
viernes, 30 de junio de 2023
lunes, 26 de junio de 2023
Laureano Segovia
El hombre que amaba a su gente
Falleció Laureano Segovia, el historiador del Pueblo Wichí
Reconocido por su rescate de la cultura y la vida de su pueblo, el anciano escritor y divulgador vivió toda su vida adulta en Misión La Paz, recostada sobre el río Pilcomayo, el río-Madre al que le rendía homenaje.
6 de febrero de 2021 - 03:32

Dicen que tuvo una buena muerte, la medianoche de ayer. A los 83 años Laureano Segovia abandonó este lugar y andará entre los sabios e imprescindibles que se han ido quién sabe a donde. Partió con la tranquilidad de quien cumplió su objetivo. En 1995, cuando promediaba su vida, se propuso escribir para que su Pueblo tuviera algo con qué probar su preexistencia en ese territorio, disputado por criollos. Años antes de su muerte pudo decir: "Ahora, los wichí tienen libro".
Y no solo uno, cuatro libros tienen, fruto de su trabajo de rescate de la historia y la cultura de su Pueblo, el Wichí.
Laureano Segovia vivió toda su vida en torno al río Pilcomayo, desde que naciera, en 1948, en Misión San Andrés, del lado formoseño del río. Mucho tiempo y trabajo después, vino a radicarse en Misión La Paz, que descansa sobre el lado salteño del río. Tenía un amor muy grande por ese río, al que llamaba "Madre", porque siempre alimentó a su Pueblo.
San Andrés fue una de las misiones creadas por los ingleses cuando llegaron a estas tierras. En ese lugar Laureano conoció el trabajo y también aprendió a leer y escribir, practicando sobre el suelo nomás, porque recién a los 13 años conoció eso de los útiles escolares, lápices y cuadernos. Años después, en 1995, en una noche en vela, impulsado por la impotencia que provoca saberse víctima de una injusticia, ya viviendo en el amplio territorio de los ex lotes fiscales 55 y 14, en el Chaco salteño, tomó la decisión de escribir para que los wichí tuvieran libros.

Ese día había participado de una reunión en el paraje San Luis, convocada por el gobierno del capitán de navío Roberto Augusto Ulloa (que ocupaba la gobernación elegido por el voto tras haber sido gobernador de facto). Tramposamente, los funcionarios dijeron que iban a determinar quién decía la verdad sobre la propiedad del territorio de 648 mil hectáreas que se disputaban criollos e indígenas: preguntaron a los criollos (los chaqueños) si eran los dueños, dijeron que sí y, como prueba, exhibieron un libro. Preguntaron a los wichí, dijeron que sí; les pidieron entonces que mostraran donde estaba escrito. Nadie pudo levantar la mano.
Esa noche Laureano decidió que iban a tener una prueba escrita de su existencia en ese lugar, donde siempre vivieron. En 1996 publicó el primer libro, Lhatetsel (Nuestras raíces-nuestros antepasados), escrito íntegramente en lengua wichí.
Laureano recolectó las historias de su padre, sus abuelos, sus tíos, ancianos y otros "paisanos", todo aquél que recordara su pasado. Durante 20 años recorrió de una punta a otra, de Argentina a Bolivia, 35 comunidades instaladas a la vera del Pilcomayo. Esas historias quedaron grabadas en 300 casetes que guardaba celosamente en su Taller de Memoria, en Misión La Paz.
El cólera y la covid
Salta/12 visitó a Laureano Segovia en su taller a principios de marzo de 2020. La pandemia de la covid-19, de la que recién se empezaba a hablar aquí, le provocaba tristes recuerdos, de la peste del cólera que en la década del 90 se abatió sobre las poblaciones en la cercanía del Pilcomayo.
Andaba precisamente en el rescate de historias cuando en 1992, junto a su hijo todavía niño, visitó Villa Montes, en Bolivia. De regreso hicieron noche en Crevaux, donde compartieron con una familia. Al día otro día siguieron el viaje, en bicicleta y llegaron a Misión La Paz al atardecer. Esa noche su nuera comenzó con dolor de estómago, vómitos y diarrea; a las 9 de la mañana del día siguiente su hijo empezó a sentirse mal, también con diarrea y vómitos.
El relato de lo que sigue es también una crónica de las carencias que soportan todavía hoy los pueblos originarios: en Misión La Paz no había comunicación de ningún tipo para pedir una ambulancia, el centro de salud ni suero tenía. Laureano buscó toda la mañana un vehículo para trasladar a los enfermos hasta el Hospital de Santa Victoria Este, a 25 kilómetros, recién lo consiguió a las 4 de la tarde. Cuando por fin los enfermos llegaron al Hospital, les pusieron suero pero los médicos no se explicaban qué les pasaba. La mujer falleció a eso de la 1 de la mañana y el niño unos pocos minutos después.
Tengo para contar mi palabra
"Mi papá dijo: Mirá hijo, no tengo estudio, lo que tengo mucho para contar es mi palabra", dice Laureano Segovia en el documental Tewok, que iba a presentarse a principios del año pasado pero no se pudo, por la pandemia.
El escritor Carlos Müller, codirector del audiovisual y uno de los compañeros de caminos de Laureano, lo despidió ayer: “Nos ha dejado Laureano Segovia, wichí del Pilcomayo, historiador, escritor, un hombre que amaba a su pueblo y que siempre luchó por la defensa de su cultura, de su lengua y de la tierra".
El padre de Laureano era analfabeto, pero le gustaban las historias, y transmitió a su hijo ese gusto, que se crió escuchando esos relatos y años después los imprimió en papel.
En 1998 presentó su segundo libro, Olhamel otichunhayaj (Nuestra Memoria). En 2006 publicó Otichunaj Ihayis tha oihi tewok (Memorias del Pilcomayo), y en 2013, Nosotros los wichí.
De esa última obra es el relato de la imagen que ilustra esta nota, Historia de una serpiente que comía gente en el pastizal, tomado de Martiniano Marcelo, de Misión La Paz.
En 2005 el INADI reconoció la labor del escritor wichí, en 2007 Laureano Segovia recibió el Premio The Ken Hale Prize de la Sociedad para el Estudio de las Lenguas Indígenas de las Américas (SSILA) y en 2018 el gobierno de Salta le otorgó el reconocimiento al mérito artístico.
"Para mí es importante escribir porque así no se pierde nuestra cultura wichí. Los jóvenes wichís siguen mucho a la cultura blanca y así nuestra cultura se va perdiendo. Al realizar estos registros bilingües que se transformaron en libros, los chicos pueden aprender”, dijo alguna vez al hablar de su obra.
domingo, 25 de junio de 2023
Rupi Kaur
SE EDITA EN ESPAÑA SU SEGUNDO POEMARIO
Rupi Kaur, el fenómeno generacional que vende millones de libros de poesía
La poeta de 25 años se dio a conocer por redes sociales, ha encandilado a los críticos de medio mundo y ha vendido más de cuatro millones de copias de su primer trabajo
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Por
Paula Cantó
“Dibuja lo que guardas en el corazón”. Las palabras de su madre sembraron el pecho de Rupi Kaur y florecieron con el paso del tiempo. Kaur tiene 25 años y llegó a Ontario desde su Punyab natal, en la India, cuando solo tenía tres. Mujer, inmigrante y de veintitantos. Rupi Kaur ha sabido hacer de su debilidad su punto fuerte, una voz desgarrada en forma de poesía. Rupi Kaur, valiente, renacida, es una de las autoras más vendidas del mundo y avanza, fuerte, a la cabeza de toda una generación que bebe sedienta de sus palabras.
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Kaur bebió a su vez de los haikus que leía con su padre. “Nos pasábamos horas debatiendo sobre un poema de una línea”. Con sus raíces no extraña que dejara a medias la carrera de Derecho, se licenciara en Retórica en 2014 y no tardara en publicar su primer poemario, ‘Otras maneras de usar la boca’. Fue el paso inicial para forjar su voz poética, de enorme influencia feminista y que se ha convertido en una sensación mundial: ha vendido más de cuatro millones de ejemplares, se encaramó durante más de cien semanas en lo más alto de la lista de más vendidos de The New York Times y sus poemas, duros, certeros y amargos, han sido traducidos a treinta y cinco lenguas. Kaur te cogía con ambas manos para mirarte a los ojos y susurrarte verdades descarnadas como un bálsamo curativo. Ahora vuelve a hacerlo con ‘El sol y sus flores’ (Seix Barral). Porque de Rupi Kaur nunca hay suficiente.
"Cada vez que
le hablas a tu hija
que le gritas
sin amor
le enseñas a confundir
la rabia con la amabilidad
lo que parece una buena idea
hasta que crece y
confía en hombres que le hacen daño
porque se parecen demasiado
a ti"
Kaur llenó ‘Otras maneras de usar la boca’ de dolor, de desgarro familiar, de desamor, de violaciones y reivindicaciones, de conocimiento sentimental y versos cortos que caben en la boca pero que hinchan el corazón. “Aquí está mi corazón en tus manos”, resumía Rupi Kaur sobre el volumen que publicó con veintiún años. Se dividía en “El daño”, “el amor”, “la ruptura”, “la culpa”. ‘El sol y sus flores’ regresa a las enseñanzas que mamó en el seno familiar y como las personas, dice, se reparte en fases una vez más: “marchitarse”, “caer”, “arraigar”, “levantarse” y “florecer”. Ahora vuelve al amor de la poesía urbana, a mezclar dulzura y hostilidad, a recuperar la amistad, la pérdida, el deseo, el racismo o los estándares de belleza. Sensibilidad y denuncia se funden, decoradas con ilustraciones minimalistas realizadas por la propia autora. Ella misma -se define meticulosa- se encarga de mediar el espacio y cuadrar la ilustración con la página o elegir el color.
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Kaur gusta de escribir a mano. “No hay tiempo para editar, es cien por cien expresión”, dice. Todos los días, a primera hora de la mañana, coge su libreta y su bolígrafo, siempre los mismos, y anota sin pausa. Cita a Jane Austen, Virgina Wolf o Sylvia Plath. “Mucho del encanto de Kaur proviene de cierta desmañada vulnerabilidad, como un cruce de Charles Bukowski y Cat Power y de su ingenua disposición a soltar lo que sea que se le pase por la cabeza”, definió The New York Times.
"Ayer
cuando me desperté
el sol cayó al suelo y rodó
las flores se cortaron la cabeza
la única con vida aquí soy yo
y yo apenas siento que esté viva"
La voz de una generación
Kaur escribe de desamor y de amor curativo, de la autoestima o la depresión, pero también de problemáticas sociales, de la necesidad del empoderamiento femenino, de la violencia y los abusos o de la inmigración. Sus padres llegaron a Canadá como refugiados en la década de los 90 y tanto ‘Otras maneras de usar la boca’ como ‘El sol y sus flores’ son un retrato profundo de las raíces de Kaur. “La voz de su generación”, la bautizó el USA Today. Y quien pertenezca a ella sabe que no se equivocaron. Si Kaur ha renovado el interés por la poesía ha sido por sus versos directos de temas controvertidos, cubiertos de espinas y que, sobre todo mujeres, han experimentado en sus carnes. Kaur consigue dar forma con palabras a las sensaciones que amarran el corazón y no lo sueltan. Es un fenómeno generacional como pocos, predicadora de los bautizados -a veces con saña- millennials.
Vamos tres años atrás, a 2015. Una fotografía publicada en Instagram dio la vuelta al mundo empapada de polémica: una chica dormía en su cama con una pequeña mancha de sangre menstrual en el pantalón de su pijama. Instagram la eliminó y aseguró que no cumplía “las normas de la comunidad”, contribuyendo así a la constante estigmatización del sangrado femenino. La chica era Rupi Kaur. “Tenía el objetivo de desmitificar la menstruación”, explicó. “No pienso disculparme por no alimentar el ego y el orgullo de una sociedad misógina que acepta ver mi cuerpo en ropa interior pero no una pequeña pérdida”. Instagram rectificó y, con una disculpa, volvieron a publicar la imagen.
Kaur es voz y reflejo de muchas mujeres jóvenes y su fenómeno, fresco y crudo, ha ocupado reportajes y portadas internacionales. “Una de las treinta mujeres de menos de treinta años que están cambiando el mundo”, escribió Forbes. Cuando su primer poemario acampó durante semanas en la lista de libros más vendidos de The New York Times, Publisher’s Weekly dedicó su portada y contraportada a la joven canadiense. “Rupi Kaur está en la cima de una corriente poética”, sentenció The Wall Street Journal. The Times resumió la magia de Kaur: “la poeta que dio en la diana”.
"He sobrevivido demasiadas veces como para irme sin hacer ruido
deja que me lleve un meteorito
pide refuerzos al trueno
mi muerte será grandiosa
la tierra se abrirá
el sol se destruirá a sí mismo"
“Te etiquetan y ya no eres fiable”
El problema de Kaur radica en su canal. Aunque es un cliché que ella está devorando a bocados, que sus creaciones se dieran a conocer vía redes sociales es una losa en el mundo literario, fuente de ataques y burlas. “Te colocan una etiqueta y, por algún motivo, eso conlleva que no te consideren una fuente literaria fiable”, lamentaba la propia Kaur. La autora ha puesto el foco de su expresión en Instagram por sus “posibilidades de atraer a una amplia comunidad de lectores”.
A día de hoy, Rupi Kaur arrastra a masas embelesadas a librerías o cafés donde se abre y predica sus escritos en voz alta. La escritora ofrece recitales poéticos, charlas y talleres por todo el mundo y ha participado en las TEDTalks. En la primavera pasada, su trabajo la llevó al festival ‘Barcelona Poesía’. Su público, a estas alturas, ha traspasado la frontera de las redes sociales y hace cola para experimentar la catarsis que ofrece en sus recitales. “¿Cómo es posible que una mujer blanca de 50 años se identifique con lo que escribo?”, se preguntaba Kaur en una entrevista con The Guardian.
Kaur no controla el monopolio de la poesía en los tiempos de Instagram, pero se alza indudablemente en la cúspide del género. Un género marchito que, como en ‘El sol y sus flores’, cae, se arraiga y se levanta para florecer. Y para vender más de cuatro millones de copias.
Colecta para La herrería
Desde hace 15 años les herreres la yugan bonito bonito: mis hijis hicieron ahí talleres, ahí presenté mi primer libro, hicimos feria y nos meamos de risa en los desbordes anuales, sumamos artistes geniales en las varietés, vimos obras y músicas siempre a la gorra y siempre de lo mejor. A mí nunca me sobra un mango pero para ayudar a la gente necesaria siempre, en algún lado, se encuentra la moneda. Dale!
No está aterrorizada por begonias ni por telegramas
Canción para un camisón rojo
Anne Sexton
No. No rojo del todo.
sino más bien del color de la rosa cuando sangra.
llamado en algún sitio Rosa Schiaparelli
sin querer decir rosa, sino sangre y
esos corazones de canela de tiendas de golosinas.
Se mueve como las capas en los rústicos
pueblos de España. Pareciendo una capa
de fuego y debajo, como un pétalo,
una funda de rosa, limpia como una piedra.
Me refiero a un camisón de dos colores
y de dos capas que flotan desde
los hombros hacia todas partes,
Durante años la polilla las ha anhelado
pero estos colores están unidos por el silencio
y por animales, medio escondidos que observan.
Uno podría pensar en plumas y
no saberlo en absoluto. Uno podría
pensar en putas y no imaginarse
la figura de un cisne. Uno podría
imaginar la tela de una abeja y
tocar su pelo y hacerse a la idea.
La cama está saqueada por tan
dulces visiones. La chica lo está.
La chica se eleva y sale de
su camisón y su color.
Sus alas están atadas a sus hombros como vendas.
Ahora la mariposa es su dueña.
La cubre, a ella y a sus heridas.
No está aterrorizada por
begonias ni por telegramas pero
seguramente esta chica del camisón,
esta formidable criatura alada, no ha visto
como la luna flota a través de ella
y entre ella.
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Lunes por la madrugada...
Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...
que sonríe cómplice de amor...






































