miércoles, 19 de agosto de 2026

Lucho por

 No salir corriendo a contarle a nadie todo lo que hago, lo que descubro, lo que me gusta, lo que pienso, lo que planeo. Hasta me aguanto de contártelo acá, o casi. Hasta le ahora a mis tres hijes la obligación de bancarme, de decidir si la madre está loca, es rara, pesada, vieja o qué. Me lo guardo para mí. Me cuesta. Como si tuviera obligación de compartir. O fuera demasiado infantil o tuviera miedo de ser amarreta, mezquina. Incluso con gente que es un asco de agarrada, que no se abre ni entrega nada. Como si mi costumbre fuera la entrega, el sacrificio, el "autopercibirme buena" (Magdalena dixit) y poner siempre la otra mejilla. Qué joder. Hablo más con los perros, las gatas, mis árboles, mis plantas, los pájaros, el espejo. Cuando me dan ganas de hablar con otras personas solamente el pensar lo que me van a contestar, las pelotudeces cortas y secas que me contestan siempre, ya se me van las ganas. Por supu que hay alguna gente que me deslumbra y me hace feliz cada día pero es más por lo que me da que por lo que recibe de mí, así que quieta, guardarse.

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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...