jueves, 25 de julio de 2019
Al límite del enconche o del desconche
El último viernes antes de receso invernal todavía tuve que soportar dos horas de pastoreo con alumnado completo a fuera por amenaza de bomba. El jueves me había rateado sin ni siquiera avisar en el momento ni buscar justificativo. Antes de salir tomé estas fotos preguntándome a mí misma por qué, teniendo cama y tanto para leer, tenía que ir a trabajar.
Lujos de pre-jubilada
Elijo los temas que quiero, me salteo unidades, meto libros que no van, me paso por el traste las opiniones de les colegas, le digo a les pibes todas las verdades de la milanesa (aunque siempre lo hice, ahora he notado que siempre se puede soltar un poco más la cadena)
Tercera temporada de La casa de papel
La casa de papel: Ayer me vi completa la tercera temporada. Como volver a tener noticias de amigos geniales que la estaban pasando genial como se merecen. Amo a Tokio y a Río, a Nairobi aunque no sé qué onda eso de enamorarla ahí donde no. El profesor y Vancuver (no era ese nombre) están bien pero no me vuelan la cabeza. Y Denver padre con Estocolmo están demasiado secundarios para mi gusto. Un grano en el culo el denso de Palermo, muy fuera de línea, muy pelotudo típico argentinoporteño llorón. Sigue excelente la forma de narrar, la voz narradora de Tokio y los flashback que nunca aburren. Ya anoté ayer por acá algunas frases geniales. Punto especial para Nairobi indicándole el patriarcado a Palermo.
Lisboa, la policía enamorada del profesor es Lisboa.
¿Quién, a esta altura, no pensó todavía qué ciudad sería? Yo... a lo loca, diría Sevilla. Pero mi cuerpa de barro mesopotámico corregiría: Corrientes (por buscar raza y no historia maternal negada). Pero mi lengua lesbiguacurú corregiría: Gualeguaychú. Y habría que estar en la situación realmente para saber a cuál de todas mis amoras territoriales le sería fiel.
La vaca une y la alcachofa divide. Pero come sano, come coño vegano.
Bum bum chau. Tú te has quedado en la estacada para siempre, amigo.
Mira, cariño, cariño, lo que te he traído! Manteca coloraa
Aquel día llovieron sobre Madrid 140 millones de euros. Fue nuestra manera de decir Hemos vuelto.
Lisboa, la policía enamorada del profesor es Lisboa.
¿Quién, a esta altura, no pensó todavía qué ciudad sería? Yo... a lo loca, diría Sevilla. Pero mi cuerpa de barro mesopotámico corregiría: Corrientes (por buscar raza y no historia maternal negada). Pero mi lengua lesbiguacurú corregiría: Gualeguaychú. Y habría que estar en la situación realmente para saber a cuál de todas mis amoras territoriales le sería fiel.
La vaca une y la alcachofa divide. Pero come sano, come coño vegano.
Bum bum chau. Tú te has quedado en la estacada para siempre, amigo.
Mira, cariño, cariño, lo que te he traído! Manteca coloraa
Aquel día llovieron sobre Madrid 140 millones de euros. Fue nuestra manera de decir Hemos vuelto.
Aprenderás que hay muertos diferentes
Aprenderás que hay muertos diferentes
Los hay inquietos como luciérnagas ingenuas
despertando a la noche para un juego de luces que sólo existen en su sueño
y son tan inocentes que no debieran haber muerto
Los hay indiferentes como cruces caídas cara al cielo
porque no esperan ya ni el recuerdo que se echa
como un mendrugo al perro deshauciado
Muertos un poco locos de esperanza los muertos
que creen en la palabra que les dieron
y acercan su oído de arena a los vientos nocturnos
esperando escuchar su nombre en boca de otros muertos
Muertos de ceño torvo los muertos acreedores
que no quieren saber que han muerto muerto muerto
y pegan sus manos como estrellas de un hueco mar sobre el pecho del durmiente
y desvían un poco en el reloj del corazón la manecilla
Muertos ya todos polvo Muertos ciegos de muerte
Muertos de sí mismos vaciándose
que están ya más cerca que nadie de la vida
Josefina Plá, “Aprenderás que hay muertos diferentes” (Invención de la muerte, 1965).
Los hay inquietos como luciérnagas ingenuas
despertando a la noche para un juego de luces que sólo existen en su sueño
y son tan inocentes que no debieran haber muerto
Los hay indiferentes como cruces caídas cara al cielo
porque no esperan ya ni el recuerdo que se echa
como un mendrugo al perro deshauciado
Muertos un poco locos de esperanza los muertos
que creen en la palabra que les dieron
y acercan su oído de arena a los vientos nocturnos
esperando escuchar su nombre en boca de otros muertos
Muertos de ceño torvo los muertos acreedores
que no quieren saber que han muerto muerto muerto
y pegan sus manos como estrellas de un hueco mar sobre el pecho del durmiente
y desvían un poco en el reloj del corazón la manecilla
Muertos ya todos polvo Muertos ciegos de muerte
Muertos de sí mismos vaciándose
que están ya más cerca que nadie de la vida
Josefina Plá, “Aprenderás que hay muertos diferentes” (Invención de la muerte, 1965).
Con la guita que me ahorré en el tender
Mil pesos un tender no pago ni en pedo pero dos de la Úrsula por 800 me pareció una ganga.
Mil pesos un tender y sin alitas 785. Me quedo con mi soguita de patio y los calzones metidos en el horno.
Mil pesos un tender y me voy hasta la otra tienda y me dicen que lo tienen de oferta: 975
Mil pesos un tender. Y yo salí con un billete de 500 pensando traer cambio. Y el de la ferretería me aclara "pero con dos alas". Ni que lo quisiera para hacer Nido, che
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Lunes por la madrugada...
Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...
que sonríe cómplice de amor...




























