miércoles, 29 de agosto de 2012

Helene Cixous



«El libro es un personaje del libro. Entre el autor del libro y él no todo cae por su propio peso. En el momento en que el autor («yo») cree poder cerrar la puerta de un capítulo, el libro mete su pie en la puerta. Si quiero explicarme, el libro me corta la palabra y toma en mi lugar la suya.

Tengo que contar la violencia de escribir. Quiero escribir lo que no puedo escribir. El libro me ayuda. El libro me extravía, me despide. Quiere escribir, él. Quiere que yo lo escriba, a él, pero yo quiero escribir el libro que persigo en mis sueños. ¿Lo escribiré alguna vez?

Un libro no es sólo escritura; es un arma; es una fechoría; es una carrera hacia el(los) secreto(s). Es una lucha contra la memoria, por el recuerdo. Estamos hechos jirones, nos remendamos. [...] Hay para beber y para comer, y para llorar de risa, en los libros donde el libro es un escándalo y «carece de coartada» como diría mi amigo Derrida.»

Hélène Cixous


Tras su infancia en Argelia, Hélène Cixous, cuya primera lengua es el alemán, se instala en 1955 en París para proseguir sus estudios. Allí obtiene su agregación de inglés y presenta su tesis de doctorado (sobre Joyce). Tras los sucesos de 1968, contribuye a la creación de la universidad de París VIII - Vincennes, donde enseña hasta 2005. En 1969 publica su primera novela, Dedans, por la que obtiene el premio Medicis, y funda la revista Poétique, en colaboración con Tzvetan Todorov y Gérard Genette.

Amiga de Jacques Derrida desde 1963, durante una larga amistad, comparte con él numerosas actividades políticas e intelectuales, colaboración intensificada a partir de los seminarios de Derrida acerca de la «diferencia sexual». Autora de una abundante obra de ficción al mismo tiempo que de ensayo, no distingue entre ambas, teniendo por esencial la emergencia de una nueva escritura femenina.

Cercana al estructuralismo y al psicoanálisis, desarrolla una reflexión sobre la feminidad, la ambivalencia sexual y el cuerpo como lengua del inconsciente. Pero, en primer lugar y como aglutinante de todo ello, sobre la escritura: sobre la estrecha relación que la escritura mantiene con algunas interrogaciones fundamentales, incluido «el enigma intolerable de la relación hombre-mujer».


Tomado de http://arenalibros.com/Ficha_Lobo_Cixous.html

El amor del lobo y otros remordimientos

"Para nosotros, comer y ser comidos pertenece al terrible secreto del amor. Sólo queremos a la persona que podemos devorar. A la persona que amamos sólo soñamos en comérnosla. Es una historia bellísima, la del propio tormento. Porque amar es querer y poder comer y detenerse en el límite. En el mínimo latido entre el brinco y el acecho brota el miedo. El brinco estaba ya en los aires. El corazón se detiene. El corazón arranca de nuevo. Todo en el amor está vuelto hacia esta absorción. Al mismo tiempo, el verdadero amor es un no-tocar, pero casi-tocar de todos modos. Devórame, amor mío, de lo contrario te devoraré. El miedo a comer, el miedo de lo comible, el miedo de aquél de ambos que se siente amado, deseado, que quiere ser amado, deseado, que desea ser deseado, que sabe que no hay mayor prueba de amor que el apetito del otro, que se muere de ganas de ser comido y se muere de miedo ante la idea de ser comido, que dice o no dice, pero significa: te lo suplico, devórame. Quiéreme hasta el tuétano. Y sin embargo arréglatelas para dejarme vivir. Pero a menudo se transpone, porque se sabe que el otro no devorará finalmente, y se dice: muérdeme. Firma mi muerte con tus dientes.”


* Hélène Cixous, El amor del lobo y otros remordimientos. Ed. Arena Libros

martes, 28 de agosto de 2012

El club de las necrológicas

Birmajer entre Madame Bovary, la cultura sefaradi y los años 70



Mora Cordeu


Los personajes de la última novela de Marcelo Birmajer, "El club de las necrológicas", se mueven en un mundo impregnado por la cultura sefaradí, en los años turbulentos a partir del regreso de Perón a la Argentina, pero marcados por una historia de amor al estilo de Madame Bovary.

Con un clima de suspenso que sobrevuela todo el libro, la novela mixtura diferentes géneros con una historia de corte policial, el peso de la memoria cultural, el clima de época y una sociedad afectada por los tiempos que corren.

"Dentro de toda una melange de géneros, por sobre todo es una novela de amor: podemos hablar de `Madame Bovary`, `Ana Karenina`, `Cumbres Borrascosas`, `El amor en los tiempos de cólera`, muy distintas unas de otras, pero todas son novelas de amor, reafirma el autor de "Un crimen secundario", "El alma al diablo", "Tres mosqueteros" y "La despedida".

Acerca de la génesis del libro, Birmajer cuenta que los personajes aparecieron muy temprano, "lo que costó fue cerrar cada situación, sincronizar los hechos y que efectivamente todo funcionara como un mecanismo. Y esto lo fui ajustando una vez terminada la primera versión. Me dejé llevar por la historia y la intuición y traté, al final, que no quedarán cosas sueltas".

El punto de partida, dice el escritor, "es el grupo de amigos sefaradíes que se reúne a leer necrológicas como un modo de pasar el tiempo, mientras el narrador -que no está en ese grupo- se muestra interesado en averiguar esa historia puntual", esbozada en la primera parte de la novela.

Entre los laJmashín, los kipes, los bohios con huevo, el kedaífe o las burrekitas de queso, se despliega un escenario afín con esa cultura oriental que trajo el abuelo paterno desde Siria, donde había dejado una esposa, la que luego viajó para encontrarse acá con las otras dos mujeres mantenidas por su marido.

Cuando su nieto Genaro (el protagonista) tenía 5 años, el abuelo Jacinto "abandonó en la Argentina a sus tres esposas y sus tantos hijos", para alcanzar las fronteras del recién nacido Israel, y fue uno más de los 6000 muertos, el uno por ciento de la población judía, caídos en la guerra de la Independencia", apunta Birmajer.

- En ese juego tan abarcativo del pasado y del presente, la novela se perfila como una de las más ambiciosas en tu obra...

- No hay duda de eso, nunca me había metido con el pasado de los personajes, no había seguido tan rigurosamente las posibilidades de sus vidas, de dónde vienen, cómo viven, cuáles son sus medios de subsistencia. Creo que por una vez escribí una novela adulta, con las partes prosaicas de la realidad.

- Hay un manejo del suspenso que le da un ritmo muy sostenido ¿Algo que tuviste presente al escribirla?

- Corrijo mis novelas hasta que estoy convencido de que el lector va a poder leerla como se ve una película, sin levantarse de la butaca. Cuando uno se sienta a ver una película la quiere ver hasta el final, si se va antes es un fracaso.

- Además de amor, hay mucha sensualidad en la historia desde los placeres de la cultura gastronómica hasta el goce corporal.

- Por ejemplo, que el personaje le cocine a su mujer, es una prueba de que está enamorado...

El propio Genaro dice en un momento que se había transformado en un infeliz más al arbritio del destino, cuando se rompe la ilusión de que él puede manejar su propia vida.

- El contrapunto entre las dos gemelas Terkek, Fernanda y Lucía, (otras protagonistas) muestra cómo los lugares que ocupan y los sentimientos van variando...

- Las hermanas ocupan dos lugares muy distintos, hay un amor que tarda tanto en concretarse y todo lo que sucede después adquiere un ritmo vertiginoso.

- Y otro tema es el de la máscara, el disfraz ¿Tuviste la necesidad de mostrar que nadie o nada es lo que aparenta?

- Sí, es un instante que puede pasar desapercibido, un momento donde la novela cambia radicalmente, es el anticipo de que se viene el desenmascaramiento de los personajes.

Nunca había hecho eso, deslizar una alegoría, como hago con el antifaz, y fue completamente espontáneo. No lo tenía planteado. Fue la primera vez que se me ocurrieron cosas después de haber empezado la novela.

El desarrollo de la trama ahonda en la psicología de los personajes, muestra cómo se enlaza con la vida de los abuelos, aunque hacer cosas hoy que pasaban en el siglo XIX tiene consecuencias muy distintas.

- ¿Cómo influye en los vínculos familiares el estar inmerso en una cultura determinada?

- Si bien creo que hay cosas de todo ser humano en cualquier tiempo y lugar, hay otras que varían totalmente. Y Genaro está muy influido por la cultura sefaradí. Por eso lo que hacía el abuelo años atrás era inocuo y Genaro, en cambio, destrozó muchas vidas.

- ¿Cuanto te llevó escribirla?

- La empecé a escribir en el 2008 y entregué la ultima corrección este año. La historia la escribo rápido, es fácil, pero después lo tenes que justificar y es lo que más cuesta. El entramado. Detrás de cada nombre hay una historia y ningún personaje pasa desapercibido.



Tomado de http://www.telam.com.ar/nota/36232/

domingo, 26 de agosto de 2012

Mezcla indecente entre la verdad histórica y el verosímil caprichoso de nuestros oídos

Mariano Saba: “El desafío más interesante fue construir el lenguaje de la obra, respetando una mezcla indecente entre la verdad histórica y el verosímil caprichoso de nuestros oídos” //”Después del aire. Sainete oral” de Andrés Binetti y Mariano Saba

DESPUES DEL AIRE // NOTAS sobre el PROCESO de ESCRITURA



Después del aire (sainete oral)” es la segunda pieza de la Trilogía Argentina Amateur (48/33/10) que hemos venido escribiendo en conjunto con Andrés Binetti durante los últimos años. Su primera parte, “La patria fría (grotesco itinerante)” significa para mí una experiencia doblemente feliz: en primer lugar, por haber podido constituir con Binetti un espacio de reflexión, de juego y de escritura felizmente compartido; y en segundo lugar, por haberme puesto una vez más, junto con mis compañeros, al servicio de su dirección siempre generosa y lúcida.

“Después del aire” en cambio me encontró solamente en el lugar de outsider, de partícipe extemporáneo: una vez escrita la obra, me tocódespedirla con cariño, hasta más ver. El dramaturgo que no tiene demasiada incidencia en el proceso suele ponerse inquieto, como un padre que espera a su hija quinceañera en la trasnoche larga de su ausencia. Y sin embargo, una vez configurado este querido equipo, tuvieron la amabilidad de dejarme chusmear cómo bailaban con la nena. Ver trabajar a Binetti siempre es un gusto, por su escucha y su mirada sincera. Y ver a estos actores concretar en el querido Teatro del Pueblo lo que hace un año fuera tan sólo el sueño difuso de un mundo lejano y extraño es imposible de agradecer como se debe. Porque sentarse en la platea cada tanto, para ver como la carne se alza del papel, es algo que no deja de bombardear mi sorpresa y de darme ganas de prodigar abrazos entre aquellos que lo hacen posible. Y más con este mundo: la obra gira en torno al universo radial de los años ’30 y a la decadencia del género gauchesco frente al auge del melodrama. Este momento coincide con el inicio de la década infame argentina, que irrumpe con el golpe militar al presidente Hipólito Yrigoyen. Los fantasmas enfrentados del radicalismo y del autoritarismo se filtran entre los discursos radiales de los actores y locutores. La obra focaliza además en la tensión entre la idea de progreso –esgrimido por un nacionalismo autoritario que se vanagloria de los adelantos técnicos– y la defensa de la tradición democrática que aspira a otros horizontes. Llevar adelante, con humor y pericia, tremenda jugada formal y temática es, simplemente, cosa de magos. Para los que seguimos creyendo en que el teatro es milagrero, en que se trata de una galera sin fondo que no deja de lanzar conejos de colores inéditos, esta obra es una fiesta: Julieta Alfonso, Ignacio Bartolone, Malala González, Teresa Murias, Roberto Romano y Pablo Sciolini saltan del verso campero que compone el libreto gauchesco de “El renegao Ferrás” a la difícil realidad que les toca vivir en medio de un mundo en crisis y con una compañía radioteatral que se cae pedazos. Como en toda la Trilogía, la música potencia la acción (aquí gracias a la imponente voz de Malala en las canciones, y al trabajo de Martín González y de Guillermina Etkin). La situación exuda un aire grotesco que irradia lo cómico hasta minarlo por dentro con la exhibición tristísima de una tragedia argentina siempre reconocible, nunca asimilable. Creo que “Después del aire” es una obra cuyo fondo habla de la democracia, y de la sombra que históricamente, y de forma repetida, suele amenazarla. Por eso cada noche de viernes siento la necesidad imperiosa de ayudar aunque sea en el armado de la escenografía, de colaborar con ese ritual que, entre grito y disparate, va a murmurar algo del orden de lo importante. Por último, fue para nosotros el desafío más interesante construir el lenguaje correspondiente a esta obra, respetando una mezcla indecente entre la verdad histórica y el verosímil caprichoso de nuestros oídos. Un ritmo organiza la materia sonora, le da identidad, y en ese sentido es compositivo; pero a la vez, ese ritmo siempre está orientado hacia la sustentación de una emocionalidad, hacia la arquitectura de una obra regida por sus propias tensiones internas. De ahí que esta pieza, en todo caso, y más allá de su compromiso temático, resulta intensa e hilarante por su propio ritmo: un ritmo sincopado, entre el radioteatro y la vida, entre el campo y la ciudad, entre la angustia nerviosa y el desparpajo cómico. El humor tajeando la cara de la tristeza es, sin duda, el emblema agónico de la comicidad argentina. Una comicidad rítmica. Porque el ritmo, ese condenado y fantasmático ritmo, meloso, compulsivo, brillante, ese ritmo argentino de radio a todo volumen, ese ritmo teatroso es en definitiva lo que terminará quizá por salvarnos. O quizá no.

Mariano Saba
Dramaturgo

Co-autor de Después del Aire

Tomado de http://saquenunapluma.wordpress.com

Después de "Después del aire"

El año pasado había visto La patria fría y no me quería perder la segunda parte de la trilogía. Empecé a recursar, por deporte, Española II y confirmé, en su práctico de los sábados a las 13, que Mariano Saba, además de excelente profe del Siglo de Oro, muestra un plus de formación extraacademia y una onda entre irónica y sarcástica que hacen que una diga "qué bueno escuchar todo lo que este tipo tiene para decir".
Así que el lunes pasado puse en feis propuesta para ir al Teatro del Pueblo a la salida de la reunión de Ubacyt del viernes. Estábamos a seis cuadras, era justo el horario, era perfecto. Al día siguiente de empezar a organizar Saba confiesa que, además de lucirse como autor, justo en esa función va a reemplazar a un compañero en el escenario. Lo que dejó demostrado que la perfección siempre puede un poco más.
A las 20.30 bajamos las escaleras de 25 de mayo (y si doy los detalles es porque amo el marco épico del evento) y caminamos al trote hasta Diagonal Norte con los cupones de descuento y un paquete de glisines en la mano. La sala es chiquita y las butacas de levantan desde el nivel cero del escenario. Nos sentamos con Celia y Juan Manuel en la primera fila, Julia nos sacó una foto que atestigue nuestro buchonismo feliz.
Primero entraron los dos locutores: bigotes, vestimenta y voz impostada para ubicarnos en la década del 30 y dentro de la estación de radio defectuosa y decadente que intentará conservar la producción de radioteatro gauchesco ante el avance de la moda del melodrama.
Después vino la actriz con la boquilla en la mano y los zapatos y las medias y la boca pintada tipo corazón. Después la vieja con la toca y detrás la opa que en un rato se pondrá a cantar "Mentime" y nos dejará a todos boquiabiertos: por la voz, por lo grotesco de la figura maltratada y la vieja que casi le hace de ventrílocuo y por la letra de esa canción y la que sigue, "Cautiva", compuestas por los mismos autores de la obra y que combinan la recreación de los géneros de aquella época con los guiños paródicos a la nuestra.
El guión de la obra que se lee en la emisión de radio es magnífico: La comicidad inicial del tono de voz y la gestualidad de los actores se suma a la historia del gaucho que perdió la oveja y de la hija raptada por el indio angloparlante cuyo desenlace merecería un pormenorizado análisis alegórico que no haré hoy por no arruinarle el final a los que vayan a verla pronto.
Saba hacía del chico que tiene que arreglar la antena que se ha caído, es decir, el que tiene que volver a instalar la budinera en el techo para seguir la transmisión. También es el que se quiere comer a la actriz y es despreciado. Yo hacía de la que aplaude como loca en primera fila y de la que sonríe mucho porque ama estar en ese lugar y con esa gente.


lunes, 20 de agosto de 2012

Misión de la tormenta

Este año me gasté un dineral en agenda (otros me la hago yo misma con un cuaderno o espero a comprarla en abril en liquidación). Es que encontré una que me venía como a medida: Con frases, pronósticos e ideas mayas para cada día, cada semana, cada mes.
En ella leo:

MISIÓN DE LA TORMENTA
Recordatorio energético para los días 15-8 al 27-8

Los 13 días de la Tormenta son el momento para concretar la Transformación en nosotros.

Son días de movimientos muy fuertes, habiendo pasado las Misiones del Caminante del Cielo y del Enlazador de Mundos, habiendo unido nuestros opuestos y trascendido las situaciones que teníamos que dejar atrás, llega el momento de la transformación total.

Hay que cambiar, dar vuelta las cosas sin miedo, con intrepidez, teniendo siempre como objetivo, en nuestra cabeza y en nuestro corazón, que estamos en un camino de evolución, y que toda situación a la que nos enfrentamos la hemos convocado nosotros para crecer.

La Tormenta es la energía de la transformación por excelencia. La Tormenta es rápida, fuerte, transforma todo lo que encuentra a su paso, cataliza nuestra emociones, limpiando, sacando la oscuridad.

Nos hace entrar en lo desconocido, y nos permite emerger renacidos en un estado distinto, renovados, para dar comienzo a un nuevo ciclo.

Después de la Tormenta viene la claridad, el arcoiris, la posibilidad, desde la transformación realizada, de poder contemplar todos los colores del espectro.

La Tormenta trae la lluvia necesaria para el crecimiento de las plantas, pero a veces una tormenta puede destruir una cosecha, hay que tener cuidaddo con la propia energía, poder encontrar un equilibrio y no llevarse todo por delante, en el afán de transformar.

Los que me regalan flores

Tres flores blancas sobre mi puerta del fondo: Hice bien en confiar en agosto y en mi jazmín.

Material contaminante

¡Horror!: ¿Quién ha dejado media tiza en mi cocina?

Feriado loco

Hoy he limpiado zonas que no recordaba haber limpiado nunca. (Y no estoy hablando metafóricamente eh)

Estudiar y trabajar y atender la casa y los chicos

Mi problema no son los caminos largos ni los arduos ni los inhallables. Tengo dificultad solamente con los superpuestos.

Quisiera tener 30

La vi quinchicientas veces. Siempre lloro. Cuando comen gomitas, cuando juegan carreras en los columpios, cuando ella le cuenta a sus amigas de 13. Pero sobre todo cuando ella vuelve a la casa de sus padres y se mete de nuevo en el placard y se va a la cama con su mamá porque hay truenos.






domingo, 19 de agosto de 2012

La Musa es hoy tan extemporánea como las momias tibetanas

Óstraca (poesía reunida)

Teresa Arijón



-poemas seleccionados por la autora y una
Presentación de Bárbara Belloc-







Para la presentación de Óstraca, obra reunida de Teresa Arijón

Una de las primeras veces que nos vimos con Teresa, cuando recién nos habíamos conocido en persona, casi 20 años atrás, pasamos buena parte de la noche rodeadas de discusiones intelectuales (o algo parecido) y jugando felizmente entre nosotras al fideo-fino. Algunos de los presentes entonces se mostraron molestos, tal vez por nuestra conducta o por otros motivos, otras conversaciones paralelas; esa noche, como otras, el mundo no importaba, existía; el cielo primaveral estaba abierto como una boca; y la boca de Teresa me ayudaba a no perder el equilibrio después de tantos y tantos giros: yo miraba su boca, y en ella no veía un misterio, sino la evidencia de un misterio.

Se trata de la poesía

Como al genio de la lámpara, a la Poesía (con mayúscula y en letra impresa) pueden pedírsele viajes, realizaciones, la fama de ánimo ligero, o el oro al pie del arco iris. Pero a la Musa, ningún favor. Sin contar su talante legendario, la Musa es hoy tan extemporánea como las momias tibetanas que se convierten en polvo al tacto del aire, las ogresas del fondo del mar, los dragones; una criatura de bestiario, nada sagrada. Desde el momento en que las vanguardias históricas rasguñaron el aura del arte capitalista, a partir de allí leemos (y escribimos) una poesía cuyo cuerpo está cruzado de flechas. Poemas frágiles como organismos vivos, sin un correlato trascendental o socialmente viable.

Tiramos al blanco a nuestro propio riesgo. Y en el mejor de los casos, esa acción con la palabra hace su carne leve y rotunda, la voz, su mensaje, su ritmo: un poema. Paradojalmente, como al principio de todo. Pero distinto. Será que la lírica es interminable, y sus maneras, misteriosas. Sólo hay que encontrarlas. Como Teresa encuentra poemas en las palomas comunes de ojos rojos, los gestos de una mano, y los escribe para que a su vez los encontremos.

Se trata del Misterio.

El que sólo puede ser intuido, y así transfigurado, transportado (de los hechos al lenguaje, de la partitura al sonido), y acaso por eso mismo puede ser portátil: un verso aprendido de memoria, una estrofa que se crea cantando (o hablando para sí), un pensamiento claro que se expresa claro, y existe. Como los poemas existen cuando los leemos, y misteriosamente siguen existiendo a oscuras, en el libro cerrado y en los ojos cerrados, incluso en el olvido de ellos o en la oscuridad de una época que no tiene espacio para hacerlos sus soles. No por casualidad, mientras escribo esto leo en un libro de Wittgenstein: “Las obras de los grandes maestros son soles que se levantan y se ponen en torno a nosotros. Así, volverá el tiempo de cada gran obra que por ahora haya declinado”. La lección luminosa del maestro paralógico, como las del maestro de Cusa, Eckhardt y el zen: el círculo, el misterio del círculo cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia está en ninguna.

El poema vivo.

¿Qué escribir sobre lo escrito, sobre lo que ha escrito quien firma los versos que componen el libro que se presenta ahora y tantos otros poemas inéditos y publicados de forma dispersa?

Desde ya, ninguna explicación. Ni precios, ni genealogías de papel y tinta. Sobre lo escrito por Teresa, necesariamente, la última palabra de Óstraca: “porvenir”. Sin los balbuceos de Blanchot ni alta costura mediante. O a lo sumo, alguna línea de san Antonio (se entiende que es Machado), o de aquel portugués exuberante y sobrio de los heterónimos, o del vidente militante Pier Paolo. Esa clase de porvenir oblicuo, como la veladura de una pintura que una vez descubierta permite ver un más allá del primer plano. El porvenir que cruza la frontera, el presente-limite, y enciende la línea de pólvora que anima el fuego inextinguible de las palabras que se requieren para nombrar, diría Ana Cristina Cesar, “...los límites del romance realista. / Los caminos del / conocer. / La imitación de la rosa...”.

Además de leerlos, muchas veces vi a Teresa escribir sus poemas. O notas. Páginas enteras. O raptos anotados con una letra rápida de reptil, de animal que trepa la roca en un solo impulso, natural, genuino. Teresa escribe sus poemas de esta manera, y vive de esta manera la mayor parte de los días, porque ya sabemos que días y noches tienen sus remansos, sus lunas, sus agujeros negros, y también sus horas mejores. Las horas en la escritura. El tiempo que se vive.

Llevada por el efecto de los poemas de Teresa, para esta presentación no me valgo del recurso más común, el de citarlos. Confío simplemente en que su lectura nos enseñe las palabras en su sitio. Pero no puedo dejar de invocar la fórmula que para mí cifra mejor su técnica, que es su ética, y que aparece en un poema que lleva el título “Amor”: “como escribir un poema en la mañana fría; / como no escribirlo y dejar que suceda”. Así es.

Como es sabido (o no), “óstraca”, plural del griego “óstrakon”, es el nombre que se daba en el mundo arcaico a las piezas calcáreas o los fragmentos de cerámica (restos de vasijas rotas) sobre los que se aprendía a escribir o pintar en las escuelas de poesía y pintura. A partir de este dato, propongo tres hipótesis. La primera: “escribir o pintar”, en el caso de Teresa, no son sinónimos, pero sí términos intercambiables, espontánea, fácilmente, pues así surge en ella el rasgo expresivo. La segunda: “aprender a escribir o pintar”, en el caso de Teresa, es el ejercicio propio de un poeta o un pintor, puesto que el verdadero maestro jamás olvida su calidad de aficionado.

La tercera: “escribir (o pintar)”, en soportes que reconocemos perecederos, versos fugaces o densos como líneas, colores rotos o plenos es, en el caso de Teresa, un acto coherente a una política. Y por ende, a cierta idea estética y poética. Por eso estas Óstraca reúnen, bajo el lema del fragmento, las piezas íntegras de sus libros anteriores más unos cuantos inéditos, como un manifiesto de improviso, juegos de palabras en la arena, arena que corre en el cuerpo del reloj.

En cuanto al tiempo, este libro alberga desde un poema de 1979 hasta otro prospectivamente fechado en 2012, en un orden cronológico fiel a la experiencia del tiempo mismo, valga la parábola. Un lapso de 33 años de escritura discontinua y continua que a partir de hoy, además de consolidar la fidelidad de sus lectores de siempre, dejará su huella en otros nuevos lectores, otros poemas por venir, y así sucesivamente. Años atrás, un poeta que nos une, Arturo Carrera, me habló de Mallarmé y del poema que al leerlo recrea la impresión de estar siendo escrito en ese mismo acto. El poema vivo. La palabra que religa actos dispersos y correspondidos. Esa pura libertad del azar que acontece en los poemas de Teresa. Como la libertad del mar.

¿Qué podría desear yo para poeta y libro? Desde siempre: un largo y venturoso porvenir.
Y también lo que pedía al animal del mar la griega Erina: “Pez piloto, tú, que envías a los navegantes/ en travesía una buena travesía, pez:/ no dejes de escoltar a mi amiga temeraria”.



Bárbara Belloc
Buenos Aires, 11 de noviembre de 2011

*

Óstraca (poesía reunida)

Selección de poemas por Teresa Arijón



De: Salvados por el fuego - tres inéditos

•)

axolótl estático /
no reveles tu secreto al que sujeta la rienda /
del caballo / no te dejes tocar por el dedo ocioso /
que agita el agua de tu estanque / sin hojas y sin viento /

axolótl muerto /
dame la fuerza de lo ilusoriamente inmóvil /
la aquiescencia de la piedra bajo el cielo.



•)

agua de rey /
agua bendita /
agua que bautiza los cabellos /
agua limpia de río en la pata del hurón salvaje /
agua mansa del cielo /
apartame de la cifra del veneno /
alejame del olor penetrante del veneno /
que hostiga y roe las entrañas de la rata /
apartame de su destino /
de flecha /
que no dará en el blanco /
porque nunca hubo blanco /

sólo henares cautivos del sol /
y galpones repletos /

de granos dorados después de la cosecha /
sólo el festín inocente de quien no pidió ni le fue concedido.




De: OS (Málaga, Puerta del Mar, 2008)

Parte I
La vida nueva



•)

si fuera hombre usaría
la navaja de mi abuelo para afeitarme —
rozaría lentamente el hueco del mentón,
trazaría los ángulos del rostro con precisión de esteta.
Ha de ser un magnífico ejercicio de conciencia y de pulso
mirarse cada día al espejo,
navaja en mano.



Parte II
Escrito en Mojácar y Último poema de amor

i
dice que, ahora,
cuando el viento sacude las plantas
y hace caer hilillos de hojas
sobre las baldosas —
dice que ahora
su vocación es lavar ropa
de madrugada —
un concierto de baldes, agua y espuma de jabón,
telas varias y sus manos —
pequeñas como la menta
y perfumadas de un aire que ya no habito;
sus manos, digo,
en tareas rotundas, familiares
que aún se niegan al reparo del olvido.
de noche, no muy lejos
de la casa donde hoy vivo
ella lava su ropa como si soñara.
luego escribe — describe los colores
la selva de humo y silencio
el correr del agua por la rejilla
y las baldosas rojas —
mansas y delicadas como el viento
que noche a noche roza sus manos
como queriendo avivar el fuego
entre uno y otro corazón.



Parte III
tamborcito tacuarí

Para un poeta así, lo mejor sería hacerse soldado.
Marina Tsvietáieva



•)

contar la historia como quien cuenta
los hilos de un monograma bordado,
la embestida trapera del puñal,
la vaga exaltación del alma en su noche oscura —
promesa incumplida de un destino
que va del polvo al polvo.



•)

encendido está el viento — con paciencia
persistente lleva chispas furiosas
que formarán hogueras —
vueltos ríos de fuego arderán los pastizales,
entre los alaridos de los monos pequeños
y el vuelo de los loros en bandada.

como si cargara un costal de arena, una bolsa
que por su volumen esconde una trampa,
el no nacido llega al tope de las casas,
el límite furioso, el alambrado, el agua.

un animal en celo recorre los ijares del centauro
en el cielo profundo de la pampa —
revela en rebeldía los cascos orbitales
la ensoñada pasión de la flecha
que no dará en el blanco.



•)

enredado en los fueros de la patria,
cimarrón sin traílla, la pelambre salvaje
a manotazos —
el no nacido inicia su carrera sobre el llano.
siempre de cara al sol y a los salares,
a la extensión deseada donde luego habrá alambrados —
límites tendidos por los esclavos de la guarnición,
los rasos sin sosiego que empalman, pesarosos,
el via crucis del cuerpo.
como si fueran rutas, caminos
hacia nunca.
cabos sueltos.



•)

sabe que más al sur están los témpanos —
lo más blanco del blanco —

recorre paisajes dislocados —
trazados de rieles
veloces siempre vacíos.

solos, algunos árboles salvados de las tormentas
puntean el desierto negro
arrasado por vientos del oeste.



•)

el que no nació y empero
olfatea con saña, como perro o hurón
la historia de un país —
los hechos inasibles,
el cánon siempre inhóspito que cifra realidades
contenidas en voces, en cielos, en temblores —
itinerarios lanzados al pavor de la llanura,
la pampa bárbara de las múltiples conquistas,
del malón
y sus noches estrelladas.

(…)



De: POEMAS Y ANIMALES SUELTOS (Buenos Aires, pato-en-la-cara, 2005)

•)

Siempre amé a los que amaban la tierra. Por ejemplo,
a los cazadores de jirafas del desierto de Kalahari, que ven
en las manchas del pelaje las de la luna, y en la carrera
atroz
frente a las lanzas la estampida de la propia muerte.
Siempre admiré las raíces de los árboles, pero más
admiré las ramas, y más aún las hojas y la flor perecedera.
Lo que se va y no queda
sino en el ojo de la mente,
o en el alma, según la religión.



•)

Todo fue escrito. En Singapur ofrecen
un banquete a los monos durante dos días;
el resto del año se ven obligados a mendigar
o a robar comida. Así, quisiera para mí el festín —
la gratuidad de la escena pública, ofrecida.



Lawrence Ferlinghetti

Dice que envejece y que percibe
que la vida se muerde la cola,
ouroboros en la frágil insistencia de la luz.
Dice que envejece y ya no compite
por el limbo inmortal de las palabras
y que ahora, bajo la piel rugosa y las alas
que el viento abrió en sus ojos,
el único desafío es el cielo.
Dice que envejece y que no ignora
que las puertas se cierran y se abren con rítmico abatimiento.
Que va a leer lo que no sabe en el caparazón de una tortuga,
en la constelación salvaje que alumbra la pampa salvaje,
en el sonido que el cielo se traga
y devuelve en ecos.

Dice que el poeta es un pescador
para quien el cielo está despejado
aun si está cubierto.



Gary Snyder

Rastro de conejos
rastro de ciervos ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos en la noche helada
bajo los pinos,
recitando el poema de Leopardi
con memoria vaga, viendo
las estrellas limpísimas que acaso
anuncian la aurora boreal?
Rastro de osos
rastro de linces ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos cuando la nieve quieta cubre los vidrios
y sólo se oye el sonido del cielo, afuera, lejos?
Rastro de alces
rastro de nutrias ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos a la mañana siguiente, en cuclillas,
contemplando el lago donde el zorro se mojó la cola
sólo para demostrarnos que hay cierta verdad
en las palabras?



Amor

I
No cabía en sus manos, no cabía en sus pies, no cabía en su
alma cuando vino. Como una cebra montaraz, pequeña, como
el pelaje de una oveja descarriada. Como escribir un poema
en la mañana fría; como no escribirlo y dejar que suceda.



II
Deshizo para siempre el emblema de la memoria e incendió
las tierras alambradas, buscó el néctar pasado entre el humo
y no encontró nada. Antes de irse, rompió el cántaro y selló
la fuente.



III
Vino y trajo el mundo nuevo, y hablamos de ciudades como
cartas marcadas, de Praga y de Lisboa y del tren que nos
llevaría a Cascais mientras leíamos como si fuéramos un
poeta cetrino y su fantasma. Como si fuéramos la piedra y
la honda. La taza de plata de la que bebe el ogro y la medalla
de oro que luce la ogresa. Lo que se oculta y nombra. Lo que
nombra y lleva.



IV
Vino como el tumulto salvaje del corazón salvaje, y me hizo
conocer el relámpago y la selva verdadera, y olimos el aire de
una gruta donde duermen murciélagos centenarios.
Vino para hacerme tocar el río austero, enemigo y reflejo del
cielo. Vino para nombrar a Héspero, la mirada del vigía
en la tormenta, el filo del cuchillo en la penumbra de una
casa ajena.
Vino para secar el mar amargo, para que la sagrada espesura
del bosque vuelva a cerrarse, para que el lobo rompa su
clausura como quien congela el metal de un candado
y lo parte en dos.





(…)



Hasta que la muerte nos separe
de este cuerpo mortal, quedan un par de cosas por hacer.
Por ejemplo, dejar que la cigarra cante su canto
por enésima vez este verano
y no contrariarla. No leerle la fábula de la hormiga
precavida y rencorosa que, en vez de cantar,
eligió alzar un imperio.

Después, todo queda en la vidriera.
Hasta el sol de las mejores mañanas.

Después, no hay un mañana mejor.
Ni hay mañana.



Amor

¿Seré acaso la campana que soñaste,
ese fragmento de materia ciega
venido de otro tiempo para tañer despacio,
opacamente y solo —tal vez— para tu oído?

¿Seré ese caballo desbocado que sin freno
atravesó el paisaje en pleno mayo
para caer a tus pies?

¿Ese destino esquivo
de una campana antigua y su leyenda?

¿Un caballo en el fondo de un pozo
en la noche perfecta?



De: ALIBÍ (Buenos Aires, La Rara Argentina, 1995)
+ OTROS POEMAS DE LA ÉPOCA



•)

Ahora
queda, como un jirón de seda,
la gota en el fondo de la alberca,
las hojas
que dan rumor al viento,
el movimiento
en la estela, y las horas
de la abeja.



De: Ars poética



(2001)

Que el poema sea, como en el sutra, revelación de lo evidente:
“no hay luna en el agua; la luna que se ve reflejada
es creada por el agua”.
Como los budistas contemplan los mundos: llama vacilante,
sombra, eco, espantapájaros.
Como el espejo reluciente del zen,
que en ningún lugar resplandece.
Como el puente del koan, que fluye donde el agua no fluye.
Como el canto de las ranas y la luz de la luciérnaga.
Como la lluvia, como las primeras marcas
de las gotas en la tierra seca.
Como la hiedra falsamente infinita que desemboca en el
castillo del ogro. Como la ogresa medieval que amamanta
al lobo. Como el lobo feroz que lleva su corazón de tela
cosido en el pecho.
Como el regalo en la tradición japonesa — la caja que puede
contenerlo todo, es decir nada — “suspendido entre dos
desapariciones” (la de quien lee, la de quien escribe).



(2007)

la disciplina del campo,
el manso afán de quien excava y encuentra
tierra cada vez más fresca.

aprendices de la oscuridad, las liebres
roban lo que ha sido cultivado, desconocen
el principio de autoridad. Refractarias
anhelan el orden generoso que los cultivos proporcionan,
áspera luz que recorta o define el futuro.




Fresco de Akrotiri -Santorini- Grecia


De: Teresa Arijón
Óstraca (poesía reunida)
Buenos Aires, Curandera 2011
180 páginas
300 ejemplares

Tomado de http://www.con-versiones.com/

Las mil y una noches no son algo que ha muerto



Hay un cuento que es el más famoso de Las mil y una noches y que no se lo halla en las versiones originales. Es la historia de Aladino y la lámpara maravillosa. Aparece en la versión de Galland y Burton buscó en vano el texto árabe o persa. Hubo quien sospechó que Galland había falsificado la narración. Creo que la palabra “falsificar” es injusta y maligna. Galland tenía tanto derecho a inventar un cuento como lo tenían aquellos confabulatores nocturni. ¿ Por qué no suponer que después de haber traducido tantos cuentos, quiso inventar uno y lo hizo?
La historia no queda detenida en el cuento de Galland. En su autobiografía De Quincey dice que para él había en Las mil y una noches un cuento superior a los demás y que ese cuento, incomparablemente superior, era la historia de Aladino. Habla del mago del Magreb que llega a la China porque sabe que ahí está la única persona capaz de exhumar la lámpara maravillosa. Galland nos dice que el mago era un astrólogo y que los astros le revelaron que tenía que ir a China en busca del muchacho. De Quincey, que tiene una admirable memoria inventiva, recordaba un hecho del todo distinto. Según él, el mago había aplicado el oído a la tierra y había oído las innumerables pisadas de los hombres. Y había distinguido, entre esas pisadas, las del chico predestinado a exhumar la lámpara. Esto, dice De Quincey que lo llevó a la idea de que el mundo está hecho de correspondencias, está lleno de espejos mágicos y que en las cosas pequeñas está la cifra de las mayores. El hecho de que el mago mogrebí aplicara el oído a la tierra y descifrara los pasos de Aladino no se halla en ninguno de los textos. Es una invención que los sueños o la memoria dieron a De Quincey. Las mil y una noches no han muerto. El infinito tiempo de Las mil y una noches prosigue su camino. A principios del siglo dieciocho se traduce el libro; a principios del diecinueve o fines del dieciocho De Quincey lo recuerda de otro modo. Las noches tendrán otros traductores y cada traductor dará una versión distinta del libro. Casi podríamos hablar de muchos libros titulados Las mil y una noches. Dos en francés, redactados por Galland y Mardrus; tres en inglés, redactados por Burton, Lañe y Paine; tres en alemán, redactados por Henning, Littmann y Weil; uno en castellano, de Cansinos-Asséns. Cada uno de esos libros es distinto, porque Las mil y una noches siguen creciendo, o recreándose. En el admirable Stevenson y en sus admirables Nuevas mil y una noches (New Arabian Nights) se retoma el tema del príncipe disfrazado que recorre la ciudad, acompañado de su visir, y a quien le ocurren curiosas aventuras. Pero Stevenson inventó un príncipe, Floricel de Bohemia, su edecán, el coronel Geraldine, y los hizo recorrer Londres. Pero no el Londres real sino un Londres parecido a Bagdad; no al Bagdad de la realidad, sino al Bagdad de Las mil y una noches.
Hay otro autor cuya obra debemos agradecer todos: Chesterton, heredero de Stevenson. El Londres fantástico en el que ocurren las aventuras del padre Brown y del Hombre que fue Jueves no existiría si él no hubiese leído a Stevenson. Y Stevenson no hubiera escrito sus Nuevas mil y una noches si no hubiese leído Las mil y una noches. Las mil y una noches no son algo que ha muerto. Es un libro tan vasto que no es necesario haberlo leído, ya que es parte previa de nuestra memoria y es parte de esta noche también.

Jorge Luis Borges: Siete noches...

jueves, 16 de agosto de 2012

Diarios de la loca

Magdalena, en su etapa adolescente, es decir, desde que su libro preferido dejó de ser Dailan Kifki, me tenía un poco preocupada con su consumo de literatura "demasiado juvenil": su ideal era Absurdah y me hacía buscar historias reales, contadas por las mismas protagonistas, "de ahora" (nada de Memorias de una joven formal) y que no sea "flashero", es decir, "que haya pasado de verdad".
Le gustó Abanicos de seda pero la desilusionó que la autora confesara al final que eso NO era su propia vida.
Comencé a torcer poco a poco sus lecturas cuando logré conseguirle la autobiografía de Rigoberta Menchú que se leyó completa (yo ni la toqué todavía), interrumpida por Rosaura a las diez obligada por su profe del cole (qué embole y claro, dice mamita, no entra en el esquema eso de la construcción masculina de una mujer imaginaria).
Ahora me pide opciones: le doy una biografía de Teresa de Ávila, la novela Felicitas Guerrero, los Diarios de Pizarnik y un Mujeres del siglo XII que pesqué en Parque Centenario y que incluye capítulo sobre su homónima María Magdalena.
Al rato me dice que está con el de Felicitas Guerrero, que es "demasiado inventado", que "cómo saben qué pasó así". Ah, y "¿quién es esa loca que me diste el diario? ¿Escribía así cualquier cosa?".

domingo, 12 de agosto de 2012

Remota hipótesis

¿Y si Él todavía no se hubiera enterado de que lo quiero?

Grimm. Capítulos 4 y siguientes

No sé cuántos nos vimos esta tarde ni cuántos ya habíamos visto por la tele salteados. Hay algunos medio chuecos, el del ogro por ejemplo que ni fu ni fa. No me gustan los que no puedo relacionar con un cuento en particular. Me encantó, en cambio, el del flautista de Hammelin.
En general, la idea me gusta tanto como para sobrepasar mi desagrado por los policiales.

Amelie

Linda linda linda. La trajo Magda, que la quería ver su amiga Lucía. Lástima que no pude reconstruir la cadena de recomendaciones porque es de las pelis que permiten sacar lindas conclusiones sobre la gente que las ama.
Por ahí se la llevo a mi viejo que dice que ya no quiere películas tristes.

LANZAMIENTO EDITORIAL EXCURSIONES

LANZAMIENTO EDITORIAL EXCURSIONES



Excursiones es una editorial independiente dedicada al ensayo latinoamericano contemporáneo. Con una fuerte apuesta estética, los libros están acompañados por la obra de un artista plástico, también contemporáneo.


En su lanzamiento se presenta el primer libro

No leer de Alejandro Zambra / arte Hernán Salamanco



Viernes 24 de agosto 19:30

Casa de la Lectura

(Lavalleja 924, Villa Crespo)



Charla entre Alejandro Zambra y Pedro Mairal





NO LEER

Alejandro Zambra

Crónicas y Ensayos Literarios

156 páginas + Postales


Arte de tapa Hernán Salamanco / Amazonia, 2009.



No leer reúne crónicas y ensayos literarios breves publicados por el escritor chileno Alejandro Zambra en diferentes diarios, suplementos y revistas a lo largo de diez años.

Sus experiencias de lectura se mezclan con la de una generación que nació durante la dictadura militar, que empezó leyendo en fotocopias a autores consagrados para luego ir descubriendo una voz y tradición propias. Una generación sin manifiestos que construye su historia, como dice el autor, desde la falla: “Quizás narramos para confirmar esa derrota de la ficción. Para demostrar que la ficción no basta, no alcanza. Que sólo sirve para interrumpir la vida durante el tiempo de la lectura”.

Se trata de una búsqueda que comienza en el colegio con una formación literaria fundamentalmente nacional. Luego se despega y avanza sobre un nuevo panorama de la literatura, buscando la palabra justa o el concepto iluminador en escritores laterales como Jorge Barón Biza, Roberto Bolaño, Diamela Eltit, Natalia Ginzburg, Mario Levrero, Enrique Lihn y Julio Ramón Ribeyro. Es a través del hallazgo o redescubrimiento de estos autores que Zambra va formando una biblioteca con otra literatura, de la que luego formará parte como escritor. Se escribe para leer lo que queremos leer, explica, y se permite dudar, ser imparcial, caprichoso y profundamente poético. El resultado es una escritura que discute con el mundillo literario, la novedad y las lecturas obligatorias, exhibiendo el placer de leer y, también, de no leer algunos libros.



Alejandro Zambra nació en Santiago de Chile, en 1975. Publicó los libros de poemas Bahía Inútil (1998) y Mudanza (2003) y las novelas Bonsái (2006), La vida privada de los árboles (2007) y Formas de volver a casa (2011). Sus novelas han sido traducidas a más de diez idiomas.

En 2007 obtuvo, por Bonsái, el Premio de la Crítica y el premio del Consejo Nacional del Libro a la mejor novela del año. La versión cinematográfica de ese mismo libro, dirigida por Cristián Jiménez, fue estrenada en 2011 como parte de la selección oficial del Festival de Cannes.

Alejandro Zambra ha publicado relatos en Quimera, Número cero, Literal, Vice, Zoetrope: All Story y The Virginia Quarterly Review, entre otras revistas, mientras que sus ensayos y crónicas han aparecido en medios como El mercurio, La Tercera, “Ñ” de Clarín, “Radar” de Página 12, “Babelia” de El País, y en revistas tales como The Clinic, Etiqueta Negra y Letras Libres. Estudió literatura en la Universidad de Chile y desde hace diez años es profesor en la Universidad Diego Portales.




EDITORIAL EXCURSIONES

www.editorialexcursiones.com

info@editorialexcursiones.com



sábado, 11 de agosto de 2012

El mío

Amor incondicional

Por Pedro Mairal


10/08/12 - 11:30


Se podría escribir un cuento de una chica joven que se muda con un viejo escritor. El viejo no termina de entender el porqué de la devoción de ella, que pasa todo el día en la casa durmiendo y leyendo, y se acuesta con él de vez en cuando con ternura, sin desprecio. A los dos años la chica se va y lo deja. Después entendemos la verdad: ella estaba enamorada de la biblioteca del escritor, no del escritor, y se quedó todo el tiempo que le llevó leer sus libros.

Tuve durante diez años mi biblioteca desparramada en distintos lugares. Mis libros iban y venían según mi estado civil y mis metros cuadrados. En cajas, en roperos ajenos, guardé primero, creo, los libros de teoría y ensayo, después en bolsas de consorcio la narrativa que no fuera latinoamericana, después me quedé solo con la literatura argentina, pero al final la ficción también terminó en una baulera oscura... De lo que nunca pude despegarme fue de mis libros de poesía en castellano que me acompañan a todos lados, como el árbol de Basho que él llevaba consigo en cada mudanza.

Intenté varios sistemas que fallaron. En una época tuve doble fila de libros en los estantes, pero no funciona porque el libro que no se ve no se lee. Guardé libros abajo de la cama, pero eso tampoco es práctico y además provoca pesadillas. A veces imagino una casa con un piso flotante y abajo guardados los libros en escotillas traslúcidas. Sería una linda biblioteca.

Ahora estoy logrando reunir todos mis libros disgregados, rebobinar mi atomización. Sé que puede no parecer motivo para la felicidad, pero estoy enamorado de mi biblioteca, de hecho me tolero solo gracias a mis libros. Hace poco murió un amigo de quien todavía no pude escribir una sola línea porque ninguna partícula de mi persona se cree realmente que él ya no esté. El asunto es que, cuando mi amigo ya sabía que se estaba muriendo, dijo que si tuviera que elegir un epitafio sería esa frase de Pearsall Smith: “Some people say life is the thing. I prefer reading”. Que se podría traducir como: “Algunos dicen que lo importante es vivir. Yo prefiero leer”.

viernes, 10 de agosto de 2012

Voces para Lilith



Voces para Lilith
Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica.
Lima, Perú. Editorial Estruendomudo, 2011
Ghezzi, Melissa y Salazar, Claudia (compiladoras)


Dialogan: Gabriela Robledo, poeta antologada y Claudia Salazar, antologadora

Varias antologías de literatura homosexual en lengua española publicadas del año 2000 a la fecha incluyen algunos textos de temática lésbica. Ninguna antología latinoamericana, sin embargo, había sido dedicada exclusivamente a la literatura lésbica, lo que confirma la obliteración del tema en producciones editoriales sobre homosexualidad. Voces para Lilith (2011) viene a cubrir un vacío también reflejado en los estudios literarios y de género en la región. De allí el valor singular de esta publicación en el ámbito de la construcción de imaginarios alternativos a la heteronormatividad. La obra recoge 48 textos de escritoras sudamericanas contemporáneas sobre temática lésbica, tanto de poesía como de narrativa.

***

El 30 de julio de 2011, en la Feria Internacional del Libro de Lima, Melissa Ghezzi y Claudia Salazar, antologadoras, recibieron a las escritoras Rosario Aquim de Bolivia; Marianela Cabrera, Eleonora Requena y Ely Zamora de Venezuela; Gabriela Robledo de Argentina y Melissa Ghezzi y Jennifer Thorndike del Perú, autoras participantes de la antología.
Al principio, el auditorio empezó a poblarse tímidamente, pero cuando las escritoras comenzaron a leer sus textos, la sala se llenó con un público variado: visitantes de la Feria, escritores y escritoras y mujeres que escuchaban expectantes algo que les resultaba, a la vez, familiar y novedoso. El evento dio un paso hacia la reivindicación lésbica de los espacios públicos.

***
Como toda antología, Voces para Lilith propone un corpus considerado esencial desde el punto de vista de quienes realizamos la compilación. El eje de nuestra selección fue el criterio estético, por lo que incluimos textos que juzgamos valiosos por su calidad literaria. Consideramos también que la antología reuniera textos inéditos de autoras sudamericanas sobre temática lésbica, tanto de poesía como de narrativa; que tuvieran al menos un libro publicado anteriormente, de preferencia sobre el tema; y que continuaran en el ejercicio literario. Se trata entonces de una antología de textos contemporáneos que representa la pluralidad de la experiencia lésbica, con especial cuidado en el manejo de la escritura.
La convocatoria nos permitió reunir una gran diversidad de voces de escritoras sudamericanas. Entre ellas se puede encontrar algunas de renombre junto a otras para quienes la antología representa una oportunidad de divulgar sus escritos más allá de las fronteras nacionales. Al hablar sobre literatura latinoamericana, Brasil suele ser excluido por la cuestión lingüística. En Voces para Lilith esta barrera fue superada; las autoras luso-hablantes fueron traducidas al español. Si bien buena parte del trabajo de investigación dependió de nuestro conocimiento de algunas publicaciones o del acceso a ellas a través de medios tradicionales (especialmente bibliotecas), hubo autoras a quienes llegamos gracias a los contactos que nos brindaron otras escritoras hispanoamericanas.

***
Gabriela Robledo - Cuando recibí la invitación para participar en la antología pensé en el valor de las redes que la hicieron posible. En mi experiencia como escritora, académica y activista lesbiana feminista he tenido la oportunidad de participar con varias de las autoras no sólo en lecturas y congresos, sino también en acciones del movimiento lésbico de Argentina. Claramente, lo que tenemos en común es la preocupación literaria por hacer emerger una nueva sujeta discursiva, distinta de la sujeta “mujer” literaria e histórica, que existe a cambio de un pacto con la heteronormatividad que le asegura legitimidad y coherencia sexual y social. En estos cambios de imaginario se juega una tarea política.

Claudia Salazar - El proceso de investigación y compilación puso en evidencia la relación entre nacionalidades y sexualidades. No es una coincidencia, a mi parecer, que un país como Argentina, donde hay muchos avances en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las poblaciones homosexuales (hasta el momento es el único país sudamericano donde se ha aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo), sea el que presente más escritoras sobre temática lésbica y en el que las publicaciones relacionadas hayan experimentado un auge. Esto es un síntoma de las complejas y estrechas relaciones que se dan entre lo político y las representaciones culturales de las subjetividades marginadas.

Gabriela Robledo - El hecho de que haya más escritoras argentinas puede verse como un proceso dialéctico. En Argentina hay un sólido ejercicio de práctica y reflexión política. Los Encuentros Nacionales de Mujeres son un ejemplo de ello. Se organizan desde hace más de 25 años buscando un diálogo plural y horizontal. En 2003 abordaron decididamente la temática lésbica –aunque los orígenes del activismo LGTTB puedan rastrearse hasta inicios de los años setenta. Estas circunstancias movilizaron indudablemente el reconocimiento tanto de los derechos como de la existencia y la humanidad de las lesbianas en cuanto sujetas. Creo que esta ha sido una condición de posibilidad para la emergencia de nuevas enunciadoras, con producciones literarias capaces de expresar subjetividades lésbicas, explorar nuevos territorios de lo erótico e interesadas en un cambio de libreto que transgreda el lenguaje de la literatura androcéntrica y universal.

Claudia Salazar - Algunas escritoras declinaron la invitación a participar en nuestra antología aduciendo que corrían el riesgo de ser etiquetadas como lesbianas, independientemente de si lo son, lo que podría ir en detrimento de sus carreras literarias al encasillarlas en una temática. Otras señalaron que no habían “salido del closet”, algo que no fue requerido en la convocatoria. Dime, Gabriela, como autora, ¿te preocupa ser encasillada como escritora de temática lésbica?

Gabriela Robledo - No tengo una mirada esencialista de las identidades, no creo que sean fijas ni inmutables. La literatura no tiene sexualidad, no creo que haya una literatura lésbica. No es necesario tener la experiencia de un astronauta para escribir sobre las estrellas. Esa distinción no es tan clara en literatura de temática lésbica, donde se asume que sólo una lesbiana se atrevería a expresar una experiencia que aún supone una carga negativa. Es parte de una ontología biológica de la sexualidad que sigue presente, que es preciso comprender en el marco de la modernidad, donde fue gestada. En la antología existen varias aproximaciones sobre el tema.

Claudia Salazar - Sí, lo erótico y las representaciones del cuerpo ocupan casi previsiblemente un lugar central tanto en los poemas como en la mayoría de relatos recopilados. En varios poemas prevalece la mirada interior que se vuelca hacia un tú en un movimiento consciente de su propio carácter transgresor. Este tipo de mirada recala en expresiones de corte erótico y romántico que apelan centralmente a una manifestación del deseo lésbico. Algo similar sucede con algunos textos narrativos donde lo romántico y lo erótico se conjugan, ya sea con el deslumbramiento ante el descubrimiento de la afectividad homoerótica o con las negociaciones y luchas de los personajes frente a un silencio impuesto por las convenciones sociales.

Gabriela Robledo - Para mí no es casual que los temas más recurrentes sean los más viscerales –amor, desamor, condena social, miedos– porque la literatura como hecho social nos ha ayudado a objetivar ciertas opresiones de género difíciles de ver en solitario. Mi poesía no está orientada particularmente hacia el amor romántico, pero sí –y especialmente en mi primera juventud– ha funcionado como un géiser, una explosión en medio de un mundo que lo único que ha tenido para ofrecer ha sido silenciamiento. Involucrarme en el activismo fue una manera de romper ese silencio y darle nuevas savias a mis poemarios. Ahora, en la antología, ¿cuáles han sido las características más sobresalientes de los textos?


Claudia Salazar -En muchos prevalece una intención que se podría llamar testimonial, que quiere expresar y sacar a la luz estas experiencias invisibilizadas por tanto tiempo. En ese afán testimonial radica la fuerza de estos textos. Hay otro tipo de textos que trasciende este ámbito y se orientan hacia la exploración estético-discursiva. Se trata de textos más atrevidos, más experimentales, que quiebran linealidades y desestabilizan lugares de enunciación ya normativizados, por lo que permiten plantear lo lésbico como un espacio de rupturas de normativas falogocéntricas. Pienso, por ejemplo, en relatos como los de la venezolana Dinapiera Di Donato, la peruana Jennifer Thorndike o la argentina Vanesa Guerra, por nombrar algunos, que utilizan la ironía y el humor como armas desestabilizadoras y ponen en jaque la noción de una narradora o escritora lesbiana.
Recuerdo que al final de la presentación una adolescente del público preguntó a las integrantes de la mesa: “¿Como manejaron la escritura sobre temática lésbica con sus familias?”, porque ella misma escribía y sentía miedo de que sus padres supieran que le gustaban las chicas. Tú le contaste tu experiencia personal, primero de rechazo y luego de aceptación, y la niña quedó encantada, lo cual me llevó a pensar en la literatura, no sólo como un hecho estético inmanente sino como un medio de producción de condiciones de vida.


Gabriela Robledo - Sí. Ese fue el momento donde el cruce entre lo personal y lo político estuvo definitivamente frente a nuestros ojos. Donde se hizo cuerpo.



*
Ghezzi, Melissa y Salazar, Claudia (compiladoras). 2011. Voces para Lilith: Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica. Lima: Editorial Estruendomudo. 400pp. ISBN: 9786124104008.


*

Gabriela Robledo es Escritora e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba
Claudia Salazar es Doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Nueva York (NYU)
Publicada em: 21/09/2011 às 11:14 entrevista

Publicada em: 21/09/2011
http://www.clam.org.br/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?infoid=8680&sid=43


Siempre seré como un niño para tantas cosas



SIEMPRE seré como un niño para tantas cosas, pero uno de esos niños que desde el comienzo llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito llega verdaderamente a adulto ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño, y nel mezzo del camin se da una coexistencia pocas veces pacífica de por lo menos dos aperturas al mundo.
Esto puede entenderse metafóricamente pero apunta en todo caso a un temperamento que no ha renunciado a la visión pueril como precio de la visión adulta, y esa yuxtaposición que hace al poeta y quizá al criminal, y también al cronopio y al humorista (cuestión de dosis diferentes, de acentuación aguda o esdrújula, de elecciones: ahora juego, ahora mato) se manifiesta en el sentimiento de no estar del todo en cualquiera de las estructuras, de las telas que arma la vida y en las que somos a la vez araña y mosca.
Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mi circunstancia, Jamais réel et toujours vrai
(ANTONIN ARTAUD) en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o por estar a medias.
Escribo por falencia, por “descolocación”; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas. El monstruito sigue firme.
Esta especie de constante lúdica explica, si no justifica, mucho de lo que he escrito o he vivido. Se reprocha a mis novelas —ese juego al borde del balcón, ese fósforo al lado de la botella de nafta, ese revólver cargado en la mesa de luz— una búsqueda intelectual de la novela misma, que sería así como un continuo comentario de
la acción y muchas veces la acción de un comentario.
Me aburre argumentar a posteriori que a lo largo de esa dialéctica mágica un hombre-niño está luchando por rematar el juego de su vida: que sí, que no, que en ésta está.
Porque un juego, bien mirado, ¿no es un proceso que parte de una descolocación para llegar a una colocación, a un emplazamiento – gol, jaque mate, piedra libre? ¿No es el cumplimiento de una ceremonia que marcha hacia la fijación final que la corona?


Fragmento de : "Del sentimiento de no estar del todo "La vuelta al día en ochenta mundos (1967) .

miércoles, 8 de agosto de 2012

La puta y la bruja

Es particularmente signifcativa la relación que la caza de brujas estableció entre la prostituta y la bruja, en tanto refeja el proceso de devaluación que sufrió la prostitución durante la reorganización capitalista del trabajo sexual. Como dice el dicho, «prostituta de joven, bruja cuando vieja», ya que ambas usaban el sexo sólo para engañar y corromper a los hombres, fngiendo un amor que sólo era mercenario (Stiefelmeir, 1977: 48y sg.). Y ambas se vendían para obtener dinero y un poder ilícito; la bruja (que vendía su alma al Diablo) era la imagen ampliada de la prostituta (que vendía su cuerpo a los hombres). Tanto la (vieja) bruja como la prostituta eran símbolos de esterilidad, la personifcación misma de la sexualidad no procreativa. Así, mientras en la Edad Media la prostituta y la bruja fueron consideradas figuras positivas que realizaban un servicio social a la comunidad, con la caza de brujas ambas adquirieron las connotaciones más negativas —relacionadas físicamente con la muerte y socialmente con la criminalización— y fueron rechazadas como identidades femeninas posibles. La prostituta murió como sujeto legal sólo después de haber muerto mil veces en la hoguera como bruja. O, mejor dicho, a la prostituta se le permitía sobrevivir (incluso se convertiría en útil, aunque de manera clandestina) sólo mientras la bruja pudiera ser asesinada; la bruja era el sujeto social más peligroso, el que (ante los ojos de los inquisidores) era menos controlable; era ella quien podía dar dolor o placer, curar o causar daño, mezclar los elementos y encadenar la voluntad de los hombres; incluso podía causar daño sólo con su mirada, un malocchio (mal de ojo) que presumiblemente podía matar.


Silvia Federici. Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria.

domingo, 5 de agosto de 2012

Yo, enmascarada

Dice OH NIKITA en su blog:

"...estoy leyendo Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, y hay una escena donde una chica lee y se tapa la cara con el libro. ÉL dice algo como:
Leer es cubrirse el rostro. Escribir es descubríselo."

Y si quieren saber de mi pasado




sábado, 17 de abril de 2010
Chavela 91

Chavela Vargas tuvo una niñez infeliz en su natal Costa Rica. Creció en medio del desprecio familiar, encerrada en su mundo pequeño, su cuerpo pequeño, abrazada a su única amiga verdadera, una vaca del corral. Chavela la “rara”, la loca, la solitaria niña cuyo mayor placer era correr por los cerros berreando canciones a las flores, pues era suyo el deseo, simple, soberbio, de llegar a cantar como los mexicanos. El destino, extraño como siempre, quiso ponerla en el Distrito Federal.

Sensual y desgarrada. La voz de Chavela Vargas ha cantado al amor y a los celos, exprimiendo su corazón para deleite de la concurrencia. Pero... ¿qué nos gustaría saber de Chavela Vargas, de su pasado? Anciana, ahora doña Chavela observa con sabiduría y una buena dosis de rencor los pormenores de su larga y sinuosa vida, azarosa y rebelde; contestataria, extrovertida; febril, homosexual.


Como en un libreto, Chavela, en el marco de su hermosa voz, nos ofrece en su autobiografía (Y si quieren saber de mi pasado, Aguilar, Madrid, 2002) imágenes que tiene aún grabadas en el alma y que inician, con impecable memoria, el mismísimo día de su nacimiento, el 17 de abril de 1919.

“Yo era un ser raro, una persona rara. Lo cierto es que no me gustaba jugar con las niñas, ni me interesaba entretenerme con muñecas, ni andar de acá para allá con los cacharritos. Prefería los rifles, las pistolas, las piedras y fingir que andábamos en guerra. (…) Lo que duele no es ser homosexual; lo que duele es que lo echen en cara como si fuese la peste. Hace falta tener mucha ponzoña en el alma para lanzar los cuchillos sobre una persona sólo porque sea de tal o cual modo”.


Chavela Vargas cantó como los mexicanos. Se mudó a este país y rápidamente lo hizo propio. En un ambiente más avanzado que el de San José, México fue conquistado a largo plazo por esta presencia de nuestro folclor que tiene el sello de Chavela Vargas. Por ejemplo, qué sería de Macorina sin Chavela Vargas.

“No quiero seguir con esto. Me duele y ya me he extendido más de lo necesario. Baste decir que tuve muchos amores de juventud, y muchos amores en la madurez. En la vejez, nada. Ya tengo mucho respeto por la gente y ya no me atrevo a muchas cosas. Baste, por fin, que si volviera a nacer, volvería a llamarme Chavela, volvería a apellidarme Vargas y volvería a amar a las mismas mujeres que amé. Y acudiría a ellas, aunque me hubieran hecho sufrir. No importa. Gracias, señoras. Gracias, dondequiera que estén, gracias por sus noches y sus días dedicados a mí.”

No, Chavela, gracias a ti.


Publicado por polo noyola Tomado de http://mitossinsustancia.blogspot.com.ar/2010_04_01_archive.html

UN MUNDO RARO

Cuando te hablen de amor
Y de ilusiones
Y te ofrezcan un sol
Y un cielo entero
Si te acuerdas de mí
No me menciones
Porque vas a sentir
Amor del bueno

Y si quieren saber
De tu pasado
Es preciso decir una mentira,
Dí que vienes de allá
De un mundo raro,
Que no sabes llorar,
Que no entiendes de amor
Y que nunca has amado.

Porque yo a donde voy,
Hablaré de tu amor
Como un sueño dorado
Y olvidando el rencor
No diré que tu adiós
Me volvio desgraciado.
Y si quieren saber
De mi pasado,

Es preciso decir otra mentira,
Les diré que llegué
De un mundo raro,
Que no sé del dolor,
Que triunfé en el amor
Y que nunca he llorado
Yo, nunca he llorado.


CHAVELA VARGAS

Ponme la mano aquí Macorina

DIOS CHAVELA VARGAS..LAS TRENZAS DE MACORINA


de Pedro Lemebel, el Domingo, 5 de agosto de 2012 a la(s) 15:46 ·


Me lo contaron, lo supe de oídas, pero nunca tuve la certeza del cuento. Del origen poco me acuerdo, pero la última versión me la contó una loca que mas que confirmar el asunto, lo estalló en la fabula delirante de la crónica oral donde todo puede ser, donde es posible el “dicen dijeron”. Y la historia es demasiado bella para aplicarle la veracidad objetiva de la investigación periodística. Por eso dejo fluir en estas letras la escritura del hecho donde la protagonista es Chavela Vargas, la gran voz del cancionero latinoamericano, la mujer que nació en Costa Rica pero ha hecho su vida en México y ronda los 80 años, pero sigue eterna bolereando la trizadura lésbica de su canto.

Chavela Vargas, toda una institución del México cultural, una artista que le dio al mundo lesbiano el himno de “La Macorina”, una canción que pareciera invertir la palabra maricona. “Ponme la mano aquí macorina, ponme la mano aquí”. Que hermosa forma de poetizar el amor entre mujeres.

Hace algún tiempo, Chavela dio un recital en Buenos Aires y la presentó Pedro Almodóvar, entonces muchos pensamos que teniéndola tan cerca era posible que cruzara la cordillera y se presentara en Chile, pero no pudo ser. El motivo no lo tengo claro, pero tal vez atestigua el mito de su única visita a este país en los años sesenta.

Por entonces Chavela era una mujer de mediana edad que lucía como su mayor tesoro dos trenzas oscuras, tan negras y tan indias como sus altivos ojos. También Santiago era otro en el despelote noctámbulo de la bohemia local. Y era habitual asistir a los espectáculos revisteriles que mostraba el teatro Bim Bam Bum, donde las vedettes exhibían su cutis maquillado de rubor.

Según corre el chisme, Chavela vino a cantar en esta sala cuando apenas era conocida por estos suelos sudamericanos. Llegó con su guitarra apretada bajo el brazo, como si llevara una compañera curvilínea y musical. Y así, con su potente voz, levemente enronquecida por unas copas, ella desplegó el pentagrama emotivo de su repertorio. Los aplausos reiterados sacaban más y más canciones que el público escuchaba conmovido. Pero cuando canto “Mundo raro”, el silencio de la sala era una concha de cristal a punto de quebrarse. Todos siguiendo con el alma la letra de la canción. “Y si quieres saber de mi pasado”. Todos murmurando bajito. “Les diré que llegue de un mundo raro”. Todos cantando a corazón desnudo. “Que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca he llorado” La ovación fue estruendosa y cuando Chavela salía del escenario, amortiguada por la felpa del cortinaje, escuchó una voz que le dice: Yo no he triunfado en el amor. Y allí, en la sombra de las bambalinas, envuelta en un capullo de plumas verde espanto, vió los bellos ojos de una vedette que tímida se atrevía a enfrentarla. Es solo una canción, yo tampoco he triunfado en el amor, le contestó Chavela con fracaso y ternura.

Y de ahí fueron noches y amaneceres que pasó la cantante embriagada de “ese olor a mujer”. Sus días en Santiago se desgranaron en copas y mas copas de tinto vino que amorataba el resuello morocho de sus labios. Hasta el alba cantándole al oído a la bailarina que se dejaba querer sin hacer ningún esfuerzo por corresponderla. Con ese enamorado ardor, la vedette se abanicaba, más bien dejaba que la cantante se pasara películas, y muy de vez en cuando le devolvía la pasión lésbica mirándola gatunamente. Pero en tal errado amor el tiempo paso rápido, y llegó la hora en que Chavela debía partir. Y en el minuto del adiós, en ese andén en que el corazón está a punto de ser derramado en todas sus letras, todo se entrega, todo se ofrece, como si la vida colgara del abismo mezquino de unos segundos.

¿Qué quieres que te deje de recuerdo?, le preguntó Chavela a la vedette con la voz temblando como flama. Si quieres te dejo mi sarape. Si quieres te dejo mi libro de cabecera o mi guitarra que me acompaña desde siempre. No me interesa nada de eso, dijo la mujer displicente, con una chispa perversa en el fondo de sus pupilas. En realidad casi nada, agregó después acariciando las trenzas que bajaban por la espalda de Chavela como serpientes de ébano. Si quieres mi pelo…te lo dejo, musitó la cantante con serena tristeza.

Y cuando Chavela se dio el tijeretazo, sus trenzas vivas gotearon la negra hemorragia del equivocado amor. Luego se fue, sin una caricia, sin un beso, caminando tranquila, serena, sin volver la cabeza, queriendo huir lejos de esta tierra que le arrebató sus trenzas indias con los dedos afranelados de la traición.



ADIOS CHABELA

..

Mi hijo admirado

Dejo a mi hijo mayor, mi Juli, mijito bebé, con su señora y su hijita en su nueva casa y siento el mismo desgarro que cuando lo dejaba en salita de 3.
Camino las 3 cuadras que separan su casa de la mía y pienso que no van a poder sin mí, que algo más tengo que hacer, qué cómo los dejo allí sin mi ayuda.
Al ratito no más me acuerdo: De que viven solos hace tres meses, de que Julián tiene más edad de la que yo tenía cuando lo tuve a él, de que lo mismo sentí cuando empezó a trabajar, cuando se demoraba su tren, cuando se iba a la panadería y tardaba cinco minutos más. Me acuerdo de que mi hijo siempre pudo hacer sin mí todo lo que tenía que hacer sin mí y de que los padres y madres NO son necesarios cuando uno arma su propia vida. Para no caer en el otro extremo, releo el mensaje que el nene me mandó ayer: "A ver si venís a visitarnos dos veces por semana vieja".
Y es una epifanía de orgullo y admiración.

Diosa Chavela

"Yo no me voy a morir porque soy una chamana y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos", publicó la cantante de 93 años en su cuenta de Twitter.




A LOS 93 AñOS

Murió Chavela Vargas


La cantante de origen costarricense y nacionalidad mexicana, una de las principales figuras del género de la ranchera y pionera entre las intérpretes femeninas, falleció a causa de una insuficiencia cardíaca. Sus creaciones sobre piezas como “Vámonos”, “Macorina”, “Ponme la mano aquí”,"El último trago", "Que te vaya bonito", “Noche de bohemia”, "La llorona", "Paloma negra", o “Volver, volver”, son parte de su particular repertorio que perduraró a lo largo de dos siglos.

En su último álbum -tributo al poeta español Federico García Lorca- titulado “La luna grande”, la vocalista nacida como Isabel Vargas Lizano en San Joaquín de Flores, Costa Rica, el 17 de abril de 1919, combinó las palabras de García Lorca con las músicas que pueblan su propio repertorio musical. Además, tuvo el privilegio de compartir y tener en su lista de amistades más cercanas a algunos de los máximos exponentes artísticos e intelectuales mexicanos como Frida Kahlo, Diego Rivera, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara y Carlos Monsiváis, entre otros.

Chavela recién debutó en la Argentina en septiembre de 1999, a los 80 años y cuando ya contaba con cuatro décadas de trayectoria, con un antológico concierto en el teatro Opera de Buenos Aires. Desde entonces visitó con mayor regularidad el Río de la Plata.

En 2004, en ocasión de despedirse del público argentino, expresó: “Pienso que sí me eternizaré, pasará el tiempo y hablarán de mí una tarde en Buenos Aires. Cuando un día empiece a llover, les saldrá un lágrima, será una `chavelacita` muy chiquita”.


Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-200393-2012-08-05.html


Chavela Vargas, una rebelde que vivió como quiso


Fuente: El Universal
05 agosto 2012


México.- Vivió como quiso y sus acciones y pensamiento confirmaron su rebeldía y condición de libre pensadora.

Chavela Vargas aceptó su homosexualidad en una entrevista en 2000; sin embargo su gusto por "las damas", como les llamaba, data de sus comienzos como cantante, de la mano de José Alfedo Jiménez, autor de muchos de sus éxitos.

"Cantarle a la mujer es mejor que perder el tiempo con los hombres", comentó alguna ocasión.

Incluso María Félix y Lola Beltrán se presumió fueron algunas de sus "amantes famosas".

"Paloma negra de los excesos", diría la canciôn Por el boulevard de los sueños rotos", (coautoría de Joaquín Sabina) su gusto por el alcohol, el tequila en particular, fue constante en su vida.

"Los doctores me dijeron que debía dejar el tequila, pero hay imposibles de lograr y como decía José (Alfredo) en el último trago nos vamos", dijo en un testimonial proyectado en su homenaje. en su cumpleaños de 2009.

Nunca tuvo mayor creencia y poder que su palabra y hasta antes de su muerte se hizo su voluntad.

"No soy rica, no me llevaré nada cuando me muera así que vámonos riendo y no te rompas mecate, que este es el último jalôn", dijo al desobedecer las instrucciones médicas que no le permitían viajar a España en abril.

Incluso Chavela se dio el lujo de ser indigente, y a su regreso de uno de sus viajes a España se perdió y vivió en las calles de Morelos un tiempo hasta que una familia la recogió, cuidó y atendió.

"Por eso le tengo harto amor y reconocimiento a los indígenas, porque sin importarles quién era, o cómo me llamo me ayudaron y alimentaron hasta que estuve mejor", recordó.

Vida de parroquiano al fin, los capítulos de Chavela se cuentan por la polémica de su dicho o debsu acción. Finalmente "Ahí te quedas vida", sentencia en su biografía.

Mairal CF



Continuidad de los countries

Por Pedro Mairal


Perfil 03/08/12 - 10:19


La historia sucedería en un futuro no muy lejano, de acá a 15 años más o menos, cuando los countries ya son un continuo interconectado por autopistas terrestres y aéreas. Está prohibido salir del gran country continental. Por su propia seguridad, cada ciudadano tiene un chip de identificación y localización satelital, metido en la mano derecha. Hay un impuesto a la privacidad. Cuanto más se paga, más minutos diarios puede pasar uno sin ser filmado.

El protagonista es un profesor de secundario, que vive cerca de la vieja frontera con Brasil. El escenario es como un suburbio norteamericano infinito, con cines, shoppings, áreas de deportes y grandes complejos para pasar las vacaciones. Como la tasa de suicidio es muy alta entre los estudiantes, el profesor recorre los colegios de su región dando charlas motivacionales. Durante toda la película lo vemos obligarse a hacer cosas con la mano izquierda.

Del otro lado del alambrado vive el sesenta por ciento de la población, en los llamados Centros. Son campos de trabajo forzado, prisiones agrícolas y pensionados donde vive el personal de limpieza que es trasladado todos los días al country. El profesor tiene un hermano en uno de los centros y lo va a visitar atravesando fronteras rigurosas. Conversan y toman mate en una de las barracas. Su hermano habla un castellano muy abrasilerado. Casi no le entiende. Tiene las manos callosas.

De vuelta en su casa, el profesor se comunica por video conferencia con las dos hijas que están estudiando lejos. Se las ve hermosas con un fondo de playa detrás. El les pide que no usen su avatar para hablar con él, que las quiere ver cómo están realmente, pero ellas se niegan y usan el avatar articulado, basado en la imagen del verano en que se sentían más lindas. Las dos hacen lo mismo, por separado.

En el supermercado, cuando llega a la caja, el profesor acerca su mano al sensor y le dicen que no le alcanza para pagar. Mira su resumen de cuentas y sale corriendo. Maneja hasta un lugar con grandes galpones blancos. Dentro hay miles de cápsulas o flotarios. Pregunta a los guardias, se pelea, hasta que le dan la información. Abre primero una cápsula y después otra, donde están las hijas flotando en agua densa, entubadas para expulsar y recibir líquidos y comida, sin necesidad de moverse, conectadas a la red constantemente, sin días ni noches. Las hace salir, las dos pesan más de cien kilos. Las lleva en auto a una granja de rehabilitación. No es la primera vez que pasa.

El flotario o float es adictivo y es legal, pero es muy caro. El profesor ya no tiene plata, le estaban debitando el servicio a su cuenta. En una de sus visitas a un colegio cerca de la selva amazónica, donde hay fronteras más blandas, sale en el intervalo y se corta la mano derecha con la vieja guillotina de la imprenta del colegio. Escapa caminando, cruza la frontera, agoniza en la selva hasta que lo encuentran y lo reciben otros hombres mancos.

Roberto Mamani

PRÍNCIPE AYMARA

Roberto MAMANI MAMANI es un artista autodidacta que ha desarrollado su plástica a partir de la visión y sentimientos originarios de su pueblo, una tierra vibrante, vital, llena de colores, carácter, texturas y emociones.
















SOY UN NIÑO TERRIBLE, SOY UN NIÑO AYMARA


Soy un niño terrible, que juega con los colores
como una ñusta tejedora que tiñe los mantos sagrados


Soy un niño con manos pequeñas que juega con el barro
como un amauta con las estrellas
que observa el destino de la vida.


Soy un niño que contruye y destruye y crea.
Dibujo la luz, el aire y las montañas para la vida,
la alegría y la felicidad de los hombres buenos.


Soy un niño de los Andes, que juega con el arcoiris.
El color; su existencia es la alegría;
sentirlo, olerlo, es un placer, es una pasión.


Soy tan terrible, que juego con las formas, sin reglas,
sin trampas, pero tan terrible, tan terrible, que tal vez
a alguna gente no le guste, pero aqui estoy.


MAMANI MAMANI


Tomado de http://mamanimamani-bolivia.blogspot.com.ar/

sábado, 4 de agosto de 2012

El proceso mitificador

LA MUJER Y SU IMAGEN


Rosario Castellanos. En Mujer que sabe Latín.

“A lo largo de la historia (la historia es el archivo de los hechos cumplidos por el hombre, y todo lo que queda fuera de él pertenece al reino de la conjetura, de la fábula, de la leyenda, de la mentira) la mujer ha sido, más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito.
Simone de Beauvoir afirma que el mito implica siempre un sujeto que proyecta sus esperanzas y sus temores hacia el cielo de lo trascendente. En el caso que nos ocupa el hombre convierte lo femenino en un receptáculo de estados de ánimo contradictorios y lo coloca en un más allá en el que se nos muestra una figura, si bien variable en sus formas, monótoma en su significado. El proceso mitificador, que es acumulativo, alcanza a cubrir sus invenciones de una densidad tan opaca; las aloja en noveles tan profundos de la conciencia y en estratos tan remotos del pasado que impide la contemplación libre y directa del objeto, el conocimiento claro del ser al que ha sustituido y usurpado.
El creador y el espectador del mito ya no ven en la mujer a alguien de carne y hueso, con ciertas características biológicas; fisiológicas y psiclógicas; menos aún perciben en ella las cualidades de una persona que se les asemeja en dignidad aunque se diferencia en conducta, sino que advierten sólo la encarnación de algún principio, generalmente maléfico, fundamentalmente antagónico."

El mito de la mujer

“A lo largo de la historia (la historia es el archivo de los hechos cumplidos por el hombre, y todo lo que queda fuera de él pertenece al reino de la conjetura, de la fábula, de la leyenda, de la mentira) la mujer ha sido, más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito”

Rosario Castellanos. Mujer que sabe Latín.

viernes, 3 de agosto de 2012

Primer semana : El regreso

Se me hizo relarga mi primera semana de vuelta a clases. Pero me di cuenta (de nuevo, que siempre es bueno confirmarlo) cuánto quiero a mis alupnos y alupnas y sus cuentos de piratas en Bariló, sus exámenes previos y su rescibirse después de un par de años de terminar la cursada, su llegar empapados a la escuela y tener que "secarlos como pollos mojados" en la cocina, sus aplausos porque me cambié el pelo, sus preguntas sobre qué "evaluación rara" nos espera para cerrar este trimestre, etc etc etc :)

miércoles, 1 de agosto de 2012

Como piensa el jaguareté



Lecturas ::
Mi tío el jaguareté
01-08-2012 | Joao Guimaraes Rosa

Una lectura de “Mi tío el jaguareté”, un relato largo de João Guimarães Rosa.

Por Florencia Parodi.

Pequeña coliflor, el libro se hace, en la tierra de su autor,
un árbol viejo, capaz de desviarlo y de hacerlo andar mal,
si intenta alcanzarle los hilos extremos en el laberinto
de las raíces. Gracias a Dios, todo es misterio.

GR en una carta a João Condé



Parece que Guimarães Rosa escribió este cuento y estuvo mucho tiempo sin publicarlo. Que antes de cerrarlo, o sea durante su proceso de corrección, escribió y publicó una novela de seiscientas páginas, Gran sertón: veredas. Finalmente apareció en la revista Senhor, que, para dar una idea, Gonzalo Aguilar dice que podría ser una de las revistas del consultorio de un dentista. Contexto raro para leer “Mi tío el jaguareté”, un tirón (el transcurso de una noche) del discurso borracho de un hombre que era cazador de jaguares, hasta que se reconoció pariente del jaguar: yo jaguaricé.

Aunque GR sea uno de los escritores más originales que leí, no lo es precisamente en esto: la transformación en animal es como la de Gregor en insecto, el hombre en lobo; en la misma época Lispector hacía personajes viéndose frente a búfalos y cucarachas y Cortázar miraba un ajolote en la pecera. De hecho yo volví a leer este cuento porque me lo recordó un libro sobre un loro. En “Viajes a ninguna parte”, Julieta Yelín afirma que “la mirada animal es para Rosa una perspectiva capaz de brindar un contenido trascendente, una suerte de apertura hacia terrenos invisibles para la percepción humana” y cita una entrevista que le hizo Günter Lorenz en 1970 donde Guimarães dice “Cuando alguien me relata acontecimientos trágicos le digo tan sólo esto: ¡Cuando mires a los ojos de un caballo verás mucho de la tristeza del mundo!”.

En la carta a Joao Condé que fue incluida en las ediciones del libro de cuentos Saragana a partir de 1984, GR dice: “impiadoso, horror al lugar común; que los clichés son pedazos de carne corroída, son pecados contra el Espíritu Santo, son taperas en el territorio del idioma”. En la publicación de su “Diálogo con Guimarães Rosa”, Günter Lorenz anota que GR hablaba portugués, español, francés, inglés, alemán e italiano y que además tenía suficientes conocimientos como para leer libros en latín, griego, griego moderno, sueco, danés, servo-croata, ruso, húngaro, persa, chino, japonés, hindú, árabe y malayo. Teniendo en cuenta esto es un poco menos sorprendente el trabajo sobre el lenguaje que se puede ver en su obra.

“Mi tío el jaguareté” es una sola línea narrativa, un monólogo dentro de una choza, cerca del fuego, en medio de la vegetación, sin otra voz que no sea la del pariente del jaguareté. En el interior de Minas Gerais (pero interior en serio, donde la poca gente que vivía o se fue o se los comieron), alguien visita a este cazador sobrino del jaguar, le da aguardiente y lo hace hablar.

—¿Hum? Eh-eh… Sí. Sí señor. A-ha, si quiere entrar, puede entrar… Hum, hum… ¿Usté sabía que yo vivo aquí? ¿Cómo lo supo? Hum-hum… Eh. No señor, n’t,n’t… ¿Su caballo, solo ése? ¡Ichi! El caballo ta manco, aguado. Ya no sirve. Achi… Pues sí. Hum, hum, ¿Usted vio este fueguito mío, de lejos? Sí. Ah, pues. Pase, usté se puede quedar aquí.

A partir de este planteo se complica la famosa oposición entre oralidad y escritura. Gonzalo Aguilar explica: “No es una parrafada oral porque la transcripción es inventiva, en algún punto. Tampoco es una escritura porque el que escribe está transcribiendo un relato oral. Entonces es una especie de reenvío paradójico que deja suspendida esa diferencia. Más bien, parece potenciar la escritura y la oralidad”.

Ese visitante venido de la civilización es el responsable de nos llegue por escrito todo lo que el cazador salvaje dice esa noche. Es un traidor (un traductor), que a tal punto y con tal precisión lo hace entregar su confesión, que al final le dispara. Lo escuchamos morir. No hay marcos, de hecho los marcos están borrados, no se introduce el discurso (más que con un guión de diálogo antes de la primera palabra del cuento) ni se transcribe la voz del entrevistador. Interactúan, el cazador se dirige hacia él y contesta sus preguntas que no se transcriben. Ah, pero esto no lo cuento, ¡que no cuento, que no cuento, de ninguna manera! ¿Pero qué quiere saber? ¿Quiere saber todo? ¿Usté es soldado?… Ah bueno, ah bueno, yo cuento. Sí se trascriben, en cambio, las palabras que forma el cazador mezclando con el tupí, ruidos, interjecciones.

El cuento se lee como se entiende de oído una lengua desconocida. Y acá sí ya empezamos a hablar de cosas nunca antes vistas: un autor que escriba para el universo (o temas universales a través de) un lenguaje mixto hasta lo incomprensible y un cuento al que se le agregó un glosario al final que ocupa casi la misma cantidad de hojas que la historia son por lo menos inusuales. En palabras de Aguilar, GR es una narrador de la desestabilización. No se puede incorporar al otro en un relato estabilizador, “el precio de incorporarlo es desestabilizar toda narración y destruir toda consolación”. Lo genial es que para evitar esa trampa el cuento mismo se encarga de la destrucción y mata a la voz de la que está compuesto.

Los poblados están hechos del miedo a la selva y al monte, el sertão de Minas es la combinación de los dos, y es el espacio donde se configura la obra de Guimarães Rosa. A la hora de elegir el terreno donde ubicar sus historias, dice que prefirió la parte de Minas Gerais que era más suya porque extrañaba su lugar (como diplomático le tocó vivir varios años fuera de su país) y “porque conocía un poco mejor la tierra, la gente, los árboles”. Parte de ese conocimiento se funda en su profesión de médico, trabajaba como etnógrafo relevando datos en zonas remotas. Pero además prefirió ese escenario para sus historias “porque el pueblo del interior –sin convenciones, ‘poses’– da mejores personajes de parábolas: allá se ven perfectamente las reacciones humanas y la acción del destino”.

Antes del final trágico el personaje llega a contar mucho sobre cómo fue su vida en el sertão desde que lo llevaron a trabajar como cazador. Cuenta que es hijo de un hombre blanco y una mujer india, habla de su adoración por María-María, una hembra jaguar a quien quiere y cela, repite obsesivamente que el jaguar es su pariente, que no quiere haber matado jaguares y se diferencia todo el tiempo de los hombres, sobre todo de sus debilidades: Hombre loco… Hombre loco,,, Yo — ¡jaguar! ¿Ñum? No soy el diablo. Usté es el diablo, el boca-chueca.

Hay una serie de “Yo —…” a lo largo del texto que van armando el carácter particular del personaje: Yo — por todas partes, Soy hierba mala, del monte, Yo — lejos, Yo ñun — solito… No tenía amparo, Yo soy jaguar… ¡Yo — jaguar! Cuenta también que tiene varios nombres: su madre le puso Bacuriquirepa, también le decían Breó y Beró. Fue bautizado por su padre como Toñito, Antonio de Jesús, razón por la que su patrón lo llama Toño Tigrero, “después me llamaban Macuncozo, nombre de un rancho”. Yo — marupiara es uno de los que obliga a consultar el glosario: “Según el Pequeño Dicionário Brasileiro da Língua Portuguesa, marupiara es una voz amazónica, antónimo de panema, y significa persona feliz en la caza o en la pesca”.

Dentro de esos terrenos invisibles para la percepción humana que están en lo animal y que el cuento trae, quizás lo más destacable sea lo que cuenta el narrador sobre cómo piensa el jaguar:

¿Usté sabe en lo que piensa el jaguar? ¿No sabe? Eh, entonces aprenda: el jaguar sólo piensa en una cosa — que todo es bonito, bueno, bonito, bueno, sin toparse con nada. Nada más piensa eso, todo el tiempo, largo, siempre lo mismo, y así va pensando mientras camina, come, duerme, haga lo que haga… Cuando algo malo ocurre, entonces de pronto chirría, ruge, tiene rabia, pero no piensa en nada: en ese instante deja de pensar. Nada más cuando todo vuelve a estar tranquilo, piensa otra vez, igual, como antes…

Eso y su forma de morir: ¿Quiere saber del jaguar? Eh, eh, mueren con un coraje, están diciendo lo que nosotros no decimos….


Tomado de http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2012/24148#more-24148

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...