miércoles, 22 de junio de 2016

Ver en tus ojos el nivel del invierno

Cinco textos cortos inéditos de Efraim Medina Reyes

AUSENCIA

Cuando pienso en ti el dolor regresa y me aplasta como hacen los niños con las hormigas. Tu ausencia es mi castigo. Aunque sé que no puedo encontrarte, recorro día y noche el laberinto. Y dentro de mi estúpido corazón el deseo de verte crece y crece como un tumor de terciopelo. Tu ausencia marca el ritmo de mis horas e insomnios. He olvidado mi nombre, he olvidado cada cosa que no se relaciona contigo. La muerte me desgasta incesante y no quisiera morir sin ver en tus ojos el nivel del invierno. La vida es corta pero las horas son infinitas. Tu ausencia me rodea, me ahoga, me desgarra. Tu ausencia es mi único pecado y mi mayor condena. Tu ausencia es el beso invisible del ansia, el verano oscuro, las caricias invisibles. Las nubes pasan, las palabras se apagan y el dolor permanece. El dolor es mi perro fiel, el guardián implacable de esta cárcel atroz, de esta celda sin paredes a la que estoy confinado. Siento tu boca que roza la mía y huye hasta el fin del mundo. Tu imagen se forma y deforma en mi mente, las fuerzas me abandonan y sólo el dolor me sostiene. El dolor es mi único alivio. Busco el dolor como los insectos buscan la luz que les quema el alma. La vida te destruye en algún remoto lugar y mi memoria perfecciona cada uno de tus rasgos. Eres como siempre el resplandor y la lágrima, la dueña imposible de mis emociones. Antes de soñar el amor ya te soñaba a ti. Estás hecha de mi sangre y de mi nombre. Sé que aunque grite no vendrás, que tu ausencia invadirá mis huesos y borrará mi imagen de la mente de quienes me conocieron y juraron recordarme. Hoy es un día soleado, estoy a la deriva en un bosque de pinos. No sé cómo llegué aquí. Estoy esperando una señal, un evento secreto. Inmóvil sobre la hierba.


NADIE AFUERA

No sé que hacen los otros un domingo; tendido en el sofá observo el techo y busco una razón para no pegarme un tiro. El domingo es una dura experiencia, una prueba de fuego a la imaginación. Antes me deprimía y ya era algo, ahora sólo me quedo inmóvil soportando mi humanidad. ¿Qué es todo esto? No hay nadie afuera, soy la última sombra en un mundo de sombras. Como no tengo una pistola optó por masturbarme y mientras lo hago elimino recuerdos e imágenes. El ligero placer anula los detalles, se trata de quemar el mayor tiempo posible. Y me demoro allí, aferrado a esa última opción. Si pienso en qué cosa soy y que haré las justificaciones sobran, pero no intento justificarme. Suspendido en esa delgada línea entre el placer y el asco me pregunto dónde dejé a Efraim Medina sin esperar respuesta. Me levantó del sofá y voy a la ducha, el agua caliente arrastra mis detritus por el desagüe. ¿Qué es todo esto? Afuera el silencio camina en sus zapatos tenis y millones de personas no se conocerán jamás. A través de la ventana veo la luz del atardecer. Bajó, enciendo la tele y viajo por los canales. Me detengo en el 414 para ver un guepardo persiguiendo un antílope. El domingo persiste y mi interruptor de placer sigue en off. Observo la fotografía de una chica desnuda que sostiene un enorme diamante, en vez de una sensación erótica me hace sentir triste. ¿Cómo se llamará esa chica? No hay nadie afuera, también yo soy una foto borrosa en el álbum de recuerdos de Dios.


LA ÚLTIMA VEZ

Soy, en la oscura noche, como un salvaje pájaro sediento de amor. Las palabras zumban como abejas asesinas y luego llega el silencio, tus ojos me observan y logran intimidarme, pero el deseo es una joya absurda que destruye los espejismos. Te levantas de la banca y caminas por un sendero del parque, te sigo, respiro el olor de tu pelo. Sabes que no puedo escapar, que durante mil años esperé este momento. Dejas atrás el parque y te detienes frente a un edificio, el portero abre y le hablas al oído. Te sigo por las brillantes escaleras de madera. Tus piernas se mueven dentro de la estrecha falda, tus senos se agitan, y de repente te detienes, te sientas en uno de los peldaños, recoges la falda y abres las piernas. Me miras desafiante. En la delgada tela del oscuro calzón tu sexo se marca como un sed antigua. Me inclino lentamente y te beso en los labios, abro la bragueta y saco mi sexo, tu boca se libera de la mía, me aferras de la cintura y chupas mi sexo. Te abro los broches de la blusa y las puntas de tus senos se clavan en mi pecho, siento el olor de tu pelo, te lamo la nuca, dibujo con la lengua tus vértebras. Mi sexo se expande dentro de tu boca, tu garganta es caliente y profunda, mis dedos apartan el calzón y acarician tu sexo que se moja lentamente. Mi lengua lame tus senos. Me aferro a tus muslos, a la amplia curva de tus caderas. Meto las manos bajo tus nalgas y te levanto un poco de la superficie fría de la escalera. Durante un breve instante permanecemos suspendidos y luego mi sexo escapa de tu boca y busca tu sexo, te penetro con fuerza, la madera cruje bajo el peso de nuestros cuerpos, mi boca se come tu boca. Y golpeo una y otra vez dentro de ti, tu corazón late contra el mío y el tiempo se eterniza. Giramos, mi espalda se apoya en el borde de aquel peldaño, pero el deseo borra el dolor. Me aferro a tus nalgas y acerco tu sexo a mi boca y lo lamo lentamente, lamo cada hendidura, aprendo formas y sabores mientras tu boca susurra palabrotas cerca de mi oído. Nuestros sudores se confunden. Y luego te sientas en mis piernas y mi sexo entra de nuevo en el tuyo, y subes y bajas. Mi sexo vibra a punto de estallar y te aprieto las nalgas y hundo mi dedo en tu culo y te beso la cara, te lamo el cuello y tu sexo me aprieta más y más... Y entonces giras y me pides gimiendo meterlo atrás y penetro tu culo húmedo y estrecho y te quejas bajito y luego te mueves clavada allí, te mueves cada vez más frenética, tus nalgas golpean contra mi pelvis, el placer destruye el último fragmento de lucidez y me pierdo dentro de ti...


EN UNA BALDOSA

Ser el resultado de una incesante mezcla de culturas es un innegable lastre que me persigue cuando atravieso las ciudades del hombre blanco, al mismo tiempo me define y fortalece. Soy un mestizo de 1.87 m, peso 83 kilos y he aprendido mucho observando a los otros desde mi jodida condición de colombiano. La madre de la primera mujer que amé solía decirle que yo era un pequeño error que estaba a tiempo de corregir y estoy seguro que esa pobre mujer lanzó un suspiro de alivio cuando su hija me mandó al infierno. A ella, la madre, le gustaba la música andina. Siempre he odiado la música andina y amado el rockandroll; detesto la cumbia y adoro el tango y el bolero. Puedo bailar ritmos antillanos tres días seguidos en una baldosa y beber whisky, ron y tequila sin desfallecer jamás. Antes me inquietaba aterrizar en países extraños, lentamente he perdido los miedos inútiles. Sé que ser lo que soy es un lío, que la violencia, la crueldad y el odio son mi sello de fábrica. Y que en Colombia nadie es tan blanco como se siente, nadie puede estar seguro de lo que hicieron o les hicieron a sus más antiguos parientes. Es curioso como en Europa el término extra-comunitario una gente de tantas razas y calañas en una misma fila. Y viajo con mi estúpido pasaporte que despierta suspicacias. Piensa mal y acertarás es el axioma; Europa resiste a duras penas. Chinos, hispanos, eslavos, africanos... la lista se extiende y el miedo crece a la misma velocidad que el racismo. Y lo que más les asusta es nuestra rabiosa capacidad de reproducirnos y mezclarnos. Quizá hayan olvidado que hace algunos siglos Europa nos "enseñó" con implacable crueldad a mezclarnos. Al menos nosotros lo hacemos de una forma más humana y divertida. Mi campo visual es amplio como las sangres que me integran. Escucho música africana cantada en francés este amanecer de otoño, lo hago en una casa al norte de Italia. Desde mi ventana puedo ver en el horizonte los Alpes. Mi perro, Gonzalo se llama, vino de Hungría. Por las calles de esta ciudad transitan mujeres de todas las índoles y pelambres y todas me parecen bellas, a todas las deseo. Me gustan las camisas de Cavalli y los pantalones que diseña Valentino, hay un almacén a media hora de aquí donde puedo comprarlos a bajos precios cuando cambia la estación. A mí me importa un pito el giro de la moda; me pongo un Valentino de 2004 este otoño y me paseo sonriente entre esas bellas mujeres. No tengo parámetros ni ideologías, después de todo soy sólo un pequeño error.


ACERCA DE LOS MAMÍFEROS

Me despierto en la oscura habitación de un hotel en Roma, me asomo en la ventana. En el amanecer la gente va de un lado a otro. Imagino que en mil lugares distintos está ocurriendo lo mismo. Cada día millones de mamíferos se levantan y corren desesperados. Me tumbo en la cama y miro un punto en el vacío. No tengo intenciones de correr a ningún lado, de hacer parte de la manada. La vida es una cosa miserable allá afuera. Pienso en los millones de mamíferos que corren en busca de migajas como las cucarachas; migajas de oficios varios, de sexo recalentado, de oficinas piojosas, de estúpidas gerencias y lánguidas fiestas que sólo dejan mugre y grasa en sus almas. ¿Qué tipo de mamífero eres? No se tú, pero yo pienso mucho en eso. Y trato de girar a mi modo, de seguir mi ritmo. Y pienso en los mamíferos con propósitos e intenciones cuyas vidas jamás empezaron, en los mamíferos que van a la deriva siguiendo la corriente de los otros fantasmas. Odio eso, odio esa mierda de buena voluntad, las sociedades sin ánimo de lucro y la falsa rebeldía. Y los mamíferos repiten día tras día su rutina, hundidos en la mierda sonríen. Los mamíferos no caen en cuenta, no tratan de imaginarse, están seguros de tener "una vida" y llaman VIDA a eso que tienen, a la estrecha y hedionda vida familiar, a sus frustraciones, a su sexo funcional y su televisor de pantalla gigante. Odio eso, odio a las mujeres que se entregan al tipo "adecuado" por temor de quedarse solas. Odio a las mujeres que se entregan a cambio de estabilidad y compañía. Y que se pasean con su mamífero imitando la plenitud y el bienestar. A las mujeres que soportan, que culpan a sus hijos, que no me sueñan y desean cada madrugada. Y los mamíferos corren para no perder el tranvía, y se resecan lentamente encerrados en esa chata prisión que llaman con arrogancia "mi realidad". Y compran cremas contra las arrugas y canciones de moda. Los mamíferos se saludan en los ascensores, en los estadios, a la salida del cinema. Pequeños fantasmas que inundan los supermercados en busca de carnes frías y desodorantes. Pequeñas alimañas que confunden dependencia con amor, que se revuelcan en su propia mierda y comparten pedos y babas hasta la muerte. Odio eso, odio a las bellas mujeres que no conocen a Emily Dickinson. Odio a las mujeres feas que no conocen al poeta peruano César Vallejo. Y los mamíferos saludan a sus amos sin sopesar la enorme ventaja que habría sido para ellos nacer muertos. Las diminutas e inofensivas alimañas sin voz ni voto; reducidas a sus complejos, sus miedos atroces, su eficacia laboral. Los alegres mamíferos esclavos de su mediocre panorama y de sus perezosas obligaciones. Medio alegres, medio tristes, medio impotentes, medio frígidas... La medianía es su condición natural. Y el pellejo se les escurre mientras tratan de aferrarse a eventos y citas, a telenovelas y noticieros para olvidar que los segundos pasan y nada cambia. Que los segundos pasan y sus traseros engordan, que están condenados a arrastrar sus traseros y alimentarse de sobras. Y se casan, se traicionan, tapan el vacío con hijos y electrodomésticos. Y trabajan en las fábricas del infierno soñando con ganar la lotería. Y compran seguros de vida (ja, ja, ja). Los patéticos mamíferos compran seguros de vida. ¿De cuál vida, carajo? Y van a las discotecas y tararean canciones y miran de soslayo el culo de las mujeres que pasan. Y se llenan de ansia y temor, de livianas sensaciones, de sexo trasnochado, obligado, homologado, escueto una y otra vez. Y cada amanecer es la misma tumba, el mismo epitafio, los mismos chistes y saludos, el mismo rencor. Y se aferran a la vida como babosas; en vez de pedir la muerte como regalo cada Navidad, la temen. Ignoran que quizá muertos resultarían más vitales de lo que jamás serán en vida.



El amor es un asunto de velocidad

En apariencia, se trata de una serie de historias que se entrelazan a lo largo de la obra. Las aventuras de Rep y sus amigos (Toba, Ciro, Ray), la relación sentimental entre Rep y su chica; las desventuras entre Sid Vicius y Nancy, la caída de Kurt Cobain, el lazo de cariño entre una abuela y su nieto, etc. Yo me atreveré a dibujar mi propia versión de los hechos, la cual, es la siguiente: La historia, en apariencia forzada, representa el estado anímico del mismo Rep, al encontrarse aún, inmerso en su relación con “cierta chica”. En tal sentido que, por ejemplo, Nancy representa la parte intelectual, y Sid, la parte sensible. Entre ambas entelequias se desarrolla un conflicto demasiado profundo, a tal punto que, uno de los dos debe “morir” para que el otro continúe respirando. Del mismo modo, Dillinger representa esa parte “salvaje” que se acrecienta ante la falta de perspectivas claras y bien definidas, dentro de una sociedad que, por lo general, tiende a deshacerse de aquellos que no estén dispuestos a aceptar y cultivar los preceptos que la sostienen, y mantienen, vigente.
Intempestivamente el protagonista principal de la historia irrumpe, dando una descripción de sí mismo, además de una suerte de advertencias:    

“No digo que soy malo pero digo ten cuidado. Soy de una raza indómita, que se mueve rápido, esa clase de seres que deja a su paso un rastro de ansia. Ya no digo mentiras porque perdí la imaginación pero no hay nada que sea confiable en mis verdades.”

Ya sin cortapisas que obliguen a ajustar la conducta a ciertos lineamientos, al saber que no se debe nada a nadie, sino por el contrario, viene el momento de (a la manera del “cobrador”, personaje de uno de los cuentos de Rubem Foseca), Rep y sus amigos, se dedican a llevar una vida licenciosa y hedonista que no acepta un NO como respuesta frente a sus deseos, los que, poco a poco, se van extendiendo hasta llevarlos más allá de las fronteras de Ciudad Inmóvil, Toba es el primero que decide probar suerte en Bogotá. La ciudad lo lleva a perder su antiguo interés político, para adoptar a Bob Marley como su profeta “un profeta marihuanero y gozón”. Del mismo modo, Toba es el primero en enfrentarse a las decepciones del amor. Toba dice que “el amor es un fraude”

“El amor no es un fraude, Toba. El amor es un límite y nos mide.”

Al poco tiempo, Ciro y Rep se mudan a Bogotá, con Toba, la mayor parte del tiempo se dedican a contemplar el cielo raso, y a reflexionar en todo lo que se encuentra a su alrededor, con la paciencia profunda y “ociosa” de los primeros pensadores de la Antigua Grecia, aunque, por supuesto, adaptada a las condiciones de los tiempos que corren:

“La filosofía escruta la existencia pero no nos ayuda a existir. La religión nos enseña a despreciarnos. El arte es una buena coartada pero lejos de casa se vuelve innecesario.”    

Rep es el siguiente en padecer los estragos de las decepciones amorosas, lo que lo lleva a reflexionar al respecto, se ve inmerso entre aquello que quisiera que fuera y lo que es. Por más que se profese una infinita fe en algo, siempre llegara el momento para darse cuenta que algunas cosas (por más que se deseen) nunca podrán ser como uno quisiera que fueran. Y no resta nada más que continuar adelante. Plantarle cara a una vida que, si antes del amor era dudosa, al término se vuelve aún más sospechosa. La impotencia de alcanzar los objetivos y aquello que se vislumbra con ciertos matices de una posible felicidad, así, de un día para otro, se tornan en un dolor agudo que parece difícil de superar.

“Cierta chica sigue doliéndome, no encuentro lo que busco y lo que busco ya no puede ser ella, ella me mandó a ver si la puerca puso y cuando le dije que sí, me mandó a peinar tortugas. Estuve intentando un tiempo pero ya sabes que cuando el amor se apaga es más frío que la muerte. Lo malo es que los dos extremos no se apagan al tiempo y cuando eres el extremo que sigue activo más te valdría estar muerto.”

Las imágenes con las que Efraim Medina nos dibuja los estados anímicos de los personajes nos llevan, incluso, a sentirnos dentro de la piel de estos. La empatía que despiertan nos lleva a asumir una complicidad unilateral, ya que, sabiendo que al llevar la vida por ciertos rumbos, esta, inevitablemente, desembocará en ciertos parajes espinosos que siempre moverán a la adherencia de las causas perdidas. El idealismo romanticista en todo su apogeo.

 “Cuando se está así todo es apropiado, el mundo gira sobre tu mano y aunque no es nada, brilla. Ella tiembla cuando la rozas, te entrega todo, aun lo que guardaba para el mal tiempo. Una dulce y sensible criatura de Dios. Eres su héroe y no tienes que esforzarte para ser bueno y confiado.”     

Y enseguida, el tránsito de tal estado a su contraparte.

“Y un día todo acaba, ella dice jamás y es en serio. Te enloqueces tratando de abrir la puerta que abriste mil veces. Eres para ella menos que un mojón en la carretera.”

A partir de este momento, los amigos se lanzan a una serie de aventuras agrupadas bajo el sugerente título de: PRODUCCIONES FRACASO LTD, cuyo lema es “donde se necesite un fracaso allí estaremos”

Posteriormente, aparece una especie de “libreto” de una película que PRODUCCIONES FRACASO LTD piensa filmar. Entre los parlamentos van apareciendo una serie de preguntas y respuestas que, de alguna manera, nos llevan a pensar al respecto (aunque en el libreto pretendan ser parte de un absurdo, por ejemplo:

P.M.: ¿Qué opinión le merecen personajes de su país como Gabriel García Márquez y Fernando Botero?
Yo: Ninguna.
P.M.: No puede negar que son luminarias reconocidas internacionalmente.
Yo: Esa gente me recuerda a las luminarias del alumbrado público que había en la calle donde nací. Hacía siglos que se habían fundido y nadie se preocupaba por cambiarlas, al cabo, cuando estaban en servicio, tampoco servían para un culo.

P.M.: Sus opiniones sobre el arte han armado un polvorín. ¿Qué opina de ello?
Yo: Sólo dije que la música es un arte que desapareció a finales del siglo XIX, que la pintura acabó poco después y que la poesía no ha nacido aún, que sólo será posible cuando el hombre desaparezca. La poesía, según creo, es alérgica al hombre.

Si sólo pudiera vivir con lo que considero arte ya habría muerto, por fortuna soy capaz de comer mierda como cualquier habitante del planeta, es sólo que no necesito disfrazarla de caviar. Esa es mi diferencia con el resto del mundo: ellos comen mierda todo el tiempo como si fuera caviar, así que cuando tienen verdadero caviar en el plato no lo notan. El notar las diferencias es lo que me hace superior.

P.M.: ¿Qué sugerencias les haría a las nuevas generaciones?
Yo: Les sugiero la inmortalidad del cuerpo y la venta del alma, que en vez de visitar iglesias vayan a las carnicerías.

P.M.: ¿Qué opina del amor?
Yo: es un asunto de velocidad: si no te andas aprisa te joden. Todas esas niñas del culo o del dinero esperan que salgas, apuntan sus balas de plata directo a tu corazón y si no te metes en tu propia velocidad acabarás delirando en una acera como Don Quijote o quizá te conviertas en un perro, al que han apaleado tanto, que lo único que sabe hacer es cubrirse.

P.M.: (el chico) ¿Estuvo enamorado alguna vez?
Yo: Sí, de un popó menguante. Pensar que casi me pudro cuando se fue me hace sentir que soy un popó creciente.

Puedo afirmar que, Erase una vez el amor pero tuve que matarlo, más que el libro clásico que cuenta una historia de principio a fin, del fin al principio, de el nudo al desenlace, etc., es más una obra de ideas que otra cosa. Se trata de un periodo en la vida de un “vividor”, un fragmento de la vida. Y los estragos de esa guerra, eufemísticamente llamada amor.
Retomando la tradición de Fante, Celine, Bukowski, Carver, etc., Efraim Medina toma a la vida real como asunto literario. Que sea la vida misma quien se exprese a través de mi pluma, pareciera decir el escritor colombiano.
También puede verse como un libro de confesión:
      
Uno se mete a escribir porque no fue capaz de pegarle a un chofer que lo puso en evidencia, porque no destrozó los platos en un restaurante, porque no se enfrentó a un policía loco que insultaba a su novia, porque no le dijo a su madre lo mucho que la amaba y detestaba, porque no escupió a un profesor que decía que la tierra era redonda, porque se dejó ganar el puesto en la fila del cinema, porque no tiene oficio ni beneficio, porque piensa que es una forma fácil de hacer fama y dinero, porque si lo hacen mamarrachos como García Márquez y Mutis uno también puede hacerlo, porque no es bueno para los números, porque no quiere ser médico ni abogado, porque está ardido, porque odia a la gente y quiere insultarla (…) porque, erase una vez el amor pero tuve que matarlo.

LA GUITARRA INVISIBLE. Segmento del libro que intercala las causas que, de manera paralela, “explica” aquello que mueve a los verdaderos artistas a sondear en los bordes de la razón y la vida misma. ¿Por qué un escritor escribe? ¿Porqué un joven guitarrista decide volarse la tapa de los sesos? El resultado (y eso es lo más cagante de todo) es precisamente el mismo desenlace que todo mundo vislumbraba, no el que uno deseaba. Para los iguales, represento la evaporación de una nueva posibilidad y, una vez más, el fin de la primavera.
¿Por qué lo hizo? Carole dijo: Se mató por lo mismo que yo me mataría.

En un párrafo más adelante, nos podemos encontrar con la explicación de porqué diablos el amor debe morir algunas veces. Y no sólo morir, sino mejor aún, porque debe ser asesinado.

Mi amor es sobrenatural, un pecado sin Dios, una telenovela sin fin, un nuevo comercial de margarina. Como a quien debo matar es a mí, mato el amor. Como soy el incendiario, el innombrable, lo nombro a él. Como no he podido explicarle a ella cuánto la amo, se lo explico al mundo (…) A veces pienso que ya no amo a cierta chica, que ese amor ha muerto, pero cada amanecer pequeñas y voraces criaturas chupan mi corazón.

Yo no sé si todo el mundo tenga la suerte de toparse alguna vez en su vida con un amor imborrable, o, al menos, muy difícil de trascender.
En lo personal, alguna vez llegue a la conclusión que, al encontrar a la persona capaz de despertar un amor así, y que ésta decida pasar de largo por nuestras vidas, algo muy dentro de nosotros comienza a ser devorado, como el mismo Efraim lo describe haciendo uso de una fábula titulada el valor de la termita, así pues, el autor nos plantea que esa “termita”, poco a poco habrá de ir devorando al bosque del amor verdadero, hasta dejarnos a la intemperie, hasta dejarnos como presas fáciles de cualquier cazador.


Y a modo de epílogo, algunas de las tantas frases esparcidas entre las 180 páginas de esta excelente primera novela de, según mi parecer, uno de los mejores escritores de Colombia, en la actualidad:


“El amor golpea más fuerte que Tyson, se mueve mejor que Alí, es más rápido que Ben Johnson dopado. Aunque calces 48, el amor puede tirarte al piso y hacerte rodar hasta que no quede un pelo en tu trasero. Para que te hagas en los pantalones al amor le basta un suspiro.”

“A veces hay mujeres, las mujeres son lindas por un rato. Cuando estoy enamorado de una mujer, trato de verla lo menos posible; no me enamoro con facilidad, así que cuando pasa procuro que dure. Quisiera amar otra vez, darle lo mejor de mí a una chica. Lo malo es que no sé qué es lo mejor de mí, no estoy seguro que haya algo mejor en mí.”

“Dijo que mi ideal femenino estaba más cerca de un hada madrina que de una verdadera mujer.”

“En mi opinión, amar a una persona quizá sea más fácil que entenderla pero mucho más peligroso porque el amor siempre duele. Uno puede tratar de entender a alguien pero no puede tratar de amarlo. El amor surge involuntario. El amor puede aumentar o bajar hasta diluirse pero no puede imponerse. A veces nos gustaría amar a determinada persona, incluso podemos comprobar que la persona tiene todos los atributos para que la amemos y no ocurre. Uno se acostumbra a cualquiera con mayor o menor trabajo pero acostumbrarse no es amar. No sé si pienso lo correcto o mis ideas son absurdas pero tiendo a creer que el amor existe, que es una invención del hombre y que ahora está fuera de control. El amor más estúpido y delirante es el de una madre por el hijo pero al menos tiene un piso biológico. Pero pensar que te encuentras a una desconocida y al poco tiempo darías la vida por ella me parece inexplicable.”

“Mónica era buena pero incapaz de producirme amor. Si lo analizo en detalle, ella tenía más de lo que podía soñar y creo que eso era lo malo: para amar a alguien ese alguien debe tener lo justo. Un poco menos es insuficiente. Un poco más hecha todo a perder.”

“Hay gente que come para llenarse el buche y esos pueden vivir sin amor pero no sin compañía. Otros morirían de hambre antes que aceptar algo mal preparado. Estos últimos serán eternos solitarios a menso que den con la medida justa. Cuando se piensa en el amor las ideas no tienen consistencia y quizá por ello los grandes filósofos eludieron el tema pero aunque empalague es obvio que nuestra pequeña vida gira en torno a alguien que nos ha hecho felices idiotas o resentidos sabios.”

“Ustedes dirán que exagero pero ustedes jamás serán ella.”



Quiero más Medina Reyes

Sexualidad de la Pantera Rosa (fragmento) por Efraim Medina Reyes
ACERCA DEL AUTOR

Efraim Medina Reyes, Cartagena (Colombia), 1967. En 1985, recibió el 2do premio del Concurso Nacional de Poesía ICFES. En 1986, ganó los concursos nacionales de cuento en Barranquilla y en Medellín. En 1991, fundó con su amigo Ciro Díaz, la empresa Fracaso Ltda. En 1995, obtuvo el Premio Nacional de Literatura Colcultura con “Cinema árbol y otros cuentos”. En 1997, primer lugar del Concurso Nacional de Novela del Ministerio de Cultura con “Erase una vez el amor pero tuve que matarlo” cuya versión italiana fue publicada por Feltrinelli. En marzo del 2002, participó como jurado en el Festival Internacional de Cine de Venecia. En 2003, su novela “Técnicas de masturbación entre Batman y Robin” fue publicada simultáneamente en Colombia, España y Argentina.



























Mi sobrina solía preguntarse si la Pantera Rosa era hombre o mujer. Parecía una pregunta sencilla pero observando programa tras programa se veía al bicho rosado flirteando con toda clase de criaturas: desde hombrecillos calvos y narizones hasta conejitas rubias y sensuales. Su objetivo era imponer un color y estaba dispuesta a todo por lograrlo. El inspector era torpe y desaseado como cualquier francés. Quizá hasta pudiera acusársele de misógino y xenófobo (como a cualquier francés) pero su sexualidad (a diferencia de la de cualquier francés) no estaba en entredicho. La Pantera en cambio dejaba a su paso un mar de dudas y, como solía decir mi sobrina:tiene agujeros aquí. ¿Para qué preguntas tonterías?

reviraba el amante padre de mugrientos calzoncillos (todos rotos en la misma parte) y la niña decía: Para saber. En realidad mi sobrina tenía cuatro años y era una máquina de preguntas y chillidos. Sus inquietudes me divertían y trataba de dar respuesta a todas pero el amante padre siempre estaba acusándome de corruptor. Tenía la mente más sucia que los calzoncillos y sólo se acercaba a la niña para prevenirla en mi contra. A la pobre, asustada por los comentarios del padre, no le quedaba otra opción que preguntarse a sí misma. La escuchaba jugando a eso e improvisando respuestas: La Pantera es un diablo bueno. Mi papá tiene un cuchillo en el jopo (por los rotos de los calzoncillos, supongo). Cada vez me intrigaba más la Pantera. ¿Qué cosa era? No hablaba, no tenía sexo definido, no era particularmente sabia o generosa, sus ojos no eran soñadores. Su plan era pintarlo todo de aquel color... su color. Aceptar las diferencias no hacía parte de su carácter. Flecha Verde también me hacía pensar. Era sin duda el más opaco de los paladines, una especie de chivo expiatorio entre los superhéroes. Casi nunca se le tomaba en cuenta, Superman no le dirigía la palabra, ningún niño quería disfrazarse de él. Sus poderes eran escasos y limitados, su otra personalidad daba grima. Las aventuras que tenía eran aburridas y siempre al final algún miembro de la Liga debía sacarlo del atolladero. A veces compartía pista con Linterna Verde y entonces Flecha era nulo. No me gustaba ese cómplice; destilaba arrogancia y saltaba a la vista el desprecio que sentía por Flecha. Viñeta tras viñeta quedaba claro que Flecha no era más que relleno y escenografía para verdaderos superhéroes. Pero tenía agallas: nunca se quejaba, no hacía reclamos a su creador. Cero envidias, cero chismes. Hacía lo suyo y punto. Una vez, creo que acababa de cumplir 15, fui a una fiesta disfrazado de Flecha. Estaba en un rincón mirando a una linda Cenicienta de ojazos negros cuando un pirata flaco se acercó a preguntarme de qué estaba disfrazado. —Flecha Verde —respondí. —¿Y quién carajos es ése? —El amigo de Linterna. —¿Linterna Verde tiene un amigo así? Antes que pudiera responderle ya había girado sobre sus talones y se dirigía hacia mi Cenicienta. Un Peter Pan gordo se paró a mi lado. —¿Qué hay, Robin? —Soy Flecha —dije. —No, eres el señor Hood. —¿Quieres problemas? —Con un ladrón justiciero jamás. Lo acuellé. Se puso rojo y empezó a patalear. El pirata flaco y la bella Cenicienta vinieron en su ayuda. —Por favor, suéltalo —dijo ella con angustia. —¿Es tu novio? —pregunté sin quitar las manos del gordo. —Es su hermano menor —dijo el pirata aplicándome una llave de yudo por la espalda—. Y está enfermo de cáncer. De inmediato solté al gordo que se abrazó a ella. El pirata me liberó. Le ofrecí disculpas al gordo y a su hermana. Sus ojos negros me observaban con rabia y curiosidad. —¿Qué disfraz es ese? —Robin Hood —dijo el gordo. —No —dijo ella—. Es el Capitán Garfio y olvidó el garfio. Rieron. El gordo le propuso al pirata ir por algo de comer. Sin despedirse se alejaron; el pirata y su Cenicienta iban agarrados de la mano. Después de tomar dos rones con cocacola me puse a dar vueltas hasta que Cleopatra me sonrió desde un sofá. Hablamos, tenía edad para ser mi madre y estaba borracha. Bebimos hasta acabar su trago y me propuso ir por más. La seguí dando tumbos. Nos metimos en un cuarto repleto de chécheres y ella dijo que me dejara de pendejadas y besos e hiciera lo que estaba pensando. Le dije que tenía 15 y sacó una de sus tetas. Se tumbó sobre unas cajas y abrió las piernas, no llevaba nada debajo de la falda. Cuando me estaba quitando el traje la corredera se atascó. Cleopatra, sin cambiar de posición, esperó unos minutos a que resolviera mi problema y luego perdió la paciencia. —Para ser Flash eres muy lento. —Flecha Verde —dije. El sudor me entraba en los ojos que empezaron a arderme—. El traje de Flash es rojo y tiene alas en las orejas. —Da igual quien seas —dijo camino a la puerta. La borrachera se le había pasado—. Eres patético. Apenas salió la corredera volvió a funcionar. Busqué a Cleopatra y no tardé en hallarla; estaba besándose con un apuesto Sandokan. Para nadie es un secreto que el sexo no es muy popular entre superhéroes o criaturas como la Pantera. Los primeros prefieren defender causas perdidas y el resto tiene obsesiones o se dedican a la crueldad con sus semejantes. Tampoco el dinero despierta su interés y cuando lo tienen no lo usan con un objetivo sexual. Jamás Tío Rico gastaría una de sus adoradas monedas por tirarse a una pata. Lo cierto es que las noches de los superhéroes, panteras y demás monicongos suelen ser solitarias. He conocido gente como ellos en las avenidas de una gran ciudad, iglesias abandonadas y hoteluchos de frontera: gente que no tiene el sexo por religión y es capaz de sobrevivir a solas con su conciencia. Vendedores de milagros perdidos en el desierto o chicas que no pudieron creer en el amor a pesar de tenerlo enfrente y saben que ya es demasiado tarde.

Efraim Medina Reyes

Lo que todavía no sabes del pez hielo

Deslumbrada con esta novela del colombiano Efraím Medina Reyes. Después te cuento más.

Amo las maracas, mi djembé y mi manada percutiva

Yo te las perdono todas y vos me forreás

Cambio y fuera.

martes, 21 de junio de 2016

Cuadernos olvidados

Qué boicotera es mi memoria acorto y largo plazo, pero mi amor y mi entusiasmo siempre la derrotan: Resulta que me aparecieron un par de concursos interesantes de poesía y me digo a mí misma: Uy,tengo que ponerme a producir cosas nuevas para mandar. Y al toque abro un cuadernito delos de Vassalisa que estaba en mi cómoda y me encuentro 34 poemas escritos a mano y sin tipear aún: no son de hace mil años, el último tiene fecha marzo 2016 pero los había borrado por completo.

Mijito papá

El bosque de Karadima

Basada en caso real y reciente de cura pedófilo y manipulador. En Chile. No está mal para ver hasta qué nivel de extorción y abuso físico y psicológico pueden llegar estos personajes y cómo sus víctimas se sienten atrapadas pero no me interesa el tema ni la peli llegó a emocionarme.

La tumba de Ligeia

MALÍSIMA!!!!!!!! Empezó maso, bancable, interesante lo de la herencia brujeril y el deseo de luchar contra la muerte. Pero a la mitad se va al chancho con humitos y gualichos truchos y el final tan tan tan tan pelotas de predecible y moco.

Dos grandes vasos de oro llenos de chicha

24 DE JUNIO | LA RESURRECCIÓN DEL SOL

rituales de San Juan
Inti Raymi era la más grande e importante celebración que se llevaba a cabo en tiempo de los Incas y que se continúa hoy cada solsticio de invierno (24 de junio, en el hemisferio sur), en los Andes mientras en el hemisferio norte se celebra la"Noche de San Juan"

Esta fiesta es celebrada anualmente en Cusco en el complejo arqueológico deSacsayhuaman, atrayendo cientos de miles de visitantes de todas partes del mundo.

Es la segunda celebración en importancia de Sudamerica luego del Carnaval de Rio, Brasil.
Inti Raymi es una palabra que proviene del Quechua y significa "resurrección del sol".
Su religión estaba basada en la adoración del sol.

Inti Raymi marca el comienzo de un nuevo año. Era celebrado al final de la recolección de papas y maíz para agradecer a Inti por la abundante cosecha o, de otra manera, pedir por una más exitosa en la próxima estación.
Científicamente, el solsticio de invierno en el Hemisferio Sur ocurre el 21 de Junio, pero de acuerdo a Pacha Unachaq - reloj solar usado por los Incas - el sol permanece algunos días en el mismo sitio antes de elevarse el día 24.
El Inti Raymi fue apuntado para rendir culto al "Apu Inti" (Dios Sol) también conocido en ciertos sectores como “Apu P'unchau” (Dios Día).

Los súbditos del Inka siguieron festejando la fiesta a escondidas de las autoridades españolas, y un mestizo llamado Garcilazo de la Vega recopiló, en sus afamados Comentarios Reales, descripciones sobre esta fiesta única e incomparable.
Hoy día, el Inti Raymi se organiza anualmente en Saqsaywaman, el día de San Juan, 24 de junio. Ese mismo día también es el "Día de del indio" o " Día del Campesino" en Perú.

El Inti Raymi se estableció en el calendario de festividad del Cusco desde 1944 gracias al entusiasmo de Dr. Cusqueño. Humberto Vidal Unda.
A la fecha esta representación o puesta en escena goza de un guión documentado, se lleva a cabo en la Explanada de Saqsaywaman y últimamente en escenarios como el patio del templo del Qoricancha y la misma plaza del Cusco, desde esta plaza la comitiva real del inka, se traslada hasta la explanada de Saqsaywaman donde se ha instalado tribunas para dar facilidad a los visitantes y el publico local se instala en los alrededores ocupando sitios que pertenecen al conjunto arqueológico de Saqsaywaman, espectadores que sobrepasan a los 100.000.



COMO SE CELEBRA


Cada 24 de junio, día en que el sol se encuentra en su punto más distante de la tierra y que además coincide con el solsticio de invierno, se celebra el Inti Raymi o “fiesta del Sol” en Sacsayhuamán, de fundamental importancia en el incario.
En la noche de la víspera se apagaban todos los fuegos en el Tahuantinsuyo. En la gran plaza Huacaypata (hoy Plaza de Armas del Cusco) se concentraban todos los personajes del imperio.
Entre las sombras, la multitud esperaba con gran respeto la aparición del dios Inti (sol). Generales, príncipes y toda la nobleza aguardaban en profundo silencio, muchos de ellos disfrazados de fieras y de otros animales de la mitología andina.

Al aparecer el sol expresaban su reconocimiento y lo adoraban como sumo, solo y universal dios, que con su luz y su virtud creaba y sustentaba todas las cosas de la tierra. Asimismo, le agradecían por las cosechas recibidas en el año.
El Inca, con la ayuda de los sacerdotes, "inducía" al dios Inti (sol) a volver con el favor de sus rayos para fecundar la tierra y procurar el bienestar de los hijos del gran imperio del Tahuantinsuyo. El fuego sagrado era renovado con un brazalete cóncavo de oro que se ponía contra la luz solar, cuyos reflejos se proyectaban sobre un trozo de algodón muy carmenado que se incendiaba en breve espacio. La lumbre sagrada era llevada al Coricancha, donde sería conservada por las acllas.
Durante la ceremonia también se realizaba el sacrificio de una llama para vaticinar el año venidero. Proseguía luego una gran marcha militar y al final todos se retiraban y estallaban en algarabía desenfrenada durante varios días.
Actualmente el Inti Raymi es una representación teatral, pero también una de las manifestaciones tradicionales más evocadoras de nuestra identidad nacional porque simboliza los valores y recuerdos de nuestro pasado.
Al compás de los aires musicales, delegados de los cuatro suyos desfilan con sus vestimentas típicas mientras ñustas, coyas y pallas avanzan en ondulantes columnas.

De pronto, el Inca se deja ver, transportado sobre una litera y acompañado de un séquito de orejones y otros dignatarios que caminan a respetable distancia de él.
Mientras suenan los pututus, las cornetas y las quenas, el Inca se pone de pie, extiende los brazos hacia el horizonte y rinde homenaje al Inti elevando dos grandes vasos de oro llenos de chicha.


Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...