Esta mañana cuando abrí los ojos y vi que había luz en la ventana, que eran las 9 y Fido ni había llorado nin llamado en toda la noche me sospeché algo. No era la primera mañana que pensaba que lo mejor era que se quedara dormidito, pero constatar lo inevitable duele igual, sorprende igual, te hace sentir chiquita y desvalida igual.

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