Son, para mí, como movimientos digestivos. Cosas que entran y salen, cosas que incorporo, descarto o doy a otres como alimento. Quizás también cosas que se me atragantan, que no puedo diferir, que me caen pesadas o que debo purgar.
Leer me es mucho más fluído, activo, menos conflictivo que escribir. Pero escribir es mucho más intenso en todos los sentidos, cuando lo logro y cuando no.
El otro día no sé qué le dije a mijita sobre qué libro (algunas de mis epifanías de lectura, esas que me hacen decir cosas enormes) y ella me contestó: "A mí nunca me pasó algo así con un libro". Una pena no acordarme qué le dije y sobre qué libro (de todas las enormidades que he estado leyendo). Recién ahí me avivé de que no es común esto que me pasa como lectora. Y mirá que conozco muches lectores, buenes, mediocres, caretas, pero muchas veces siento que es falta de expresión o de comunicación externa de lo que sienten al leer, nunca pensé que no lo sintieran como yo.
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