domingo, 30 de agosto de 2015

Al grupo de familias que viajaban juntos se le llamaba tabor

Papusza, la primera poetisa gitana

La historia de Bronislawa Wajs es una terrible tragedia cuya gloria poética provocó el rechazo de los suyos
La gitana que añoraba el nomadismo
La gitana que añoraba el nomadismo
La familia de Papusza era nómada y la naturaleza era su hogar, los bosques, los ríos, los caminos. Al grupo de familias que viajaban juntos se le llamaba tabor y éste estaba compuesto por carromatos, delante hombres y detrás mujeres. Arriba el cielo de Polonia, azul, limpio, lleno de luz y vida, abajo el pedregoso camino que surcan las ruedas de madera empujadas por caballos. La cámara de Joanna Kos y Krzysztof Krauze retrata en un fascinante blanco y negro los encantos de la vida calé pero también sus calamidades. Y la figura central de este drama hiperrealista es Papusza, la primera poetisa gitana que ha visto su obra publicada en su país a través de escritores como Julian Tuwim o Jerzy Ficowski.
La historia de Bronislawa Wajs (el nombre polaco de Papusza) es una terrible tragedia marcada por la guerra, por la amenaza constante del mundo gadjikane (no gitano) y por la nostalgia de nada, del camino que lleva a ningún sitio. La melancolía que se suele basar en la patria no tiene sentido en la cultura romaní, “volver a la patria” ¿Qué patría? Los gitanos no tienen hogar, solo una utopía y un largo camino que recorrer. El tabor de la poetisa bajaba por los bosques orientales de Volinia hasta el sur de Ucrania. Eran arpistas, transportaban sus instrumentos y  a veces paraban un día o dos en alguna aldea. Esos fueron los momentos que la gitana aprovechó para aprender a leer. Más tarde se lamentaría.
Según la cronista Isabel Fonseca, Papusza cantaba con un estilo inconcebible para la tradición gitana, cantaba sobre el bosque, sobre lugares específicos, sobre su pueblo, sobre hechos concretos que acaecían en su tabor y cantaba, también, sobre las penurias que durante la guerra pasaron gitanos y judíos en su canción titulada Lágrimas de sangre: lo que pasamos bajo los alemanes en Wolhiynia en los años 43 y 44. El poeta polaco Ficowski la vio cantar y se enamoró de su talento. Cuando sus canciones y poemas aparecieron publicados en varias revistas y periódicos ella ya tenía 40 años, ya estaba casada y cuidaba de un niño que encontró entre cadáveres durante la guerra y que adoptó con el beneplácito de un marido que siempre atacó su incapacidad para engendrar.
Le llegó la fama y lo que podría haber sido una bendición se transformó en el desprecio de todo su pueblo,  que la acusó de vender sus secretos y costumbres obviando el amor que esta había impregnado hacia todos ellos en cada uno de sus versos. La amenazaron y la desterraron para el resto de su vida, a ella y a su viejo marido. Justo en esa misma época lo que puede considerarse como ‘el problema gitano’ se convirtió en una importante cuestión de estado que se solucionó poniendo en práctica los asentamientos para el pueblo romaní. Disminuyó el analfabetismo entre la etnia pero los oficios gitanos desaparecieron para siempre, una larga lista de costumbres y tradiciones culturales y artísticas murieron por culpa de las prejuiciosas leyes. El pueblo pagó su rabia con Papusza, por colaborar con un gadjo.
La historia de Bronislawa Wajs (el nombre polaco de Papusza) es una terrible tragedia marcada por la guerra
La historia de Bronislawa Wajs es una tragedia marcada por la guerra y el rechazo

Excelsa fotografía y saltos en el tiempo

La película de Joanna Kos y Krzysztof Krauze, que ganaron por este trabajo el premio a Mejor director en la Seminci de Valladolid de 2013, tiene dos elementos, uno en su forma y otro en su fondo, que resultan claves para este imperfecto pero gratificante biopic literario. Primero la preciosa fotografía de Krzysztof Ptak, cuyo blanco y negro resulta siempre sublime, queriendo decir mucho más de lo que se cuenta en las imágenes. Cada fotograma es una obra de arte donde la luz y la sombra están perfiladas y esculpidas con originalidad y destreza. El contraste es mucho más fuerte que en Ida, el último gran blanco y negro del cine, y tiene todo el sentido ya que tanto la personalidad de Papusza, como su vida llena de penurias, como la propia existencia de los gitanos que cantan y bailan alrededor de las hogueras, cuando no se esconden de los disparos alemanes, está repleta de sensaciones  y sentimientos incompatibles.
Cada plano con su perfecta iluminación está destinado a contar algo o hacer sentir algo. Los picados y los primeros planos abundan, hay escenas a cámara lenta, con un ritmo contemplativo y también escenas con acción. Los directores polacos buscan potenciar al máximo el dramatismo de la historia. Y esto nos lleva al segundo elemento definitorio en el estilo del filme, el desorden de los flashback que van rellenando la película. De manera aleatoria los directores nos van presentando capítulos importantes en la vida de Papusza mientras nosotros tenemos que armar el puzzle.
A medida que somos introducidos en el universo gitano y en la vida de la poeta, cuya actriz está lejos de aguatar el carisma de su personaje, los flashback van saltando para potenciar el dramatismo. Cuando ya conocemos todos los detalles de esa amarga relación que la gitana tiene con su marido se nos muestra casi al final la forzada boda entre ambos, ella demasiado joven llora antes de tomar como esposo a un consagrado (y ya maduro) intérprete de arpa. Esta escena mostrada en un riguroso orden cronológico no tendría el mismo impacto. Sin embargo, este arriesgado truco de guion hace peligrar el ritmo del filme ya que tal galimatías temporal no siempre funciona tan bien.
Pero sí hay dos cosas en orden: el principio y el final. Y en ambas está la condena por su pueblo de Papusza y la terrible nostalgia que nunca la abandonó, ni a ella, ni a los gitanos. A la madre de la poeta le dijeron que era mala idea llamarla Papusza (Muñeca). Como un mal de ojo anunciado prematuramente al final de su vida la artista gitana estaba sola, tan sola como una muñeca desechada que ya no sirve.
Nadie me comprende,sólo el bosque y el río. 
Aquello de lo que yo hablo ha pasado todo ya, 
todo, y todas las cosas se han ido con ello... 
Y aquellos años de juventud.

Juntaría una bruja una maga una travesti poeta y puta un hombre rata y un hombre cerdo

Marosa Di Giorgio y José Sbarra
En La Voz de Aleana
En el cuerpo de
NATY MENSTRUAL
Foto principal
| ¿POR QUE MAROSA? ¿POR QUE SBARRA? |
Porque fueron amores a primera vista, por su amor y su locura, por sus universos mágicos, porque al leerlos vuelo y viajo por bosques fantásticos montada sobre el lomo suave de un pterodactilo locamente enamorado.
Porque mientras la hija del diablo se casa con su pelo igual que el sol y sus pezuñas cinceladas, una Aleana loca con vestido de cortinas y sombrero con caireles hace música con latas mientras les da de comer a los gatos del botánico salvándose de su profunda soledad sentada sobre el pasto mientras mira los hongos que nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma y en algún país de flores se desata una tormenta. Por el erotismo la locura y la profunda angustia de una vida que no acaba que se mezclan raramente y me hacen soñar despierta.
Porque los leo y viajo con destinos inciertos e infinitos. Porque juntaría una bruja una maga una travesti poeta y puta un hombre rata y un hombre cerdo y armaría una fiesta interminable hasta que cada partícula de nuestros cuerpos se transformen en estrellas y los novios abran sus grandes alas blancas y se vayan volando por el cielo.
Naty Menstrual (agosto, 2015)
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Todos los Sábados de septiembre
Naty Menstrual es Aleana en La Libre
Desde el casamiento de las hijas de diablo que el bestias sagradas, la tierra y la palabra no engendraban tanta mujer. En un parto tan genérico, genial y genital, agónico y vital. La degeneración y la regeneración originales atravesados por el tiempo acogiendo con locura la vida y el poema que brotan de algunos encuentros en ciertos lugares.
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Se limpió la punta de la verga con sus ilusiones



Dice en feis María Ibarra
9 horas · Editado · 
Vaya donde vaya escucho historias de mujeres estafadas por la idea del amor romántico. Del tipo sensible pero ambiguo. El hombre que no puede expresar sus sentimientos. El que sólo se las puede coger y dedicarles canciones. Hombres que plantean una intimidad exclusivamente física y la disfrazan de libertad, de manera saludable de relacionarse. Algunos hasta dicen sufrir por no poder conectarse con mujeres, sino a través de sus pijas.
Pero llaman a estas mujeres a las tres de la mañana porque sintieron el impulso. Las tratan como novias, les dicen que son hermosas, hacen todo lo que harían con una novia, menos considerarlas novias. Y mientras se les pasa las ganas de cogerlas, les repiten que no esperen nada, que ellos no pueden darles nada. Y como la mujer "sabe" del pacto, es la culpable de su dolor, es la boluda, es de la que se burlan en la tele porque un tipo parecido a Marilyn Manson pero vestido como Palito Ortega se la garchó, y tal vez le sacó plata, pero sobre todo se limpió la punta de la verga con sus ilusiones.
Escucho o leo y me acuerdo. A mí también me pasó ese amor que no te pueden dar. Pienso que no lo tienen, por eso andan por ahí, arrebatándolo a mujeres preocupadas por agradar, por no molestar, por no tener vello, por no decir nada que las vuelva indeseables. Es el desgate de ser deseables lo que distrae tanto de una estafa a la vista de todos.

Acciones primaverales

Devolví la parrilla a su ubicación de verano, junté soretes de Fido, enredé jazmín en pared, le pregunté a la palta en balde si quería otro lugar con más sol, miré flor violeta y desconocida que me señaló Magdalena en enredadera salida de no sé dónde.

Sobre la necesidad de la poda

Mijito el incisivo, el que todo lo reflexiona, ironizó tiernamente alguna vez sobre mi don en la poda de vegetales. No sé qué relación alegórica quería remarcar el pendejo molesto pero mi jardín (alegóricamente) es feliz de rebrotar mientras lo libro de sus hojas y ramas viejas.

La mano dulce

Para contrarrestar la mano dura que, todavía, reclama alguna gente, propongo LA MANO DULCE: Tanto en el cuidado de jardines como en la vivencia con gentes.

viernes, 28 de agosto de 2015

La civilización de la verguenza

Virginia Cano e Irene Gruss han compartido la publicación de Carlos Di Palma.
Observando la foto de decenas de náufragos libios flotando en el mar a punto de morir ahogados que ha publicado el diario El País de España, yo, Carlos Di Palma,  asumo mi condición de profesor de Historia, para decir avergonzado que nuestra “civilización”, “cultura” o como quiera definirse, Occidental y Cristiana, pasará a la historia como la más cruel, sanguinaria y terrorista que jamás haya conocido la Humanidad. Eso será lo que enseñen mis colegas en sus clases dentro de unos cien, o a lo sumo 200 años en sus clases (si antes no nos cargamos el Mundo entero) No conozco culturas ,o imperios que hayan sobrevivido más de 2.000 años. Nosotros estamos en ese límite. Empezamos a molestar y matar a esta pobre gente ya en tiempos de las Cruzadas. No queríamos solo matar a los infieles, sino lo que buscábamos era robarles sus riquezas. Hubo pueblos como los chinos que hicieron murallas para no ser invadidos, pero nosotros teníamos el espíritu de invadir y saltar esas murallas .Los pueblos que construyen muros o murallas para separarse de otros pueblos son siempre necios, o simplemente no han aprendido nada de la Historia. Mandamos a gente como Marco Polo que era nada más que un espía para informar que había de robable en tan lejanas tierras. Lo mismo hicieron los exploradores ingleses en la India y en el África. Luego de sus informes, venían los ejércitos.
A principios del siglo XX se despertó la necesidad del petróleo, y ahí fuimos a robar el oro negro. Casta que se doblegaba, le perdonamos la vida y la llenamos de lujo como Arabia Saudí, y los que se rebelaron fueron exterminados. Últimamente hemos visto como hemos destruido sociedades como la afgana, la iraquí, la libia etc, etc, etc. Nos mostraban los noticieros a la hora de la cena como nuestra maravillosa tecnología bélica podía hacer volar una aldea, un barrio entero colocando una cámara de TV en la punta del misil, destruyendo familias enteras, rebaños, cultivos considerándolos simplemente “daños colaterales” Ahora tenemos los Drones, que matan por control remoto… ¿es esto terrorismo? No sé ustedes, pero a mí me produce mucho terror. No recordemos las bombas atómicas sobre Japón , ni las de napalm sobre Viet-Nam. Ellos no tienen “drones”, pero la desesperación los lleva a un arma aún más terrible y precisa: los “drones humanos”. Hemos destruido Libia que era un país estable y próspero. Era necesario eliminar al dictador Kadafi para “regalarles “ la democracia. Francia formó parte de la coalición y luego firmó contratos petroleros con las nuevas “autoridades” quedándose con el 40% de la producción. Pues que ahora el país de la “libertad, igualdad y fraternidad” se haga cargo del 40% de los refugiados. Una importante funcionaria de la ONU ha propuesto bombardear los puertos de salida de estas embarcaciones precarias, y da igual si los barcos están vacíos o llenos de gente. Los refugiados, los desplazados, los desesperados se están agolpando en nuestras fronteras. Será imposible frenarlos porque le hemos destruido todo y solo les queda lanzarse al mar. Estamos pagando las consecuencias de los estragos que hemos cometido para lograr “espacio vital”. Nuestra civilización es un barco que se hunde… pronto estaremos como estos desgraciados de la fotografía de la vergüenza.

Feminazismo y cosas lindas en feis

Una mina pone por acá que le dicen "cosas lindas" por la calle y su pequeña hija las festeja porque todavía no la alcanzó el "feminismo nazi". Le comento alguna cosita que incluye términos como naturalización y reproducción y me elimina. Menos mal que las nazis somos nosotras que si no...

Milenita 4D

Cuando soy coherente me siento rara

Por teléfono el pelotudo se hace el bueno, me quiere versear con sus cuentos de autos y herencias. "Para ustedes", me dice, y sé que espera que yo me mee (como tantas veces) por creer que él piensa en mí y en mis hijos e hija. Pero mi sistema urinario ya no responde a sus manejos (tampoco es nuevo este desplazamiento), ni siquiera cuando me dice "En cuanto pueda paso por tu casa". Trato de que me dé lástima ver que vino, dejó lo que le pedí y yo me olvidé de esperarlo (pero qué ingrata si hasta hace tan poquito moría por el sonido del portón en sus manos). Pero nada, che, no hay caso: sigo seca de lágrimas, de penas, de meos y otras humedades hacia él.

Lazos y cadenas


Batania (Neorrabioso) ha añadido una foto nueva al álbum:PALABRAS EN LA BASURA.
35 min · 

jueves, 27 de agosto de 2015

Premio

Anoche miré la tele hasta las 4 de la mañana, terminé el superchal de caudraditos para Magda; esta mañana abrí el ojo a las 10.38 y sentí, por primera vez, que todo es un premio a mis tantos años y días y meses de esfuerzo y decisiones: todo es mi premio: el sol por la ventana, las sábanas suaves, la fiaca bajo mi manta tejida, el levantarme a leer y escribir, a preparar mis poemas para envío a concurso, el prepararme para ir a mi seminario en Puán con tres escritores de visita hoy.

Esta tarde en Puán

Felix Bruzzone ha compartido el álbum de Letras Vuelve.
1 hora · 
Dentro de un rato, en puan 420, con natalia moret, gervasio noailles y la ubicua e impar elsa drucaroff, para hablar del sereno oficio de escribir. Sin fernet.
Este jueves 27-08 en el Seminario “Escritura creativa: teoría y práctica de la producción de ficciones”, a cargo de la prof. Elsa Drucaroff recibimos ret y a los escritores Felix Bruzzone, Natalia Moret y Gervasio Noailles.
La cita es en el aula 218 a las 17 horas

Ni muerta ni en sueños mi mamá pierde su onda

Me teñí ayer y soñé que le preguntaba a mi vieja cómo me quedaba y ella, con su mejor cara de ojete de madre vivita y coleando, me decía: "de gorda ignorante".

Roja que te quiero roja

miércoles, 26 de agosto de 2015

Viejo choto en el mac

Ayer vamos con mia-miga la Edi a tomar un cochinísimo helado al mac que se nos cruzó en nuestro ralí por Palermo-Belgrano (bah, fuimos a mear y el heladote fue la excusa, ¿o era al revés?). Cuando me estoy bajando del auto en el estacionamiento que nos costó bastante conseguir, se me aparece una mano venosa, oscura, de pelotudo malaonda (yo conozco a la gente por las manos) y una cara que combinaba con la mano me dice: ¿Cómo pensás bajar ahí? La mano protegía algo que no era yo ni la puerta del auto de Edi. Sonreí boludinamente mientras entendía que el pelotudo y su mano cuidaban su propio auto (blanco pero muy sucio) que estaba demasiado cerca del nuestro. Seguí sonriendo cuando le dije: Despacito. Seguí sonriendo y desplazándome lentamente, sobre un pie y de costadito, mientras él me decía: ¿No te parece que hubiera sido mejor bajar afuera? Y yo: Uy, ni me di cuenta, tranqui, no pasa ná... Y él: Para eso estamos nosotros acá. Yo te diría que pongas la mano o la pongo yo. Pero la sacó. No sé si porque se me había borrado ya la sonrisa o porque se le pegaba la roña de su auto de mierda.

Nada de brillantina tenés

Josefina Saffioti / De "mundo lego"









un sábado de mañana te dan las llaves
un hogar temporal, dos meses
de privacidad en un mundo
pegado con plasticola de colores
nada de brillantina tenés
 dos hijos varones.



a pesar de lo pactado volvés
a charlar con el dueño  de casa.
“no tenés nada que pagar, acordate
de poner una toalla cuando llueve.
el calefón no se apaga ni se enciende
acá dejo el teléfono de lumi”.
esta hilacha en la confianza se repite
discrepante en el camino hacia la entrada:
la cerradura de la puerta de arriba
solo es decoración para ladrones.

(...)

cucarachas salen de las rejillas
hay lagartijas tras las hornallas
un gato entra por la ventana
las arañas se descuelgan del cielorraso
anidan hasta las avispas.
rebalsa la casa de vida
útil y efectiva
estás padeciendo
su buen augurio.


Josefina Saffioti (Buenos aires, 1983), mundo lego, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2015

Foto: Josefina Saffioti FB


Enunciar el infierno tan temido para detener su repetición

GÉNERO
LITERATURA

"Mundo lego": la violencia de género se vuelve poema


Josefina Saffioti tiene 31 años y es poeta. En éste, su primer libro, arma y desarma con crudeza e intensidad escenas que ilustran un maltrato descarnado y que revelan como una espada filosa significantes del machismo contemporáneo ("la putita", "la tortita"). ¿Cómo conjurar la violencia del mundo para volverla grito de guerra, belleza, tabla de salvación?



Tuve contacto con "Mundo Lego" hace ya un par de años y de aquellas lecturas me quedaron grabados en la memoria unos versos que decían, de un modo mucho más bello que el aquél que yo recordaba: “no distingo quien/ me susurra morocha hermosa/ los rubios nunca nunca/ van a ser tus hijos”. Palabras que me impresionaron como sentencias clasistas y machistas, maldiciones o bendiciones, principios de guerra.

Este es a primera vista un libro de rubios contra morochos, dueños de casa contra desalojados, hombres violentos contra mujeres violentadas. Tensiones que se deslizan de un poema a otro en este mundo que la misma autora, Josefina Saffioti, acabará por militarizar hacia el final como quien descubre la necesidad de incorporar para sí misma una estrategia de defensa: “Una correcta división por colores/ permite fabricar una casa minada como campos/ de batalla desplegando infantería”, dice. Este enfrentamiento, en términos subjetivos, construye un yo que se sostiene en la alteridad: es en función de lo que el otro/a no es, o viceversa, no es eso que el otro/a encarna.


Primera distinción básica, diferenciación a mano de los chicos que jugando aprenden a dividir los roles, el espacio, las haciendas personales de las ajenas. Mecanismo este, el de sublimar escribiendo, que no abandonarán con el tiempo, cuando sean adultos y elaboren sus tragedias. La escritura, por supuesto, responde a este mecanismo: escribir para simbolizar, para atravesar el duelo (que en este libro queda suplantado por un expediente judicial); escribir para solucionar en el papel los problemas irresolubles de la vida. Pero, paradójicamente, los poemas de "Mundo lego" no niegan el infierno para procesar su horror, por el contrario, están hechos de dureza y realismo (aunque, por supuesto, siempre se trate de tópicos líricos, condenados a la subjetividad). Desde la elección de un lenguaje crudísimo hasta la construcción poética, por momentos antimusical y filosa, que no espera del mundo ninguna forma de suavidad.



Mundo lego es un libro escrito en la intemperie, que empieza de este modo: “cuando de visita nos dicen/ hacé de cuenta que estás en tu casa/ nunca es nuestra casa”. De esta manera Josefina Saffioti desaloja al lector y lo advierte sobre la mirada desilusionada que desarrollará en el libro. Personalmente creo que en poesía, cuanto más edulcorado y nâive sea el disfraz, es más cruda la verdad que esconde y que lo contrario también puede hacerse: mostrar la sombra para ocultar una esperanza. Precisamente, en los versos de Josefina se encierra un conjuro esperanzado, el de enunciar el infierno tan temido para detener su repetición.

En uno de los poemas finales del libro, los de la serie “a modo de supervivencia” Saffioti hace una enumeración que es el despliegue camuflado de una sábana de agradecimientos a sus amigos. Héroes que contrarrestan a los villanos del libro encarnados en los rubios, en el alemán, en el hombre que no la quiere bien, aquél que el yo lírico recordará por siempre como quien la llevó a 160km por hora por una ruta a contramano, el que se quiso acostar con su madre, el que le dijo que haría con ella lo que se le diera la gana. A este personaje contenido en "Mundo lego" entre versos que lo amurallan y tipifican se le debe una de las mejores y dramáticas zonas de este libro que, oh casualidad, sale a la luz en el post #Niunamenos, definitivamente una época en que a la violencia de género dejó de decírsele violencia doméstica y las cosas se empiezan a llamar por su nombre. Un tópico, el de este tipo de violencia, que prácticamente no fue abordado por la poesía argentina (los únicos ejemplos que recuerdo son el libro Salir de Egipto de María Julia De Ruschi y algunos de los últimos poemas de Claudia Masin).


Dice Saffioti: “tardaste ocho meses en/ escapar a otro país/ cantar otro idioma/ decir era violencia, negación/ conversar con humanos/ tardaste ocho meses en/ sacar el blackout de los párpados/ dejar de sucumbir a las delicias/ del fraude millonario al corazón”. De esta manera, el lego contenido en el título se desliza por homofonía a legajo, papel literal y simbólico en el que termina convertido en algunos casos el sentimiento amoroso. Es en este momento de máxima degradación de la confianza humana, cuando se origina este libro desesperado que busca conjurar la violencia del mundo en poemas contundentes, sucios y catárticos, cargados de una intensidad inhabitual.

"Mundo Lego" fue publicado por Ediciones en Danza, en Buenos Aires, en Julio de 2015.



Por Paula Jiménez España, escritora y periodista.

Tomado de http://entremujeres.clarin.com/genero/Mundo_lego-josefina_saffiot-poemas-poema-violencia_de_genero-paula_jimenez_espana_0_1419458272.html

Buena pérdida


Batania (Neorrabioso) ha añadido una foto nueva al álbum:PALABRAS EN LA BASURA.
2 h · 

Próximos tejidos para Milena

El robot funciona hasta que quiere ser humano

Sentencia de vida

Cuando asumes que todos los muertos los llevarás dentro de ti días, meses, uno quiere leer más de Guadalupe Nettel


Como en las viejas películas. Suban a un taxi y ordenen: rápido, siga a esa chica. Intenten que el conductor deje de trastear con el GPS (algunos taxistas han dejado de ser Torrente para ser el primo torpe del Capitán Kirk) y no pierdan de vista a Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), rutilante ganadora del Premio Herralde de este año. Nettel había sido ya finalista de ese premio en 2005 con El huésped, que también publicó Anagrama. Con ella son ya cinco los autores mexicanos que ganan el Herralde de los últimos diez fallos (Sada, Pitol, Villoro, Enrigue y ahora Nettel). No, no la pierdan de vista porque la recurrente etiqueta de imprescindible nueva sensación de las letras hispanoamericanas desprende un aroma a comentario certero. Cuando uno acaba de leer esta novela. Cuando se recupera de ella. De su trabajo y su dolor, de la luz amarillenta de desesperanza y fe en nada, en seguir, en no dejarse caer porque a nadie importa que te caigas. Cuando lo consigues, mucho después de finalizar las 270 páginas de la novela. Cuando asumes que todos los muertos los llevarás dentro de ti días, meses, uno quiere leer más de Guadalupe Nettel. Lo cual imagino que es de lo mejor que puede pasarle a un escritor y a un certamen literario.
Es Después del invierno, una novela escrita desde cualquier lugar de la habitación menos desde el centro. Los personajes, las situaciones, los barrios y sus ciudades, los afectos y las amistades, los traumas y los miedos son esquinados, de perfil punzante pero difícil de ver en una fotografía que no tenga su relieve ni granulado. Son postales, canciones, cartas, mensajes en contestadores, soliloquios nacidos y desarrollados en los márgenes, las cuatro esquinas del otro que quiero ser yo. Claudio —cubano, residente en Nueva York que trabaja en una editorial— y Cecilia —mexicana, vive en París y estudiante de tesis— son los personajes centrales pero ¿quién podrá olvidar a los magníficamente dibujados secundarios Ruth, Tom, Haydée, Susana…? Atrapados todos en la misma cápsula que les protege. Sus neurosis, sus excusas, sus heridas, su pertinaz manera de sobrevivir en un ambiente hostil o simplemente indiferente.
Nettel nos sirve una novela sobre el extrañamiento. Los personajes están en otros climas y ciudades —míticas— que no son en donde nacieron. Han acudido hasta allí deformes, lisiados, huyendo de cuerpos, familias y culturas en los que nunca estuvieron armónicos ni integrados. Pero llegan a donde nadie les espera ni les ve ni escucha. Su existencia es la de bacterias que son rechazadas por el cuerpo al que acuden al ser portadoras del virus de la extrañeza, de la decepción. No las rechaza ese cuerpo con una muralla o una vacuna (París, Londres, el amor, la salud) sino que las asume para aislarlas y hacerlas inofensivas, irrelevantes, nada. Personajes que se desconstruyen y construyen con neurosis e inercias, cada vez con menos y peores piezas del rompecabezas. La vida no es una historia con final justo y feliz. La Nettel novelesca nos recuerda eso y que, en el mejor de los casos, conseguirás llegar a la conclusión de que tienes límites, de que hay cosas y sentimientos que no podrás tener o sentir, y con eso deberás elegir si quieres seguir adelante.
Es difícil transitar de un modo tan soberbio como lo hace Nettel por este paseo entre vidas en apartamentos que parecen nichos y nichos que son pozos con un eco que nos recuerda que estamos vivos. EnDespués del invierno, Claudio vive una relación complicada pero solvente con una dopada mujer mayor que él y de posibles, Ruth, y arrastra el recuerdo de su primera novia, Susana. Claudio es solipsismo absoluto altamente rentable. El robot funciona hasta que quiere ser humano. Cecilia tiene una relación especial con Tom, un italiano de salud delicada y querencia por igual a comer bien y los cementerios. En París se encuentran Claudio y Cecilia y la novela parece tomar un cierto derrotero. Prosigue el deslumbramiento amoroso en Nueva York. Pero Nettel sabe lo que se lleva entre manos y coloca pétalos y espinas en cada rosa. Pasiones, fobias, miedos hacen que como bolas de billar unos personajes choquen contra otros. De un chispazo, aparecen el cariño, el deseo, la pasión, el tedio o un pertinaz detestarse. No hay soluciones ni respuestas. Como las grandes novelas solo preguntas y pequeños momentos de luz, armonía y soledad. Todo ello desarrollado con mucho talento. Con páginas que respiran y personajes que se levantan del papel así como los fantasmas que hay en ellos (Vallejo o el Cortázar parisiense), pero todo retorcido, personal muy cercano a ese Planeta Nettel que solo conoce ella. Los diálogos funcionan, las escenas —solo tenemos la sensación de embarrarnos en el sistema dual de explicarnos la relación de los días vividos por Claudio y Cecilia— son un caleidoscopio que no gira sino que va hacia delante. Buen principio, desarrollo y final con aroma a amarga fábula moral o amoral, aún no lo sé días después de su lectura. En taxi, en bicicleta o corriendo: sigan a esta escritora. Produce una inquietante y aterradora compañía leerla, casi como pasear un día de lluvia por un cementerio.
Después del invierno. Guadalupe Nettel. Anagrama. Barcelona, 2014. 270 páginas. 17,90 euros (digital: 13,99)

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...