jueves, 30 de abril de 2015

Las rayas del tigre por entre los bambúes

“Mi sensación al intentar escribir un poema es siempre la de estar ‘de caza’ o tratando de aproximarme. Cuando mentalizo la idea de un poema procuro ponerme en total disponibilidad (aunque infelizmente eso no siempre se puede) y trato de hacer el menor ruido, el menor movimiento posible, digamos así,para no espantar al bicho.
(...) Escribir un poema para mí es exactamente eso: ver las rayas pasando por entre los bambúes e intentar, a partir de ellas, adivinar (y mostrar) el tigre entero, ya sabiendo de antemano que el poema será tan solo el resultado fugaz y aproximado de ese vistazo previo incompleto”.



Claudia Roquette–Pinto

La poesía viene a hablar de locura

 
 
 
Em trapos
A poesia vem falar de dinheiro
A poesia vem falar de fé
Da reumática e ensurdecedora
Que cala e medra
Melhor:
A poesia vem falar de
Ignorância
A poesia vem falar de
Calamidade
A poesia vem falar de
Maldade
Daquela de um ser humano que
Enfia uma faca no corpo do outro
E gira
Só pra ouvir o grito
Daquela que amarra no tronco
Tortura e faz plateia
Só para ver as caras de desolação
A poesia vem falar de
Exemplo
A poesia vem falar de lixo
Despejado no mar no espaço no estômago
Vem falar de grupos econômicos
De agronegócio
De corrupção
De ursos polares perdidos
De remédios que já existem
E que os doentes não tomarão
A poesia vem falar
Da falta de toda poesia
Que há neste mundo que
Não abriga poetas
Nem gente de bom senso
Que não acolhe os grandes
Nem os pequenos
A poesia é uma desterrada
E vem falar
Sozinha
Sobrevivente andarilha
De um armagedom
Que já houve
(Não. Ninguém pronunciará amor)
A poesia vem falar de loucura.





Adriane Garcia
Imagem de Ray Caesar

Pequeñas delicias de la vida noconyugal

Me gusta doblarte los puños de la camisa que tenés más arrugada todavía que cuando yo NO te las planchaba.

miércoles, 29 de abril de 2015

Tratando de convencerme a mí misma de que mi libertad NO apesta


¿Te acordás cuando quisiste salir en bolas en una película?

Él es medio bestia para acordarse de mis cosas. Me encanta que se acuerde y que me haga acordar de partes de mí que ni sabía yo que habían existido. Resulta que una vez (no me acuerdo si yo tendría 19 o 21 años, pero sé que eran antes o inmediatamente después de tener a Julián) fui a un casting para la película La peste que se iba a filmar en Buenos Aires (creo que efectivamente se filmó). Ni me pregunten cómo me enteré de eso si ni había face. Yo tenía el pelo muy cortito en ese entonces y me preguntaron si me animaba a raparme, dije que sí. Me preguntaron si me animaba a pasar desnuda, en grupo, por detrás de una escena, como extra entre las apestadas que eran llevadas a los baños. Dije que sí. Se ve que se lo conté a él y, a pesar de que nunca me llamaron para el papel, el pobre señor (chico en ese entonces) quedó marcado de por vida.

Olimos el aire de una gruta donde duermen murciélagos centenarios

TERESA ARIJÓN


Amor
I
No cabía en sus manos, no cabía en sus pies, no cabía en su
alma cuando vino. Como una cebra montaraz, pequeña, como
el pelaje de una oveja descarriada. Como escribir un poema
en la mañana fría; como no escribirlo y dejar que suceda.

II
Deshizo para siempre el emblema de la memoria e incendió
las tierras alambradas, buscó el néctar pasado entre el humo
y no encontró nada. Antes de irse, rompió el cántaro y selló
la fuente.

III
Vino y trajo el mundo nuevo, y hablamos de ciudades como
cartas marcadas, de Praga y de Lisboa y del tren que nos
llevaría a Cascais mientras leíamos como si fuéramos un
poeta cetrino y su fantasma. Como si fuéramos la piedra y
la honda. La taza de plata de la que bebe el ogro y la medalla
de oro que luce la ogresa. Lo que se oculta y nombra. Lo que
nombra y lleva.

IV
Vino como el tumulto salvaje del corazón salvaje, y me hizo
conocer el relámpago y la selva verdadera, y olimos el aire de
una gruta donde duermen murciélagos centenarios.
Vino para hacerme tocar el río austero, enemigo y reflejo del
cielo. Vino para nombrar a Héspero, la mirada del vigía
en la tormenta, el filo del cuchillo en la penumbra de una
casa ajena.
Vino para secar el mar amargo, para que la sagrada espesura
del bosque vuelva a cerrarse, para que el lobo rompa su
clausura como quien congela el metal de un candado
y lo parte en dos.


(…)

Hasta que la muerte nos separe
de este cuerpo mortal, quedan un par de cosas por hacer.
Por ejemplo, dejar que la cigarra cante su canto
por enésima vez este verano
y no contrariarla. No leerle la fábula de la hormiga
precavida y rencorosa que, en vez de cantar,
eligió alzar un imperio.
Después, todo queda en la vidriera.
Hasta el sol de las mejores mañanas.
Después, no hay un mañana mejor.
Ni hay mañana.

Amor
¿Seré acaso la campana que soñaste,
ese fragmento de materia ciega
venido de otro tiempo para tañer despacio,
opacamente y solo —tal vez— para tu oído?
¿Seré ese caballo desbocado que sin freno
atravesó el paisaje en pleno mayo
para caer a tus pies?
¿Ese destino esquivo
de una campana antigua y su leyenda?
¿Un caballo en el fondo de un pozo
en la noche perfecta?

De: ALIBÍ   (Buenos Aires, La Rara Argentina, 1995)
+ OTROS POEMAS DE LA ÉPOCA

La especie humana lucha para imponer al palpitante mundo un poco de rutina y lógica

“Los ojos, por encuanto, son la puerta del engaño; dude de ellos, de los suyos, no de mí.
Ah, mi amigo, la especie humana lucha para imponer al palpitante mundo un poco de rutina y lógica, pero algo o alguien de todo hace grieta para reírse de nosotros...”

João Guimarães Rosa

martes, 28 de abril de 2015

Agradecerle a Dios o cagarlo a puteadas

TATUAJE



El amor y su llaga física.
El que te saca de quicio.
El que te lleva a pensar
si es cierto lo que hasta ahora viviste.
El orgulloso y el ridículo.

El brutal amor
volviendo todo lícito:
traición, engaño, mentira.
El depredador y su sonrisa.
El que te marcó de por vida.
Gracias a Dios lo conociste.




(Juan Gustavo Cobo Borda, Poesía reunida, Turquets editores)

Los amantes se llaman por teléfono para escuchar tan sólo su propia respiración






Ofrenda en el altar del bolero





Juan Gustavo Cobo Borda








¿Habrá entonces otro cielo más vasto

donde Agustín Lara canta mejor cada noche?

¿O seremos apenas el rostro fugaz

entrevisto en los corredores de la madrugada?

Aquel bolero, mientras el portero bosteza

y los huéspedes regresan ebrios:

aquel que habla de amores muertos

y lágrimas sinceras. Los amantes

se llaman por teléfono para escuchar

tan sólo su propia respiración.

Pero alguien, algún día, cambiándose de casa

encontrará un poco de aquellos besos

y mientras tararea:

Déjame quemar mi alma en el alcohol de tu recuerdo

escuchará una voz que dice: La realidad es superflua.

Vieja y sagaz la tristeza adivina nuestro único rostro valedero

Consejos para sobrevivir



Juan Gustavo Cobo Borda



II





Ahora, cuando mi vida

se parece cada vez menos a mi vida,

recorro las calles de piedra del pasado

y contemplo, turbio de asco e ira,

cómo todo se reduce a la muy larga torpeza

de incesantes comienzos.

Recuerdos enmohecidos, malas costumbres

y ese desasosiego que nos acoge

con rubor inevitable: la cobardía.

Repugnancia por días inmundos

y el seguir, con terquedad,

prisioneros de nosotros mismos.

Vieja y sagaz

la tristeza adivina nuestro único rostro valedero.

Entretanto, en el bosque nocturno,

el cadáver florecía de deseo.

La poesía es la otra historia

"La poesía apenas si tiene que ver con la historia. Es la otra historia. Nace en esa "inmunda tienda de andrajos y osamentas llamada corazón", como la calificó Yeats. Luego se convierte en otra cosa. Gracias a su mediación el mundo se torna claro. Recordamos perfectamente lo que nunca habíamos vivido de ese modo. Las palabras no sustituyen la realidad, pero luego de que la realidad desaparece, sólo ellas la recuerdan. Le dan razón de ser. Solo ellas... y el mundo que parece refutarlas, paso a paso. El mundo, que sin las palabras no sería sino pura nada."



Juan Gustavo Cobo Borda

La mayor sabiduría consiste en desaparecer a tiempo

CONSEJOS PARA SOBREVIVIR

I

Tu recuerdo me acorrala
y un animal, débil y acezante,
cura sus heridas con paciencia.
Me huelo buscando en mi piel
huellas de la tuya
y hay algo ciertamente espantoso
en dormir sin ti.
Repito,
un poco cansado de recalcar lo obvio,
que te quiero y ojalá nunca me olvides.
Pero esto es, o pretende ser,
un poema de amor.
Borra el énfasis,
diluye todo grito patético
y recuerda que la mayor sabiduría
consiste en desaparecer a tiempo.




(Juan Gustavo Cobo Borda, Poesía reunida, Turquets editores)

La tragedia consérvala en secreto

AUTÓGRAFO



A quien se debate también
entre el abandono y la lástima:
tal podría ser la grandilocuente dedicatoria
y luego los prolijos catorce versos
rezumando almíbar

Qué decirte
que no te hubieran dicho antes
la muchacha de la casa, la tía solterona:
resignación y experiencia.

A los libros, quítales el polvo,
ordena el closet y consigue aquellas matas
que siempre has querido
para el balcón del apartamento.
La tragedia consérvala en secreto.




(Juan Gustavo Cobo Borda, Poesía reunida, Turquets editores)

Vale me da

Mi amiga, mi dulce poeta, abogada, compañera, me dice que mire en su muro los poemas de un tal Juan Gustavo Cobo Borda. Es increíble que las cosas te vengan por donde se les cante y sin aviso (pero como sabiendo que las esperabas). Mi corazón partío (sic) siempre agradece.

Quiero ir a ver a Paula

Cohen vs Rossi

¿Qué decir de esta peli? Y bueno, eran las 12 de la noche... Me dio risa lo jóvenes que estaban el Chueco y Laura Novoa y Posca y Peretti. Me gustó ver a mi querida Gabriela Acher y a su única paciente almodovariana. Genial la nonna Alcón y su novio idish. Ritta Cortese fumona, Carnagui mafioso, la Inocentti de actriz porno e hija frustrada. Bueno, al final, nada mal ¿no?

La Alicia de Burton

Ya la había visto apenas se estrenó y ya había puteado lo suficiente contra lo patético del Sombrerero loco y sus bailecito ridi. Así que anoche pude verla sin espectativas (o con las peores). Me gustó la boquita de la Reina Roja, la bondad mal disfrazada de la Reina Blanca, el yamelwoki o como corno se llame el coso que derrota Alicia en el final (patético, muy patético el final fuera del hueco en el árbol)

Cuánto será mi dolor

Maldigo Del Alto Cielo


Violeta Parra




Maldigo Del Alto Cielo
Maldigo del alto cielo
la estrella con su reflejo,
maldigo los azulejos
destellos del arroyuelo,
maldigo del bajo suelo
la piedra con su contorno,
maldigo el fuego del horno
porque mi alma está de luto,
maldigo los estatutos del tiempo
con sus bochornos,
cuánto será mi dolor.

Maldigo la cordillera
de los Andes y La Costa,
maldigo, señor, la angosta
y larga faja de tierra,
también la paz y la guerra,
lo franco y lo veleidoso,
maldigo lo perfumoso
porque mi anhelo está muerto,
maldigo todo lo cierto
y lo falso con lo dudoso,
cuánto será mi dolor.

Maldigo la primavera
con sus jardines en flor
y del otoño el color
yo lo maldigo de veras;
a la nube pasajera
la maldigo tanto y tanto
porque me asiste un quebranto.
Maldigo el invierno entero
con el verano embustero,
maldigo profano y santo,
cuánto será mi dolor.

Maldigo a la solitaria
figura de la bandera,
maldigo cualquier emblema,
la Venus y la Araucaria,
el trino de la canaria,
el cosmos y sus planetas,
la tierra y todas sus grietas
porque me aqueja un pesar,
maldigo del ancho mar
sus puertos y sus caletas,
cuánto será mi dolor.

Maldigo luna y paisaje,
los valles y los desiertos,
maldigo muerto por muerto
y el vivo de rey a paje,
el ave con su plumaje
yo la maldigo a porfía,
las aulas, las sacristías
porque me aflige un dolor,
maldigo el vocablo amor
con toda su porquería,
cuánto será mi dolor.

Maldigo por fin lo blanco,
lo negro con lo amarillo,
obispos y monaguillos,
ministros y predicandos
yo los maldigo llorando;
lo libre y lo prisionero,
lo dulce y lo pendenciero
le pongo mi maldición
en griego y en español
por culpa de un traicionero,
cuánto será mi dolor.

La Mistral y mi odio

Siempre dije que no entendía a los que odian a alguien que amaban hace dos o tres días. Ahora entiendo la función del odio pero ¿cómo hago si no me sale?
Me vienen a la cabeza, de memoria (¿qué hacían ahí tantos años?) los versos de Gabriela Mistral:

"Si yo te odiara mi odio te daría/ en las palabras rotundo y seguro./ Pero te amo y mi amor no se confía/ a este hablar de los hombres tan oscuro."

Locos locos locos

Televisión: Arlt revisitado

“No adaptamos literatura para la televisión, sino la televisión a la literatura”. Lo decía y lo repite Ricardo Piglia cuando habla de Los siete locos/Los lanzallamas, la ficción televisiva que se estrenó esta semana en la TV Pública (de martes a viernes a las 22.30) y que él mismo adaptó junto a un equipo de siete guionistas.


“No adaptamos literatura para la televisión, sino la televisión a la literatura”. Lo decía y lo repite Ricardo Piglia cuando habla de Los siete locos/Los lanzallamas, la ficción televisiva que se estrenó esta semana en la TV Pública (de martes a viernes a las 22.30) y que él mismo adaptó junto a un equipo de siete guionistas. En 30 capítulos de media hora sin cortes transcurre esta versión minuciosa y expresionista de la genial novela de Roberto Arlt (y su estricta continuación), ambientada en la Argentina de los años 30, que recupera con lógica de folletín esa atmósfera de conspiraciones y anhelos de batacazo que los directores, Fernando Spiner y Ana Piterbarg, resolvieron con muy buenos recursos. El ambicioso proyecto, una coproducción de la TV Pública, la Biblioteca Nacional y la productora Nombre, fue tomando forma durante los dos ciclos de clases, Escenas de la novela argentina (2012) y Borges post Piglia (2013), que el destacado escritor y ensayista realizó en el mismo canal y con el mismo equipo de producción. “Compartimos con él el gusto por las nuevas series de culto de la televisión como Breaking Bad , Los Soprano o The Wire ”, revela Alejandro Montalbán, sociólogo y productor de la serie, junto a Gabriel Reches. Las posibilidades narrativas y estéticas nuevas que se abrieron en televisión con estas series, más complejas, interesantes y de larga duración (la indiscutida división en temporadas) les hicieron posible pensar en un proyecto como este. “Dijimos: tenemos que hacer algo así pero con una historia bien argentina, y Los siete locos cayó de maduro”.
Durante el primer capítulo, emitido el martes, el personaje Ergueta pronuncia la maravillosa, por su porteñismo puro: “¿Qué te pensás, que porque leo la Biblia soy un otario? ¡Rajá turrito, rajá!”. Ergueta es el versátil Fabio Alberti, que forma parte de un elenco de figuras en el que Carlos Belloso es el astrólogo; Daniel Fanego, el rufián melancólico; Pablo Cedrón, Barsut; Marcelo Subiotto, Bromberg; Pompeyo Audivert, el buscador de oro; Claudio Rissi, el mayor; Martín Slipak, el abogado; y Luis Ziembrowski, el secretario de redacción. Mientras que Moro Anghileri es Aurora, una prostituta ciega; Julieta Zylberberg, Hipólita, ex prostituta; y Belén Blanco, Elsa, la mujer de Remo Augusto Erdosain, el protagonista, interpretado por Diego Velázquez, ese tipo oscuro y obsesionado con los inventos como el autor. “Por un lado los personajes parecen marionetas – analiza Montalbán–, por eso tienen esos nombres. Pero a la vez son menos que sujetos, personas, y son más también”. Es tan fuerte cada personaje que ponerle cara y acertar con el estilo de actuación no fue tarea sencilla. El de Daniel Hendler, por ejemplo, es un personaje inventado para esta singular miniserie: el comentador. Y surge de las “Notas al comentador” que a pie de página de la novela funcionan como un narrador que va explicándolo todo. Aparece en el primer capítulo, también, cuando Erdosain se despierta en su casa y pasa los tres días siguientes ahí, fugado de la policía después de cometer un asesinato. “Es un periodista que trabaja en un diario de mala muerte haciendo policiales y que se vincula con la visión conspirativa-política junto al astrólogo con la idea de meter un gran reportaje, saltar a la fama y escapar a un destino gris”, cuenta Montalbán de esta libertad creativa que se han tomado los guionistas, a cargo de Leonel D’Agostino. El equipo se completa con el historiador Javier Trímboli y la socióloga María Pía López.
La ciudad es protagonista en la novela y requirió de soluciones más que creativas por parte de los directores para resolver cuestiones del clima de época. En una casa de Temperley se filmaron las escenas de la quinta del Astrólogo, pero las imágenes de Buenos Aires son reales, están tomadas de material del Archivo General de la Nación. “Con artilugios técnicos pero sobre todo con una percepcíon artística muy fina, los directores hicieron un uso original de las imágenes de archivo que por momentos parece transformar todo en un cómic, por eso sale del realismo clásico y a la vez son menos y más reales que nunca”, analiza Alejandro Montalbán.
Claro que no es la primera vez que la literatura arltiana tiene correlato audiovisual. El juguete rabioso , novela publicada en 1926, tuvo dos versiones: una en 1984, dirigida por Aníbal Di Salvo y José María Paolantonio; y otra en 1998, a cargo de Javier Torre. En el ciclo Especiales de Alejandro Doria (1996), tuvieron versión televisiva los cuentos “El jorobadito” y “Noche terrible”. Para entonces, Leopoldo Torre Nilsson había llevado Los siete locos al cine, en 1973. Como en aquella versión, la actriz Leonor Manso en esta oportunidad también encarna el papel de la abuela Bizca. Los 90 minutos con que contó Torre Nilsson lo obligaron a tomar caminos muy diferentes. “Eligió una estética cercana al grotesco, mientras que nuestra apuesta estética está más cercana al expresionismo”, define el productor. “Con 30 capítulos, nosotros pudimos estar más atentos a la linealidad de la trama”, agrega Montalbán que concede que Piglia ya vio el material y “está entusiasmado”.

Agua= mamá

12 min ·
Querida clienta waldorf:
Ayer limpié la gigantesca pileta que hay al lado de tu casa y al terminar, como hace tiempo que no me llamás, me asomé a ver en qué andaba la tuya. Anda verde. Veo que la abandonaste. Abandonar a tu pileta es abandonarme a mí. Sufro mucho el abandono. Incluso el abandono de una pileta. Podés ser abandonado por muchas cosas. Pero ser abandonado por una pileta es como ser abandonado por tu madre. Me lo dijo una astróloga. Agua=mamá. Además hay un tema comercial: me habías dicho que mantenías tu pileta todo el año. ¿Te pensás que sin ese dato yo hubiera accedido a todos los insufribles pedidos con los que casi me volvés loco este verano? Ahora resulta que el dato era falso. O sea que además de abandonarme me engañaste. Bastante mal. Ayer vi en la estación del tren a una parejita. Estaban sentados en un banco. Ella lloraba y balbuceaba reproches como los que yo te hago ahora a vos. Él no la tocaba, miraba al piso y cada tanto revisaba su teléfono. Cuando estaba llegando el tren, se levantó y se alejó un poco. Ella siguió llorando. El tren entró al andén. Ella cambió un poco la cara, se recompuso, se levantó, caminó para donde estaba él y antes de que se subiera al tren le pasó por al lado y siguió, y se fue. Él tenía que tomarse el tren y lo único que podía hacer era ver como ella se iba. En el último minuto la abandonadora fue ella. Gran performance, la piba. La pollerita tableada, las piernas desnudas, la hermosa melena suelta en el viento, muchas cosas que él ya nunca va a poder tocar. Así que sabelo, clienta waldorf, yo soy esa chica de la estación del tren. Hacé la prueba de llamarme. Vas a ver.

Del coger

Bienaventurados los cogidos, los cogientes, los que pueden prescindir del coger.

Del llamado

Bienaventurados los llamados, los llamantes y los que pueden prescindir del llamado.

Es más fácil calzar mocasines que alfombrar toda la tierra



Nuestro cuerpo individual es un absurdo

La antropología revela que los canacas confunden órganos y vegetales



Marcelo Díaz (Bahía Blanca, 1965)



Así es. Cuando un niño canaca nace, el cordón umbilical es enterrado junto a un retoño en un lugar del bosque cercano a la aldea. Así ligados al nacer, los canacas son ellos y son también los árboles que los rodean. Esto es particularmente notorio en la lengua canaca, en la que las partes del cuerpo son nombradas con derivaciones de palabras provenientes del mundo vegetal. Una obviedad decir que para los canacas nuestro cuerpo individual es un absurdo. Mucho más de los canacas no se. Pero mientras dispongo unos troncos para iniciar un fuego, acomodo el asado en una bandeja, y hago bollos de papel de diario para encender, imagino una fogata canaca y me pregunto cómo calienta ese fuego alimentado con una parte de sí mismos. También pienso que entre los canacas el cuerpo es una extensión hacia adentro del mundo, y viceversa, por lo que cartografía y anatomía canacas, si existiesen, serían disciplinas intercambiables.

Un topo y una pareja

Problema nº 2


Marcelo Díaz (Bahía Blanca, 1965)



Un topo cava un pozo que atraviesa una ciudad de trescientos mil habitantes en un tercio del tiempo que una pareja emplea en buscar razones para seguir juntos. Si tenemos en cuenta que el topo hace el trabajo solo y la pareja se reencuentra después de un par de semanas ¿qué diámetro debería tener el túnel para garantizar una salida sin problemas? ¿en qué piensa cada uno después de haber hecho el amor?

Poetas y más poetas

Busco a un poeta que escuché leer el otro día y encuentro a otro que nunca había leído en mi vida.
Y una se deja encontrar.

Un orden permanentemente provisorio

El topo como caso de perfección azarosa


MARCELO DÍAZ (Pero el de Bahía Blanca)



Hay quien postula que los topos trazan sus galerías al azar. Otros, sin embargo, consideran que sus diseños responden a un orden geométrico perfecto. Todo lo que es posible decir al respecto es que el topo planifica con las uñas. Mirar no va a andar mirando mucho, porque no ve. Un topo no es un búho, convengamos. Tampoco cava porque sí: negocia un equilibrio entre sus necesidades y los accidentes del terreno. El suyo es un orden permanentemente provisorio.



MARCELO DÍAZ

Marcelo Díaz nació en 1965 en Bahía Blanca. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Sur. Integró el grupo de Poetas Mateístas que realizaba murales en las calles de Bahía y editaba la revista mural CUERNOPANZA. Fue editor y redactor de la revista objeto VOX y de VOXvirtual. Publicó "Berreta" (Libros de Tierra Firme,1998) ,"Diesel 6002" (Vox, 2001) y Laspada (El Calamar, 2004). Trabaja en “FerroWhite - museo taller” donde coordina el proyecto de teatro documental Archivo White, con la dirección de Vivi Tellas.

Basta de la ñata contra el vidrio

Esta vez no lo miro de afuera, estuve ahí aunque no salí en las fotos porque cuando me dijeron "Sentate adelante o donde quieras" dije que mejor atrás para no joder con las muletas. Tengo que entrenar mi lado star.

Algunas imágenes de la lectura del domingo 26 de abril. Invitados de lujo: Loyds Lebrón, Sonia Scarabelli, Marcelo Díaz, Liliana Colanzi y Mario Ortiz. Fotos de Guillermo Valdez.



Poesía CF

Marcelo Díaz - Un lenguaje en movimiento


poesia argentina
Foto: Nadina Marquisio


El cometa

Una ambulancia cruzó la esquina.
Es la única estrella en el cielo
antes de que se interrumpa
la continuidad de cada cosa.
Me lo dijo el ojo convencido del enfermo
que apuntaba desde la ventanilla.
La memoria reducida
a un agónico instante de lucidez
y algunos que realizan
el mismo ejercicio de rotación
sobre el manto de lo real
como si nada hubiese pasado.


Poética

Una mano construye un hogar de luz
en galaxias cercanas
y abre las puertas de la tierra
con la respiración.
Por un minuto creo
que la poesía es un anillo de cenizas
alrededor
de transbordadores espaciales.


La estación

Por un instante el planeta
es una estación de servicio.
Me hablaron sobre su núcleo,
un corazón incandescente y amarillo
como la capa de Flash Gordon.
El auto necesita un cambio de aceite
pero no nos detenemos.
Cruzamos el campo
igual al disco de Led Zeppelin.
Pienso en una película de ciencia ficción:
en el horizonte las naves espaciales
relampaguean distantes.


Osa mayor

Con el anillo de Linterna Verde
dibujo una balanza en la Vía Láctea.
En el centro están las enanas blancas
y su calendario intacto.
Cómo hablar de los fósiles del tiempo,
más reales que las hojas
del árbol de la eternidad, si todavía cargamos
con un lenguaje en movimiento
como una flecha sin dirección.
La materia agoniza y se desprende
de la galaxia como un cartón mojado.
El espíritu de superhéroe
lo perdí hace años
el día en que mataron a Superman.


Osa menor

El eje terrestre se detiene.
Es inédito. Olvidamos que la luz
es sombra carbonizada
y que la radiación la multiplicará
como los panes.
Más tarde o más temprano
los nombres de las constelaciones
repoblarán los espacios celestes,
donde el único método que nos define
consiste en habitar la ausencia
con la ausencia.




Ilustración: Cecilia Saracho



Marcelo Daniel Díaz nació en 1981. Vive en Río Cuarto (cba). Es profesor y licenciado en letras egresado de la Universidad Nacional de esa ciudad,  colabora con la cátedra "Análisis del discurso". Participó en la antología “Es lo que hay”. Ese mismo año publicó el libro de poemas “La sombrilla de Wittgenstein” y un conjunto de relatos que se llamó “Los límites de Tlön” (Ambos premiados en el concurso provincial de editorial cartografías). En 2010 participó de las residencias literarias del Centro de Arte Contemporáneo de Córdoba a cargo de Silvio Mattoni, María Teresa Andruetto y Alejo Carbonell. El año pasado publicó el libro de poemas “Newton y yo” con editorial Nudista. Y hace unos meses publicó el texto de lingüística “La palabra y la acción: la máquina de enunciación K” con el sello de EDUVIM.



La poesía es un anillo de cenizas

Poética


Marcelo Díaz



Una mano construye un hogar de luz
en galaxias cercanas
y abre las puertas de la tierra
con la respiración.
Por un minuto creo
que la poesía es un anillo de cenizas
alrededor
de transbordadores espaciales.

Vida llena

lunes, 27 de abril de 2015

Mi ventana y yo

El relieve acentuado de las orografías

Mapas

Cartografía ilustrada


Desde su infancia, el ilustrador español Fernando Vicente ha recorrido en múltiples cartografías el cauce de los ríos, el relieve acentuado de las orografías, los intrincados accidentes geográficos y las cambiantes fronteras políticas. Esta curiosidad largamente sostenida ha sumado a su versatil trabajo, una serie de mapas en los que se funden territorios reales con figuras mitológicas, siluetas animales y humanas y guiños literarios.
Desde siempre me han gustado mucho los mapas y los he coleccionado durante años, tanto los atlas de las bibliotecas como los grandes mapas con los que nos enseñaban geografía en el colegio.Tengo recuerdos del colorido de los mapas políticos, las intrincadas orografías de los mapas físicos y, de crío, más de una vez me tocó pasar al tablero a dibujar un mapa para que el profesor diera alguna explicación en la clase de geografía al resto de la clase.
Los mapas que ahora ilustro no surgieron por ningún encargo directo, sino por esa inquietud que siento desde la infancia. Quizá la única excepción sea la serie "Mapas literarios" que empezó por una solicitud del suplemento cultural Babelia de El País. En 2002 me pidieron una ilustración sobre el resurgir cultural de Brasil y les gustó tanto que la pusieron en portada. A partir de entonces he hecho una larga serie que incluye mapas de Chile, Cuba, Colombia, Perú, Argentina, México...
El proceso de creación implica en buena parte la pasión y meticulosidad del coleccionista. Muchos de los grandes mapas que he ido comprando estaban deteriorados por el tiempo; al encolarlos sobre lienzo, los restauro y a la vez puedo manejarlos dándoles vueltas sobre su eje para descubrir nuevas formas. Trato, en la medida de lo posible, de que la ilustración guarde una relación conceptual con el territorio al que corresponde: canguros en Australia, caras negras en África... Pero no todo hace referencia a la realidad, también me fascinan las cartografías antiguas con ballenas y delfines, monstruos, sirenas y cabezas de Eolo soplando los vientos. Hasta tengo en mi estudio un cuaderno lleno de orografías inventadas.
Pero, además de mi vieja pasión como coleccionista y fanático de cartografías, el proceso consiste en buena medida en tomarme el tiempo de mirar a las nubes detenidamente y encontrarles nuevas formas. Eso son estas ilustraciones: una colección de mapas reales, un recorrido por las cartografías de mi infancia y un libre ejercicio de imaginación.

Un poquito de miedito

Ayer, en la autopista cargada de autos, me venían a la cabeza tantas imágenes de pelis en las que caen extraterrestres, revientan autos, viene un tornado, una inundación, un monstruo que se come todo, y cómo hace una para salir corriendo con muletas como las mías. Pensé que yo sería la chica de la peli que se ve gritando porque se la morfó Gotzila o se la llevó la ola, nunca la heroína que fue salvada porque sabe correr y correr y correr hasta el final.



Ayer, para llegar a un lugar genial al que quería ir hace mil, tuve que caminar con mis muletitas por un puente sobre las vías del SArmiento de esos de los que una dice "no cruces nunca por ahí". Y crucé despacito. Y pensé qué hace una si tiene que salir corriendo y tiene una pata a medio curar como la mía.

Cómo me gustan las texturas

La inspiración dormida

Ilustración: David G. Forés
Libro: La inspiración dormida

La figura del odiador


Jueves 06 de noviembre de 2014 | 01:03

Días y noches de odio y cocaína


Por Maximiliano Tomas | Para LA NACION




El odio, como corriente afectiva y como fuerza social, parece haber estado ahí desde siempre. Pero el hater (el odiador) es un destilado contemporáneo, una de las figuras que solo se comprenden en una época de incertidumbre y conectividad como la nuestra. Con el desarrollo de las tecnologías y las redes sociales, el hater obtuvo un estatuto, una plataforma y una autonomía. Para confirmarlo, no hace falta más que penetrar superficialmente en las redes, o echar un vistazo a los comentarios de un artículo cualquiera en Internet: por todos lados se ve gente que odia a otra gente, o gente que se define por la manera y la intensidad en que manifiesta, públicamente, su odio. El narrador y protagonista de Merca, la primera novela del escritor argentino conocido como Loyds (Buenos Aires, 1972), es un adicto a la cocaína cuyas energías se reparten de forma pareja entre unas pocas actividades: consumir, visitar los reductos más exclusivos de la noche porteña (bares, restaurantes, discotecas) y odiar. A diferencia de los haters, es cierto, no es violento ni necesita compartir su odio con los demás, pero lo hace de manera sistemática. Johnny, a quien sus padres mantienen a pesar de sus 31 años, odia a los nuevos ricos y a los pobres, pero también a los miembros de su propia clase: "El eterno problema de un ambiente de gente bien: todos se ríen de cualquier pelotudez y siguen hablando uno encima del otro, como si cada uno fuese lo más importante del universo".


Johnny no soporta a su madre ni a su hermano, que son alcohólicos, ni a su hermana, su cuñado o sus sobrinos. Tampoco a su padre, que persigue una eterna juventud, ni a las mujeres a las que desea, o a las que intenta seducir. La lista es larga e incluye, como un aleph cargado de energía negativa, a un universo múltiple y heterogéneo: Johnny odia a los psicólogos, los médicos, los vegetarianos, los ecologistas, los latinos, los camareros colombianos, los españoles, los ingleses, los sommeliers, los gordos, los pobres, los trapitos, los limpiavidrios. Odia trabajar, el golf, el rock nacional, cumplir años, los casamientos, las llamadas no identificadas. Ni siquiera las redes sociales, esa otra adicción que lo mantiene en contacto con el mundo exterior, se salvan de su desprecio: "Facebook, la red social de la alegría impostada y la sobreexposición. Twitter, la de la muerte anunciada". Son pocas, entonces, las cosas que escapan a esta múltiple lista de aversiones: su asistente Robert, que lo abastece de la mejor cocaína que se consigue en Buenos Aires. Su auto, un BMW ("Escucho que Fabrizio se compró un Audi A algo, y no puedo creer que estoy un sábado a la noche entre estos dos nuevos ricos compartiendo las bondades y beneficios del auto más grasa que hay en plaza") que el padre le regaló para sus 30. Y, por supuesto, la propia cocaína.

¿Pero es Merca una novela sobre el odio (hipótesis interesante) o sobre la cocaína (bastante menos)? No: el odio y la cocaína son el combustible que sostiene el ritmo de la voz narrativa de Johnny, una verborrea trepidante y paranoica. Pero si el libro logra mantener el interés es porque retrata, desde adentro, los usos y costumbres de una clase social que había pasado mayormente inadvertida para la literatura argentina contemporánea. Si en Te quiero, la última novela de J.P. Zooey (otro autor argentino que utiliza pseudónimo) lo que se narra es la historia de amor entre dos hipsters en la Buenos Aires de hoy, en Merca lo que se despliega es el ethos de la joven oligarquía porteña. Hay, en las dos, una deliberada reconstrucción etnográfica y cartográfica de la ciudad: Te quiero transcurría entre Palermo y Almagro; Merca va consignando, a través de los ojos de su protagonista, los lugares donde se exhibe y se celebra hoy el éxito social: empresarios, políticos y modelos que comparten noches y tragos en Tequila o Isabel, que cenan en Tegui, que festejan sus casamientos en el palacio Sans Souci.

¿Latirá algo humano debajo de esa máscara de cinismo y desapego que recuerda por momentos al Patrick Bateman de American Psycho?
La novela de Loyds se sostiene, entonces, en los atributos de esa voz que todo lo ve, que todo lo disecciona, y que poco siente. Esa voz que es la de un personaje que corre detrás de una insatisfacción crónica ("como una sensación de que allá afuera siempre hay algo mejor que lo que uno tiene, una especie de fiesta que nos estamos perdiendo mientras pasan cosas que no tienen sentido"), otra suerte de epidemia epocal. Que no registra su propia biografía (Johnny solo advierte que es su cumpleaños cuando recibe las felicitaciones por Facebook) ni su deterioro físico (son los demás los que cada vez que lo ven insisten en que está demasiado flaco). Que ya no se muestra interesado ni siquiera en el sexo, sino en algo que él llama morbo, y que consiste en buscar fotos de mujeres embarazadas en Internet para excitarse. ¿Latirá algo humano debajo de esa máscara de cinismo y desapego que recuerda por momentos al Patrick Bateman de American Psycho? El lector no lo sabrá nunca, aunque pueda intuirlo fugazmente cuando Johnny se justifica a la salida del consultorio del psicólogo, al que va por obligación de su padre: "No sé por qué pero otra vez le estoy contando algo a Norberto. Quizás porque en el fondo tengo la esperanza de que alguien me escuche, o me ayude, en este sándwich de mierda que es la vida"

Hace poco se estrenó The Affair, una serie televisiva sin mucho interés de la que puede rescatarse al menos una muy buena frase. El suegro del protagonista, un autor de bestsellers, conversa con su yerno, al que nadie conoce, que intenta escribir su segunda novela. Recostado en un sillón, le suelta con suficiencia: "Cualquiera escribe un libro. Casi nadie publica dos". Merca es la primera novela de Loyds. Sería deseable que no fuera la única..

Pobre mi señor

No sé a título de qué titulo así este post, pero saben por dónde me va la pelotudez cuando se trata de Gus. La cosa es que ayer la pasé tan pero tan bien que todo el tiempo sentía que qué alivio que él no esté. Yo subo las patas arriba de la silla, yo le sonrío a todo el mundo, yo saludo al organizador que es un escritor que me gusta, yo hablo con Edi, yo escucho poetas y narradores, yo muevo los brazos como loca para que me vea una compañera de facu que está adelante, yo me hago la pobrecita con mis muletas y llamo la atención.
Y todas estas pequeñas delicias de la vida, con él, con él al lado, son imposibles.

Quiero volverme cualquier arbolito en las veredas

SONIA SCARABELLI
Ayer le escuché leer "El arte de silbar" ( me acuerdo de estos versos: "recuerdo haber sentido/ la soledad de ser una mujer como quien se marcha hacia el exilio" y "de la vida no se huye") y la escuché leer "Otra belleza" y "Afilada". Hoy vuelvo a oir su voz (que ayer casi me molestaba) al releer yo sola estos poemas.





El arte de silbar


Silbo y al rato un eco se desprende
y como si llegara alto, va y se queda
flotando en el aire.
Silbar no es de mujeres pero él
nos enseñaba a todos por igual,
mis hermanos y yo: silbar, nadar, pescar.
Después crecimos y recuerdo haber sentido
la soledad de ser una mujer
como quien marcha hacia el exilio.
Sobre todo del padre,
que en el sueño de anoche
se aparece de pronto en una ruta solitaria:
diferente y el mismo como siempre,
a la luz de los faros de un coche, dice:
hija, de la vida no se huye.




El río



Cruzaste el río del olvido, pero
¿te olvidé yo?, ¿me olvidaste?
No, nos vamos sacando esas cáscaras,
esas corazas como de rinocerontes,
las caras que teníamos que poner,
las cosas que teníamos que decir,
y abajo quedan los animales blandos,
hablando en un idioma que es tan nuevo
que me parece que lo aprendo en un sueño
o me lo encuentro por ahí.




Tranquilidad de hablar



Hablo con la tranquilidad
de los que no tienen que ser oídos,
de esos a los que nadie tiene que escuchar.
Ahora mismo soy como el pajarito
al que no le acierta ninguna piedra,
el pez al que no lo pescan, feliz en el agua.
Las palabras me arropan este rato
que lo paso hablando con vos
y no siento nada de frío
y no me asusta ni un poquito la oscuridad.
Mirá cómo ya todo lo que decimos
se hace de la sombra,
y nadie nos escucha ni a vos ni a mí,
y hablamos muy tranquilos
como si conociéramos la lengua de los pájaros.
Mirá cómo lo que decimos la perfuma a la noche,
igual que si las palabras se abrieran como flores,
como si nuestro idioma fuera una flor rarísima,
de esas que se abren
aunque no haya luz.



El dibujo



Papá querido, hay cosas
que no se dicen pero a veces
sí que hacemos nuestra pequeña lista
de la desolación, nuestra pequeña lista
de la alegría,
y las colgamos de la pared como al dibujo
de las vidas que quisimos y tuvimos
y de las vidas que no quisimos y tuvimos,
y entonces todo lo que en el corazón sangra y sonríe
brilla sereno por un instante
con esa claridad de las cosas exteriores,
con esa gracia distinta, liviana
que tiene siempre lo que está afuera.



Otra belleza


Mamá, yo ahora tengo otra edad
y me encuentro una belleza distinta,
algo que no viene ni de la noche ni del día,
una manera de ser del cuerpo que se cae:
la carne se va despidiendo de los huesos
(eso que todavía no se nota),
se ablanda y mete un miedo
parecido a la verdad.
A lo mejor es algo a lo que nadie
llamaría belleza, una cosa
que ya no hay, que viene
de todo lo que se cansa y se desgasta,
pero cuando la miro para adentro
¡qué oscuridad más serena
la que me encuentro!
Y a veces, qué ganas de reírme
por ir dejando atrás esa forma del tiempo,
qué ganas de reírme y de bailar
como una muchacha.



Irse



Mirá, papá, a veces quiero irme
intensamente de unas cosas
para estar en otras.
Quiero salir de abajo de los techos,
y sobre todo
quiero olvidarme de las cosas que se pueden
comprar y vender.
Quiero volverme
cualquier arbolito en las veredas
o perdido al costado de la ruta,
uno de esos perros sueltos, un pajarito
de los que se paran en los cables,
de los que se esconden entre las hojas.
Esas cosas en las que nadie se fija,
que nadie va a mirarlas
pensando en comprarselás:
un yuyal, un reflejo en el agua
del zanjón profundo que vimos ayer.
Un puñadito de cosas
que también las encuentro en el campo
cuando voy,
en la parte de atrás del pueblo,
y que bien miradas, fijate,
nunca son muchas.



Afilada



No estoy lejos, estoy cerca,
pero me afilo
como un palito en la intemperie
y no me ven.
Desaparezco en la intemperie.
No me ve la tormenta
que se revuelca furiosa,
no me ve el rayo, no me acierta.
Soy un palito seco,
una ramita casi nada,
pero el sol me toca,
me lleva el agua flotando suave
y yo me hago lugar donde no hay lugar:
me voy con vos a ese mundo invisible,
y después volvemos en todas las cosas,
lo más tranquilos.




Sonia Scarabelli (Rosario, 1968) publicó los libros de poemas La memoria del árbol (2000), Celebración de lo invisible (2003) y Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras (2008). En 2009 publicó la crónica La orilla más lejana. Los poemas aquí incluidos pertenecen al libro en preparación El arte de silbar.>>

Ni tan frías son ni tan profundas como dicen

SONIA SCARABELLI



Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras

¿Será cierto
que hay flores que prefieren
abrirse sobre aguas oscuras,
serán ciertos
los fugitivos actos de memoria
que descubren,
apenas entrevisto,
el amoroso borde
de una forma completa?

Cuando del denso espejo,
de la superficie azogada
que prospera
en toda vida,
emerge un ciego
resplandor de plata

¿qué pez será
moviéndose en lo hondo
el que así vuelve?

¿Qué nota breve
ofrecida por el relámpago,
sesgo
de otra inaudible
pero más vasta música?

¿Rémora en leviatán
o apenas dócil
cardumen ondulando
en danza
bajo el sueño?

¿Hacia qué móvil mar,
hacia qué mayor
misterio quieren ir
de ese modo tan frágil,
si es cierto

que hay flores que prefieren
abrirse sobre aguas oscuras?



Lección

Sabernos ir,
dijo tu voz querida,
todo está ahí,
la clave del decoro
y la nobleza
ganada de una vida
se alcanza en ese gesto.

Cierre final
del círculo, encontrado
un poco de azar
y otro, por coherencia,
por hacerse
el ciego lazarillo
de sí mismo,
poniendo el corazón
al frente de los pasos.

Estas cosas se aprenden,
me dijiste,
en parte de los libros
sí, cuando la palabra
todavía es humana
y no ha perdido
su lustre tibieza,
pero más
te enseña la tenaz
partida de los otros.
Si se van
con dolor o con pericia,
no es lo que cuenta,
importa

ese último momento,
que sin decirse ocurre,
y dicho sonaría quizás
a: Sí, te dejo ahora
y no me quejo,
seguro hubiese
querido más,
qué hacerle,
no se pudo.

Entonces pasa,
justo ahí
se suelta el alma
como un barquito,
una pequeña
barca en aguas
que ni tan frías son
ni tan profundas como dicen.

Yo creo en todo esto,
dijo tu voz querida,
y de ahí tanto esfuerzo
por aprenderlo, tanto
apuro
por no apurarme: quiero
llegar a tiempo.



No la nada

Para Germán Scarabelli
In memoriam

¿Será verdad que sólo
hay un vacío enorme tras las cosas
cuando vemos
subir la luz de un cielo como este
y abrirse el día así? ¿Será
verdad que atrás de estos colores
que el otoño dispersa, la belleza
y el dolor de los cuerpos
un santo ríe y nos espera
gozando de su engaño
con la furia inocente de lo altísimo?
¿Que hay consuelo después
como hay ahora
desconsuelo y salimos
despiertos de este sueño
y no al contrario?

Qué batalla la nuestra
si es tan dulce
a veces
cambiar esas miradas
con la luz
y si también la noche
se siente que cobija
a ratos
lo que nos duele atrás
de lo que somos.

Lo pienso ahora
que parece que te vas
y estás quedándote
al mismo tiempo en todo
lo que veo. Y no se pierde
tu forma, rasga un velo
me digo, que entorpece
mirar lo que está ahí,
lo que sentimos
amar, y cuesta irse
confiar en la ilusión
que, cuentan, es
lo misteriosamente
diferente
y no la nada.



Sonia Scarabelli
Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras
Bajo la luna, 2008.

Mi primer Carne Argentina



Hace tanto que quería ir, tantos encuentros que posteaba y dejaba pasar la ñata contra el vidrio porque cómo llegar, porque con quién, porque cómo volver. Y mi pata mágica lo ha hecho posible: fuimos con Edi.
Inicialmente yo quería escuchar a Mario Ortiz de quien he leído sus libros y me gustaban tanto. Él estuvo al final y no me gustó nada su voz ni su tono ni su modo didáctico de leer lo que, por suerte, vuelvo a buscar en mi biblioteca y me sigue gustando (traspiés del poeta y la poesía).
Después había leído notas sobrela chica boliviana, Liliana Colanzi, y estaba ansiosa por escucharla pero lo que recibí superó todas todas todas mis expectativas, boquiabierta quedé, sí, sí.
Tres autores más hubo. De Marcelo Díaz tenía referencias nada más y su lectura me dejó medio colgada, medio que no sé si entendí o no o había mucha tecnología en esos versos. Igual me dieron ganas de buscarlos y releerlos en silencios que nunca se sabe qué pasa en vivo y qué pasa en casa.
El primero en leer, el inicio de su novela, fue Lloyds Lebrón. Yo lo escuchaba medio de coté porque su novela se llama Merca y odio las historias de reviente, pero me gustó mucho el vocabulario, los giros chetos, el tono garca bien porteño.
En segundo lugar leyó Sonia Scarabelli que yo no tenía de nada, poeta santafecina, me encantó. Poemas inmensos que quiero ya ponerme a buscar y que se jodían un poco con la impostación demasiado monótona que ella hacía de su voz pero sobrevivían al contacto con el aire como bichos muy muy resistentes.
Así que una tarde/noche gorda gorda y mucho para seguir.

Impresionante Liliana Colanzi

Increíble su lectura en Carne Argentina: su voz y su texto, los versos casi cantados que saltaban de una prosa que ella llamó "una voz" y después rectificó: "dos voces". Porque el personaje tenía adentro a un indio mataco muerto, que él mismo había asesinado igual que a su abuelo y a alguien más por ahí. Una bola de historia y palabras y "ay ay ay" que me agarró ayer en Gascón al 100 y no me suelta.

domingo, 26 de abril de 2015

Arte hacia la matriz




Actualmente, la mayoría de las mujeres apenas mira la luna ni le presta ningún tipo de atención. Los vínculos lunares, que nutren los cimientos de la memoria ancestral femenina, han sido interrumpidos. Para las mujeres es imprescindible restaurar esa vinculación.
Pues recuerda....
Mujeres Somos Agua,
Mujeres Somos Sangre,
Mujeres Somos Tierra,
Mujeres Somos Luna!
Mujer Arbol
Arte Hacia La Matriz

¿Me animaré algún día a tatuarme?


TU SABES QUIEN ERES TU. TU ERES UNA ESTRELLA BRILLANDO.
RUMI

Hoy voy a verlo en el Ciclo Carne Argentina

Los Carnívoros disfrutamos de la poesía con delectación, por eso la búsqueda de los poetas es espesa y la lista de los por venir suele extenderse como la pampa húmeda que se parece al cruel infinito. Pero sucede que desde atrás de las montañas cordobesas nos llegó un mugido inconfundible y exacto; ahí vive un poeta de esos que a nosotros nos honra presentar en nuestro amado ciclo. Marcelo Díaz nació en 1981, vive en Río cuarto y es profesor y Licenciado en Letras. La cantidad de cosas que ha hecho y que hace es enorme -e incluye premios y menciones honoríficas-, pero si murmuran a cualquiera que este domingo 26 Marcelo Díaz va a estar en Buenos Aires, porque pletórico de gentileza accedió a leerle sus páginas a Carne Argentina, seguro que los que tengan ojos y tengan oídos y tengan lengua van a decir: Ah, es autor de lo mejor de la poesía que se está escribiendo en tierra comechingona, pero también en tierra diaguita, y en tierra querandí, y, a eso iba a llegar al fin nuestra carreta polvorienta, en la tierra entera de las Provincias Unidas.
Para que vayan pastando hasta el domingo les dejamos esta pequeña grajea de pastura espléndida: el primer poema de su libro Newton y yo, que la gran editorial Nudista publicó en 2011. Comprenderán que nosotros tengamos el mugido listo y portentoso para la vuelta de Carne al ruedo, una Colección Otoño con un seleccionado imbatible. Qué felicidad, vacas queridísimas, volver tener palenque ande rascarnos tuitas rejuntas. Qué felicidad.
Satélites
Para el ojo del astrónomo
somos pequeñas gotas que caen en la tierra
desde un cielo ladeado en sus extremos.
Y para el ojo de los seres queridos
brillan los paneles de los satélites.
No sé explicarlo: es un candado de luz
ahogando la materia oscura.

Hoy voy a verla en el ciclo Carne Argentina

:: ENTREVISTAS ::

“Me interesa explorar los límites de lo real”

24-04-2015 | 
Entrevistamos a la escritora boliviana Liliana Colanzi por La ola (Editorial Montacerdos), libro en el que reúne siete historias sobre “cosas terribles y maravillosas”, enhebradas por la posibilidad de lo sobrenatural.
Por Valeria Tentoni. Foto Lourdes Plata.
Liliana Colanzi
Colanzi nació en 1981 en Santa Cruz de la Sierra, en lo que era conocido como las llanuras del Grigotá, bautizado así por el pueblo de los Chané. Ese lugar conserva una larga prehistoria de éxodo y resistencia, dos movimientos que también pueden advertirse en los relatos de La ola: sus historias parecen estirarse hacia fuera y hacia dentro de Bolivia a la vez. Allí, reza la contratapa del ejemplar, “conviven lo rural con lo urbano, lo indígena con lo mestizo, la abundancia con la miseria, lo sobrenatural con lo profano”.
De su primer libro de cuentos, Vacaciones permanentes (Editorial El Ciervo, 2010), hay algunas piezas que podemos encontrar en éste. El que le dio nombre al libro, por ejemplo: la historia de una chica y un embarazo no deseado. Los relatos de La ola retienen una profunda carga ominosa, distribuida con suspenso. Se les han referido, en varias oportunidades, como relatos góticos: “De chica me gustaban mucho las hermanas Brontë y los cuentos de R.L. Stevenson, pero las historias tenebrosas que más me gusta ficcionalizar son las que me llegaron de la boca de mi nana, que contaba cosas terribles y maravillosas. Las historias del campo son verdaderamente góticas”, explica, y agrega: “No me ubico en ninguna tradición en particular, pero me interesa explorar los límites de lo real y hacerlo desde una literatura más cercana a la de género, desde la sensibilidad más supersticiosa, desde los materiales más berretas, como lo hizo Philip K. Dick”.
Terribles y maravillosas: así son, en efecto, las cosas que ocurren en las historias que ahora escribe ella. “Una vez, cuando era niña, vi matar a un chancho. Era verano. Las moscas se lanzaban contra los cristales”: con una escena así nos recibe en el libro, en el arranque de “Alfredito”. Es la historia del velorio de un niño. Los personajes de La ola rezan, hacen la señal de la cruz, conservan la fe en Dios, pierden el temor a dios, acuerdan pactos de silencio, huyen como animales espantados. Tienen pena de sí mismos pero están desesperados por mantenerse con vida, aunque eso signifique surfear la oscura marea de los desperdicios ajenos.
Colanzi se graduó como Comunicadora Social y vive en Estados Unidos, donde cursa un doctorado de literatura comparada en la Universidad de Cornell. De visita en Buenos Aires se topó con los libros de la autora de Enero y la fascinación fue, claro, automática. Y es que en sus búsquedas también se observa cierta desolación fantástica, el pulso de lo arcano, la proximidad de la desgracia. En su cuenta de Twitter tipeó: “La editorial que funde se llamará Mataco psicótico y será un homenaje a Sara Gallardo”.
a
—¿Cómo está siendo tu experiencia en Argentina? ¿Con qué lecturas nuevas te encontraste?
Me encanta Argentina, me la imaginaba diferente, y lo que encontré acá me ha gustado muchísimo en todos sentidos. Vine por la tesis de doctorado, en la que estoy estudiando la obra de Rafael Pinedo, El Eternauta, de Oesterheld, yLos cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet. Me encontré con muchísimas editoriales independientes con proyectos ambiciosos y notables de rescate de autores olvidados, de traducción de autores extranjeros y de promoción de autores nuevos. Uno de los libros que más me ha impresionado ha sido la novela Eisejuaz, de Sara Gallardo, que trata sobre un indio mataco que escucha voces y que sigue el llamado de Dios.
—¿Cómo fue el armado de este volumen de Montacerdos, tu último libro?
Hay tres cuentos de Vacaciones Permanentes. Tenía algunos cuentos de un próximo volumen, y entre todos decidimos cuáles formarían parte de La ola. Los editores tenían en mente el tema de la familia como elemento de cohesión, pero en mi cabeza yo veía cuentos que dialogaban con experiencias límite, con cierto desorden de los sentidos.
—La familia es un sistema de valores y creencias, de seguridades, digamos, que tu libro está constantemente minando. ¿Es la ficción que se destruye con tus ficciones?
El lazo familiar es extrañísimo: estás atado por vínculos de parentesco a personas que, de no haber nacido en tu familia, probablemente nunca habrían pertenecido a tu grupo de amigos, y que hasta habrían sido tus enemigos. Eso me deja un poco perpleja. Al mismo tiempo, el discurso de una familia sobre sí misma es muy diferente a lo que sucede en la práctica (la madre que dice “quiero a todos mis hijos por igual”, por ejemplo), pero el poder del discurso es tan fuerte que sirve para negar la realidad. Todo esto me interesa escarbarlo desde la ficción.
—“La ola”, el relato que da nombre al libro entero, tiene muchos puntos de conexión con lo que conocemos de tu biografía como estudiante en el extranjero. ¿Recodás cómo fue el proceso de escritura?
Copio algo que ya escribí sobre “La Ola”: “No sabía qué iba a pasar en el cuento, quiénes iban a ser los personajes, pero sí tenía claro que quería contar la oscuridad para después contar la luz. Entonces llegaron dos pedidos: un cuento para una antología sobre el fin del mundo y otro para un dossier sobre Chile y sus fronteras. Estaba muy enferma y no tenía fuerzas para escribir dos cuentos distintos, así que fusioné la historia de “La Ola” con la de la cholita en el desierto: oscuridad + luz. Los suicidios de estudiantes, la nieve intensa, la enfermedad mental, son parte de mis primeros meses en Cornell. Rosa Damiana Cuajira existe: su verdadera historia (la de una indígena adolescente tocada por la gracia) me la contó una noche húmeda de verano un taxista que me llevaba del aeropuerto a casa, mientras yo me esforzaba por tomar notas en mi libreta en la oscuridad del taxi. El señor incluso me dio la fecha exacta del fin del mundo, que ya olvidé pero que debió haber sucedido en algún momento del 2012. En la Ola están el desamparo cósmico y la gracia. Está la enfermedad de mi papá, el insomnio, algunas imágenes que me mostraron ciertas plantas psicotrópicas”.
—¿Qué hace que algo te atraiga como para querer contarlo?
Aunque hay temas que me obsesionan en distintas épocas, al momento de escribir no me sirve para nada pensar en temas. Me muevo a partir de una imagen en la que se cifra algo que me interesa, aunque en ese momento no sepa bien qué es. De esa imagen se van desgajando los personajes. La trama es lo último en lo que pienso, nunca sé cómo va a terminar una historia ni por dónde me va a llevar. Sigo un camino muy intuitivo, casi nunca una historia termina con el final que le quería dar originalmente.
—¿Y qué tiene que tener un libro para que te quedes a leerlo?
Me gustan los proyectos ambiciosos, aunque se escondan en formatos chiquitos o descomunales.
—“Cada tanto vuelvo a leer a autores que me siguen hablando y de los que continúo aprendiendo: Denis Johnson, Natalia Ginzburg,HemingwayJunot DíazBolaño”. ¿Mantendrías esa lista hoy, cinco años después de emitirla?
—Releo con frecuencia Hijo de Jesús para aprender cómo Denis Johnson consigue la belleza desolada pero también la vitalidad furiosa de su escritura.Hijo de Jesús es un libro perfecto al que no le sobra nada, y sin embargo el relato es muchas veces fragmentario, deshilvanado, intervenido por imágenes. Y siempre recuerdo algo que dijo Natalia Ginzburg con respecto a su cuento “El camino que va a la ciudad”: lo escribió pensando en la cara de su madre, que al escuchar una historia larga y aburrida comentaba molesta “qué tostón”. Yo también escribo pensando en dónde puede estar lo verdadero, editando las frases o escenas que están de relleno, que son un “tostón”. Me gusta esa lista de hace cinco años, pero obviamente me han influido otras cosas desde entonces.
—¿Cuál fue la lección de literatura más violenta y útil que recibiste al momento?
—Tirar un cuento a la basura después de pelear con él durante cinco años fue la experiencia más liberadora. Soltar algo que no funciona. Dejar ir.
—¿En qué estás trabajando ahora?
En una historia sobre la fe.



tomado del blog de Eterna Cadencia

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...