Fragmento de Huaco retrato, de Gabriela Wiener
Cada día me envío a mí misma, desde su cuenta, los correos que
escribió tanto a mi madre como a mi madrastra oculta. Más tarde
olvido que lo he hecho y me sorprendo al ver en mi bandeja un nuevo
correo de papá, con su nombre en negritas, sin abrir, y por un
segundo, solo por un segundo, creo que de verdad me ha escrito,
que me ha llegado un correo suyo desde la muerte.
En sus mails a veces habla de sus enfermedades. Papá se fingió
tantas veces enfermo para volver a dormir con mi mamá sin que su
novia sospechara, y viceversa, que terminó enfermando de verdad. Tenía carpetas distintas, cada una con un nombre distinto de
mujer. Ella y mi mamá tenían su propia carpeta con su nombre, llena
de cartas, y había un par de nombres más, con dos o tres correos.
Archivaba sus relaciones y sus comunicaciones con las mujeres.
Tenía un archivador del amor y otro del deseo. Qué curioso que lo
que podía organizar en carpetas virtuales no podía organizarlo en la
vida.
Al descubrirlo, no puedo dejar de pensar, de temer, de llorar, de
encontrarme explosivamente con la naturaleza humana. Pienso en
Jaime y en Roci, en sus vidas secretas, en las mías, en lo que
siempre he temido, en lo que siempre he temido de mí. ¿Alguna vez
podré dejar de sentir miedo? No me gustaría acabar siendo una carpeta con un nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario