Con la llegada del calorcito y sin necesidad de pegarme a la estufa, me gustaría sentarme de nuevo en el escritorio que funciona como escritorio en la biblioteca, pieza que funciona como biblioteca (además del resto completo de la casa). Pero la Tigri se ocupó mi butaca y me da pena sacarla. Otras veces la dejo a ella ahí y pongo para mí una silla de las del comedor, pero son muy duras para una jornada completa de escritora.
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