domingo, 30 de octubre de 2011

Y el cielo era el cielo de todos los días

Batania / Dos poemas de amor






Con los ojos abiertos



Hace poco pero mucho tiempo,
tanto como un fémur o un mediodía,
yo amé a una chica de ojos azules,
diecisiete años llenos de ojos azules,
doscientos cuatro meses de ojos azules,
seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y nunca le perdonaré
que me dejara con los ojos abiertos,
que me dijera basta con los ojos abiertos,
que me tirara al vacío con los ojos abiertos,
que me pasara a pistola con los ojos abiertos,
porque ahora no logro acordarme
de las fuentes antiguas de sus ojos azules,
los diecisiete años mirando sus ojos azules,
los doscientos cuatro meses de ojos azules,
los seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y sólo me queda su mirada puñal y definitiva,
los ojos azules y traidores,
los ojos azules y póstumos,
increíblemente abiertos aquella tarde,
mientras los gorriones volaban como gorriones
y el cielo era el cielo de todos los días.




Prefiero Natalia a la revolución




La prefiero a la defensa de la infancia, al cuidado del ozono.
La prefiero al final de las fronteras.
La prefiero a la Amazonia.

Más que alejar el hambre y la tormenta, el volcán y el terremoto.
Más que ahuyentar la crisis.
Más que parar la guerra.

Antes que salvar al tigre y al leopardo.
Antes que proteger al inmigrante.
Antes que el feminismo y la filantropía.

Por encima de la paz en Jerusalén.
Por encima de la paz en Kabul. De la paz en Trípoli.
Por encima de curar el cáncer o atajar el sida.

Mejor que el rescate de Grecia, la salvación de África, la sanidad, la lectura.
Mejor que la ayuda a Haití. Que la ayuda a Somalia.
Mejor que parar el racismo, la ignorancia, la policía.

Prefiero Natalia a los Derechos Humanos.
Prefiero Natalia a las libertades.
Prefiero Natalia a la democracia.
Prefiero Natalia a la concordia.
Prefiero Natalia a la justicia.
Prefiero Natalia a la revolución.


Batania (Alberto Basterrechea, Lauros, Vizcaya, 1974), en Batania

Tomado de http://campodemaniobras.blogspot.com/2011/10/batania-dos-poemas-de-amor.html

viernes, 28 de octubre de 2011

Pocas pulgas

¿Por qué no bancarse nada ni a nadie se dice "tener pocas pulgas"?

Conchita, que le dicen...

Llega el pubis

Pedro Mairal



Parece que esta semana apareció un pubis femenino en televisión abierta y provocó gran conmoción. Después de años de bikinis encogiéndose hasta la histeria del hilo dental, finalmente llegó el pubis a todos los hogares argentinos. Tardó en llegar pero llegó. Venía de lejos, desde el fondo del tiempo, primero tapado por una hoja de parra y por puntas de mantos y harapos flameando convenientemente en los cuadros y los frescos. En Oriente ya había aparecido en grabados japoneses, pero en Occidente apareció quizá por primera vez en La maja desnuda en 1790. Courbet lo patentó el siglo siguiente, ya librado de la tiranía del rostro, en El origen del mundo, un pubis protagónico, hirsuto y alarmante. Después, Gauguin lo pintó exótico y polinesio; Toulouse Lautrec lo retrató prostibulario; Klimt, pelirrojo y Egon Schiele, por fin, dibujó el pubis trágico y erótico. Pelos, sombra sexual. Era todavía el pubis europeo de barba freudiana, tupido y poderoso. Hasta que el avance de la cultura playera, el salto a la fotografía, la masificación de las revistas de desnudos le infundieron pudor y ganas de acicalarse, y el pubis empezó a aparecer ya más prolijo, en gran abanico triangular, el pubis sesentoso, presente y arbustivo. En los ochenta, quizá el nuevo cavado de las mallas fucsias lo obligó a agudizarse y se fue angostando en su ve corta hasta quedar reducido a un bigotito Führer. Así entró en los 90, casi como postizo, una ceja vertical que en el cambio de milenio desapareció por completo y dio paso al pubis koyak, brasilero, desanimalizado, lampiño, impuesto así por la moda dominante del porno que, al considerar que el bello tapa lo esencial, desmalezó por completo el famoso Monte de Venus. La desaparición del pubis, esa nueva forma de calvicie, duró menos de una década, y el pubis se volvió a dibujar en el ideal de la intimidad sexy, la pelambre incesante volvió a ganar la partida hacia un pubis muy apocado, controlado, tapado apenas de la mirada del gran ojo de la televisión por microtangas casi simbólicas. Ahí estaba el pubis esperando en las bambalinas del canal después de recorrer todo ese camino de eclipses y ocultamientos pudorosos, quería por fin llegar a la sobremesa familiar y entrar para siempre en los hogares. Y finalmente apareció: un piolín de bikini que se desató por contrato y el pubis saludó a la teleaudiencia. ¡Buenas noches familia! Duró pocos segundos. El conductor tapó la pantalla, el canal ahora tiene que pagar una multa millonaria, pero el pubis llegó a las casas. Fue un hecho histórico.


Perfil, 8 de octubre de 2011

Que estallan de verde

Mestizaje




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Del posado de una mariposa azul sobre una rosa amarilla advierto tres posibles:

a) Que la mariposa se torne amarilla ante las leyes españolas de la rosa.
b) Que la mariposa defienda su azul contra las patrullas de extranjería.
c) Que la mariposa y la rosa se vuelvan verdes en el cruce apet(alado).

Abajo las rosas que insisten en su amarillo y abajo las mariposas de azul obcecadas. Vivan los pétalos y vivan las alas que estallan de verde en todos sus pensamientos.

Porque la mariposa no es más que una rosa de aire.
Porque la rosa no es más que una mariposa de tierra.



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Publicado por Neorrabioso en 14:34

Miedo

Mestizaje

jueves, 27 de octubre de 2011

Pianista y jardinero

Para Joyce Carol Oates, el oficio de la literatura tiene mucho que ver con el de pianista clásico y el de jardinero. Con el primero, porque la ficción se basa en la realidad, así como quien toca el piano debe hacerlo sobre una partitura original ya dada. Y con la jardinería, porque la mayor parte del tiempo te lo pasas arrancando o sembrando raíces para que luego el resultado luzca bien.

Ser hoy moderno es adherir al kirchnerismo

Anticlímax electoral

Por Daniel Link

21/10/11 - 11:01


Escribo esto un 17 de octubre, día conocido tradicionalmente en la Argentina como San Perón o como Día de la Lealtad, porque conmemora el 17 de octubre de 1945, cuando una gran movilización obrera y sindical, capitaneada por Eva Duarte (“Evita capitana”) demandó la liberación del coronel Juan Domingo Perón, entonces a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, fundando las bases de ese enigma político, el peronismo. La historia posterior es conocida (incluso demasiado conocida).

En su columna de hoy en el diario Página/12, Eduardo Aliverti se refiere a “este clima electoral manso, anodino, del que apenas hay registro por unos spots de campaña espantosos”. No se equivoca Aliverti. Yo mismo acabo de volver de un viaje largo de trabajo y, contra toda prevención, me encuentro con una ciudad tranquila y hasta indiferente en relación con esos dos traumas: las elecciones presidenciales (más o menos definidas desde las primarias de agosto) y San Perón.

Esta mañana no me despertaron los bombos y escribo estas líneas en un silencio que podría pensarse como la paz de los cementerios o el silencio que precede a la tormenta. Pienso, más, bien, que se trata del silencio de una agonía y un parto superpuestos: algo no termina de morir y algo no ha nacido todavía.

Analistas políticos de otros diarios suponen que el oficialismo pretende reservar todo su poder de convocatoria para fechas más importantes: el 23 a la noche, cuando se festeje la indudable reelección de la Sra. Fernández por mayoría aplastante, y el 27 de octubre, cuando se recordará al Sr. Néstor Kirchner, en el primer aniversario de su paso a la inmortalidad.

Sabido es que a la Sra. Fernández jamás se la ha escuchado cantar la marcha peronista y que muy a regañadientes ha realizado la v de la victoria con sus dedos. Esa repugnancia al folclore peronista parece haber culminado en este 17 de octubre mudo, donde queda claro que el peronismo (sus actores, su misterio) está dejando paso a una nueva forma de soberanía, de hegemonía cultural y de imaginación política.

La alguna vez voz dominante de la oposición, la Sra. Elisa Carrió, desencantada con el rumbo que toma la cultura política en la Reina del Plata, declaró, con un humor infantil que no se condice con ninguna forma de inteligencia: “Me voy a vivir a una chacra, no soy como Cristina y sus palacios”. La frase está calcada de la que pronuncia uno de los personajes de Fin de fiesta (1958), la novela de Beatriz Guido (“Si viene el comunismo, me voy a la estancia hasta que se les pase”).

A diferencia de lo que podría esperar aquel personaje de ficción, es muy probable que los cambios políticos de los últimos años no se reviertan como para que la Sra. Carrió deba renunciar a su retiro chacarero.

En Argentina, curiosamente, ser hoy moderno es adherir al kirchnerismo en algunas de sus variantes, y aparentemente el electorado lo demostrará el próximo domingo con porcentajes que competirán con los de la fórmula Perón-Perón en 1973.



Tomado de http://www.perfil.com.ar/ediciones/2011/10/edicion_619/contenidos/noticia_0016.html

miércoles, 26 de octubre de 2011

Un marido para mi mujer

Sí, repetida. Genial La tana siempre.
Ahora yo digo, en cuestión de hombres: Entre el Puma Goiti y el Chueco ¿no es obvia la opción Puma?
Dice Magda que no. Dice Rafa: Jeje máaaaa, a vos te gustan los pelados!!!!

lunes, 24 de octubre de 2011

Laberintos según José Luis Zárate

El souvenir más popular del Laberinto es la intersección. Le da una amplitud mayor a las casas que los espejos y ventanales.


Como Teseo no confiaba en Ariadna, que sólo era una mujer, decidió llevar él los dos extremos del hilo.


En el Laberinto sólo hay horas perdidas.


Para salir del Laberinto hay que retroceder sobre tus pasos.Teseo revivió al Minotauro,se desenamoró de Ariadna,salió del mito y no regresó.


El Laberinto tiene ventanas desincronizadas,muestran el fondo del mar,la noche en el día, la salida que, por supuesto,no está al otro lado.


En algún momento Teseo olvidó a Ariadna, a veces despierta a medianoche y no sabe porqué sigo aferrando ese hilo.


Ariadna recuerda amantes y amores(rara vez los mismos),un Laberinto de deseos y adioses.No recuerda si hubo un hilo que los uniera a todos.


Es el reino de las bifurcaciones, las posibilidades igualmente ciertas. Cuando Teseo logró salir del Laberinto encontró otra Ariadna.


Cada mil pasillos hay una sala de espera, con revistas atrasadas, musak y tensa atmósfera que hace que retomemos el Laberinto con alivio.


Continúa en las leyendas, símbolos, temores, esperanzas, poemas, libros, páginas, líneas ¿cómo no habría de ser Infinito el Laberinto?


Regresó al Laberinto porque allá afuera, en la indiferente amplitud, se sentía perdido.


No importa que sea infinito, que haya ciudades y reinos en su interior, cielos diversos, los claustrofóbicos no soportan el Laberinto.


Hércules debió detener al Toro de Creta empeñado en derruir casas, tirar muros. Nadie entendía que sólo buscaba a su hijo Minotauro.


Sólo me quieres por mi espada, recriminaba Teseo en el lecho a Ariadna que estaba harta de de desidia, de guiarlo en todo siempre.


A veces la memoria del amor de Ariadna nubla las tardes de Teseo. Los recuerdos son hilos que ninguna espada mágica puede romper.


Ariadna y Teseo se separaron en la isla de Día, a su amor le faltó pasión, aventura, un par de laberintos más, otro Minotauro.


Icaria, reino de Dédalo el Inventor, enfrenta las ocasionales invasiones colocando en sus fronteras Laberintos portátiles.


Tomado del muro de Feis de José Luis Zárate

domingo, 23 de octubre de 2011

Camelot: 4 primeros capítulos

Sí, está buena. Pero ¿qué diferencia hay entre una serie que te deja boquiabierta y amplía todos los tópicos del género como Juego de tronos y una que está bien con sus adecuadas medidas de espadas, magia, intriga palaciega, sexo y muertes como Camelot?
Hubo un par de escenas que me gustaron mucho (una con madre, otra con lago) y el personaje de Morgana es muy interesante aunque algún lado malvado dentro mío me diga que es la necesaria cuota de minita fuerte que se pone en pelotas por cualquier cosa. Ah, no perdón, también está la rubia de sus sueños que le hace la competencia.
Estuve los 4 capítulos haciendo fuerza para darme cuenta quién es el actor que hace de Merlín. No pude. La wiki me ayudó a reconocer a Shakespeare en el mago.

Mi revolución

En esta revolución se admiten las faltas de ortografía



Neorrabioso



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En otras revoluciones la pólvora a cinco columnas,
los muertos contándose a sí mismos, las destrucciones.
En esta revolución la pancarta, el pasquín de nata,
la rosa lasciva enseñando sus tetas a la policía.

En otras revoluciones el sigilo, la boca cerrada,
las acciones secretas, el orden exacto, el día-D.
En esta revolución Twitter, Facebook, Blogger,
la pasión hacia afuera, las granadas de sonrisas.

En otras revoluciones la FE, la PATRIA y la MUERTE,
las frases eternas, las palabras grandes, las más altas.
En esta revolución la patria se cambia por besos,
se cambia la fe por cigarros, y sólo se cree en la vida.

En otras revoluciones el historiador oficial, el pintor oficial,
la belleza y la excelencia, el poeta perfecto y reglamentado.
En esta revolución cada uno su poeta, cada uno su balada,
se admite bolígrafo rojo, se admiten las faltas de ortografía.

En otras revoluciones las palabras se callaban
y entraban los tanques, las bombas y los fusiles.
En esta revolución las palabras no se apalabran,
las palabras no se cortan, las palabras sólo avanzan.

En otras revoluciones decían: ésta es LA Revolución.
En esta revolución se dice: ésta es MI

revolución.



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Publicado por Neorrabioso en 20:58

sábado, 22 de octubre de 2011

Vampiros de día

Está buena. Aunque ya aburre lo de la humanidad y sus epidemias médicas.
Está bueno el planteo entre hermanos y entre padre e hija: ser humano o ser inmortal, esa es la cuestión. Ser un monstruo, vivir a costa de otros: ¿definición de vampiro o de humano?

El vengador

Una de vampiros con tren que hay que explotar como una de vaqueros. Nada. Lo mismo de siempre. Una combinación de lo peor de Underword con lo peor de Vanhelsing.
La vi ayer y ya me la olvidé.

Los prisioneros de la torre. Política, relatos y jóvenes en la postdictadura

:: Entrevistas ::
Estudio sobre la Nueva Narrativa Argentina
22-10-2011 | Elsa Drucaroff

Entrevista a Elsa Drucaroff por la publicación del ensayo Los prisioneros de la torre. Política, relatos y jóvenes en la postdictadura (Emecé, 2011).



Por Patricio Zunini.



Durante más seis años de trabajo en los que leyó al menos 500 libros de más de 150 autores, la escritora y crítica Elsa Drucaroff se dispuso a analizar cuáles son los efectos que la dictadura militar produjo sobre la nueva narrativa argentina. El resultado es el monumental y controvertido ensayo Los prisioneros de la torre. Política, relatos y jóvenes en la postdictadura que acaba de publicar Emecé. En él elabora series y estudia las diferentes “manchas temáticas” que recorren las obras publicadas hasta 2007 de los escritores nacidos a partir 1960. Al tiempo que da cuenta del estado del arte, Drucaroff se ocupa de derribar el mítico enfrentamiento entre “babélicos” y “planetarios”, avanza sobre las razones de la disociación entre los escritores y el público lector, y discute con Beatriz Sarlo, a quien señala como una de las personas que abusa de la “crítica patovica” y lee mal a los jóvenes escritores.

En esta extensa entrevista, Elsa Drucaroff habla de los principales temas de discusión del libro.

Los prisioneros de la torre

Comencemos con una afirmación del prólogo: “la literatura es un laboratorio”: ¿qué experimentos desarrollan los narradores de la postdictadura?

Me encantaría que esa frase fuera mía. La hice mía pero es un hermoso trabajo de Mukarovsky, de la Escuela de Praga, que plantea que la literatura, con la coartada de la ficción, de construir un mundo que no se juzga en una relación de referencia con el mundo real, permite experimentar con cosas que no serían tan fáciles de hacer. En la literatura uno puede preguntarse cualquier cosa sin límites éticos, políticos, ni siquiera lógicos. ¿Con qué se experimenta en la narrativa de la postdictadura? La respuesta que doy es sesgada: desde mi respuesta, que no pretende ser única, se experimenta con la elaboración de los traumas argentinos de un pasado relativamente reciente que recién ahora empieza a procesarse. Pero yo propongo una lectura, no creo que sea la única lectura. La literatura no es sólo un laboratorio: son muchos. Podría haber habido otras respuestas para el mismo recorte. Después de todo, yo llamo “narrativas de postdictadura” y lo justifico, pero es un recorte como cualquiera.

En ese recorte incluís a los nacidos en 1960 que comienzan a publicar en los noventa y llegás hasta los trabajos publicados en 2007. ¿Habías pensado el límite antes de empezar el trabajo? ¿Cuándo definiste el cierre?

Cuando me di cuenta de que el libro no se podía terminar nunca, que no podía terminar de leer porque se seguía publicando y publicando. Tenía que poner un parate.

Llegaste hasta la publicación de Las teorías salvajes de Pola Oloixarac.

El libro de Pola es posterior. Si no recuerdo mal, salió en 2008 o 2009. Yo me propuse ser exhaustiva hasta 2007, pero me permití incluir libros que, aunque salieron después, me parecían realmente significativos. El libro de Pola es significativo, sobre todo desde donde yo leo la narrativa de la postdictadura. Tenía que incluirlo.

Es llamativo que el título surja de un concepto de Ortega y Gasset y que el libro se reivindique como hijo de David Viñas y, sin embargo, seas tan crítica de ambos.

Soy una crítica profunda de Ortega. De él tomé la hermosa metáfora de los prisioneros de la torre como una generación prisionera de las que la sostienen debajo. Ortega no inventó la idea de generación, la difundió. Robó mucho sin citar sobre todo a gente de izquierda o sospechosa de marxismo. Uso una buena metáfora y lo cito porque no le voy a robar aunque sea un franquista de derecha. El caso de Viñas es distinto: yo me siento una hija rebelde y muy enojada, pero hija de Viñas.

¿Más que de Noé Jitrik?

Sí. A Jitrik lo respeto mucho como crítico, pero Viñas tiene una cosa pasional que me fascina. Este famoso artículo de Julio Schvartzman que fue tan criticado, en el fondo le rinde un homenaje. Dice un enorme elogio: Viñas logró hacer de la historia de literatura argentina el relato de una batalla. Y si volvemos a la idea de que la literatura es un laboratorio de pensar la sociedad, es hermoso pensar que es un laboratorio donde se están jugando cosas. Qué leés, cómo leés, qué tradición leés es parte de una batalla. Eso me lo enseñó a hacer Viñas. Como me enseñó también a perseguir manchas temáticas, a hacer series. Soy crítica de las actitudes que tenía en el campo cultural, soy crítica de una especie de setentismo irredento que no le hizo bien en el último tiempo. Pero alguien que escribió Literatura argentina y realidad política puede hacer lo que quiera.
Babel y la Biblioteca del Sur. La ironía de los derrotados y los que llegan después

¿Por qué no te incluiste como parte de la generación estudiada? Naciste antes del sesenta pero no publicaste sino hasta después de la dictadura.

Pero yo no escribo como escriben las generaciones de la postdictadura. Trato de hacer preguntas, de no escribir panfletos, de no bajar línea en el mal sentido, pero escribo desde ciertas certezas, no desde tanto estupor. En el libro planteo que Martín Caparrós, Jorge Dorio, Daniel Guebel, Alan Pauls, yo misma, somos la parte más joven de la “generación de la militancia”. De todas formas construir una generación es un tema cultural, no biológico: Forn es del ’59, pero es claramente de postdictadura. En el libro menciono a Claudia Falcone, que no es escritora, pero que nadie puede negar que pertenece a la generación de militancia: es la desaparecida en la noche de los lápices y es del ‘61. Es un hilo muy finito. En algún momento digo algo como dos generaciones de jóvenes. Yo era joven en 1987, estaba por cumplir 30 años. Era joven en el tiempo que estaba por comenzar a salir Babel, pero no era de la generación de Fresán. Con Carlos Gamerro trabajamos juntos en el CBC y la separación era clarísima: su mirada era la de alguien que llegó a la conciencia política con la masacre, no con el sueño socialista. Eso define a las dos generaciones. Los jóvenes Babel —o grupo Shanghai—, si bien tuvieron una actitud completamente reactiva en cuanto al sueño socialista, tenían la ironía de los que fuimos derrotados. No la de los que llegan después como Fresán.

Con respecto a los escritores de Babel, criticás las obras apolíticas de aquellos años, pero tiempo después desde sus libros han tomado posiciones políticas —Caparrós muy especialmente—. Aunque no entren en el rango límite de 2007, no se menciona, por ejemplo, el proyecto de Pauls con la Historia del llanto, Historia del pelo y la que falta, que es Historia del dinero. ¿Por qué no miraste esos intereses políticos?

En un momento planteo que hubo un cambio político en ellos. Es un cambio muy posterior al 2001 sin que se haya asumido como cambio. Nunca escuché que Pauls planteara que había revisado sus ideologías sobre la literatura, más bien todo lo contrario. En un reportaje reciente de Mauro Libertella para Página/12 al cumplirse veinte años de la revista Babel, Pauls dice muchas cosas que reivindican la vieja postura de Babel sin una situación de crítica. Habla de las posturas que tenían, habla mal de Con V de Vian diciendo que aquellos querían una literatura de entretenimiento, y se contradice completamente porque en el 2007, en el reportaje de Sonia Budassi y Hernán Arias, minimiza por completo la batalla de Babel y dice que era una batalla divertida como las que tenía Los libros con las revistas populistas. Un disparate porque esas polémicas no existieron. Además es algo muy grave minimizar las polémicas de Los libros: polemizar en esa revista en el ‘74, ‘75, era jugarte la vida. Me molesta el tonito “cinicón” livianito en los intelectuales y me molesta en la gente que hizo la revista Babel. Me molesta que cambien en el momento oportuno y que no lo asuman. Esto como primera parte de la respuesta. Luego: ¿por qué no los incluí? No son mi objeto de estudios. Mi propia generación no es mi objeto de estudios.

Está bien, pero hablás de Babel.

Babel es el comienzo del surgimiento de la nueva narrativa. En realidad, yo digo que las primeras obras que logran aparecer como novedad están en Biblioteca del Sur y Babel tenía una relación de promoción de los títulos de Biblioteca del Sur. Fue una relación que no se recuerda, pero que existió. Fui testigo de las charlas en el bar La Paz con Jorge Dorio contando que habían arreglado con Juan Forn para promocionar aquellos títulos de Biblioteca del Sur que les pareciera interesante. En los pocos números en que coincidieron, porque Babel cierra muy pronto, hay publicidades de la editorial Planeta y Biblioteca del Sur. Me parece bien: no hay nada espurio en eso. Lo espurio es negarlo. De hecho, hoy vuelven a hablar del enfrentamiento con Biblioteca del Sur, como si fuera comercial. ¡Biblioteca del Sur abrió con Muchacha Punk de Fogwill! Esos mitos me molestan por cínicos. Yo hablo de Babel para hablar de Biblioteca del Sur. Biblioteca del Sur me plantea el problema de Babel y me plantea derribar el mito que había por un lado los experimentalistas y por el otro los escritores de mercado.

Durante un tiempo los escritores de Babel marcaron tendencia, pero luego los “planetarios” pasaron a ser más influyentes. ¿En qué momento se dio ese cambio?

Habría que estudiarlo; sería algo interesante para determinar. Puedo proponer varias cosas. Primero, hay una generación de nuevos críticos formada en las facultades de Letras del país que mira con ojos menos prejuiciosos con los que yo miraba. Yo leí El muchacho peronista cuando María Vicens, alguien de esa generación que hizo un trabajo para El interpretador comparando mi novela El infierno prometido con la de Marcelo Figueras. Mi primera reacción fue totalmente generacional y prejuiciosa, pero ella hizo una crítica inteligente sin ningún tonito irónico. Conseguí el libro y descubrí que era una novela de la puta madre. “¡Pero qué estúpida, por qué no leía esto!” Otro ejemplo: yo miraba con mucha bronca la Biblioteca del Sur porque me subía al caballito del prestigio académico de estar en la facultad, pero en el fondo, y lo voy a decir con todas las letras, tenía una actitud muy resentida porque me habían rechazado un original. Entonces, quería ver las porquerías que publicaban esos que me rechazaron. Así leí Historia argentina de Rodrigo Fresán y no pude evitar conmoverme profundamente con el primer cuento. Después me las arreglé para tenerle bronca a los cuentos que seguían. Pero creo que hay grandes cuentos que me fastidiaron profundamente y que me produjeron un odio muy interesante: el odio de cuando la literatura te aguijonea donde te duele. El cinismo de Fresán en Historia argentina es profundamente desgarrado, a diferencia del cinismo festivo que podés ver encontrar en muchos escritores shanghai. Hernán Sassi, otro crítico joven que también está en El interpretador, escribió una trabajo que se llama “A pesar de Shanghai, a pesar de Babel” donde retoma el enfrentamiento con Biblioteca del Sur y dice que Fresán tiene más que ver con la libertad de César Aira que con Caparrós. El, que mira sin prejuicios, puede derribar este mito. El resto era una estupidez, lugares comunes.

¿Esa simplificación fue producto de la Academia o de la prensa?

No me parece mal que la Academia sea una factor de poder y consagración en el campo literario. Lo que me parece mal es que sea el único. Me parece saludable que las opiniones de la Academia incidan en los suplementos culturales. Los lectores comunes no leyeron el Quijote, no leyeron a Sófocles y Esquilo, no estudiaron latín y griego. Eso te da una mirada que no es ni mejor ni peor; yo no creo que sea mejor. Pero la mirada del especialista tiene un valor de especialista. Lo perverso —y no sólo era culpa de la Academia; en todo caso la culpa es que nunca lo impugnó— es que durante los ochenta y los noventa fuera el único factor de poder y la única mirada. Los diarios y los suplementos culturales estaban totalmente pegados a eso. Era muy poco el lugar a otro tipo de mirada. Cuando sale Ñ plantea como gran innovación que iba a hablar de Stephen King. ¿Cuándo empieza a cambiar? Yo creo que empieza a cambiar con el oxígeno político que aparece después del 2001.
Kirchner, el pasado reciente y la rebeldía de El ignorante, de Juan Terranova

El análisis del libro está muy bien formado, pero no sé si tiene una correlación con la realidad. Por ejemplo, la ascensión de Kirchner al gobierno no está incluida en la lista de efemérides que marcan la inserción de los escritores de las dos generaciones postdictadura.

Es cierto, pero pongo en una nota al pie que tal vez habría que incluir la muerte de Kirchner.

Por otro lado, se afirma que recién ahora se comienza a revisar el “pasado reciente”, pero ¿no hay una influencia del kirchnerismo en esa revisión?

Acepto la crítica. Yo no quería hacer un libro kirchnerista. Voy a votar a Cristina, me considero una kirchnerista crítica, pero no quería quedarme pegada en un lugar de militancia. Me interesa mantener mi independencia crítica. Estuve en Plaza de Mayo en el momento del conflicto con el campo, en 2003 aplaudí el comienzo del final de la impunidad y creo que eso está mencionado en el libro. El problema de las efemérides es que se postulan históricamente. Cuándo comienza el peronismo: el 17 de octubre. Pero Perón estaba haciendo un trabajo importante desde antes, por eso ocurre el 17 de octubre. Uno podría ponerse académico y pensar una fecha anterior, pero el momento en que te cae la ficha es el 17 de octubre. ¿Cuándo le cae la ficha a la nueva generación respecto del kirchnerismo? A lo mejor es durante el conflicto con el campo, a lo mejor es con la muerte de Kirchner donde se vuelve imposible no mirar algo que ya existía, a lo mejor es en la alegría popular de los festejos del Bicentenario. No lo sé. La falta de la fecha también tiene que ver con que armé ese cuadro en 2004, cuando empecé a trabajar: el libro tiene un tono pesimista sobre la dificultad de la sociedad argentina para leer sus propias ficciones y su falta de ganas para pensarse a sí misma, que tiene bastante que ver con mirar a los noventa, estar parada en los primeros años del siglo XXI. Pero sí, revisando el cuadro, habría que incorporarlo.

Tomás diciembre de 2001 como efeméride, como una fecha bisagra, pero el capítulo dedicado al “pasado reciente” habla sobre los setenta. ¿Diciembre de 2001 no puede ser pensado como pasado reciente?

Yo hablo de un pasado reciente que no es tan reciente pero que es una llaga traumática. No tengo la sensación de que 2001 sea una llaga traumática. Hablo de los setenta porque de los setenta no se podía hablar, no se los podía pensar. Recién ahora se los está pensando. Uso “pasado reciente” como una expresión que se usaba en los noventa, tal vez haya que revisarla. Tal vez no habría que llamarlo “pasado reciente”, pero tampoco es un pasado lejano, es un pasado ominoso y presente. A lo mejor si se hace una reedición cambio pasado reciente por pasado ominoso. Es muy complicado. No sé si se está revisando el 2001, pero sería interesantísimo porque es un fenómeno en un punto exitoso y en otro frustrante. De ahí salió Duhalde, salió más crisis, salió Kosteki y Santillán. Pero también salió —y hay que reconocérselo incluso al facho de Duhalde— el final de la convertibilidad. Y también salió Kirchner.

Volviendo al tema de los setenta, en el comienzo del libro hablás de los problemas que tiene la generación para “ser rebelde ante los rebeldes”. Y más adelante te mostrás molesta con el poema El ignorante, de Juan Terranova, alguien que plantea una actitud rebelde ante el tratamiento para con los desaparecidos.

Me molesta que no se hizo cargo de lo que hacía. De El ignorante me molestan algunas frases, me distancio de varios planteos. Cuando lo leí me sacudió profundamente y le escribí que me parecía un poema necesario. No me gustaba como poema, pero eso era lo de menos: me parecía un texto profundamente necesario. Me decepcionó que no lo defendiera. Me molestan las actitudes “ciniquitas”. Alguien de esa generación tenía que tirar esa bomba, pero dentro de lo que afirma El ignorante hay cosas con las que no estoy de acuerdo y cosas que me parecen canalladas. Por ejemplo cuando habla de los desaparecidos y dice “traicionaron a todos” o cuando les dice “putos”. Me parecen ataques fáciles y bobos escritos desde una gran bronca. Reivindico la bronca, pero con bronca a veces uno dice cosas que no siempre están buenas. Y como es un texto que para poema es un manifiesto y como manifiesto es un poema, se ubica en un lugar que te deja incómodo, porque a un poema se le permite que diga cualquier cosa.

Cuando lo editó por Tantalia incluyó una entrevista que le hace Celia Dosio (con seudónimo) donde ya no hay dudas de que habla él y no el poema.

Eso me pareció bien. En ese tiempo estábamos en el grupo de lectores Mataronakenny. El vino y todo el grupo le compró el libro. Después fue la presentación en CCEBA y de las veintidós o veintitrés personas que fueron, ocho o nueve que eran del grupo. Quiero decir que lo tomamos, lo leímos, lo pensamos. Sin embargo, en esa presentación —a la que no pude ir porque estaban interviniendo a mi padre— él tomó la actitud de no plantear ninguna discusión. Si escribís El ignorante, loco, te van a ir a discutir. De la misma manera que me van a discutir este libro a mí. Yo no me puedo enojar si me discuten; me enojo si me discuten sin leer. Pero yo sé que digo una cantidad de cosas que le va a molestar a mucha gente. Aquella vez cuando la gente trató de discutir, Juan cerró la discusión. Le preguntaron sobre los desaparecidos y dijo “no me gustan los desaparecidos”. Y después, en aquel famoso reportaje de la Rolling Stone, dijo “los desaparecidos me chupan un huevo” y más tarde publicó en su blog “tomaron una frase infeliz fuera de contexto”. Eso es lo que a mí me molesta.

¿Que no defienda su postura?

Que no dé la batalla que había que dar. ¿Por qué plantea todo esto? ¿Porque quiere hacer ruido para ser famoso o porque quiere dar una batalla para su generación? Esa es la pregunta. Si querés dar una batalla para tu generación, la tenés que sostener.

Creo que con El ignorante, Terranova es el primero en reclamar que se reconozca a la nueva generación.

Sí, es algo que le reconozco. Por eso lo puse en la lista de escritores que tienen obras de interés. Las obras van más allá de las actitudes de la gente. El ignorante va a quedar como un texto del que se hable básicamente por eso.
Beatriz Sarlo y la crítica patovica

¿Cómo se logra evitar desde la facultad lo que vos llamás “la crítica patovica”?

Primero, con conciencia política. Las facultades de Letras en general y la de la UBA en particular, plantean que son de izquierda como si fuera la ideología oficial. Que ser de izquierda quiera decir algo. Ser de izquierda no es sólo leer a Terry Eagleton y a Raymond Williams, que hablan del uso del poder del capital simbólico de la crítica literaria como una cuestión de clase para excluir. No sólo es cuestión de leerlos: es cuestión de no hacerlo. Se logra tomándote en serio lo que enseñás y leés y decís que pensás. En segundo lugar, los grandes críticos del mundo no son recordados porque les haya gustado o les haya dejado de gustar una obra. Un crítico busca sentidos, larga hipótesis de lecturas, se juega por leer cosas. Tampoco esto de “yo no leo nada porque están todos los sentidos posibles en la obra y no voy a cerrar sentidos”. ¡Todos cerramos sentidos cuando leemos! Leer es interpretar. La crítica no va a ser patovica cuando privilegie interpretar y encontrar significaciones antes que bajar o subir el pulgar.

Para escribir este ensayo contaste que leíste alrededor de 500 libros. En esa cantidad necesariamente hay libros que tienen valor y otros que no. Si no marcás una delimitación, ¿cómo se hace para quitar la paja del trigo?

Ahí es donde entra, y lo asumo, la arbitrariedad del gusto. Pero hay una diferencia entre callar y hablar en contra. Otra cosa que debe pensar la crítica para no volverse patovica es cuándo hablar en contra de un texto. Un patovica se para en la puerta del boliche y te dice “vos pasás, vos no, vos no pasás porque sos negrito”. Es una actitud de mierda levantar o bajar el pulgar porque tenés el gusto del especialista y si algo no te gusta lo decís porque hacés un combate por el buen gusto de la literatura. ¡Pero qué combate por el buen gusto en la literatura! La crítica literaria se ha equivocado millones de veces en nombre del buen gusto. Y el buen gusto, de última, importa muy poco. Si al crítico le parece que la obra de un desconocido, de alguien que recién empieza y que no tiene ningún poder en el campo intelectual es intrascendente, para qué se va a poner a hablar contra él.

¿Es el reproche que le hacés a Viñas cuando dice “yo no los leo pero no me gustan”?

Esa crítica también la hago, pero yo quiero decir otra cosa. Es la que le hago a Beatriz Sarlo, ejemplo de la crítica patovica. Sarlo lee Berazachussets de Leandro Avalos Blacha, que ganó el concurso Indio Rico —no había ganado el premio Planeta— y levanta el dedito para decir que César Aira, Daniel Link y Alan Pauls escriben bien pero premian mal porque lo premiaron a alguien que escribe mal. Me parece patovica. Dejalo entrar a Avalos Blacha y cuando sea famoso e importante de verdad y creas que tenés que dar una batalla cultural, usá tu potencia crítica para decir que no te gusta. La crítica patovica critica al que no entró. Por eso lo que yo hago es no mencionar a los escritores que no me gustan. No menciono a los escritores de esta generación que decidí dejar afuera conscientemente. Es muy fácil aplastar a gente que no es leída.

¿Sarlo lee mal la nueva narrativa?

Sí. Ella dice que se escribe después de la historia y sin interés por el pasado ominoso. Mentira: la nueva narrativa tiene una tematización obsesiva de eso y cuando no lo tematiza aparecen casos como la serie “dos pero uno muerto” o como la presencia del terror, que es algo que no existía prácticamente. En la literatura de los cincuenta y sesenta hay algunos cuentos de fantasmas de Bioy Casares, de José Bianco, pero son casos aislados. El terror es un género fuerte en la postdictadura. Claro que no es matemática: no todos los escritores de la nueva narrativa o de la postdictadura escriben marcados por la llaga del pasado ominoso de los setenta, pero sí una importante cantidad y eso me dice que merece ser leído y que permite una crítica política. Hay gente que lee mal el libro y dice “para Drucaroff toda la literatura se puede leer así y eso es empobrecerla”: eso es una manera pobre de leer lo que yo digo.

En la lista de autores con obras de interés incluís algunos que no entran en la Academia como, por caso, Guillermo Martínez: ¿es una movida consciente para indicar que también Martínez tiene algo interesante para decir o directamente no jugás el juego de la Academia?

No juego el juego de la Academia.

Pero estás en la Academia.

Por suerte, la Academia no es un campo de concentración. Es un lugar donde hay libertad de pensamiento. No juego el juego de una parte de la Academia. Miguel Vitagliano está en la Academia y no tiene una posición tan diferente de la mía. Escritores del mundo, el hermoso blog que hace, tiene una idea inclusiva. Es un docente extraordinario, tiene una gran formación teórica y no utiliza eso para ser patovica. La Academia ha mejorado mucho en ese sentido. Se han dado batallas más o menos conscientes. 2001, 2002, 2003 también la ha cambiado. Algunos discursos ya no son tan cerrados. Yo me hago cargo de estar en la Academia, no reniego de un lugar que me ha dado un importante paraguas institucional, que me dio un espacio para escribir este libro —porque escribí dentro del Instituto de Literatura Hispanoamericana, donde me he formado y he aprendido mucho—. Yo me formé en el Instituto Joaquín V. González y después seguí estudiando mientras daba clases gracias a la Academia. En la Academia mucha farsa, mucha hipocresía, pero no es lo único que hay.
El kirchnerismo y la nueva nueva narrativa

Permitime una idea medio delirante: pero ¿podría ser que el hecho de que haya más becas que en los noventa haya provocado que se abrieran las cabezas? ¿Que habiendo menos competencia por esas pocas becas se puedan permitir ser más abiertos?

Claro que sí. La democratización que supone que el Conicet tenga buenos sueldos y que se abran concursos donde uno pueda pensar un modo de vivir de la investigación, también abre la cabeza. Deja de haber poco para pocos: pasa a haber bastante para muchos, y muchos siempre piensan más. Hay posibilidad de distintas extracciones de clase. He conocido investigadores en Filosofía de orígenes sociales populares que gracias al Conicet están trabajando en la Universidad de Buenos Aires. Son hijos de la universidad pública en el buen sentido. Esa gente piensa de otro modo. ¿Vos creés que Raymond Williams hubiera escrito las maravillas que escribió si no hubiera sido hijo de un minero galés sindicalista? Se proponen otras formas de pensar. Y abre diálogos: el hijo del psicoanalista que fue al Nacional Buenos Aires también tiene algo para decir. No estoy haciendo una versión Nac & Pop, no es una apología de la mirada popular. No hay nada más lindo que el diálogo.

En la generación de escritores de la postdictadura hacés una diferenciación entre aquellos que empiezan a escribir en los noventa y los que empiezan a escribir después del 2001. ¿Está surgiendo una “nueva nueva narrativa argentina”?

No sé si es nueva nueva, no la leí lo suficiente, pero hay muchos nombres interesantes que están surgiendo. Sol Prieto es una de las escritoras que estoy mirando con más interés, es uno de los nombres más auspiciosos de los nuevos. El cuento que escribió para Los días que vivimos en peligro es de los mejores de la antología. Otro que me gusta mucho es Enzo Maqueira: me encantó Ruda Macho. Me hablaron muy bien de Carlos Busqued, a quien no pude leer, que escribió Bajo este sol tremendo. Están surgiendo cosas nuevas, nombres nuevos, pero no sé si está surgiendo una nueva narrativa: para ello habría que dejar pasar cinco o seis años. Sol Prieto y Enzo Maqueira están en la onda de la narrativa de la postdictadura. Tal vez, si nuestra tesis de la influencia profunda del kirchnerismo es cierta, tendría que surgir algo con más certeza, con menos escepticismo, con menos amargura cínica.



Tomado de http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=17348#more-17348

Una casa con otra adentro y otra adentro

ALEJO GONZÁLEZ PRANDI (ARGENTINA,1974)


Preguntas y respuestas de la casa



quién dejará la casa
quién irá a visitar mi muerte
qué harán de la casa cuando no pueda estar
qué palabras serán dichas como atmósferas
qué se cruzará en el camino como un sol

volveré entonces a la casa para saber quién anda
por ahí
volveré con ánimo de palabras no dichas
volveré temprano y sabré qué hacen de mi muerte
cuando no estoy
volveré si es verdad que aman a la casa

por qué no se llevan la casa lejos de mí
de los otros que están en mí
por qué no la dejan tranquila con sus funciones
de lágrimas sombras y fantasmas
por qué no hacen de la casa un lugar para
los amigos en el corazón
por qué no construyen una casa que tenga sólo
lugares para amar
por qué no una casa con otra adentro y otra adentro
así hasta el final de todas las casas

volveré para robar los momentos no vividos
volveré con nuevas máscaras de mujer
volveré para encontrar las distancias que se van de
la casa
volveré a cavar los gritos los golpes las deformaciones
que hacen a la historia de la casa
volveré para encontrar la casa en lo profundo de mí

Todo lo asesinado por uno mismo será poema

Sobremesa



Alejo González Prandi



he dispersado todas mis fuerzas
celebré el instinto
nunca me hice de una canción
de un libro de cabecera
de un lugar donde establecer una comarca
un delirio
o un conciliábulo de martirios fundados en la fe
de que todo lo asesinado por uno mismo será poema
intemperie del espíritu sin frontera de Dios
comunión con un aljibe un mantra una esfera
que trazan el círculo a lo que jamás llegaré
por ser adiestrado en los dominios de un fuego de
soledades
de una infancia que tuvo el largo privilegio
de abandonarse a sí misma
y descubrir el auspicio de los entierros
la mismita llama de luz en la saliva
sobre los restos de un mantel
que conforman el furor
de haber vivido


de El Deshoje, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2007

Una piedra que mañana será guardada en un bolsillo

Victoria Schcolnik



esta noche me he quedado
entre los grillos
la oscuridad no termina de cerrarse
ataca sonido por sonido y no yace

¿tan aferrad está la noche
al rezo de los insectos?

tus ojos están secos, tu cuerpo
es una piedra que mañana
será guardada en un bolsillo

Lo que es arrancado antes de caer

Victoria Schcolnik: El refugio*




si pudiera darle a las palabras la forma
de las curvas en las hojas

tal vez dejaría de sentir el tirón
de lo que es arrancado antes de caer








es tarde
y los niños corren por el campo
buscando el secreto
que escribo y escribo
sin encontrar









muchas veces tuve que asir con la fuerza de mi cuerpo
esa palabra que me permitía huir del silencio en el que
me depositaron cuando eran niña y todavía no había
aprendido a hablar








ciertos jeroglíficos
sólo pueden comprenderse
con la tristeza del que acepta
que hay cosas imposibles








de nuevo pienso
la intimidad no existe

algo propio, cuando sale

duele como si una madre resistiera
contra la fuerza del hijo que nace,
contra su sangre, su útero






* Victoria Schcolnik (Buenos Aires, 1984). Los poemas que se transcriben forman parte de su libro El refugio, publicado por la Editorial Abeja Reina, en 2008.


Tomado de http://blogdelamasijo.blogspot.com/2009/07/victoria-schcolnik-el-refugio.html

Victoria Schcolnik

poemas:


Tomado de http://laseleccionesafectivas.blogspot.com/2006/07/victoria-schcolnik.html





Los zapatos ya no sostienen al hombre
uno al lado del otro
descalzos

vendrá una mujer
se los probará
sentirá que le quedan grandes
y en esa pequeña distancia recordará que es niña
y que tenía un padre

ahora, el silencio le parece bello
escribe en su diario: sé estar
con algunas personas
el resto del tiempo pienso
me he quedado sola
y no sabré hablar cuando alguien se acerque

**



hay resistencia antes de una palabra,
la huérfana

un cuerpo que vive el extravío como un nacimiento

tal vez, quisiera entrar en el sonido

un átomo se quiebra
y explota una ciudad y otra

si han inventado estas técnicas
por qué

no existe un origen para otras cosas minúsculas



**

Una mujer camina cerca de una cuesta, frena
está rodeada de piedras
¿qué puede pesar más que la detención?

un sonido se va acercando
como una cuerda que se le enrosca
y la lleva hacia los árboles

hay un poder en lo que escapa a la gravedad

puede alzar lo que está a punto de rendirse






Poética:

Algo me abandonó aquí, un silencio en el que no entran palabras todo lo que deseo es decir una palabra. Por eso, la poesía.

Biografía:
Licenciada en Comunicación y estudiante de Filosofía. Editó sus poesías en dos antologías; presentó instalaciones poéticas en Surdespierto; organiza performances en diversos sitios. Colabora en las revistas Plebella y La mujer de mi vida. Trabaja en radio y en cine junto a la directora Inés de Oliveira Cézar.
* * *

Mascheroni por Klein

Laura Klein: Notas acerca de El cansancio de los hijos, de María Mascheroni

A continuación, transcribimos el texto de Laura Klein, leído en ocasión de la presentación del libro de poemas El cansancio de los hijos, de María Mascheroni (Hilos Editora, 2011) www.facebook.com/pages/Hilos-Editora/133262183438317

"Muchos no han comenzado aún a ser lectores de este libro con el que se encuentran hoy aquí. Por eso, por ese solo motivo, quiero comenzar diciendo algo, una idea un poco obvia que tiene que ver con fantasías que el título puede despertar.
El cansancio de los hijos no refiere a los padres. No se trata de hijos cansados de ser hijos, de hijos que quisieran emanciparse de esa condición o liberarse, directa o indirectamente, de sus padres, ni viceversa, sino de una expresión compacta.
“Cansancio de los hijos” no se puede descomponer en una sensación (espiritual o física, con extensión animal) y un sujeto humano universal. El lenguaje no nos deja decir todo junto, pero a veces, bajo la presión empeñosa de la escritura poética, permite avizorar una babilonia más orgánica que este gran caos de significaciones hacinadas una al lado de otra, exteriores entre sí, obligadas a precipitarse en explicaciones.
En Tiempo Cero, hay un cuento de Calvino donde los pájaros son un error en la evolución, una irrupción a destiempo, un lapsus en medio de la causalidad. Todo este libro bordea e investiga con perplejidad ese misterio de la vida que, al final del libro, encuentra su origen en un olvido, una distracción: “Los depredadores se olvidaron en la cima / un error de mecanismo suspende en picada el descenso… Así fuimos despreciados / elegidos para no morir durante dos inviernos.”
El “cansancio de los hijos” menta la agitación silenciosa de las células que avanzan hacia su incierta culminación. Ese esfuerzo: “todo eso todo eso sólo para volver a comenzar / entre tumores y milagros / la inveterada la empeñosa vida”. Azorada, la voz confirma que seguimos vivos y que nada justifica ese error. Del cansancio al desconcierto. Las criaturas en las cuales no se ha apagado la voz de dios (el instinto) corren otra suerte –no más feliz sino menos aleatoria. Sin embargo, metódica, loca, insistentemente, esas criaturas son convocadas para comprender adónde ir cuando caen / comprender cómo caen a nuestros pies los pichones desde un principio “acosados de esperanza”.
Porque “Sólo los hombres permanecen inmóviles innumerables días con sus noches y quieren vivir” (pág. 24).
Y quieren vivir.


2
Los animales han entrado a la literatura de diversas maneras.
En las fábulas de animales, los personajes tienen cuerpo de animal y conciencia humana. Puede ser una explicación mítica de la manera en que las cosas llegaron a ser como son. En el símil animal se describe su comportamiento considerado típico suyo y lo demás no interesa.
El cansancio de los hijos no es un encuentro romántico con el animal. No es un encuentro. No son los pájaros, sino lo pájaro –el viaje, el cruce, el pasaje-: lo único que aparece de estos pájaros es morir. No son objeto de interés y afecto. Excepto por la observación de la agonía.
Los pájaros como cuerpo propio, en la agonía, de una vida que no se puede enterrar.
“El pájaro es una interrupción, otra la muerte”.


3
¿Cómo vuelan?
“Pueden verse cientos miles de patas encogidas y de espaldas / surcar cada día la mañana” (pág. 51).
Vigilancia sobre el detalle de la vida. Vigilancia sobre el detalle de la vida que se apaga. De la vida que no se quiere apagar. De la vida indiferente a la mirada que vela.
Un árbol no construye sus ramas y hojas ni un pájaro sus plumas y pico. Empero, Mascheroni inquiere en esas lejanas formas de la vida para descubrir el mecanismo de la nuestra.
Y nunca se queda en la reflexión; con todo lo interesante que es, podría sacarle usura pero no; no es que se aburre, se va a observar para no descansar en lo humano. Porque el animal tiene que actuar, acecha la caída, la respiración, el corte de la vida, el no va más del pasto y la comida.

(¿Alguien vio alguna vez a un ser vivo tratando, inmóvil, de seguir viviendo?
Eso no se olvida. Queda al fondo del ojo como una espina para el futuro sobreviviente.
Seriedad del cuerpo enfermo.
Cada célula ocupada en sobrevivir.
Esto es lo que observa la hija –con curiosidad, meticulosa, expectante.
No huye. También el amor es crueldad.
¿Alguien observó cómo en ese cuerpo que intenta juntar sus células para seguir viviendo no hay tiempo para las convenciones?)

“Y las flores muestran su obligada manera de nacer”. Ciclos o naturaleza, cada cual obligado a hacer lo único que sabe hacer, que puede hacer: envejecer, unos, florecer, otras.
Una y otra vez, María nos enfrenta, implacable, a la “zona que la cámara no capta”. La pared, la obstrucción, se alzó justo cuando empezaba a sonar “una aterrada canción de cuna”. En esa secuencia ínfima, puede condensarse el espíritu de El cansancio de los hijos. Ningún nudo se ata al cuello del dolor. Gritos no se arrastran ni presumen: deletrean g-r-i-t-o-.


4
Si no mueren en el cielo, el que surcan todas las mañanas, y no se encuentran sus cuerpos muertos en los adoquines ni en las veredas del alba, dónde sucede ese acontecimiento que en los seres queridos vigilamos al detalle y sin pudor?
Perdido el referente, árboles y pájaros suplen la falta de idea de cómo es -cómo vive y muere un hombre, los hombres:

“de tal palo pobres ramas”
“un árbol frenético, impotente, pide socorro con todas sus hojas”
“busco pájaro en cada cosa que muere”

¿Qué hace que encuentre a pájaro para enterrar a padre?


5
Antes de que aparecieran los pájaros, cuando sólo había pichones y gorriones y pobres ramas, había un nido de este lado. No de pájaros. Ni hecho por pájaros. “Y en el centro mero de ese nido / los ojos redondos como las bodas conectadas más acá de mi padre que mientras tanto / agoniza” (pág. 21).
Si un pájaro queda de espaldas podremos enterrarlo / enterrar al padre y dejar una piedra en el camino / y avanzar hacia el producto numeroso de la tierra
Se entierra al pájaro como sustituto del padre. Pero en realidad el pájaro, ya lo sabíamos, era uno mismo.


6
María Mascheroni nos empuja a los lectores, hijos, a observar a ese que a veces es llamado padre como a un ser aún vivo que se trata de reconocer. Nos conmina al esfuerzo de conocer aún aquello que quería abandonarse, y albergarlo en este refugio cruel de seguir, si no amando, el contacto.
Reconocer: no porque vaya a coincidir con lo que conocíamos, sino como se ha de reconocer algo bajo juramento porque, desfigurado, no se sabe quién es.
Como un detective que persigue las pistas que ha dejado el criminal en su huída, así el ojo del poema detecta lugares donde hubo vida y ahora están vacíos, el cuerpo donde hubo alguien y ahora sólo vida, las partes donde el pájaro que muere se escondería si pudiese vivir un minuto más.
Pero lejos de ser pistas falsas que desvían del camino, aquí las mismas nos devuelven al camino del que escribe. La “anatomía deshabitada” no levantó el juego. Por un lado, esos “tendones aferrados a los parietales del hombre” parecen indicarnos lo que del padre queda y, empeñoso, inmóvil, humano, quiere vivir. Por otro, la gramática del poema señala que ese es el lugar de los hijos, esas “costas ociosas huesos inútiles”. “Restos erectos”.
Los tendones siguen aferrados, los hijos no pueden abandonar el juego, los lectores encuentran, sobre cada declaración de pista falsa, que la investigación no es si algo o alguien está vivo o muerto sino sobre la propia mirada que quiere discernir lo que sabe que es indiscernible.


7
“Vigilia absorta”. Para qué estar despierto?
- “¿Cómo es esto?”
- Esto: qué?
- Esto: lo que puedo señalar con el dedo.
Esto, aquí, se mueve.
Esto, ahí, respira.
´Esto´ está muy cerca, más que ´eso´, mucho más que ´aquello´.
- Pero este ´esto´, que parece tan concreto, es tan abstracto…
- Ciertamente táctil.
Absolutamente bajo la vista, pero indiscernible.
De ninguna manera visible.
Ciertamente táctil, bajo cuerda.
….
- ¿Cómo es que la vida se extingue y la muerte no llega?
- ¿Cómo es que el riel del nacimiento tropieza con el malentendido de la edad?

La mano que escribe hace un rodeo fantasmal alrededor de la materia: cuando parece que va a decir lo que siente, describe lo que ve. De lo cocido a lo crudo. “Casi lastimando”. Casi. Pero se bifurca en ojo, cámara, visión. Vigilancia de la respiración. Mirada inquisidora y un afecto desencarnado, un poco suelto. Si se respira o no respira, no busca provocar algo, ni especula, convoca un trabajo.
De la vigilancia muda a la vigilancia absorta.
¿Cómo es que el pájaro, padre en el entierro, sigue volando con las patas plegadas y el párpado encubierto / en el medio / entreabierto / abierto?
El mundo absorto deja pasar a la espía que precipita.


8
Del ojo que vigila los signos de la agonía a los ojos que se ven obligados a esconderse para sobrevivir, esa espía se convierte en un nosotros desamparado.
Una vigila los rastros del morir, el otro rastrea, a la intemperie que se abrió en la cueva, dónde, cuándo, cómo, despertamos del sueño a la muerte vigilada. Una acecha la visible próxima extinción de la vida, el otro es la primera persona que se retuerce sobre sí misma, plural y presente, para contar lo que vio, ya no el pan inalcanzable, sino su impropio desmoronamiento.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? la cosa es urgente, no porque así se vaya a evitar otros desastres –“hubo otros muertos, los habrá”- ni porque haya una confianza en aprender algo –la confianza está puesta claramente en otro lado- sino como un recurso momentáneo contra la confusión –esos otros pájaros que gritan en la noche y seguirán gritando “hasta que algo, algo encaje por favor”.


9
El animal que muere en el aire articula la evidencia cerrada de nuestro presente con una historia imposible de contar.
La mirada que persigue los signos de la vida se convierte en un nosotros infuso. ¿Cómo vigilar la agonía cuando no es el cuerpo individual el que está en peligro? ¿Cómo observar la respiración enjundiosa del cuerpo social que no se aviene a morir ni a vivir? ¿Cómo mantener esa impiedad, sí, esa amorosa vista impiadosa, cuando el organismo agónico ya no es alguien, allá, muy querido, sino nosotros, aquí, orfanados por la historia que se cortó por la mitad, la que ahora no se puede contar?
Del yo al nosotros. De un año a treinta años. De lo humano a la espiral de las especies, se ubica el miedo animal, el mundo animal que nos contiene.
El pájaro de El cansancio de los hijos vuela pero no es libre. Surca el cielo pero no para alcanzar otras tierras –la primavera- sino para caer bajo el montículo escrito golpe a golpe. Se abraza a un madero ¡el pájaro! como si un mar fuera el cielo y lo atraviesa de espaldas, con las patas encogidas y las alas plegadas. En esta desaforada bóveda terrestre que cubre a una generación –la nuestra- ese pájaro no es metáfora de la libertad sino del violento después que no fue enterrado –esa muerte y esta imposibilidad de decirla.
La primavera de todos modos llegará, porque no es cosa nuestra.


10
Esta escritura rastrea, en el ojo encapuchado, el ciego ímpetu de vivir.
Mirada que se adelanta sin dejar atrás lo mirado. Asombro de estar vivos. Asombro de estar vivos después de haber estado muertos.
El sobreviviente no pregunta, es la mano que escribe, el ojo que arroja el futuro en la flecha de un pájaro que vuela porque no sabe qué otra cosa hacer con las plumas.
Si lo supiera, escribiría El cansancio de los hijos.


Publicado por María del Carmen Colombo en 10/17/2011 01:40:00 PM
Tomado de http://blogdelamasijo.blogspot.com/2011/10/laura-klein-notas-acerca-de-el.html

Dice Claudia Masin

Qué hermosa noche la del festivalito de Curandera Ediciones: leyeron Diego Ravenna, poeta inédito de una sensibilidad exquisita, con todo el futuro ("la infancia fue una materia dócil/sobre la que el tiempo fue labrando todas las formas/posibles de una pérdida) , Alejo González Prandi, una sorpresa para mí que casi no lo había leído, junto con Diego las revelaciones de la noche en los comentarios ...de la gente. La queridísima Victoria Schcolnik, cada día que pasa mejor poeta, con su poesía contundente y delicada. Jovencísima, pero ya en las ligas mayores la vic. Otra querida amiga, María Mascheroni, leyó poemas de su nuevo libro "El cansancio de los hijos". Intenso y conmovedor. Y por último, Liliana Ponce confirmando que es una de las mejores poetas de su generación, y el Teuco Castilla, leyenda viviente, vaso de whisky en mano, nos explicó qué es la poesía (a través de la lectura de sus poemas, claro) Noche inolvidable.


Estado en el muro de Feis de Claudia Masin

Sábado sin facu

Tareas de sábado sin facu: Lavar platos acumulados, tirar lo que se pudrió en la heladera, poner quinchicientos lavarropas, monologar a los gritos sobre la necesidad de hacer las cosas de la casa sin que yo diga lo que hay que hacer, despotricar hasta que mis hijos e hija se ponen a hacer todo lo que falta y yo me voy a dar un baño.

jueves, 20 de octubre de 2011

Splice, experimento mortal


Mortal es la película!!! Qué cagadón midió!!!
Si hubiera sabido el subtítulo antes de verla quizás hubiera estado más preparada para la gilada, pero caí como una chorlita ante las imágenes de la figura semihumana, femenina, aniñada, tan tierna.
Y pensar que la íbamos a ver hoy con los chicos en el cole y no la vimos porque no estaba disponible la tele... Una de las chicas ya la había visto y dijo que estaba buena pero era medio zarpada. Los compañeros se hicieron los cancheros y se le rieron en la cara. Es que las escenas de sexo no son "zarpadas" son asquerosas, lo peor del morbo zoofílico, del pánico-tentación por lo humano-nohumano.
Y el final... ¿No tenían un chiché peor para rematarla?

Un discurso político sin saliva

Latinoamérica


Calle 13



Soy,
Soy lo que dejaron,
soy toda la sobra de lo que se robaron.
Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frio en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Las caras más bonitas que he conocido,
soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas,
soy un pedazo de tierra que vale la pena.
soy una canasta con frijoles ,
soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
la espina dorsal del planeta es mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
el que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América latina,
un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos.
Tengo mis dientes pa` cuando me sonrío.
La nieve que maquilla mis montañas.
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña.
Un desierto embriagado con bellos de un trago de pulque.
Para cantar con los coyotes, todo lo que necesito.
Tengo mis pulmones respirando azul clarito.
La altura que sofoca.
Soy las muelas de mi boca mascando coca.
El otoño con sus hojas desmalladas.
Los versos escritos bajo la noche estrellada.
Una viña repleta de uvas.
Un cañaveral bajo el sol en cuba.
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita.
El viento que peina mi cabello.
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello.
El jugo de mi lucha no es artificial,
Porque el abono de mi tierra es natural.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Você não pode comprar o vento
Você não pode comprar o sol
Você não pode comprar chuva
Você não pode comprar o calor
Você não pode comprar as nuvens
Você não pode comprar as cores
Você não pode comprar minha felicidade
Você não pode comprar minha tristeza

Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
(Vamos dibujando el camino,
vamos caminando)
No puedes comprar mi vida.
MI TIERRA NO SE VENDE.

Trabajo en bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte, lo mío es tuyo.
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo.
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para q te acuerdes de mi apellido.
La operación cóndor invadiendo mi nido,
¡Perdono pero nunca olvido!

(Vamos caminando)
Aquí se respira lucha.
(Vamos caminando)
Yo canto porque se escucha.

Aquí estamos de pie
¡Que viva Latinoamérica!

No puedes comprar mi vida.

Pasaporte de pájaro

Los indignados

Por poeta neorrabioso




Se distingue al indignado en que lleva las pupilas como mal encajadas en los ojos. Y los ojos como mal encajados en la cara.

El indignado recupera la belleza de la proclama, la que estaba en el taller de las averías.

El indignado escribe en la pizarra con tiza azul: la Tierra precede a la geología y el hombre a la democracia.

El indignado sueña en el verso de los incisivos pero actúa en la prosa de las muelas.

La cabeza del indignado va hinchándose cada semana al ritmo que marcan los agentes de policía.

La diferencia entre un indignado y un revolucionario no existe. En el cielo juegan a los siete errores.

Un indignado no mata a los malos pero tampoco les llora si se mueren ellos solos.

Descubrí una vez a un indignado subido a una acacia. Con una pancarta: “Reniego de los humanos: solicito un pasaporte de pájaro”.

La garganta del indignado es enorme, parece un túnel cruzando otro túnel, nunca se termina de cruzarlo.

Los pulmones de los indignados llevan metralla de sobra para sus gritos de temporada.

Un indignado afirma como afirman todos los hombres. Pero basta que diga NO para que surja el Aconcagua.

La única condición para matar a un indignado de España es mostrarse aún más indignado, pero de momento no se ha dado el caso.

Me encontré con los indignados de mi ciudad. Pasaron cerca de mí. Ni siquiera me pegaron. No entiendo por qué. No podía dejar de pensarlo. Volví sobre mis pasos. Les pregunté.


Me uní a ellos.
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Publicado por Neorrabioso en 07:45

miércoles, 19 de octubre de 2011

Walking Dead: Segunda temporada





Ya me habían llenado la cabeza Martu y alumnos varios con la primera. Pero yo sólo vi capítulo y medio y confirmé que los zombis no son lo mío.
Tiene razón mi amigo friki sobre que es interesante y que no son zombis demasiado gore. Pero el realismo del argumento me pone más nerviosa todavía y siguen habiendo demasiadas tripas a la vista para mi gusto.
El capítulo de anoche fue demasiado para mi sensiblidad maternal: me puso histérica, miraba el relojito de la video a cada rato para que terminara rápido. Antes de que maten a alguien más...

Pegaso y Belerofonte

Diez puntos para el nosotros


Por Neorrabioso

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Punto uno: sólo me interesa el vuelo.
Punto dos: no firmo pactos de tierra firme.
Punto tres: seamos Pegaso y Belerofonte.
Punto cuatro: te ofrezco desamparo y rebeldía.
Punto cinco: y versos para tu ojo semoviente.
Punto seis: en un piso de veinte metros cuadrados.
Punto siete: con ideas y trenes de contrabando.
Punto ocho: cambiemos de cobarde cada noche.
Punto nueve: bebamos nuestros miedos y martinis.
Punto diez: seamos a solas con(tra) la muerte.


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Publicado por Neorrabioso en 18:45

Como el guisante debajo del colchón de la princesa

Consejos y citas célebres del Dr. O. Xímoron

(De "Guía para pescadores")


Que la poesía te moleste, como el guisante debajo del colchón de la princesa.

Escribí en voz baja, leé en voz alta. Sé honesto: Eso que leés, ¿respira igual que eso que escribiste?

Si escribís un poema acerca de lo que es un poema, no lo escribas. Escribí un poema.

Si el poema es un manifiesto, mejor escribí un poema cumpliendo las reglas del manifiesto.

El único remedio contra el lugar común es la lectura. Leer contamina. La contaminación genera anticuerpos contra las cosas demasiado dichas, lugares comunes que le dicen.

"La paradoja es la lógica de lo esencial", y quizá, la ilógica de lo prescindible.

No coma si hay espacio. Coma donde no lo hay.

Si escribe en verso, que se note porqué escribe en verso.

Si se olvidó de decir algo, no lo diga al final, y menos después de una coma.

Si el verso no es autónomo, paga en otros versos el impuesto de su sentido.

En el poema, no se queje si se queja.

Un poema debería ser algo así como una pirámide al derecho en cuanto al sentido (un vértice pequeño y una ancha y divergente base polisémica), y una pirámide al revés (un embudo, si le gusta) en cuanto a tensión.

La proscripción del adjetivo es un ejercicio de pura libertad.

Es hora de dejar en paz a las palomas y a todo otro pájaro. En una lata oxidada también hay poesía.

No explique al final lo que muy bien dijo con imágenes al principio.

Registro de sonido, registro de sentido: dos vías no siempre paralelas.

No sólo con palabras literarias se construye un poema.

La poesía no son palabras lindas, sino el tratamiento de una imagen. Forúnculo también es una palabra poética.

Nombrar aquello de lo que se habla, es no nombrar.

William Blacke decía algo así como: "El pensamiento que no cambia es como el agua estancada: engendra los reptiles del espíritu".

Todos los abismos son desmesurados, porque son del tamaño de nuestro fondo. Ergo, el abismo es un punto de partida, no de llegada.

La tentación de explicar al final lo que tan bien sugerimos al principio.

Que no nos venza la tentación de decir lo que queremos decir.

El cosmos está acá, en esa semilla de tomate que tenés sobre la mesa, Y esa semilla de tomate es sólo tuya. Yo tengo la mía.

Insisto: la única casa que me interesa, es la que no tiene ventanas. Las otras son todas iguales.

Si no leés el cuento del rey que se paseaba desnudo pensando que vestía un gran traje, jamás entenderás una crítica literaria.

El escritor es como es como un ministro de economía, lo que arregla por un lado, lo desarregla por el otro.

El arte no es conceptual (dice mi amigo “E”).



Tomado del blog de Walter Iannelli http://sanpaku-sanpaku.blogspot.com/2011/05/consejos-y-citas-celebres-del-dr-o.html

martes, 18 de octubre de 2011

Gantz

Muy cualquiera che. Con el manga me había pasado lo mismo: buena idea de partida pero después se queda en el argumento tipo misión de jueguito de video y misiones de matar gente que vaya una a saber para qué.
Y con el asquito de las cosas que revientan peor.

domingo, 16 de octubre de 2011

A mi mamá le gustaba



Maternal

Nunca le escribí poemas a mis hijos.
¿Y qué? ¿Es tema obligatorio?
Creo que la primera vez algo intenté
y "mi vida al borde de tu cuna"
era demasiado patético
para sobrevivir a la potencia
del primer parto.

Cuando algunos me dicen:
¿Nunca le escribiste poemas a tus hijos?
Yo digo no.
Ni a mi hija tampoco.

sábado, 15 de octubre de 2011

Se extinguen u olvidan o beben todo el tiempo

Como los indios


Tomado de http://nacionlesbiana.blogspot.com/2010_09_01_archive.html



dykes remind me of indians
(las bolleras me recuerdan a los indios)
like indians dykes
(como los indios se supone)
are supposed to die out
(que las bolleras se extinguen)
or forget or drink all the time
(u olvidan o beben todo el tiempo)
or shatter
(o se hacen añicos)
go away
(se marchan)
to nowhere
(a ningún sitio)
to remember what will happen
(a recordar lo que ocurrirá)
if they don't
(si no lo hacen)


Paula Gunn Allen (Estados Unidos, 1939-2008) era bollera y era india. Aún así, ni se extinguió ni marchó ni olvidó. Con sangre laguna, sioux, escocesa, estadounidense y libanesa, Allen nació en Cubero, Nuevo México, donde vivió junto a la reserva de Pueblo Laguna. Fue en la misma Universidad de Nuevo México donde obtuvo el doctorado, donde comenzó a ejercer la docencia y la investigación en religiones tribales.

En la obra The Sacred Hoop: Recovering The Feminine American Indian Traditions, Allen argumentaba la ginocracia que reinaba en muchas de las tribus nativas antes de que los colonizadores europeos instituyeran el falocentrismo por decreto. Las críticas no tardaron en sucederse, aunque también supuso una gran influencia en los estudios de género y estudios de nativxs americanxs posteriores. Esta obra significó un giro en su carrera académica, puesto que en su introducción se identifica como lesbiana.

El trabajo de Allen no sólo es académico, sino que también es crítico literario y propiamente creativo. Su novela The Woman Who Owned The Shadows (1983) cuenta la historia de Ephanie, una mujer en parte nativa, como la misma autora, que lucha por construirse a sí misma a través de la creación literaria: un ejercicio de autodesignación identitaria a través del arte.

they don't
(que no lo hacen)
anyway
(aún así)
even though it
(a pesar de que)
happens and
(ocurre y)
they remember
(recuerdan)
they don't
(no lo hacen)


Desde los años setenta, Paula Gunn Allen también publicó su poesía: Blind Lion Poems (1974), A Cannon Between My Knees (1981), Shadow Country (1982), Skins And Bones (1988) y Life Is A Fatal Disease (1997). Entre su obra hay más novelas, textos académicos, crítica literaria y biografías (el último texto que publicó fue, en 2004, una interesante biografía de Pocahontas).

Paula Gunn Allen era india y era bollera. Aún así, ni se extinguió ni marchó ni olvidó. Nosotras también recordamos.

because the moon remembers
(porque la luna recuerda)
because so does the sun
(porque así lo hace el sol)
because so do the stars
(porque así las estrellas)
remember
(recuerdan)
and the persistent stubborn
(como la tenaz)
grass
(hierba)
of the earth
(sobre la tierra)

Paula Gunn Allen, Some Like Indians Endure

Fuego original

Poemas de Louise Erdrich

Estas mujeres fatales o maravillosas pertenecen al ciclo "Mitos" del que es quizá su mejor libro de poesía, Jacklight (1984), y aparecen compilados junto con una nueva colección de poemas de la autora en Original Fire (Fuego original), Perennial Editions, HarperCollins, Nueva York, 2004. La traducción que presentamos fue tomada de la versión original.

Traducción del inglés y nota: Hermann Bellinghausen

Tomado de http://www.jornada.unam.mx/2004/10/18/oja90-erdrich.html




Tres hermanas

Arlene llevaba en el cuello los ojos de un hombre viejo.
Porcelana rayada, descolorida
por la lejía caliente de su respiración.

Dalona cabalgaba el amor como barco en un viento ligero.
Las velas de su cuerpo se abrían de sólo tocarlas.
Nadie era capaz de negarle paso franco, puerto seguro.

Thedda, la más joven, callaba como una campana.
Las blancas espinas de su silencio traspasaban los arbustos
y donde ella se ponía la hierba dejaba de crecer.

Un año, las tres hermanas abandonaron sus habitaciones
con un balanceo como el de las rosas que empapelaban las paredes.
Caminaron, bien crecidas, hacia el corazón del poblado.

Los hombres jóvenes rompieron sus ojos dentro de los ojos de piedra de ellas
y sus largas lenguas cantaron
en las aturdidas llamas de sus bocas.

Era finales de agosto en el año interminable de la sequía.
Se abrió la baraja y tres hombres echaron suertes
para casarse con las hermanas, los seis juntos en una gran casa.

La noche de bodas el viento se alzó en un ramo de cristal.
Las nubes descendieron al vivo calor.
Amarramos nuestros perros.


Algunos juran haber visto una rueda de baile relapagueante en el patio.
Hacia el atardecer sentimos un peso de plomo en los huesos,
salimos, y recibimos en la lengua las primeras, fugaces gotas de lluvia.




Las chicas Lefavor

Todo el otoño las ciruelas negras
se desprendieron y cayeron de las ramas.
Nosotras recogimos su dulzura
y la sellamos en frascos
que llenaron las alacenas y el sótano.

De noche nos metimos bajo las sábanas, cargadas
de mucho más de lo que los brazos pueden llevar por sí mismos,
y soñamos que sin nuestras blusas
en la represa, el agua tibia
venía del fondo para llevarnos.

Esa estación el sueño nos creció alrededor
como si de los muros
cayera una nieve espesa y formara
otros cuerpos, y las voces
de los hombres que se derritieron en nosotras,
y los niños perdidos buscando su casa.

Tras las prolongadas lluvias y la tierra desnuda
nos dirigimos a las barreras del viento.
Las blancas coronas en los ciruelos
llenaban las gargantas púrpura del iris.

Yacimos en el pasto,
las abejas bebían en lenguas
y ya crecía el quebradizo zumbar de las langostas
en el rojo trigo.

De nuevo el año completó su círculo, los hombres
llegaron tocando a la puerta de los campos
rebosantes de semillas oscuras
y la costra chamuscada de la montaña
se pobló de girasoles.

Doradas aún, nos aproximamos a los segadores.
De brazo en brazo nos condujeron en vilo hacia el poblado.
Nos sacamos los vestidos, soltamos nuestras cabelleras, oh entonces

la abundancia venía a raudales
en la cara de año próximo.
Nos mantuvimos en el viento,
nuestros cuerpos se abrieron
y la nieve comenzó a caer.

Cayó y cayó hasta cubrir el mundo,
hasta que alzó más allá de los límites de lo que se puede conocer.




La gente extraña

Los antílope son gente extraña... bellos de mirar, y tramposos.
No confiamos en ellos. Aparecen y desparecen;
son como sombras en la pradera. Debido a su hermosura,
a veces los hombres jóvenes siguen a los antílope
y se pierden para siempre.
Incluso aquellos que consiguen regresar
nunca vuelven a estar en sus cabezas.


Pretty Shield, Escudo Bonito, curandera crow,
transcrito por Frank Linderman, 1932.



Toda la noche soy la cierva, respirando
su nombre en el campo helado,
con el pequeño rocío de su nombre
siempre a la deriva frente a mí.

Y él ha escuchado de nuevo
y yo ardí tras él, la antorcha
inunda mis ojos con fuego azul;
en mi pecho el corazón estalla
como una piedra caliente.

Arrojada después como un fardo
en la caja de su pickup,
limpio de mi boca
la espuma de la muerte,
me siento, riendo
y chillo desde mi veloz sepultura.

Encerrada en el garage,
cuando él afila su cuchillo
y cree tenerme, así nada más,
vengo a él,
flaca y gris,
a través de las balas que entran y se disuelven.

Me instalo en su casa
tomando café hasta el amanecer
y me retiro
mientras la escarcha enrojece la tapa de los cubos
a gatas retorno a mi cuerpo espectral.
Adormecida en los limpios pastizales, el día entero

sueño con el único que realmente me pudo lastimar.



.

El sendero que tú eliges

ÁVILA



Louise Erdrich



Hermana, ¿te acuerdas de nuestra cueva de piedras,

cómo entrábamos en ella huyendo del calor blanco de las tardes,

masticando las semillas, tramando martirio tras martirio

cada uno más cruel que el último?

Te quitaste el pelo castaño de la cara,

y cantaste Pax Vobiscum al soldado imaginario,

un leopardo sobre la barca de Ignacio.

Ahora te veo acercarte a mí, descalza como los pobres,

mientras florecen los árboles cornejo.

Sus centros son las heridas de los clavos,

desiguales y profundas. Las lanzas del cielo

colocadas en punta a lo largo del sendero que tú eliges

apartándome.



Querida hermana, como la montaña crece del aire,

como el pozo de agua fresca

se hunde en el opresivo mar,

como surge el castillo piedra a piedra en el interior,

aún te quiero. Pero eso, al fin y al cabo,

no es más que el amor de un hermano por su hermana,

y Dios no tiene nada que ver con todo esto.

Una escena diferente entre nosotros

"-Eres flaca como una grulla -dijo. Fueron sus únicas palabras.
También era desmedida. Me enrosqué a su alrededor, pero mi cabeza y mis pies sobresalían. La luz a través de los tablones era demasiado cruda y brillante. Desnuda, vi que mis huesos tironeaban de la piel. Traté de cerrar los ojos y no pude, porque sentí que si no sostenía su mirada él podría estudiarme a su antojo. De modo que nos estrechamos con los ojos abiertos, como adversarios, pero no llegamos hasta el fin. El se detuvo por algún motivo, no por algo que hubiésemos dicho o hecho, sino como un perro que siente en su comida la presencia de un veneno disimulado. Estábamos echados, inertes. Nada se movía aparte de los ratones detrás de las paredes, con un rumor que duró toda la tarde y luego la noche, porque yo me quedé mucho después de que él se marchara e imaginé una escena diferente entre nosotros.
En mi imagen nos acoplábamos en la cegadora oscuridad, nos movíamos más rápido que el pensamiento. Aullábamos como gatos en un rincón oscuro, nos sacudíamos como caballos en celo. Yo lo quebraba con el pico como si fuera uan rata de finos huesos. Él me pulverizaba y me esparcía por el suelo. Y sin embargo, cuando la mañana invadía las puertas y ventanas vacías despertábamos intactos, ilesos, preparados para nuevos placeres. Nuestras bocas magulladas se movían sobre el otro y nuestras manos buscaban lo que conocían. Y ya la gente murmuraba en el bosque y en los caminos hasta la próxima colina, como si los ratones hubieran corrido a llevar el rumor."



Huellas, de Louise Erdrich

El aire estaba vivo

"Sin embargo lo que había entre ellos era más evidente para mí que si me hubieran tocado. No podía pasar entre los dos: el aire estaba vivo, lleno de chispas y agujas ardientes. Sus cuerpos, como el hierro y la piedra imán, se atraían y me rechazaban; y si yo me resistía con obstinación, se acercaban con fuerza suficiente para aplastarme.
Algunos días veía señales, las pequeñas marcas de unos dientes en el brazo de él, una mordedura en el cuello. O sentía en su piel una fragancia, una calidez como la del sol por la tarde. A la mañana, antes de que se bañaran en el Matchimanito, despedían un olor animal, embriagador y salvaje, y en ocasiones, al atardecer, sus dedos dejaban una huella viscosa y brillante como los caracoles. Me daban dolor de cabeza. Una sensación opresiva se difundía entre mis piernas y me hacía daño. Los pezones se me erizaban y una ansiosa pesadumbre se apoderaba de mí."


Huellas, de Louise Erdrich

jueves, 13 de octubre de 2011

Tiempos que no conocerás

"Muchacha, vi tiempos que no conocerás.
Fui el guía de la última cacería de búfalos. Vi matar al último oso. Atrapé al último castor cuyo pelaje pasaba de dos años. Leí en voz alta las palabras del tratado del gobierno y me negué a Firmar las escrituras que nos arrebataban nuestros bosques y el lado. Derribé con el hacha el último abeto más viejo que yo y salvé a la última Pillager.
A Fleur, a la que no quieres llamar madre."


Huellas, Louise Erdrich

Como la nieve

"Empezamos a morir antes de la nieve y, como la nieve, seguimos cayendo. Era sorprendente que hubiera todavía tantos de nosotros por morir."


Huellas, Louise Erdrich

Jason Momoa: Khal Drogo










Batalla final con Laura Ponce

Fue un sueño largo, sólo recuerdo el desenlace. Laura (era su cara pero no había ninguna referencia a nuestras vidas actuales) y yo éramos como espías o guerreras, más tipo Los dos magos que Kill Bill. Que no se ponga contento Martu que no peléabamos por él (ni aparecía) sino que habíamos pertenecido a un mismo equipo pero traición mediante (de ella) ahora estábamos enfrentadas.
Me acuerdo de una "batalla" por el orden de los libros en una habitación que era mezcla de biblioteca con cuarto de niños (con la cuna funcional que usé yo de niña y todos mis hermanos y mis tres vástagos). Luego, cuando ella ya estaba siendo expulsada por mí del departamento-guarida, su última acción en mi contra fue firmarme con "mi" birome una agenda mía. Y yo, como loca, directo al cuello y quebrarle dos lapiceras (no sé si suyas o mías que ella me había regalado) en la cara. Y su furia. Y mi empujarla para que saliera por la puerta que yo trataba de cerrar con llave para que no volviera a entrar pero las llaves (dos, una arriba y otra debajo del picaporte como mi puerta de calle)giraban sobre sí misms o las muescas de la cerradura no entraban en la pared o estaban muy lejos. Desesperante.
Había otra puerta al lado cuyas llaves yo no lograba encontrar (como siempre) y aparecía una profesora compañera de trabajo, mayor, muy tranquila, que seguía corrigiendo pruebas sobre mi mesa y ni se calentaba por la situación violenta.
Finalmente yo me daba cuenta de que a mis espaldas había más puertas por las que ella podía entrar y yo no podía cerrar.
Me desperté bastante angustiada.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...