Nueva frente despejada

 Yo solita, a mi manera, dos horas y pico de laburo. Me cansé. Ahora me encanta ir reacomodando, llevando y trayendo gajos, transplantando. Simón y Docky van ocupando sus puestos de cuidado con vista a la vereda.
















Dejando ir el ojo de poeta viejo

 El eclipse de luna, según astrólogos de confianza, pide dejar ir lo que ya no resuena con la nueva identidad de una. Mi enrededera de adelante, el ojo de poeta que Magdalena me regaló hace cuatro años, ya estaba medio seco, muy crecido y tapando toda la reja. Lo esperé a ver si brotaba después de las heladas pero no, pobre, unas hojitas verdes no más y todo ramas secas. Así que saqué todo. No me sentí asesina porque hay dos gajos suyos que están creciendo divines en dos lugares privilegiados de mis patios. Así que sigo teniendo ojo de poeta amarillo que rebrota y solamente dejé ir lo seco.