La jubilada, en dos días cumplimos 4 años de, va a contramano del tiempo y del espacio. Se desplaza por su palacio, cubil, habitáculo, vivienda, laberinto, como sierpe de mirada que petrifica, como lombriz de tierra, humus, como hidra que ni te me acerques. No tiene horarios, no sabe de tareas programadas por fuera de la propia neurosis, del llamado de la selva, del picor de la entrepierna. Ahora tenemos sueño, sueños, ahora hambre, ahora un pucho, ahora baldear el patio, cortar limones, sacarles fotos a la bignonia, ir al chino, volver, hacer empanadas de espinaca, fideos con manteca y queso rayado, ensalada de zanahoria, pepino, tomate, dos lechugas. Ahora pasarse todo el feriado leyendo a la Úrsula K, ahora llorar soledad, rememorar la vida de madre pariendo, reescribir el cuento del hada y de la caminante, reiniciar proyecto novela con diccionario en 40 tomos. Hasta mañana.
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