sábado, 17 de octubre de 2026

Hasta los cagadones salieron bien

 Dos horas cuarenta viajando en 53 y 47 porque renerviosa de no llegar y cargada con 18 libros y sin llevar tablet porque peso y miedo a golpearla, perderla, arruinarla. Allá nuestro bibliotecario de Ansible tenía ya lista la pantalla, con compu y todo hermoso.

Acelere total porque iba llegando mucha gente desconocida y me olvidé de imprimir la guía de ejes y textos y autores que yo misma había preparado para ir leyendo. Una de las autoras, hermose, había impreso una copia que les mandé por mail y me la cedió para agarrame del papel y hacer stand up de maestra ciruela.

Mucho público, ventas apenas llegué, me enredé con alias y efectivo, no tenía bolsillo para guardar dinero, no me daban las manos ni la cabeza para manipular libros, señaladores poecartones, sillas, mesas, celus. La gente sonreía y cada une se fue ubicando con paciencia mientras mijito mayor me trajo otra caja de libros y se ocupó de mi bolso enorme y de guardarme la plata como cuando yo lo mandaba cerrando bien la manito a hacer los mandados.

Dos de las seis personas autoras que tenían que leer sus textos no llegaban. Ni a las 18, ni a las 18.15. Les mandé mensaje y no me respondían, les había hablado en la semana, el día anterior y estaba todo bien. Arranqué haciendo de debilidad fortaleza, payasada en vivo y en directo, le enchufé un audio a uno de los retrasados delante de todo el mundo y todes lo abuchearon y/o alentaron a que llegara de una vez. La otra llegó cuando ya habíamos empezado y se ubicó bien donde pudo. Uno de los asistentes me dijo después que lo mejor había sido esa parte informal en la que invité al público a conversar y reirse conmigo de la previa que no arrancaba.

Los ejes que había pensado y los debates que fui abriendo sobre la antología causaron curiosidad e interés entre el público, me encantó hablar e ir dando las palabras a cada autore que leyó o presentó o comentó lo que quiso. Pasamos video de Laura desde España y de autora mendocina. Cuando eran las 19.40, Carles me avisó que faltaban veinte minutos para las 8, nuestro limite porque después había otro evento y yo estaba más que contenta del recorrido, del clima creado, de la comunicación lograda y ya quería callarme, dejar de sonreir e irme a mi casa. Tenía sed y la gente del bar se disculpó por no haberme ofrecido nada para tomar. Pero Julián ya estaba levantando campamento y nos fuimos con la promesa de tomar un helado por ahí. Cuando subimos al auto yo ya no quería más nada, llevame hasta el 53 así me duermo dos horas hasta casa.

Después de la charla, varias personas se acercaron a comprar la Antología, a retirar las adquiridas en preventa y a hacernos firmar nuestros cuentos. Una magia.




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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...