todo el abrillantador.
Me gusta cocinar y usar todos los utencillos que pueda!
Cocinar es un placer.
- En casa levanto a la tropa a las seis de la mañana.
Para dormir vamos a tener mucho tiempo.
Cada uno tiene su trabajo.
Macarena de 9 años es la encargada de lavar a la noche.
Estudian en la escuela.
- Cuando los dejé solos
la Jose le pasaba una servilleta de papel a todo
y casi no necesitaban ni lavar los platos.
- Los míos van creando defensas.
Si.
Pero de ves en cuando lavo algo.
Si.
Somos felices.
El corazón es grande.
Si los lavo ahora.
Más tarde los vuelvo a ensuciar.
Tomado de http://losescritosvuelan.blogspot.com
Amantes recordados, anhelados y fantaseados
De "Diez razones para la tristeza del pensamiento", de George Steiner
Aun en momentos de extrema intimidad –quizá más agudamente en esos momentos– el amante es incapaz de abrazar los pensamientos de la persona amada. «¿En qué estás pensando, en qué estoy pensando yo cuando hacemos el amor?» Esta exclusión hace plausiblemente trivial la tan cacareada fusión del orgasmo y su retórica de unísono. Como Goethe gustaba de señalar, innumerables hombres y mujeres han estrechado en los brazos del pensamiento a amantes recordados, anhelados y fantaseados, que no eran aquellos con quienes estaban haciendo el amor. Esta interposición cognitiva, esta reserva mental, involuntaria o deliberada, desdibujada o gráfica, puede sonar como un eco ridículo por debajo de los gritos y susurros de éxtasis. Nunca conoceremos la profunda desatención, ausencia, repulsión o imaginería alternativa que deconstruyen el texto manifiesto de lo erótico. Los seres humanos más cercanos y sinceros siguen siendo unos extraños, más o menos parciales, más o menos desconocidos los unos por los otros. El acto del amor es también el de un actor. La ambigüedad es inherente a la palabra.
Tomado de http://dannerglez.blogspot.com/2010/12/de-diez-razones-para-la-tristeza-del.html
Aun en momentos de extrema intimidad –quizá más agudamente en esos momentos– el amante es incapaz de abrazar los pensamientos de la persona amada. «¿En qué estás pensando, en qué estoy pensando yo cuando hacemos el amor?» Esta exclusión hace plausiblemente trivial la tan cacareada fusión del orgasmo y su retórica de unísono. Como Goethe gustaba de señalar, innumerables hombres y mujeres han estrechado en los brazos del pensamiento a amantes recordados, anhelados y fantaseados, que no eran aquellos con quienes estaban haciendo el amor. Esta interposición cognitiva, esta reserva mental, involuntaria o deliberada, desdibujada o gráfica, puede sonar como un eco ridículo por debajo de los gritos y susurros de éxtasis. Nunca conoceremos la profunda desatención, ausencia, repulsión o imaginería alternativa que deconstruyen el texto manifiesto de lo erótico. Los seres humanos más cercanos y sinceros siguen siendo unos extraños, más o menos parciales, más o menos desconocidos los unos por los otros. El acto del amor es también el de un actor. La ambigüedad es inherente a la palabra.
Tomado de http://dannerglez.blogspot.com/2010/12/de-diez-razones-para-la-tristeza-del.html
Me reencontré con el arroyo como con un hermano
Dantesco
Roberta Iannamico
Era el mejor día de primavera
después de haber tomado refugio
en la casa de Patricia
descansado comido y bebido
emprendí el regreso
Patricia me acompañaría
hasta mitad de camino
ella me guiaba
era un campo abierto y brillante
en plena tarde
cuando nos despedimos
frente al tanque de agua
al final
de la hilera de árboles
ella dijo
-qué hermoso
el camino que nos separa-
le pedí que me indicara
una dirección
(valiente bramachari
con una remera de cielo
y un bolso cruzado
-debe ser por allá-
y señaló una tranquera
imposible no verla
una tranquera blanca
abierta
justo en la línea del horizonte
un horizonte alto
y curvo
que hacía notar
la redondez de la tierra
la abracé dos veces
y la vi desaparecer
ni bien pegó la vuelta
empecé a caminar
liviana
presa de un profundo bienestar
cuando llegué a la tranquera
la luz me pareció extraña
y tan fabulosa
que creía estar mareada
árboles sin hojas
a los costados de la entrada
hermosos árboles
eran los guardianes
y yo quedé en ese instante
por completo enamorada
decía ahhhhh, ahhhh
no podía dejar de exclamar
de suspirar
ante esos árboles
(la luz ponía de un leve amarillo
los troncos gris blanquecino)
frente a la puerta dudé
¿es cruzando esta puerta
ese lugar?
porque el que acababa de pasar
no podía ser más lindo
la inclinación de los árboles
me dio a entender
que del otro lado
era todavía mejor
crucé
fui entrando de a poco
a ese campo sembrado
verde brillante el pasto
completamente parejo
el cielo celeste y el sol
no podría explicar con palabras
lo que yo sentía
en ese lugar
caminaba
olvidada de mi cuerpo
como si estuviera
hecha de espacio
y a la vez conciente
de la gran belleza
y de que había algo
que no era normal
se me ocurrió mirar al sol
(éramos el pasto el cielo
el sol y yo)
y vi nada menos
que el sol
que no es con puntas
como se lo dibuja
es absolutamente redondo
y todo luz
podía diferenciar
el sol de sus rayos
rayos de luz
que se expandían
por todo el aire
cuando llegué al alambrado
comprendí
que comenzaba el descenso
crucé el alambre
y todo era naturaleza
piedras tierra
yuyos de distinto tipo
era bello pero ya no celestial
cierta semilla de temor
aparecía en mi
mientras bajaba
con el sol
un águila mora
fue el primer ser que vi
planeaba en círculos
por encima mío
me asustaba un poco
su cercanía
su vuelo rasante y su canto
y me di cuenta
que no se puede decir con letras
el canto de un pájaro
si quisiera escribirlo acá
no podría
tomé el ritmo de ese canto
para caminar
una liebre salió corriendo
cuando pasé por al lado
una liebre de ese dorado oscuro
del que suelen ser las liebres
(no sabía que eran tan grandes
las liebres)
mientras bajaba
cierto temor me acompañaba
crucé un campo
de plantas secas
caídas
sobre la tierra
caminaba esquivámndolas
como a cadáveres
que eran
sabía
que no tenía
nada que temer
pero estaba tensa
exageradamente alerta
y comprendí
que el camino estaba marcado
solo debía seguirlo
con gran comodidad
aparecieron los chimangos
más abajo las palomas
y ya casi se oía
el ladrido de los perros
de mi pueblo
siguiendo ese camino
que extrañamente aparecía ante mi
llegué al arroyo
crucé el arroyo
por una hilera de piedras
allí dispuesta
una piedra muy grande
por la que tenía que pasar
era como una cabeza calva
con pasto como pelos
en forma de corona
me pareció la cabeza del Dante
o de mi abuelo Pascual
Pascual Ian amico
el amigo de juan
(sin duda Boccaccio)
me reencontré con el arroyo
como con un hermano
era en la orilla
una plataforma de piedras
me imaginé un lugar
para oficiar ceremonias
ahí hice pis
di media vuelta y crucé otro alambrado
el sol justo se ponía
y yo entraba a mi aldea.
Roberta Iannamico
No con palabras, con mejor acero
si el juicio en el camino no tropieza.
Era el mejor día de primavera
después de haber tomado refugio
en la casa de Patricia
descansado comido y bebido
emprendí el regreso
Patricia me acompañaría
hasta mitad de camino
ella me guiaba
era un campo abierto y brillante
en plena tarde
cuando nos despedimos
frente al tanque de agua
al final
de la hilera de árboles
ella dijo
-qué hermoso
el camino que nos separa-
le pedí que me indicara
una dirección
(valiente bramachari
con una remera de cielo
y un bolso cruzado
-debe ser por allá-
y señaló una tranquera
imposible no verla
una tranquera blanca
abierta
justo en la línea del horizonte
un horizonte alto
y curvo
que hacía notar
la redondez de la tierra
la abracé dos veces
y la vi desaparecer
ni bien pegó la vuelta
empecé a caminar
liviana
presa de un profundo bienestar
cuando llegué a la tranquera
la luz me pareció extraña
y tan fabulosa
que creía estar mareada
árboles sin hojas
a los costados de la entrada
hermosos árboles
eran los guardianes
y yo quedé en ese instante
por completo enamorada
decía ahhhhh, ahhhh
no podía dejar de exclamar
de suspirar
ante esos árboles
(la luz ponía de un leve amarillo
los troncos gris blanquecino)
frente a la puerta dudé
¿es cruzando esta puerta
ese lugar?
porque el que acababa de pasar
no podía ser más lindo
la inclinación de los árboles
me dio a entender
que del otro lado
era todavía mejor
crucé
fui entrando de a poco
a ese campo sembrado
verde brillante el pasto
completamente parejo
el cielo celeste y el sol
no podría explicar con palabras
lo que yo sentía
en ese lugar
caminaba
olvidada de mi cuerpo
como si estuviera
hecha de espacio
y a la vez conciente
de la gran belleza
y de que había algo
que no era normal
se me ocurrió mirar al sol
(éramos el pasto el cielo
el sol y yo)
y vi nada menos
que el sol
que no es con puntas
como se lo dibuja
es absolutamente redondo
y todo luz
podía diferenciar
el sol de sus rayos
rayos de luz
que se expandían
por todo el aire
cuando llegué al alambrado
comprendí
que comenzaba el descenso
crucé el alambre
y todo era naturaleza
piedras tierra
yuyos de distinto tipo
era bello pero ya no celestial
cierta semilla de temor
aparecía en mi
mientras bajaba
con el sol
un águila mora
fue el primer ser que vi
planeaba en círculos
por encima mío
me asustaba un poco
su cercanía
su vuelo rasante y su canto
y me di cuenta
que no se puede decir con letras
el canto de un pájaro
si quisiera escribirlo acá
no podría
tomé el ritmo de ese canto
para caminar
una liebre salió corriendo
cuando pasé por al lado
una liebre de ese dorado oscuro
del que suelen ser las liebres
(no sabía que eran tan grandes
las liebres)
mientras bajaba
cierto temor me acompañaba
crucé un campo
de plantas secas
caídas
sobre la tierra
caminaba esquivámndolas
como a cadáveres
que eran
sabía
que no tenía
nada que temer
pero estaba tensa
exageradamente alerta
y comprendí
que el camino estaba marcado
solo debía seguirlo
con gran comodidad
aparecieron los chimangos
más abajo las palomas
y ya casi se oía
el ladrido de los perros
de mi pueblo
siguiendo ese camino
que extrañamente aparecía ante mi
llegué al arroyo
crucé el arroyo
por una hilera de piedras
allí dispuesta
una piedra muy grande
por la que tenía que pasar
era como una cabeza calva
con pasto como pelos
en forma de corona
me pareció la cabeza del Dante
o de mi abuelo Pascual
Pascual Ian amico
el amigo de juan
(sin duda Boccaccio)
me reencontré con el arroyo
como con un hermano
era en la orilla
una plataforma de piedras
me imaginé un lugar
para oficiar ceremonias
ahí hice pis
di media vuelta y crucé otro alambrado
el sol justo se ponía
y yo entraba a mi aldea.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
LA BICICLETA

LA BICICLETA
Paula Irupé Salmoiraghi
La bicicleta no estaba. Ni en el fondo ni en la entrada. ¿Dónde la habría dejado? ¿Ella la había usado por última vez? ¿O se la había prestado a alguien? ¿La había usado ayer? ¿Esta mañana? ¿Hace dos días? ¿La semana pasada? ¿El año pasado? ¿Hace veinte años? Estaba casi segura de haberla entrado, de haberla apoyado contra esa pared. O quizás no. Esa pared que recordaba, la de ladrillos descascarados, ¿era de esta casa o de la otra? Ahora vivía en esta casa de Floresta, hermosa, como siempre había querido, una casa de barrio, junto a las vías, con jardín al frente y terraza. Pero se acordaba de su casa en San Miguel. También era linda, más terreno, más árboles, más gatos, el jacarandá en la vereda. ¿O eso era en la casa de sus padres? No. Cuando era chica el jacarandá estaba en el jardín. Ahora no había jacarandá cerca, aunque ella sabía irse por la diagonal hasta encontrar una cuadra donde había tres. Ni bicicleta. ¿Se la habría llevado Julián? Ese chico era un despistado, nunca le avisaba nada y después, cuando ella le reprochaba, le decía: Uu, má, no me di cuenta.
Ahora le estaba diciendo algo por teléfono, Julián, su hijo mayor. ¿Por qué la llamaba por teléfono? Que viene para acá, dice. ¿Por qué no estaría en su cuarto hoy domingo? ¿Por qué tampoco están sus otros hijos? Le dijeron que no los llamara a gritos, que los vecinos se asustaban, que la iban a tratar de loca. Pero a ella no le importaba, si no la escuchaban les iba a gritar todo lo que quisiera, que se despertaran de una vez, que le ayudaran a buscar la bendita bicicleta.
Por fin aparecían los tres. ¿Y quiénes eran todos esos gurisitos que le daban vueltas alrededor? Abuela. Ah, ya recordaba. Abuela. Qué bonitos eran. Ninguno sabía dónde estaba su bicicleta pero para que ella no llorara le prestaban sus muñecas y sus autitos. Uno decía que le podía prestar su bici con rueditas pero que tenía miedo de que ella se lastimara. Mocoso insolente. Que se lastimara. Justo ella. Como si no supiera andar en bici. Como si no hubiera ido y venido mil veces con panza de ocho meses, con un chico en el manubrio y otro en el asientito, bajo la lluvia o en invierno, de vacaciones en Mar Azul o trabajando en José C. Paz.
Magdalena le decía que no contara mentiras. Mentiras. No eran mentiras. Quizás ella confundiera un poco las cosas, o las exagerara, o mezclara lo que le había pasado a ella misma con lo había vivido otra gente, pero no eran mentiras y a sus nietos les gustaban mucho.
¿Cómo que ya está la comida? ¿Y quién hizo las ensaladas? Ah, el que sirve el asado es Rafael. Pero hay otras mujeres que ponen la mesa. ¿Cómo saben ellas dónde están todas las cosas en su casa? Si hasta a ella misma le cuesta a veces recordar dónde dejó la sal, o el repasador, o se encuentra a sí misma haciendo gestos que son de otra cocina, de otro baño, de otro dormitorio, de otro tiempo, de otro cuerpo. Si hasta ella, a veces, busca ese mantel que había bordado una tía y que ya le dijeron mil veces que terminó en la basura hace como ¿veinte años? Veinte años. Estos hijos suyos todo lo miden en veinte años. Lo dicen así a la ligera, como si diera lo mismo veinte años más, veinte años menos.
Cuando terminen todos de comen les va a preguntar de nuevo por la bicicleta. Y que no le vengan con que ya está grande para dar por la calle, que una nunca es demasiado grande para eso. Una nunca es demasiado grande para contar historias, para comer asado los domingos, para tener una casa con macetas y gatos, para gritarle a los hijos, para irse en bicicleta un día en que toda la calle, todo el aire, todo el cielo esté tapado de florcitas celestes de jacarandá.
Noviembre 2010.
Bajo consigna en el taller de Pedro Mairal
Taller Mairal















Ayer fue nuestro último encuentro del año. Como soy buena gente eliminé las fotos en las que parecíamos dormidas, drogados o simplemente nabos. Dejé las que estamos feas, locas, muertos de hambre y felices.
Una belleza de gente. Pedro dijo que seguimos el año que viene porque está bueno el grupo que se formó. Que no en todos los taller se logra tal nivel de confianza, de compromiso, de creatividad. Lo que Pedro no dijo es que, además del grupo, lo bueno es tenerlo a él.
Bendición del dragón
Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes te cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.
Gustavo Roldán
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes te cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.
Gustavo Roldán
domingo, 5 de diciembre de 2010
Hay un mar de sirenas furiosas




Debajo del mar
Por Pedro Mairal
A principios de los noventa, Martín, mi amigo rapado, a quien desde entonces se le pegó el apodo de El Calvo, me habló de un show raro de unos tipos que se colgaban de sogas y volaban y se te venían encima con ganas de pegarte. Uno de esos espectáculos que siempre preferí evitar porque la más mínima chance de que me hagan participar los magos y los payasos ya me daba un pánico primario, entonces menos me iba meter en un lugar oscuro para que me amenazaran unos mutantes voladores con borceguíes. Rechacé la invitación. Eran los comienzos de La Organización Negra, que después fue De la Guarda, que desarrollaron más adelante espectáculos como Villa Villa y ahora Fuerzabruta, popularizado tras los festejos del Bicentenario. Pasaron veinte años. El Calvo tiene pelo y vive en Estados Unidos. Tarde pero seguro, le quiero agradecer que haya querido llevarme. Quizá no era el momento. Quizá yo necesitaba que el espectáculo decantara un poco en su agresión al espectador y se volviera más plástico y volcado a la belleza visual. Quizá yo también cambié y a los cuarenta la idea de que me partan en la cabeza una plancha de telgopor con papel picado ya no me asusta tanto. Tengo que decir que Fuerzabruta me impresionó y me despertó de un letargo audiovisual donde ya todo me daba lo mismo. Me sentí un poco violentado, pero me vino bien. Entendí que la experiencia urbana se puede agigantar, exagerar, volver pesadilla dinámica flotando en el espacio. El teatro se puede parecer a los sueños, con mujeres temibles corriendo sobre mares verticales. Sobre el blindex que nos separa del mundo hay un mar de sirenas furiosas. Está ahí, lo podemos tocar. No sé cómo explicarlo mejor. En Fuerzabruta hay carnaval y belleza estroboscópica.
Tomado de http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0528/articulo.php?art=25821&ed=0528
Otro ex futuro amor bajo la cama
Sigo escribiendo poemas de amor (y lo peor de todo es que me sigue gustando la barba)
Por Paula Paoletti
¡Cómo me encantó tu casa el otro día!
Me quería quedar comiendo pan con queso eternamente.
Por más que vos no me invitaste
ni soy tu amiga
igual te lo cuento
porque
sé, que entre nosotros
hubo
algo especial
cuando me hiciste el favor de buscar el abrelatas para destapar
la cerveza
me di cuenta
cuando me dijiste que tenga cuidado con el filo de la botella de plástico
llena de fernet
me di cuenta
y me sonreí por dentro
porque
todavía me pongo colorada
¿sabés?
y esto es un secreto
por primera vez empiezo a disfrutar de los secretos
de contarme las cosas a mí mil veces
de observar las variedades que crecen
de todos colores y formas
de todos los estilos, escuelas y movimientos
yo solita
y luego
veo al señor chofer que discute con la señora apurada que repite
“uno diez uno diez uno diez uno diez”
y pienso
qué tranquila que estoy yo
perdida en la primavera de mi mente.
Y ahí vuelvo a olvidarme de tus dientes perlados
que me causaron tan buena impresión
este finde.
Sé que dentro de unos días serás
otro ex futuro amor bajo la cama
¡Qué alivio!
por un segundo
se me ocurrió
que esta vez
estaba hablando en serio.
De cuántas formas/ se puede querer
yo te quiero y listo
y me parece tan simple
que no te entiendo
tu tono amargado
tu voz oscura.
Estoy radiante
por más que no vuelvas
porque
siempre vas a ser
un pedazo de río
una lluvia de verano
de esas en las que te mojás todo
pero no importa
porque sabés que vas a volver a casa
y te chorrea el pelo y la ropa
y te reís solo.
Me gustó conocerte
y quererte así
tan dulcemente
tan despacito
como cuando
mi mamá piensa
que estoy dormida
y hace una de esas cosas
de cuando era chiquita,
me tapa con las sábanas
me cubre del sol
me dice “yo te quiero”
y nada más...
Por Paula Paoletti
¡Cómo me encantó tu casa el otro día!
Me quería quedar comiendo pan con queso eternamente.
Por más que vos no me invitaste
ni soy tu amiga
igual te lo cuento
porque
sé, que entre nosotros
hubo
algo especial
cuando me hiciste el favor de buscar el abrelatas para destapar
la cerveza
me di cuenta
cuando me dijiste que tenga cuidado con el filo de la botella de plástico
llena de fernet
me di cuenta
y me sonreí por dentro
porque
todavía me pongo colorada
¿sabés?
y esto es un secreto
por primera vez empiezo a disfrutar de los secretos
de contarme las cosas a mí mil veces
de observar las variedades que crecen
de todos colores y formas
de todos los estilos, escuelas y movimientos
yo solita
y luego
veo al señor chofer que discute con la señora apurada que repite
“uno diez uno diez uno diez uno diez”
y pienso
qué tranquila que estoy yo
perdida en la primavera de mi mente.
Y ahí vuelvo a olvidarme de tus dientes perlados
que me causaron tan buena impresión
este finde.
Sé que dentro de unos días serás
otro ex futuro amor bajo la cama
¡Qué alivio!
por un segundo
se me ocurrió
que esta vez
estaba hablando en serio.
De cuántas formas/ se puede querer
yo te quiero y listo
y me parece tan simple
que no te entiendo
tu tono amargado
tu voz oscura.
Estoy radiante
por más que no vuelvas
porque
siempre vas a ser
un pedazo de río
una lluvia de verano
de esas en las que te mojás todo
pero no importa
porque sabés que vas a volver a casa
y te chorrea el pelo y la ropa
y te reís solo.
Me gustó conocerte
y quererte así
tan dulcemente
tan despacito
como cuando
mi mamá piensa
que estoy dormida
y hace una de esas cosas
de cuando era chiquita,
me tapa con las sábanas
me cubre del sol
me dice “yo te quiero”
y nada más...
Adolece navidad
Como charco de culpa, en la mirada
LOS HERALDOS NEGROS
César Vallejos
Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
César Vallejos
Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
¡Que no quiero verla!
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías
Federico García Lorca
LA COGIDA Y LA MUERTE
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
*
LA SANGRE DERRAMADA
¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡Yo no quiero verla!
*
CUERPO PRESENTE
La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados.
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.
Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.
Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.
Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.
¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.
¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.
Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.
Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.
Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.
No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
*
ALMA AUSENTE
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
Federico García Lorca
LA COGIDA Y LA MUERTE
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
*
LA SANGRE DERRAMADA
¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡Yo no quiero verla!
*
CUERPO PRESENTE
La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados.
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.
Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.
Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.
Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.
¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.
¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.
Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.
Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.
Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.
No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
*
ALMA AUSENTE
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
Orfandad
Porque siempre me sentí huérfana parí hijos sin padre. Pago mi ingratitud y mi soberbia, de vez en cuando, con altas cuotas de miedo.
sábado, 4 de diciembre de 2010
jueves, 2 de diciembre de 2010
Marcelo Silva y Luna Guerra
Ayer Silva contó que estaba escribiendo poemas con una voz femenina y no sabía qué título ponerle al libro. Qué en medio de su inspiración lo interrumpe un llamado telefónico que preguntaba (con voz femenina) si estaba Luna Guerra. No. Silva cortó enfadado. El llamado se repitió, el número era el correcto, Silva dijo "Equivocado" pero no. El libro se llama Luna Guerra.
Marcelo Silva nació en Paso de los Libres (Corrientes), en 1973. En 1991 se radicó en Buenos Aires, donde realizó estudios superiores de música y de portugués. Por su libro Barco de Condenados, la Secretaría de Cultura de la Nación le otorgó el Primer Premio Nacional Iniciación de Poesía, Bienio 96/97. En 2005 obtuvo segundo premio en el Premio Hispanoamericano de Poesía realizado por las revistas Vox (Argentina), Los amigos de lo ajeno (Costa Rica), Matadero (Chile) y Sala de Máquinas (Perú). En 2004 publicó Diario de un argentino (Ed. Patagonia). Actualmente reside en Brasil.
1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?
Encuentro afinidad con los ya clásicos César Vallejo, Ernesto Cardenal, Nicanor Parra, Antonio Cisneros, Olga Orozco, Francisco Madariaga, César Fernández Moreno, Alejandra Pizarnick y Juan Gelman, así como con Leónidas Lamborghini, Roberto Echavarren, Wilson Bueno, Leonardo Padrón, Nestor Perlongher, Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Leónidas Escudero, Susana Thenon y etc.
2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?
Yo creo que en estos tiempos la poesía no puede tener “repercusión” o “reconocimiento internacional”. Creo que es un hecho íntimo y privado, frente a otras expresiones mediáticas y masivas. Sin embargo, en mi país tenemos grandes poetas como Juan Carlos Bustriazo Ortiz o Leónidas Escudero, que a mi modo de ver han casado la alta poesía con el habla rústica del hombre de campo (al modo Patativa do Assaré o Manoel de Barros) que por lo menos merecen edición. Apenas a modo de anécdota: Bustriazo ha escrito cerca de 72 libros, y apenas se han editado cinco.
3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?
Tal vez lo que impida relaciones más estrechas entre los países hispanoamericanos sean las políticas, así como son las políticas las que impiden que provincias de mi país tengan una relación más estrechas.
poemas
ÓLEO DE LUNA GUERRA EN LA BAÑERA
para Adriana Parra
Descabezo cornalitos en la bañera blanca llena de agua.
Dos kilos de manjar flotan aquí para mis gatos salvajes.
Philip, el francés del mercado, los ha escogido con delicadeza.
Yo bajé hasta La Rambla con ojos ávidos luego del porro.
(La luz del atardecer descompone nuestra percepción del viento.) [Bolaño]
La ciudad era un inmenso hormiguero, y yo, en la más absoluta soledad,
fui flotando sobre mí, asaltando cada rostro con un bisturí en la mirada.
En mi interior una voz cantaba: ¡vamos! ¡vamos! muéstrame tu alma.
Entré a una disquería y oí esa versión de Old devil moon.
Me fui con la voz de Cassandra vibrando entre mis piernas.
Afuera el mundo seguía girando y girando en la misma dirección.
Yo caminaba a la deriva, me extraviaba en Barcelona
buscando cualquier cosa que de súbito me iluminara.
Pero nada ocurrió. Y sepan que el orden continuo me desequilibra.
Me dan asco esas miradas huecas destilando hambre y lascivia,
esas bocas llenas de palabras sucias asordinadas por labios temerosos.
Busco lo inédito Sras. y Sres., lo que jamás brilló bajo el sol.
(La novela debe ser reinventada.) [Pierrot, el loco]
(La poesía debe ser reinventada.) [Rimbaud]
(La vida debe ser reinventada.) [Luna Guerra]
Esta tarde no hubo nada nuevo en un mundo viejo y cansado
mientras bajaba hacia el mercado, fumando y silbando
en el calor pegajoso de una ciudad delicuescente.
Nada hubo que me causara el asombro de nacer.
Algo que mereciera ser escrito en un poema. Nada.
Pero llegué al mercado de La Boquería y casi me desvanecí.
Allí estaban, brillando como alargadas monedas de plata,
solitarios sobre la mesa negra de Philip.
Dije dos kilos, au revoir, y me fui temblando.
Ahora descabezo cornalitos en la bañera blanca llena de agua.
Hago de esto un instante sagrado, en tiempos que la historia kaputt.
Preparo la apetitosa cena para mis gatos salvajes: Ámbar, Yuli y Sandokán:
mis bestias, que en el borde se relamen y cantan
mientras me desnudo/ y hundo mi cuerpo en el agua plateada.
LUNA GUERRA VIAJA EN TREN BALA
para Diana Bellesi
Ayer crucé un campo de sombras en un tren blanco.
Viajaba para perderme en el vacío. Pero no.
Deseaba deshacerme en un tren bala, a 2000 por hora,
desintegrarme a la velocidad de la luz. Pero no. No estaba en Japón.
Estaba en Zárate. Faltaban 32 horas para llegar al Paraguay.
Olor a saliva, tabaco, fiambres, naranjas, vómito, orín y sudor.
Todo mezclado con cumbias, chamamés, polcas y guaranias.
Entre la gritería de mercachifles y borrachines patibularios.
En un calor de 52 grados, el Gran Capitán subía el país.
Yo sudaba y temblaba como John Malcovich en Refugio para el amor.
Pero de pronto ¡cha-cha-cha-chan! un tipo apareció ante mí.
Era más feo que Bukowski, pero con rostro aindiado, eso sí.
Medía como dos metros y hablaba ronco en guaraní
Yo ni palabra entendía, pero le sonreí, ji ji ji.
La atmósfera se volvió bermellón. El aire, como cargado de pólvora.
Yo sonreía y sudaba y temblaba. Hasta me oriné encima de la emoción.
El indio sonrió y musitó unas palabritas que no comprendí.
Respondí que viajaba para perderme en el vacío. Llorando le dije:
pero en esta nave no llego ni hasta los límites del vacío sin límites. [Beckett]
El indio tomó mi mano, me miró y con voz dulce dijo teiquirisi.
Me condujo como una sonámbula a través de la turba alborotada.
Subimos al techo del tren grotesco que, a paso de hombre, subía el país.
(Afuera iban los palmares y los gauchos muertos que cantó Madariaga.
Pero lo mío era una versión fantasmagórica de su Tren casi fluvial.)
Bajo un cielo púrpura abracé a mi superindio que dijo itsoquei,
lo besé y la música tronó más fuerte, ¡cachácachacáchacachácachacá!
y el miedo ce finit, y el indio me tocó, y le dije porquerías poéticas al oído,
como ser que me desnudara, que me chupara hasta los huesitos,
que me tocara los pavores, que me clavara en el aire y etc. etc. etc..
El indio hizo todo eso y etc. etc., sobre el techo de un tren en llamas,
mientras al costado, a la velocidad de la luz, pasaba el vacío.
Tomado de http://www.revista.agulha.nom.br/bh26silva.htm
Marcelo Silva nació en Paso de los Libres (Corrientes), en 1973. En 1991 se radicó en Buenos Aires, donde realizó estudios superiores de música y de portugués. Por su libro Barco de Condenados, la Secretaría de Cultura de la Nación le otorgó el Primer Premio Nacional Iniciación de Poesía, Bienio 96/97. En 2005 obtuvo segundo premio en el Premio Hispanoamericano de Poesía realizado por las revistas Vox (Argentina), Los amigos de lo ajeno (Costa Rica), Matadero (Chile) y Sala de Máquinas (Perú). En 2004 publicó Diario de un argentino (Ed. Patagonia). Actualmente reside en Brasil.
1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?
Encuentro afinidad con los ya clásicos César Vallejo, Ernesto Cardenal, Nicanor Parra, Antonio Cisneros, Olga Orozco, Francisco Madariaga, César Fernández Moreno, Alejandra Pizarnick y Juan Gelman, así como con Leónidas Lamborghini, Roberto Echavarren, Wilson Bueno, Leonardo Padrón, Nestor Perlongher, Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Leónidas Escudero, Susana Thenon y etc.
2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?
Yo creo que en estos tiempos la poesía no puede tener “repercusión” o “reconocimiento internacional”. Creo que es un hecho íntimo y privado, frente a otras expresiones mediáticas y masivas. Sin embargo, en mi país tenemos grandes poetas como Juan Carlos Bustriazo Ortiz o Leónidas Escudero, que a mi modo de ver han casado la alta poesía con el habla rústica del hombre de campo (al modo Patativa do Assaré o Manoel de Barros) que por lo menos merecen edición. Apenas a modo de anécdota: Bustriazo ha escrito cerca de 72 libros, y apenas se han editado cinco.
3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?
Tal vez lo que impida relaciones más estrechas entre los países hispanoamericanos sean las políticas, así como son las políticas las que impiden que provincias de mi país tengan una relación más estrechas.
poemas
ÓLEO DE LUNA GUERRA EN LA BAÑERA
para Adriana Parra
Descabezo cornalitos en la bañera blanca llena de agua.
Dos kilos de manjar flotan aquí para mis gatos salvajes.
Philip, el francés del mercado, los ha escogido con delicadeza.
Yo bajé hasta La Rambla con ojos ávidos luego del porro.
(La luz del atardecer descompone nuestra percepción del viento.) [Bolaño]
La ciudad era un inmenso hormiguero, y yo, en la más absoluta soledad,
fui flotando sobre mí, asaltando cada rostro con un bisturí en la mirada.
En mi interior una voz cantaba: ¡vamos! ¡vamos! muéstrame tu alma.
Entré a una disquería y oí esa versión de Old devil moon.
Me fui con la voz de Cassandra vibrando entre mis piernas.
Afuera el mundo seguía girando y girando en la misma dirección.
Yo caminaba a la deriva, me extraviaba en Barcelona
buscando cualquier cosa que de súbito me iluminara.
Pero nada ocurrió. Y sepan que el orden continuo me desequilibra.
Me dan asco esas miradas huecas destilando hambre y lascivia,
esas bocas llenas de palabras sucias asordinadas por labios temerosos.
Busco lo inédito Sras. y Sres., lo que jamás brilló bajo el sol.
(La novela debe ser reinventada.) [Pierrot, el loco]
(La poesía debe ser reinventada.) [Rimbaud]
(La vida debe ser reinventada.) [Luna Guerra]
Esta tarde no hubo nada nuevo en un mundo viejo y cansado
mientras bajaba hacia el mercado, fumando y silbando
en el calor pegajoso de una ciudad delicuescente.
Nada hubo que me causara el asombro de nacer.
Algo que mereciera ser escrito en un poema. Nada.
Pero llegué al mercado de La Boquería y casi me desvanecí.
Allí estaban, brillando como alargadas monedas de plata,
solitarios sobre la mesa negra de Philip.
Dije dos kilos, au revoir, y me fui temblando.
Ahora descabezo cornalitos en la bañera blanca llena de agua.
Hago de esto un instante sagrado, en tiempos que la historia kaputt.
Preparo la apetitosa cena para mis gatos salvajes: Ámbar, Yuli y Sandokán:
mis bestias, que en el borde se relamen y cantan
mientras me desnudo/ y hundo mi cuerpo en el agua plateada.
LUNA GUERRA VIAJA EN TREN BALA
para Diana Bellesi
Ayer crucé un campo de sombras en un tren blanco.
Viajaba para perderme en el vacío. Pero no.
Deseaba deshacerme en un tren bala, a 2000 por hora,
desintegrarme a la velocidad de la luz. Pero no. No estaba en Japón.
Estaba en Zárate. Faltaban 32 horas para llegar al Paraguay.
Olor a saliva, tabaco, fiambres, naranjas, vómito, orín y sudor.
Todo mezclado con cumbias, chamamés, polcas y guaranias.
Entre la gritería de mercachifles y borrachines patibularios.
En un calor de 52 grados, el Gran Capitán subía el país.
Yo sudaba y temblaba como John Malcovich en Refugio para el amor.
Pero de pronto ¡cha-cha-cha-chan! un tipo apareció ante mí.
Era más feo que Bukowski, pero con rostro aindiado, eso sí.
Medía como dos metros y hablaba ronco en guaraní
Yo ni palabra entendía, pero le sonreí, ji ji ji.
La atmósfera se volvió bermellón. El aire, como cargado de pólvora.
Yo sonreía y sudaba y temblaba. Hasta me oriné encima de la emoción.
El indio sonrió y musitó unas palabritas que no comprendí.
Respondí que viajaba para perderme en el vacío. Llorando le dije:
pero en esta nave no llego ni hasta los límites del vacío sin límites. [Beckett]
El indio tomó mi mano, me miró y con voz dulce dijo teiquirisi.
Me condujo como una sonámbula a través de la turba alborotada.
Subimos al techo del tren grotesco que, a paso de hombre, subía el país.
(Afuera iban los palmares y los gauchos muertos que cantó Madariaga.
Pero lo mío era una versión fantasmagórica de su Tren casi fluvial.)
Bajo un cielo púrpura abracé a mi superindio que dijo itsoquei,
lo besé y la música tronó más fuerte, ¡cachácachacáchacachácachacá!
y el miedo ce finit, y el indio me tocó, y le dije porquerías poéticas al oído,
como ser que me desnudara, que me chupara hasta los huesitos,
que me tocara los pavores, que me clavara en el aire y etc. etc. etc..
El indio hizo todo eso y etc. etc., sobre el techo de un tren en llamas,
mientras al costado, a la velocidad de la luz, pasaba el vacío.
Tomado de http://www.revista.agulha.nom.br/bh26silva.htm
Ayer, en el Zoo, conocí a Silva
Versos de loca
Não estou conseguindo explicar minha ternura,
minha ternura, entende?
Ana Cristina César
quedé sola en la casa
demasiado espacio para una loca
la peor de todas
la que recorre hasta cualquier hora
pasillos sin final
la que se prueba vestiditos
frente a un espejo
para ver siempre como su imagen chorrea
enchastra el espejo la pared el piso
se escurre hasta la rejilla
desaparece
agua de colores
perdí el sentido de las cosas
apenas tengo muchas voces que no hablo
tick nervioso:
cierro la mano vacía
escribo sin parar en el aire la mesa
en el agua mis piernas papel
con lápiz invisible
garabateo alfabeto confuso
incomprensible
me hago la distraída
perder el tiempo en cosas insignificantes
es mi forma de ganarlo
por eso contesto cartas que jamás recibí
envío sobres a cualquier lugar
siempre repito que aquí estamos bien
hablo de los últimos sucesos
les digo que fui besada por el fuego
y me lo bebí
miento
en cada habitación hay voces
quieren llevarme a otro lugar
tatuarme en los senos una tarde
en que llovieron astros a orillas del mar
decirme instantáneas de París
noticias breves como suspiros
contarme la misma canción
ahora que estoy sola en casa
y quiero ser la loca
la sorda
la que besa el aire
con los cuatro labios de su amor
deshojo un álbum de fotos
donde yo no soy
yo sino una niña engañada
una extraña que esconde otro rostro
detrás de su rostro
una bella desconocida que sonríe
a tu lado
sin sospechar siquiera que en el fondo
a sus espaldas
hay un sol poniéndose
sobre un barco de nieve
no es indiferencia ni desidia
odio hacia mí es lo que tengo
un odio suave y persistente
sin pasión ni violencia
negra bilis que gotea en mí
por eso apago cigarrillos
en el corazón mismo de lo bello
por eso escupo a mis propios ojos
por eso clausuro mi cuerpo mi casa
me recluyo como un ciego caracol
en la oscuridad
este es mi diario íntimo
donde anoto con letra nerviosa
detalles de mi locura
lúcida locura que me lleva al abandono
del mundo y de mí
ya no quiero deshacer todo lo que toque
a nadie quiero dar palabras homicidas
me puse bajo cuatro llaves para siempre
quiero quedarme aquí sola
envuelta en la red pegajosa de mi vida
haciendo dibujitos anotaciones al margen
collages de fotos y revistas viejas
escribiendo versos mudos
fe de erratas citas
nombres de personas
que jamás conocí
estoy harta de mis recuerdos
así que invento historias
me las creo para darme un pasado
como decir: un día atravesé el invierno
en un tren de miniatura
entré a Estambul en primavera
en cualquier pensión tomé una cama
un dólar habitación compartida
subí cuatro pisos en la oscuridad
abrí la puerta y el tiempo se detuvo (...)
estabas solo
desnudo en tu propia luz
tenías el sosiego de quien lo ha visto todo
dijiste que me esperabas
ya nada me salva de mí
ni siquiera estos versos de loca
esta absurda costumbre de soñar despierta
jamás se me ocurrió una historia que terminara bien
siempre me dio ocupado el teléfono de felicidad
ahora fumo un cigarrillo tras otro
me como las uñas los labios el corazón
todo para matar el hastío
para no darme cuenta del tiempo
seguir envejeciendo en un sillón
marcando siempre el mismo número
esperando que alguien atienda y diga
equivocado
© 2004 by Marcelo SilvaMarcelo Silva. Argentina, 1973
Não estou conseguindo explicar minha ternura,
minha ternura, entende?
Ana Cristina César
quedé sola en la casa
demasiado espacio para una loca
la peor de todas
la que recorre hasta cualquier hora
pasillos sin final
la que se prueba vestiditos
frente a un espejo
para ver siempre como su imagen chorrea
enchastra el espejo la pared el piso
se escurre hasta la rejilla
desaparece
agua de colores
perdí el sentido de las cosas
apenas tengo muchas voces que no hablo
tick nervioso:
cierro la mano vacía
escribo sin parar en el aire la mesa
en el agua mis piernas papel
con lápiz invisible
garabateo alfabeto confuso
incomprensible
me hago la distraída
perder el tiempo en cosas insignificantes
es mi forma de ganarlo
por eso contesto cartas que jamás recibí
envío sobres a cualquier lugar
siempre repito que aquí estamos bien
hablo de los últimos sucesos
les digo que fui besada por el fuego
y me lo bebí
miento
en cada habitación hay voces
quieren llevarme a otro lugar
tatuarme en los senos una tarde
en que llovieron astros a orillas del mar
decirme instantáneas de París
noticias breves como suspiros
contarme la misma canción
ahora que estoy sola en casa
y quiero ser la loca
la sorda
la que besa el aire
con los cuatro labios de su amor
deshojo un álbum de fotos
donde yo no soy
yo sino una niña engañada
una extraña que esconde otro rostro
detrás de su rostro
una bella desconocida que sonríe
a tu lado
sin sospechar siquiera que en el fondo
a sus espaldas
hay un sol poniéndose
sobre un barco de nieve
no es indiferencia ni desidia
odio hacia mí es lo que tengo
un odio suave y persistente
sin pasión ni violencia
negra bilis que gotea en mí
por eso apago cigarrillos
en el corazón mismo de lo bello
por eso escupo a mis propios ojos
por eso clausuro mi cuerpo mi casa
me recluyo como un ciego caracol
en la oscuridad
este es mi diario íntimo
donde anoto con letra nerviosa
detalles de mi locura
lúcida locura que me lleva al abandono
del mundo y de mí
ya no quiero deshacer todo lo que toque
a nadie quiero dar palabras homicidas
me puse bajo cuatro llaves para siempre
quiero quedarme aquí sola
envuelta en la red pegajosa de mi vida
haciendo dibujitos anotaciones al margen
collages de fotos y revistas viejas
escribiendo versos mudos
fe de erratas citas
nombres de personas
que jamás conocí
estoy harta de mis recuerdos
así que invento historias
me las creo para darme un pasado
como decir: un día atravesé el invierno
en un tren de miniatura
entré a Estambul en primavera
en cualquier pensión tomé una cama
un dólar habitación compartida
subí cuatro pisos en la oscuridad
abrí la puerta y el tiempo se detuvo (...)
estabas solo
desnudo en tu propia luz
tenías el sosiego de quien lo ha visto todo
dijiste que me esperabas
ya nada me salva de mí
ni siquiera estos versos de loca
esta absurda costumbre de soñar despierta
jamás se me ocurrió una historia que terminara bien
siempre me dio ocupado el teléfono de felicidad
ahora fumo un cigarrillo tras otro
me como las uñas los labios el corazón
todo para matar el hastío
para no darme cuenta del tiempo
seguir envejeciendo en un sillón
marcando siempre el mismo número
esperando que alguien atienda y diga
equivocado
© 2004 by Marcelo SilvaMarcelo Silva. Argentina, 1973
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Lunes por la madrugada...
Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...
que sonríe cómplice de amor...



























