lunes, 31 de diciembre de 2018

Lista para leer porno y La China Iron ahí

Erotismo y ficción. ¿Cómo escriben sobre sexo los autores argentinos?

La literatura busca formas renovadas para el relato del sexo: la belleza encuentra atajos en la intimidad insinuada.




VERÓNICA BOIX

26/10/2018 - 18:48 Clarin.comRevista ÑIdeas


Hoy el único tabú parece ser el pudor. Toda regla se esfuma en la diversidad actual de Eros. De ahí el desafío que implica escribir sobre sexo. Sin embargo, desde los clásicos, el deseo y la moral tensaron un duelo que forjó a lo largo de la historia distintos modelos para abordar el tema en la vida y en el arte. Del eufemismo al cliché, hoy el reto se vuelve casi imposible en una era en la que las imágenes parecen mostrarlo todo. ¿Cómo escribir sobre una experiencia que está sobreexpuesta?

Se dice que la cultura contemporánea desarmó los viejos moldes y recuperó la libertad para abordar la sexualidad desde la diversidad individual. El encuentro de los cuerpos ya no es un secreto íntimo sino que se multiplica en las pantallas a la vista de todos. Solo que esa proliferación no necesariamente muestra la complejidad del encuentro con el otro. Dicho más simple: en las escenas sexuales los cuerpos suelen ser perfectos; el encuentro, apasionado; y los amantes acaban siempre. Ni hablar de la pornografía que lleva las fantasías a estereotipos ridículos.

Y en su proliferación la imagen ubicua deja un vacío que, curiosamente, puede volverse el terreno fértil de la literatura. Al menos eso piensa el escritor argentino Andrés Neuman, que viene explorando el tema en novelas como Hablar solos o la más reciente, Fractura. “Así como la pintura se liberó formalmente al desarrollarse la fotografía, creo que la escritura queda exenta de ciertas servidumbres gracias a los estímulos audiovisuales. En la era del porno instantáneo, no necesitamos descripciones físicas, sino reflexiones sobre esos cuerpos o sobre los conflictos de sus sujetos. Pero, al mismo tiempo, el mercado audiovisual ha generado unos estereotipos físicos totalmente alienantes. Para mí, una de las funciones más ambiciosas de la literatura sería combatir esos paradigmas de belleza”.

Neuman los combate con una sensibilidad inusual en Fractura, donde cuenta la vida de Watanabe a través de la mirada de cuatro mujeres que fueron sus parejas. Así consigue reflejar el modo en que la sexualidad se va transformando con el tiempo. ”Me conmovió narrar el envejecimiento de cinco personajes a lo largo de sus vidas, cómo su experiencia del amor, el sexo y el deseo evolucionan con los años. Quizá la belleza consista en venerar el tiempo que atraviesa las cosas”, dice el escritor radicado en España.

Hay que desconfiar de esa presencia masiva de la imagen para contar una experiencia que resulta visual solo en sus bordes. La psicoanalista y docente de la UBA Alexandra Kohan encuentra en la literatura un espacio mucho más rico a la hora de explorar el sexo. “Las imágenes dan la ilusión de que podría ocuparse todo (un verdadero agobio). Y es ahí que la palabra viene a escandir ese “todo” y a producir resquicios por donde puede pasar otra cosa, resquicios por donde puede empezar a respirar el deseo. En ese sentido, no es que la palabra venga a disputarle un territorio a la imagen sino que, más bien, ella misma produce un territorio en el que el sexo nunca podrá narrarse del todo. La opacidad del lenguaje hace que nuestros cuerpos nos sean, además, inaccesibles per se. La imagen pretende iluminarlo todo, pero el sexo insiste enigmático y se va acomodando a la sombra, en la opacidad. Me gusta cuando Juan Ritvo dice que “un cuerpo es sombra que se adensa, forma plural hecha de una pluralidad de agujeros”. Esa densidad y esos agujeros no están en la imagen, sólo se precipitan por y en las palabras. O cuando Roland Barthes dice: “El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo”. Me parece que se trata de un deseo suscitado en las antípodas de la imagen ubicua”, señala.

Al parecer la falta es inseparable del deseo, como bien dice Anne Carson en Eros el dulce-amargo (Fiordo), ensayos en los que la poeta canadiense explora las implicancias del amor y el deseo a partir de la obra de Safo. Sí, el tema es tan antiguo como la humanidad, pero cada época se encarga de renovar el valor de los mitos viejos.

“La literatura puede funcionar, justamente, como un velo necesario para producir ese juego de luces y sombras, esa alternancia necesaria para que se suscite deseo”, piensa Kohan. “La potencia de la literatura está en su forma. Si puede o no explorar zonas, dependerá de cómo diga esa literatura. Nuevamente se trata de cómo hacer con las palabras para que se circunscriba una zona, no para que se revele, sino para producir una imposibilidad ineluctable: no todo puede ser expuesto; no toda la intimidad puede ser narrada porque no hay forma de saber sobre eso. Hay un hiato entre la intimidad y el saber. Por eso la literatura que pretende expresar esa intimidad, que pretende que ese hiato no existe, es la que menos me interesa. En cambio existe otra literatura que subraya ese hiato, que lo produce, que designa ese lugar por donde la intimidad se choca de frente con un muro infranqueable y estalla en mil pedazos”.

Del encuentro entre intimidades diversas y mitos nacionales nace la novela Las aventuras de la China Iron de la escritora Gabriela Cabezón Cámara. Si en el Martín Fierro la libertad está fuera de la civilización, en esta historia está dentro de los cuerpos. Es decir en la exploración del deseo, de la identidad y del pensamiento. Hay escenas pornográficas, como una orgía gauchesca, pero también otras donde la complejidad de los encuentros deja un espacio imaginario para que el lector explore las profundidades de su propia experiencia.

“No está toda la intimidad a la vista: nadie la muestra toda y no es tan fácil de representar tampoco –no nos olvidemos que lo que se nos muestra y lo que mostramos como “intimidad” es una representación–. En Las aventuras de la China Iron quise contar la luz de los descubrimientos: toda la novela es, en cierto sentido, eso, un intento de representación de lo luminoso, de lo alegre de la vida visto en los ojos de una chica, una nena casi, que experimenta la libertad –y la aprende yéndose de lo que la ataba materialmente, por supuesto, pero eso sucede, también por supuesto, con cierta liberación de la lengua, con juegos–. El sexo de la novela se cuenta desde ese mismo punto de vista: la belleza del descubrimiento de posibilidades que jamás se le habían ocurrido, que no sabía que existían. Por lo demás, sinécdoque, como siempre, de un goce del que es imposible dar cuenta completamente”, dice la escritora elegida para representar al país en la Feria de Francfort.

Más allá de asumir esa imposibilidad de totalidad, persiste la necesidad de encontrar los nombres para la emoción profunda que provoca la intimidad –fugaz o duradera–. Los escritores se aventuran en imágenes más o menos explícitas para acercarse. Podría pensarse que en un extremo están los autores que privilegian un modo fisiológico, digamos que se centran en lo corporal; en el lado opuesto quedan aquellos que privilegian la solemnidad y colocan murallas al mundo privado. A esta altura las dos suenan, cuanto menos, incompletas.

Más allá de esos opuestos, hay poéticas que logran construir una épica personal y dan con el hueso de la experiencia sexual, hecha de esos descubrimientos que revolucionan y que, de algún modo, al ser atrapadas en una escena se vuelven universales. Claro que esa no es una tarea simple.

Así es que en La ilusión de los mamíferos (Random House), la segunda novela de Julián López, la intimidad encuentra un lenguaje indómito: los sentimientos son tan pornográficos como los cuerpos. Con una prosa poética y desbordada, López narra el encuentro de dos hombres todos los domingos. “ Cuando me di cuenta de que estaba escribiendo una novela de amor me impuse la tarea de que hubiera escenas de sexo puro y duro, quería abordar la cuestión de la lluvia dorada, la percepción del encuentro sexual como una manera de la devoción, de la rendición, del surrender, como dice en alguna parte de la novela”, dice López.

Algo de la prosa poética de López lleva a pensar en los Pornosonetos (Emecé) de Ramón Paz, el seudónimo que usó el escritor Pedro Mairal para publicar hace años en un blog una serie de sonetos que tenían imágenes sexuales explícitas entrelazadas con experiencias de vida. Van del humor a una sensibilidad que eriza la piel.

Si el lenguaje adopta una forma absolutamente contemporánea, la frontalidad para hablar de los cuerpos tiene raíces más antiguas. Ya en la literatura clásica pagana el sexo representaba un aspecto más de las acciones humanas. Es decir, el universo erótico no se solapaba detrás de vocabularios, tabúes o prohibiciones. Basta pensar en obras como El Satiricón, de Petronio y El arte de amar de Ovidio para entender como los romanos encaraban el tema.

Inés Garland es escritora y tradujo, entre otras, la obra de la poeta norteamericana Sharon Olds, reconocida por su modo descarnado de hablar del sexo, la maternidad, los vínculos. Será por eso que en la novela reciente de Garland, Una historia más verdadera, el sexo se mueva entre dos amantes y los va uniendo, sin que sus cuerpos sean perfectos, ni sus reacciones ideales. Las imágenes se conforman a partir de la mirada eclipsada de una historia que ya terminó. Hay una pasión melancólica que dota de una intensidad inusual cada encuentro. Así se forma una intimidad tan singular que se vuelve la de cualquier amante.

A decir verdad toda su obra es en alguna medida la exploración del sexo. “Creo que lo más interesante de la literatura es ese espacio que completa el lector, lograr el equilibrio entre decir y callar”, dice Garland. “Es el arte de la conversación, dejar algo en el anzuelo para que el otro se enganche, ir abriendo puertas alternativamente o juntos. Cuando todo está a la vista, el sexo me atropella, no me deja encontrar mis particularidades, no me deja explorar. La casa que tengo adentro es inmensa, hay cuartos que nunca abrí. Me interesa abrirlos. Las imágenes, tantas veces trilladas, reducen mi capacidad de completar a mi manera lo que otro considera su placer”.

No todos eligen los velos a la hora de aventurarse en la intimidad. Basta pensar en El espectáculo del tiempo (Seix Barral) la novela total de Juan José Becerra que incluye momentos de alto voltaje pornográfico como una escena de zoofilia o el encuentro de una pareja que se filma mutuamente mientras se masturban. O la más reciente Hasta encontrar una salida (Compañía Naviera Ilimitada), la tercera novela de Hugo Salas en la que el sexo y la pornografía son explícitos, pero además forman parte de la trama ya que uno de los protagonistas es un antiguo artista porno, otra es un ama de casa que solo logra disipar la sensación de vacío cuando conoce a Alejo, el tercer personaje central, un chico que se dedicaba a ser escort.

Como fuere, esa búsqueda por nombrar la intimidad se vuelve un verbo móvil. ¿Cómo superar la dificultad de lo que no puede asirse? “Quizás un objetivo sería resultar sugerente pero nunca eufemístico, alcanzar algún tipo de elegancia sin puritanismo. Hace poco leí unas reflexiones de Garth Greenwell (autor de la novela Lo que te pertenece) con las que me sentí identificado. En la prosa literaria, venía a decir, la desnudez corporal no puede distinguirse de la emocional. Es decir, la superficie visual como propiciadora de la acción interior: emociones, pensamientos, contradicciones, recuerdos. Ningún lenguaje analiza esos materiales de manera más completa que el verbal”, dice Neuman. En el fondo, será cuestión de seguir buscando las palabras capaces de contener el eco nítido entre la experiencia y el lenguaje para, al fin, alcanzar el espacio insondable de la intimidad.

La respiración Gruss, el énfasis Gruss, el encabalgamiento Gruss

A los 68 años, murió la poeta Irene Gruss
Una poesía despiadada y bella a la vez
Tenía una ironía que aplicaba incluso consigo misma. Le imprimió un tono muy personal a su obra, que empezó a publicar a principios de los 80. Hace diez años se dio a conocer el volumen La mitad de la verdad, con su poesía reunida. También escribió la nouvelle Una letra familiar.
La de Gruss es una poesía que se resiste a ser clasificada y encerrada en una nomenclatura o corriente literaria.
La de Gruss es una poesía que se resiste a ser clasificada y encerrada en una nomenclatura o corriente literaria. 
“Sabe reír. En medio/ del dolor se ríe/ y juega”, escribió la excepcional poeta Irene Gruss en “La risa”, un poema dedicado a Hebe Uhart. En estas fiestas tan tristes, con tantos muertos, no es fácil reír. La poeta murió a los 68 años en el Hospital Español, tras sufrir una grave deshidratación. La risa de Irene suena como eco de su ironía, como escudo contra el dramatismo que tanto detestaba, como sonido salvaje de su inteligencia, sin compasión hacia nadie. Ni hacia ella misma, que muchas veces era la primera víctima de su propia acidez. “El poema es ficción; podés contar la muerte de tu madre, pero no es un poema. Ficcionar no es inventar, es hacer un objeto estético con lo que te pasa o con lo que pasa en general”, decía Gruss. Imposible no rendirse ante la belleza de sus poemas; una poesía que se resiste a ser clasificada, que no puede ser encerrada en una nomenclatura o corriente literaria. Algunos versos podrían ilustrar esa proximidad a lo inclasificable:  “Creo en lo que dicen las palabras,/no en lo que son./ Por eso me miento a mí misma” (“La ficción”); “El corazón es un árbol/ que canta cuando le duele/ la sed que le va sobrando, el agua que no bebe” (“Copla”); “Mi voz dice lo que no quiero decir,/ mi voz tiene otro tono,/ lo que quiero decir no lo dice, dice otra cosa” (“El tono”).
Cuando era una niña, Gruss –que había nacido en Buenos Aires, el 31 de agosto de 1950– escribió en su cuaderno íntimo que iba a ser escritora. De adolescente le causó mucha impresión ver una foto de Marguerite Duras, “feísima, con aire de interesante”. Pero el “mandato” de la letra impresa fue ganando cada vez más terreno. Leyó todos los libros que le compraba su padre de las ediciones Aguilar en papel biblia. Entonces se alimentó de mucha poesía de la Guerra Civil Española, Pablo Neruda, Honoré Balzac y Anton Chéjov. De los ocho hasta los veintiún años participó en coros bajo la dirección del maestro Antonio Russo e intentó canto individual supervisada por Susana Naidich. Su vocación precoz con la escritura tuvo su bautismo de fuego en el taller de Mario Jorge De Lellis, al que ingresó a fines de los años 60, principios de los 70; taller que compartió junto a Jorge Aulicino, Alicia Genovese, Daniel Freidemberg, Marcelo Cohen y Leonor García Hernando, entre otros poetas. Leer sus primeros poemas, escuchar los de los otros y “darse con un caño” le permitió entender de qué se trataba escribir poemas. Publicó los poemarios La luz en la ventana (1982), El mundo incompleto (1987), La calma (1991), Sobre el asma (1995), Solo de contralto (1998), En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000) y La dicha (2004), libros incluidos en su poesía reunida, La mitad de la verdad (2008) y en la antología  personal Humo (2015), publicada en España, con una sección de poemas inéditos. Es autora también de la nouvelle Una letra familiar (2007).
El tono era una obsesión de Irene. “De entrada, Gruss nos mete en su casa: en su cuerpo, en su yo poético, en su tercera persona que de todas maneras es casi siempre primera y donde nos quedaremos hasta el final del libro –plantea Mirta Rosenberg–. Los poemas compuestos en verso libre, libérrimo, sugieren tanta coherencia y unidad como si fueran perfectas formas cerradas, pero personales. Es la respiración Gruss, el énfasis Gruss, el encabalgamiento Gruss, puestos al servicio de (en sagrado matrimonio con) sus objetos. Condensada en su primer libro, enemiga de la dilatación, de la dilación, la sintaxis poética se va haciendo cada vez más compleja, dada a la repetición enfática y exitosa, a citas de poemas anteriores, de ideas anteriores que ahora se desdicen pero nunca del todo, porque Gruss sabe qué hacer con la ironía tanto como con la emoción”. El registro intimista en la poesía de Gruss en los años 80 y 90 podía ser despiadado y bello a la vez, como si supiera cómo darle belleza al horror. Quizá el poema que mejor condensa esta cuestión sea “Mientras tanto”, que alude a los desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar: “Yo estuve lavando ropa/ mientras mucha gente/ desapareció/ no porque sí/ se escondió/ sufrió/ hubo golpes/ y / ahora no están/ no porque sí/ y mientras pasaban/ sirenas y disparos, ruidos secos/ yo estuve lavando ropa,/ acunando,/ cantaba,/ y la persiana a oscuras”.
En una entrevista con PáginaI12 por la publicación de La mitad de la verdad, la poeta analizó cómo evolucionó su proceso creativo. “No sé si avancé a retrocedí, pero sí sé que fui ampliando el abanico de mi escritura. Lo fui abriendo a medida que fui escribiendo los libros, como si fueran guirnaldas japonesas. Yo no soy para nada programática, salvo las dos series del asma y la vista, que tampoco fueron programadas sino que las escribí de un tirón, no pensé que iba a escribir sobre eso, pero el tono lo elaboro muchísimo. Y sé el tono que quiero para cada libro. Cuando escucho el tono que era de un libro anterior, lo saco. Estoy permanentemente alerta a no hacer más de lo mismo, a no ser una fotocopia de mí misma, a no caer en el yeite de Irene Gruss”. 

Adios, Irene

Amo su poesía y un par de veces la vi leer en ciclos y me pareció una mina genial.
En una nota que ahora te copio, la llaman "despiadada". Y claro: que no tiene piedad. Si la piedad es tan cercana a la lástima y es tan horrible creerse con derecho a sentir lástima por alguien o algo cuando una está tan ocupada en vivir la propia vida lo mejor y más ampliamente posible.

Siempre con las pibas

El mundo de Sabrina

Mi nuevo amor adolescente. Me haca acordar a cuando mirábamos la serie vieja hace dos mil años. Esta es menos infantil y más oscura. Tipo Harry Potter 3.
Me gustan las tías y la prota y el novio. Un poco recargado lo del señor oscuro tan cabra y las típicas brujas de cofradía envidiando a la elegida. Seguiremos.

Crónicas de Lizzie Borden

Entretenida pero olvidable. Mujeres locas, gore, tópicos de la asesina en serie bien planteados, buen final.
Debe venir de una primera parte que no conoczco, voy a buscarla. Me gustó la estética aunque les personajes y conflictos son muy planos.

Orange is the New black

Las amo a todas: Peiper Chapman y su novia dentro y fuera de la cárcel, Susan, Roja, la loca del casamiento, la adicta, la lesbiana pelirroja, la machorra vieja, las hermanas malvadas, la vieja freak, la que muere de escape antes que de cáncer, la directora que se coje por odio al intendente y después terminan como terminan, las grupas de latinas y sus familias disfuncionales, María, Tiya, Pusey, las rapadas nazis, la yogui, la estrella culinaria.
Seis temporadas geniales. Como vivir con ellas, compartir cada sufrimiento, cada duda, cada cambio, cada crecimiento. Absolutamente todes les personajes y situaciones son hermosos, vivos, enteros, amigues que se quieren y comprenden desde el lugar de espectadora.
Me encantó el procedimiento de conocer a las personajas en su presente de cárcel, amarlas ahí y luego ir sabiendo cómo fue su vida, cómo eran antes de ser presas.

You

You: acabo de ver los tres primeros capítulos y no sé sí es una comedia romántica, una parodia de comedia romántica, un drama sin rumbo o una suma de golpes bajos mal resueltos.



Terminé los 10 capítulos y en el último me di cuenta de por qué me la fumé toda: los protabsesiones con la literatura me atrapan.


En el final, ella, encerrada por el maniático, hace un recuento de su historia en un texto escrito afiebradamente. Su vida se narra con cuentos de hadas y sus versiones. Ella dice que se dio cuenta de que no tenía la magia que transforma a la bestia en príncipe. Muy buena la secuencia para ver cómo nos echamos la culpa de los desastres del amor romántico en nosotres.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Entrevistada en pleno ecosistema

Hoy, tipo siete de la tarde, en medio del showroom en casa de mijita en el que armamos mesita para agendas y ediciones artesanales, mesita de poesía mía, mesita de galletitas navideñas de Belén y mesita de mis tejidos, a la Euge se le ocurre agarrar un florero y una vela e improvisar un living en el pasto para entrevistarme y hacerme leer algunos poemas de Hija natural. Luci filmó, 20 minutos dicen que fue el videíto que dicen que van a editar. Cómo las quiero a estas pendejas.

Blues postnuclear

sábado, 15 de diciembre de 2018

Y también ya fue la muestra de canto: Qué diciembre más urgente


Ayer salio Concierto de mis estudiantes de canto. Felicitaciones a todos los participantes!!! 🎶💕🎶 Alejo Ferreiro Agustín Albornoz Alejo Borgueahut

De repente un lunes me dijeron si quería participar y dije que no, pero fue sí

Mañana toco y canto un tangazo acá: Mano a mano, de Celedonio Flores.

Más poecartones

Cada vez más rústicos, más ásperos, con la ternura agazapada y florecida.


Primera feria del libro feminista


Ya comenzó la 1ª Feria del Libro Feminista.
Paula Irupé Salmoiraghi autora del libro "El cajon de las manzanas podridas" estará con su libro y otros más de la Colección Poesía deBaltasara Editora.
LUN., 10 DIC.
Santos Dumont 4040, 1427 Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...