Pienso si decirle a Rafa o no todo lo que me dijo la vete de Fido: cosas que ya sabíamos, obvias por su edad, pero él no quiere medicarlo y gastar plata pero yo no puedo no hacer nada. Se lo digo en un audio. Me dice que ya viene. Me animo y empieza a salirme una angustia que lleva años ahí atragantada. Mi mamá con un trapo de piso limpiando el pis que va dejando mi abuela, la nonna, su suegra, por el comedor y diciéndole que se meó y la vieja diciendo que no y las dos gritándose su odio mutuo. Todes nosotres callades, sin posibilidad de decir ni hacer nada, viviendo nuestras niñeces entre esos filos.
Se lo conté a Rafa porque no es necesario ya, ya no, que le evite ningún dolor a nadie a costa de dolerme yo sola. Le cuento también que cuando tuve a Julián, a los 21 años, sola, maltratada, triste, sin saber dónde poner mi alegría por el bebé, mi mamá me dijo que si con eso "revivía" a la nonna ella me mataba. La vida y la muerte como culpa, como deseo, como esperanza bicha. Una mierda. Y yo nunca se lo había contado a nadie, absolutamente nadie. Ni siquiera se lo había reprochado a mi mamá.
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